Cultura

Adiós, Aretha

Nuestro homenaje personal a la reina del Soul.

Aretha Franklin ha fallecido a los 76 años

El 16 de agosto tiene un tinte negro desde hace cuarenta y un años. En 1977, Elvis Aaron Presley, fallecía en la que había sido su casa de Memphis desde los 22 años. Ese día murió un icono de la música y se terminó de consolidar una leyenda que perdura hasta nuestros días. El Rey nos dejaba.

Ayer, también dieciséis de agosto, tras unos días de preocupación por su estado de salud, Aretha Franklin se despedía de nosotros. Esta no será una crónica de su muerte al estilo periodístico porque, en primer lugar, no soy periodista y, en segundo lugar, no creo que pudiera dejar de lado del trazo personal. 

Aretha es historia de la música y una figura que miles de artistas han seguido como faro para su recorrido. Raro es que alguien no sepa valorar lo que hacía esta mujer. Su voz, que iba desde lo más alto a lo más bajo en segundos, era única. Un registro que nadie podrá igualar. Pero quizás quedarse en la técnica de Aretha sea hasta banal, dado que eso no era lo más especial de la Reina del Soul. Ella transmitía. Cada palabra que salía torpedeada de su garganta chocaba con el alma de quien la escuchaba y la rompía en mil pedazos. Su sola presencia ya hacía que te encogieses anticipando lo que estaba por venir. Aretha era puro sentimiento.

Desde pequeño, la música ha formado parte de mi vida de una manera importante. Siempre sorprendía el hecho de que, mientras el resto de las chicas y chicos de mi edad escuchaban a grupos como los derivados de las telenovelas Rebelde, yo anduviese con las recopilaciones de los Beatles en mi primer reproductor mp3. Y no solo eran los Beatles. Aretha estaba ahí, junto con su ahijada Whitney Houston o la prima de esta, Dionne Warwick, dado que el soul siempre ha estado muy presente en mi casa. Tenemos discos de Steve Wonder, Roberta Flack o Barry White que han sonado hasta la saciedad, algunos de los cuales ya no se pueden oír de lo rayados que están. Pero más allá de la cultura musical que haya adquirido con el paso de los años, creo que lo más importante son las sensaciones ligadas a ciertas canciones y que se repiten cada vez que suenan.

Aretha Franklin en los años 60

Muchos recordarán a Aretha por Think y por Respect, dos canciones revolucionarias por muchos motivos, pero principalmente por ser himnos feministas durante la época en que se cantaron. También lo fue Sisters Are Doin’ It For Themselves, un dueto entre la reina y Annie Lennox, una de las mejores cantantes del llamado “soul blanco” y gran activista contra el SIDA. Más visceral fue su A Natural Woman, canción cuya interpretación en los premios Kennedy puso a todo el público en pie e hizo llorar al expresidente Barack Obama. Pero yo, si me tengo que quedar con una, me quedo con I Say A Little Prayer porque siempre me llevará de vuelta a los viajes al norte que hacía con mi familia. Me traerá a la mente pasar el puerto de Altube, todo verde e imponente, sonando su voz de fondo. Esa sensación de felicidad porque estábamos cerca de nuestro destino, unido al ritmo de la canción y la increíble voz de Aretha, es una de las cosas más bonitas que me llevo de ella. Y quizás sea solo un pequeño momento de vida que para nada puede compararse con las revelaciones que habrán tenido muchos otros con su música. Puede que ellos os puedan ofrecer algo más significativo y profundo, pero creo que esto se parece más a lo que la mayoría siente y recordará.

Tanto Aretha como Elvis fueron los reyes en sus respectivas carreras. Movieron masas, arrancaron sentimientos, alegraron corazones y se convirtieron en leyendas. Cada uno les recordará a su manera, ya sea por una canción en particular, por un momento concreto de su vida, por una persona… Pero, aunque ya no estén entre nosotros, su música y sus almas vivirán siempre que le demos al “play”.

Cultura

Me he apuntado a boxeo y esta es mi experiencia

Mi primera experiencia con el boxeo no está siendo como esperaba y necesito compartirlo con vosotros.

Esta podría ser yo solo que no lo soy.

Este verano decidí que me iba a apuntar al gimnasio. Una llega a una edad en la que necesita dejar el sedentarismo y hacer algo por moverse. Aunque ando mucho, no es suficiente. Quería ponerme en forma.

El problema es el de siempre: no me gustan los gimnasios. Me aburre correr en una cinta, o pedalear en una bicicleta estática. Alguna vez he ido a clases de aeróbic o zumba, y eso estaba bien. Pero entonces una amiga me contó las maravillas del fitboxing, una modalidad del boxeo para ponerte en forma. No es boxeo de contacto (en el que te pegas con alguien) así que no hay peligro de morir. O eso pensaba yo.

Fui a mi primera clase con mente abierta: iba a ser la nueva, no he hecho deporte en mi vida, igual vomitaba. Todo fue genial. Me explicaron cómo funcionaba a la clase, cómo vendarme las manos y técnica básica para pegar al saco. Todo esto es muy importante porque, al fin y al cabo, podría lesionarme si no hago bien los ejercicios. Igual que cuando aprendes a hacer yoga en tu cuarto podrías lesionarte porque no hay nadie corrigiéndote la postura, en el boxeo es importante protegerte las manos y aprender a pegar.

Expectativas de cómo crees que vas a lucir en el gimnasio. Pista: no es así.

Lo primero que pensé es que me veía muy ridícula con unos guantes de boxeo tan grandes como mi cara. Luego tuve que dejar de pensar porque no me llegaba suficiente oxígeno al cerebro. La clase fue muy dura, pero satisfactoria. Eso sí, sudé por recovecos de mi cuerpo que ni sabía que podían sudar. Pero me fui a mi casa contenta, bebiendo mucha agua y mandando audios a mis amigos y familiares contándoles la experiencia porque seguía viva y eso era para estar orgullosa. Había superado mi primer día de boxeo y podía comer felizmente porque me lo merecía.

Sin embargo, la desdicha llegó al día siguiente. Estaba tumbada en la cama, y me despertó la luz del sol a través de las cortinas. Todo parecía augurar un bello y hermoso día, hasta que moví el culete para cambiar de posición: no podía. O sea, sí podía, pero dolía a muerte. Eso es, hermanos, la desdicha había entrado a mi vida en forma de agujetas. Y me dolía absolutamente todo.

Ese día no pude hacer más ue vivir entre quejas, porque el dolor era insoportable. A los tres días desapareció, pero tocó la segunda clase de boxeo. Y ahí estaban otra vez, las agujetas. El dolor. El infierno. Escribo esto tras mi tercera clase, con dolor en el cuello y los brazos, preguntándome si algún día remitirán las agujetas. Si volveré a andar sin poner muecas de incomodidad en la cara.

No me esperaba tener tantas agujetas, aunque se compensa con la fuerza de voluntad que le estoy poniendo. Me gusta ir porque me lo paso bien en la clase de boxeo, he conseguido superar mi pereza y miedo a ir al gimnasio y no ser buena o patosa (que lo sigo siendo, pero como que ahora me da igual) y me estoy poniendo, poco a poco, en forma.

Cultura

Mentes Poderosas: la película más incómoda que he visto nunca

Mentes Poderosas es la nueva película adolescente, y nunca antes había sentido tanta vergüenza ajena en el cine.

Ayer fui a ver Mentes Poderosas (The Darkest Minds), la primera parte de lo que parece va a ser una trilogía adolescente distópica basada en la novela de Alexandra Bracken. No he leído la novela, así que voy a juzgar tan solo la película.

En un mundo donde los adolescentes contraen una enfermedad que les da poderes, son llevados a “campamentos” donde les categorizan por colores según sus habilidades. Los verdes, azules y dorados poseen inteligencia superior, sabiduría y control de la electricidad. Los naranjas y rojos tienen poderes más letales y son automáticamente eliminados.

Ruby (Amandla Stenberg), muy triste porque está en un campo de concentración para niños. Esto no se lo podemos reprochar.

Nuestra protagonista, Ruby, es una Naranja que consigue convencer a todos de que es Verde para que no la maten. Y aquí comienza todo. Una vez la trama avanza un poco y se encuentra con el que será su grupo de amigos para el resto del largometraje, al momento sabemos quién es el sujeto de interés amoroso. No porque sea el guapo aspirante a próximo Ryan Gosling con labios de piñón, sino porque Ruby y el chico, Liam (Harris Dickinson), no dejan de flirtear de la manera más incómoda posible.

Había momentos en los que tenía que taparme los ojos de lo incómoda que me sentía: hay una escena incluso en la que se ponen a tope con una sesión en vivo de rol: “Imagina que estamos en la playa… tú tienes unas gafas de sol enormes y estás guapísima. Yo solo puedo fijarme en ti cuando te acercas con el sol en tu piel”. En comparación con esta película, el beso entre Harry Potter y Cho Chang fue una obra maestra del ligoteo adolescente. Incluso las transiciones de Mamma Mia 2 son menos incómodas.

Liam: Gryffindor, guapo, alto y un penas.

Estaría bien si me vendieran la película como un romance, pero se anuncia como Ciencia-Ficción, de los creadores de Stranger Things y Arrival. Pero si toda la película se basa en frases incómodas y momentos forzados entre estos dos chicos, pues oye. Además, en el poco tiempo que Ruby y Liam se conocen ya se crea una relación un poco tóxica por parte de él: se ofende cuando ella se hace amiga de otro chico, le echa en cara que no le bese, se hace el penas… Eso sí, todo acompañado con música muy indie y luces de navidad para darle el toque de Generación Z.

Luego está el malo, que en cuanto aparece ya sabes que va a ser él porque tiene todo el peinado de votar a Ciudadanos. Me encantaría decir unas cuantas cosas sobre este sujeto, pero me temo que el spoiler sería máximo, aunque no sería para tanto teniendo en cuenta que lo ves venir porque el argumento de esta película es de lo más básico.

Clancy Gray (Patrick Gibson), el hijo del presidente. Siempre le dijeron que era muy especial.

En conclusión, es una película bonita a la vista. Tiene canciones chulas, los actores son todos muy guapos y sale una actriz de Juego de Tronos. Pero es predecible, cursi, y no conseguí conectar con los personajes. Lo único que me hizo sentir algo fueron los jalapeños de los nachos que me comí en el cine.

Cultura

Los Increíbles 2 es lo que llevábamos 14 años esperando

La familia más increíble de todas vuelve catorce años después para deleite de los ya no tan jóvenes.

La familia Parr al completo.

Los Increíbles 2 se estrena mañana, 3 de agosto, en los cines de toda España. Y sí, si vives fuera de este país pensarás que es extraño ya que en cualquier otro lado del mundo lleva más de un mes en cartelera. Pero quiénes somos nosotros para juzgar la maquinaria de Disney, así que nos hemos resignado a esperar.

Sin embargo, he tenido la gran suerte de poder asistir al pre-estreno de esta película en España haciendo que la espera se me hiciese más corta. Disney suele hacer pases exclusivos para todas sus películas, ya sea en sus oficinas o en cines comerciales más grandes, para que prensa e influencers puedan ser los primeros en vivir la experiencia. Y la verdad es que menos mal que lo hacen.

Este maravilloso póster fue una de las primeras imágenes promocionales.

Cuando escuche hace unos años que esta película estaba en producción, no pude contener la emoción. Con 10 años, tras el estreno de la primera película, me volví un fan incondicional de la familia Parr y de sus superpoderes. Coleccionaba todo lo coleccionable sobre Los Increíbles, jugué a todas las versiones del videojuego y veía la película una vez por semana. Incluso llegué a hacerme mi propia versión de un traje de superhéroe por si tenía que salvar el mundo en alguna ocasión. Ese amor por los superhéroes se ha mantenido hasta el día de hoy, con todo el universo Marvel, y Los Increíbles siempre tuvieron un bonito lugar en mi infancia. Así que cuando catorce años más tarde pude ver la segunda parte, mi emoción y mis expectativas estaban completamente por las nubes.

La película comienza en el mismo punto donde termina la primera, intentando hacer que nos olvidemos de la larga década y media de espera, y desde ese punto avanza la historia cargada de acción. Algunas de las actrices y actores que ponían voz en castellano han cambiado, inevitablemente, y si eres muy nostálgico con la primera película, se nota. Aún así, hacen un trabajo de doblaje espectacular y completamente a la altura.

Lo que sí es cierto es que durante toda la película se tiene el sentimiento general de que no está hecha pensando principalmente en las nuevas generaciones que puedan verla sino en aquellas que vimos la original catorce años atrás. En varias ocasiones la película toma un tono un tanto oscuro o, al contrario, hace un tipo de humor que un niño no terminaría de entender. Al final de la película, sin hacer spoiler, hay un chiste en particular que o bien mi grupo de amigos y yo somos un tanto mal pensados o bien aquello no era un chiste. En cualquier caso, el humor es un elemento principal y todos los niños de la sala se reían a carcajadas sin parar.

Elastic Girl demuestra todo su potencial en esta entrega.

El mensaje de la película no es para menos, haciendo una crítica muy interesante a un determinado comportamiento de la sociedad. Esto que os voy a contar no lo consideraría un spoiler, pero si preferís no saber nada de la trama saltad al siguiente párrafo. El villano de la película deja claro desde el principio que la sociedad vive demasiado pendiente de lo banal y se pierde aquello que va más allá (una crítica al uso de dispositivos portátiles de hoy en día); y en un momento en particular decide dar el típico monólogo de villano sobre sus intenciones. Mientras el discurso ocurre de fondo, en escena vamos siguiendo a Elastic Girl y es increíblemente sencillo olvidarse del monólogo que suena y perderte en lo que ocurre en escena. Es una manera maravillosa de hacernos ver que el discurso del villano cobra sentido en directo.

Mr. Increíble no lo es tanto con los niños.

Además de humor y momentos oscuros, la película transmite un mensaje increíble de empoderamiento de la mujer. No solo rompe constantemente con los roles de género que la sociedad atribuye al “padre de familia” y a la “madre de la casa”, sino que nos muestra un lado de Mr. Increíble que no vimos en la primera película. En Los Increíbles, Mr. Increíble era el encargado de sacar adelante a la familia mientras su mujer cuidaba de los niños y de la casa; y en el único momento donde le veíamos “romperse” era cuando pensaba que había perdido a su familia. En esta secuela vemos a un Bob Parr con una masculinidad sorprendentemente frágil, al que le cuesta aceptar que su mujer esté liderando y viviendo determinados trabajos mientras él se tiene que quedar en casa haciendo lo mismo que ella hizo en la película anterior. Esta situación en la película es especialmente cómica ya que el protagonista del momento es Jack-Jack, el hijo más joven de la familia y del que no descubrimos que tenía poderes hasta los últimos momentos de la anterior entrega. El bebé esconde muchos secretos y será el que más situaciones hilarantes aporte durante todo el metraje.

En definitiva, se trata de una película maravillosa para todos los públicos, tanto los más pequeños como para aquellos que llevábamos años esperando esta película. Sin ninguna duda estará a la altura de las expectativas, y tras la experiencia adquirida por Disney con Marvel, no me cabe duda de que veremos más entregas de la franquicia de Los Increíbles.

Los Increíbles 2 se estrena en cines de España el 3 de agosto.

Cultura

Resolvemos el misterio de las camisetas Levis

Hemos investigado a fondo la causa del crecimiento exponencial de camisetas Levis en las calles.

Seguro que has visto últimamente mucho esta camiseta.

Si has estado atento a la ropa de la gente por la calle, te habrás dado cuenta de la cantidad de camisetas de la marca Levis que hay. Antes era común ver esta camiseta, por lo general de color blanco, con el logo rojo de Levis. Ahora es fácil ver veinte cuando sales a por el pan.

La camiseta lleva en el mercado alrededor de 50 años, es vintage. Lo vintage es atractivo, pero no resuelve la pregunta: si lleva tanto tiempo, ¿por qué ahora?. He llevado a cabo una exhaustiva investigación para conocer las razones de su crecimiento exponencial.

Comentándolo el otro día con un grupo de conocidos, muchos coincidían en que “se la habrá puesto Kendall Jenner o alguien y ahora todo el mundo la imita”. Pero no he podido encontrar ninguna celebridad destacable que haya podido poner de moda esta camiseta. También estamos en época de rebajas. Las tiendas Levis tienen grandes carteles anunciando saldos increíbles, lo cual puede resultar atractivo para captar nuevos clientes.

Lo que sí que es cierto es que, en mi obsesión (seamos claros, esto ya es algo personal), me di cuenta de que muchas camisetas son falsas: la ® de marca registrada no estaba, el material del logo brillaba de manera sospechosa… Así que me hizo plantearme que muchas de esas camisetas que estaba viendo eran falsas. Efectivamente, es la camiseta que más venden los manteros locales a día de hoy.

Foto de un puestecillo de camisetas falsas frente a Primark Gran Vía de Madrid

Fue por esto que tuve que hacer unas encuestas:

Encuestas llevadas a cabo el 20 de julio de 2018 en mi cuenta de Instagram @porexxpan

El 18% de la muestra (7.294 personas vieron la encuesta pero solo 4.287 personas respondieron) tiene una camiseta Levis en su armario. En la segunda encuesta, el 56% afirma que es verdadera. Sin embargo, muchas menos personas respondieron a la segunda encuesta (apenas 1348 personas). No puedo tomar esta encuesta como algo 100% preciso, pero me da una idea del panorama.

Casi la mitad de las camisetas que vemos por la calle son falsas, y estas nuevas camisetas son las que más se ven porque una persona no suele ponerse una camiseta falsa a menos que sea nueva. No es habitual llevar camisetas vintage falsas porque antes no existía un mito que falsificar.

Esto nos lleva a pensar que la creciente venta de camisetas falsas de los manteros es un factor importantísimo en el cremiento actual de las camisetas Levis por la calle. ¿Tenéis alguna teoría o dato para ayudar con el tema? Nos encantan los misterios y conspiraciones con investigaciones detrás, así que eres bienvenido o bienvenida para opinar en los comentarios.

Cultura

Esto piensa el colectivo LGTBIQ+ de las “frases típicas” sobre ellos

Si alguna vez has pensado o dicho alguna de estas frases, tienes que ver este vídeo

 

Seis de los protagonistas LGTBIQ+ del vídeo.

Cualquier persona que forme parte del colectivo LGTBIQ+, estará más que acostumbrada a escuchar constantemente todo tipo de comentarios al respecto. Dejando de lado aquellos que tienen intención de herir o atacar, que junto a la violencia serían considerados delitos de odio; hay muchos otros que se dicen desde una buena intención y un profundo desconocimiento.

¿Alguna vez te has preguntado qué nombre le pusieron al nacer a una persona trans que ahora se lo ha cambiado? ¿O has pensado que la bisexualidad es una fase transitoria hacia la homosexualidad? ¿O quizá has pensado que todo este lío no es más que complicarse la vida? Estas preguntas se las hacen muchas personas y ya que no parten de un punto de maldad, nunca llegan a darse cuenta de que son preguntas que el colectivo LGTBIQ+ está cansado de escuchar.

Así que hemos reunido a 10 personas clave del colectivo, entre las que se encuentran Marina (OT 2017), Bast, Daniel Valero (Tigrillo), Abigail Frías (Abi Power) y muchas más, para que lean y reaccionen a estos típicos comentarios y así, en caso de que alguna vez lo hayas hecho, no vuelvas a meter la pata.

Cultura

Por qué Misión Imposible 6 no debería llamarse así

Hemos visto Misión Imposible: Fallout y nuestra conclusión es que llevamos demasiadas “misiones imposibles” si al final sabemos que siempre son posibles.

Que alguien le deje unas gafas de sol a Tom Cruise.

En Misión Imposible: Fallout, la sexta entrega de Misión Imposible, Ethan Hunt (Tom Cruise) se enfrenta a un error que cometió y que hizo que una misión fracasase. Ethan recorre el mundo en busca de unas bolas nucleares que pueden destruir a gran parte de la humanidad, y solamente él puede hacerlo.

En esta review HAY SPOILERS. Estáis avisados.

Para empezar, la película comienza con una misión que fracasa. Lo que parece un simple intercambio de un maletín lleno de dinero y unas bolas nucleares que parecen Bolas de Dragón o Quaffles de Quidditch, se fastidia. Las Bolas de Dragón son robadas cuando Ethan las lanza por los aires, las deja en el suelo de un callejón oscuro y se olvida de ellas durante unos minutos para salvar a uno de sus compañeros. Y luego se extraña de que le roben las bolas. Ethan, ni siquiera se me ocurriría dejar mi móvil en el suelo de la calle de Madrid; eres un agente secreto, se espera que tengas algo de experiencia en estos temas.

Por culpa de este error le colocan un agente secreto muy guapo que va a acompañarlo todo el rato, básicamente para hacer de niñera. Es, nada más y nada menos, que Henry Cavill con bigote. Y podemos suponer que fue el bigote de esta película el que luego tuvieron que borrar de manera desastrosa en Liga de la Justicia.

Superman con bigote y la jefa frente a la Torre Eiffel para que no te despistes de que todo pasa en París.

Si conoces un poco París te das cuenta de que en esta película se saltan un poco todo aquello del espacio-tiempo. Hay una escena en la que Ethan Hunt está hablando debajo de un puente en Notre Dame y, al terminar, comienza a andar. No hay nada que indique que lleva andando más de dos minutos, pero de repente está en el Palacio Real. No soy experta en París, pero me pareció muy raro porque hace poco estuve y recordaba que estas dos cosas estaban lejos. Bien, pues:

Media hora andando entre el Palacio Real y Notre Dame, gracias Google Maps.

Además, toda la ciudad de París parece desierta. Los agentes secretos hacen “reuniones secretas” en los Jardines del Palacio Real, frente a la Torre Eiffel, al lado de Notre Dame… sitios muy turísiticos. No verás un alma en esas reuniones. Mira que sé que estoy hablando de Misión Imposible, pero esto es lo más inverosímil de toda la película: que no haya un solo instagrammer de fondo en el Palacio Real es la verdadera misión imposible.

Perpendicular in Paris #stripes #throwbacktuesdays

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La película tuvo algo de fama durante los meses de su rodaje, a causa de un accidente que sufrió Tom Cruise en una escena de persecución en la que tenía que saltar desde un andamio hasta un edificio. El objetivo era llegar hasta el edificio, pero el actor de 55 años se quedó corto y se golpeó. Pues bien, han mantenido esas imágenes. Estad atentos al ver la película.

Algo genial fue la escena de mayor tensión de la película, el final: cuando el helicóptero de Superman está colgando de un acantilado por tan solo un gancho agarrado a la roca. El gancho va cediendo poco a poco, y lo que debería hacernos sufrir (porque si el gancho se cae, la palman Ethan y Superman) tiene a la sala que no sabe cómo aguantarse la risa. Llegado un momento ya dejamos todos de aguantarnos. “¡Venga ya!” era la frase más escuchada. Algo parecido pasaba en muchas ocasiones durante la nueva de Jurassic World. Entendemos que son películas de acción, pero un poco de coherencia no haría daño a nadie.

Misión Imposible hace cinco películas que debería llamarse “Parece Imposible pero todos sabemos que Tom Cruise va a conseguirlo”.

Cultura

Mamma Mia 2: esto es lo mejor y lo peor

Hollywood sabe lo que queremos. Y tanto que lo sabe.

 

Name a more iconic trio. I’ll wait.

Ayer tuve la suerte de asistir al pase de Mamma Mia 2: Una y otra vez, la segunda parte de la película musical con canciones de ABBA. Esto es lo que opino de ella.

Yo, como gran fan de la primera parte, tenía infinitas ganas de verla. Había visto el trailer, que no nos cuenta mucho más de lo que ya sabemos: la historia de cómo Donna (Meryl Streep) llegó a una pequeña isla de Grecia para descubrir su destino. En el camino, se encontrará a tres apuestos jóvenes con los que pasará unos agradables momentos y, poco después, descubrirá que está embarazada. Vamos, la película 1.

En lugar de inventar una segunda parte por completo, la película te cuenta más a fondo lo que sabemos de este personaje a través de flashbacks. Además sabremos un poco más qué le depara el futuro a Sophie (Amanda Seyfried) y cómo afronta los obstáculos de su vida.

Lo mejor: El respeto a los personajes principales en sus interpretaciones de jóvenes. Donna, Tanya (Christine Baranski) y Rosie (Julie Walters) y los tres pretendientes tienen perfectos actores que encajan a cómo podrían haber sido de jóvenes. Incluso sus voces y acentos son similares, si la ves en versión original.

Tanya es mi personaje favorito (lo siento, con Christine Baranski soy totalmente imparcial) y no me ha decepcionado. Sus frases son maravillosas. Cher, que se hace de rogar para salir en pantalla, también brilla. Y el final es apoteósico, increíble, para ponerse de pie y aplaudir.

Rosie, Sophie y Tanya, siendo muy amigas y fabulosas

Lo peor: Las transiciones de futuro a presente. Esto es algo personal, pero hay transiciones extrañas que parecen querer presumir de gran habilidad con la cámara y edición, pero que son forzadas y excesivas. A veces es mejor optar por una opción más sencilla. Además, se nota que todo se ha grabado en un estudio y hay chromas bastante mejorables.

Peca un poco de pastelosa. Es un bonito homenaje a Mamma Mia, pero sí que hay momentos en los que se pasan con el azúcar los fuegos artificales.

Donna y Bill de jóvenes dándonos envidia

¿Irás a ver Mamma Mia: Una y otra vez o eres de los que prefieren quedarse en casa viendo series? Hagas lo que hagas, tienes la banda sonora de Mamma Mia 2 en Spotify para escucharla, así que al menos eso que te llevas.

Cultura

Mi experiencia en un campamento religioso

Imagina el musical La Llamada, pero mil veces peor.

 

A los ocho años pasé una semana y media en un campamento religioso

Yo vengo de una familia religiosa y me crié en la religión cristiana. Iba a misa todos los domingos y los días festivos, hice la Comunión y, cuando tuve edad de ir a un campamento de verano, fue uno religioso.

Era el campamento que organizaba una comunidad franciscana en Santo Ángel, un pueblo de Murcia, hace unos quince años. Yo tenía ocho, nunca había ido a un campamento y tenía muchas ganas de ir. Tan solo duraba una semana y media y conocía de vista a algunos de los niños de ir a la iglesia cada semana. Mis padres decían que era muy valiente por irme sola, pero yo lo veía algo normal. Me dejaron en el autobús y pusimos rumbo al lugar donde sería el campamento.

El autobús no podía llegar hasta el albergue donde nos alojaríamos porque era montaña y el camino era difícil. Recuerdo que estaba muy cerca de Cehegín, otro pueblo de Murcia. El albergue era una casa enorme de unos dos pisos, en medio de la nada, y todo era muy viejo y estaba bastante descuidado. Nos separaron a las niñas de los niños para enseñarnos dónde dormiríamos: una habitación larga y estrecha, con unos treinta colchones de distintas alturas en el suelo. Éramos más niñas que camas y durante cuatro días me tocó dormir entre dos colchones, inclinada. Una de mis amigas pidió a sus padres que la recogieran a mitad del campamento, y pude ocupar su colchón.

Hacíamos muchos juegos y eran divertidos, como juegos con la pelota, de cartas, de encontrar pistas…, pero otros eran bastante asquerosos y nos obligaban a participar aunque no quisiéramos. Por ejemplo, había una prueba donde nos ponían frente a otro niño, que tenía un polvorón en la boca. El que tenía el polvorón tenía que cantar una canción y la prueba era que tenías que aguantar que te cayeran las babas y la comida en la cara. Si te apartabas, perdías. Otra prueba del mismo juego era hacer “una tarta” en la cabeza de tu compañero: esclafar huevos, echar harina, azúcar…

Era un campamento de verano… así que tenía que haber piscina. Nuestra piscina consistía en una pequeña balsa, donde cabían quince niños como muchísimo, bajo los árboles. Le daba toda la sombra y, al no ser una piscina como tal, el agua estaba sucia y verde. Si no queríamos meternos, nos obligaban. Yo vi cómo una niña se envolvía en la toalla para evitar meterse y los monitores la cogían entre risas y la metían. Para ellos podía ser divertido, pero estoy segura de que a la niña no le hizo ninguna gracia.

Luego tocaba la ducha. Nos duchábamos de tres en tres, el agua estaba helada y recuerdo que nos cronometraban. Apenas nos daba tiempo a quitarnos la suciedad de encima. Además, era fácil encontrar cucarachas sobre el retrete. Cuando volví a casa del campamento lo primero que hice fue ducharme, y el agua corría verde.

Una vez nos llevaron a una piscina pública: la piscina municipal de Bullas. Esa piscina era genial, pero para llegar allí tuvimos que andar durante hora y media. No tengo ningún problema en andar, pero teniendo ocho años y con todo el calor del verano de Murcia sobre nosotros el camino parecía infinito.

Por supuesto, había misa. Todas las mañanas rezábamos durante diez minutos y, el domingo, durante una hora. Mis amigas y yo nos saltábamos la misa del domingo.

Recuerdo que un día pudimos llamar a nuestras familias. Yo tenía móvil, pero estaba requisado por los monitores, pero esa noche nos dejaron hablar con nuestros padres, y me preguntaron qué tal estaba. Me hubiera encantado decirles que vinieran a por mí, que era horrible, pero el monitor estaba delante de mí vigilando y no me atreví. Cuando volví a casa y les conté todo el percal, acordamos tener una palabra clave por si algo así volvía a ocurrir.

La verdad es que la experiencia fue un poco extraña. Fue mi primer campamento, no sabía qué esperar. Lo pasé mal por la situación y el planteamiento del campamento, pero tampoco estaba tan mal como para llorar y pedir a mis padres que vinieran a por mí. No tuve problema con otros campamentos a los que fui después. ¿Habéis tenido alguna experiencia similar en un campamento de verano?

Cultura

El Orgullo LGTBIQ+ a día de hoy

Como cada año, la semana del Orgullo cubre Madrid (y gran parte del mundo) de color y la llena de gente diversa de todas partes que aunque buscan disfrutar y festejar, también luchan por sus derechos como miembros del colectivo LGTBIQ+.

 

Imagen de @PayPalSpain vía Twitter

La mañana del 28 de junio de 1969 tenían lugar los conocidos disturbios de Stonewall y se convertían en la chispa que iniciaría la revolución por los derechos del colectivo, catalizada por cuatro mujeres: Marsha P. Johnson, Sylvia Rivera, Miss Major Griffin-Gracy y Stormé DeLarverie. Marsha fue una mujer trans afroamericana, reconocida artista y musa habitual de Andy Warhol; junto a Sylvia fundó la Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR), una organización que ayudaba a personas del colectivo necesitadas y rechazadas por la sociedad. Sylvia, por su parte, también era una mujer trans y pasó muchos años de su vida vivendo en la calle y sufriendo agresiones, con lo que fundó también el Gay Liberation Front y la Gay Activists Alliance. Miss Major es, a día de hoy, la única revolucionaria con vida de las aquí mencionadas. Es también una mujer trans afroamericana, y además de directora del Transgender GenderVariant Intersex Justice Project ha luchado toda su vida por el colectivo de mujeres trans negras. Por último, Stormé es considerada la líder de la revolución de Stonewall y como mujer lesbiana se dejó la piel en proteger a sus hermanas del colectivo, patrullando calles y reivindicando el movimiento con su arte y con su manera de vestir, rompiendo los estereotipos de lo que, en su momento, se asociaban al género femenino.

Los manifestantes bajando por la Sexta Avenida | Foto de Gerald Herbert

Casi cincuenta años más tarde, el movimiento por los derechos del colectivo LGTBIQ+ sigue más fuerte que nunca, y sin duda consiguiendo avanzar día a día. El Orgullo en sí mismo se ha convertido también en una fiesta, con lo bueno y lo malo que ello conlleva. El lado negativo es que el Orgullo se ha capitalizado completamente; las marcas se suman al carro del movimiento por motivos de marketing y, sumado a la macro-fiesta, conlleva que el mensaje verdadero del Orgullo quede difuso e incluso inexistente en algunos círculos sociales, como partidos políticos que, a pesar de poner barreras durante todo el año a la lucha del colectivo, se aseguran de tener una carroza bien grande en el desfile. O como el hecho de que las mujeres trans y/o lesbianas no han tenido prácticamente representación en el Orgullo; viendo incluso como revistas supuestamente LGTBIQ+ han lanzado una portada “Especial Orgullo ’18” protagonizada, literalmente, por cinco mujeres blancas y heterosexuales.

Y es precisamente el día del desfile cuando la fiesta se vuelve más grande. Decenas de carrozas en Madrid recorren el Paseo del Prado desde Atocha y llegando hasta la Plaza de Colón, ante un público masivo que canta, baila y disfruta del espectáculo que cada carroza lleva consigo. Todas las grandes marcas organizan su carroza e invitan a un selecto grupo de gente a montar en ella, y nosotros hemos podido formar parte de la PayPal. Dos compañeras nuestras fueron de parte de Omglobal a vivir la experiencia y cubrir el evento. La fiesta en la carroza de PayPal se hizo notar, gracias a una DJ que movía tanto a los de dentro como a los de fuera de la carroza. Comida, bebida, camisetas, mochilas y banderas LGTBIQ+ gigantes fueron algunos de los elementos de los que podían disfrutar los invitados y, sin duda, consiguieron hacer de la experiencia una auténtica fiesta. Entre el público, todo tipo de personas y familias vivían con euforia el momento y demostraban que el odio y la violencia pueden ser cosa del pasado.

Vistas desde la carroza de PayPal | Foto por Zuria Fenton