He hecho ocho horas y media de casting de OT para que tú no tengas que hacerlo

Miriam, Amaia y Noemí valorando a los aspirantes

Operación Triunfo (OT) volvió el año pasado después de una larga etapa completamente parado; y como todos sabemos, se convirtió una vez más en un fenómeno de masas de tal nivel que mueve a diario a miles de personas. Cantantes como Amaia, la ganadora de la última edición, Aitana, Ana Guerra o Marina son algunos ejemplos de las increíbles voces que han salido del programa.

Tras el fenómeno de esta edición, como es lógico, Gestmusic y RTVE lo han renovado por, al menos, una edición más; y estos últimos meses han sido los primeros castings para elegir a los nuevos concursantes. Ciudades como Sevilla, Barcelona o Las Palmas, entre muchas otras, han recibido a miles de personas que han tratado de pasar la primera fase de los castings; y ayer, martes 10 de julio, fue el casting de Madrid. Así que para todos aquellos que no pudisteis vivir la experiencia, ya sea porque no os pudisteis presentar, porque no os habíais enterado o porque simplemente os daba igual, he hecho ocho horas y media de cola del casting para que vosotros no tengáis que hacerla.

He seguido casi cada edición de OT desde que comenzaron, y recuerdo a mi yo de 8 años pensando que se presentaría al programa y que lo petaría cantando. Obviamente, ahora que he crecido y soy más consciente de mis capacidades vocales, sé que cantando no lo voy a petar; pero la espinita de presentarme al programa ha seguido ahí desde entonces. A raíz de la edición de 2017, he podido conocer a muchos de los participantes e incluso formar amistades con alguno de ellos, y en cierto modo despertaron de nuevo las ganas de mi niño interior de entrar en la academia. Así que decidí presentarme al casting de Madrid.

Las puertas se abrían a las 10:00h de la mañana con lo que, iluso de mí, decidí llegar a esa misma hora. Contaba con que ya habría mucha gente, pero me encontré una cola que literalmente salía de los jardines de la facultad de Ciencias Agrónomas (donde se realizaba el casting), daba la vuelta a la manzana y se perdía en una calle más abajo. Desde el punto en el que llegué a la cola, aproximadamente a la mitad, hasta poder ponerme al final de ella, estuve andando durante literalmente 15 minutos. A mi alrededor prácticamente no se notaban los nervios, probablemente porque todos eran conscientes de la larga espera que tenían por delante. Muchos traían sus guitarras por si eran seleccionados para la fase 2, donde sí puedes usar una base musical ya sea tocada por ti o en instrumental, y hacían uso de ellas conforme la cola avanzaba para amenizar la espera y, posiblemente, practicar.

La parte de la cola donde empecé, a casi un kilómetro del destino final

Las horas pasaban y lo más difícil de llevar era el calor. Aunque gran parte del tiempo conseguimos estar en la sombra, otra gran parte no, y el sol de julio en Madrid cayendo sobre ti durante varias horas es algo complicado de soportar. Muchos llevaban gorra y otros parasoles, pero aún así se hacía difícil de sobrellevar. Transcurridas las primeras horas, apenas habíamos subido la calle y la gente comenzaba a cansarse. Obviamente no había ni bancos ni bebida accesible; algunos comenzaban a sentarse en el suelo y el bordillo de la acera, otros se apoyaban sobre los coches y la gran mayoría intentábamos aguantar de pie repartiendo el peso de un lado a otro de las piernas. Los que llevábamos agua éramos la envidia del resto, y aunque ofrecimos compartirla, llegó un punto en que estaba tan caliente que era mejor la sequía. A medio camino, una trabajadora de la organización llegó repartiendo números y hojas a cada aspirante. En la hoja, al firmarla, cedíamos nuestros derechos de imagen a Gestmusic hasta 6 meses después de nuestra última participación en el programa, prometíamos no participar en ningún otro casting hasta pasado un mes y, en general, pasábamos a ser parte de la maquinaria de venta de Operación Triunfo, incluso si no pasábamos el casting. Con el número en mano que garantizaba nuestro puesto en la cola, nos dijeron que a las 14:00h se repartiría el último número y nadie más podría sumarse a la cola. Y de ahí en adelante solo nos deparó una larga espera bajo el sol y una necesidad extrema de darnos una ducha.

Mi cara después de ocho horas de cola bajo el sol

Justo detrás de mi, un grupo de tres chicas entabló amistad conmigo y consiguieron que la espera se hiciese más amena. Juntos aguantamos hasta el final, donde a las 17:45h cruzábamos por fin el puesto donde hoja de cesión de derechos en mano y DNI, nos asignaban un número, nos ponían un sello de OT y nos invitaban a pasar a la cola final. Allí, en la explanada de la facultad de Agrónomas, un baño portátil aliviaba a la gran mayoría de nosotros, para acto seguido sumarnos a una de las cuatro colas que desembocaban en un miembro del “jurado” que valoraría si éramos aptos o no para pasar a la siguiente fase. A la izquierda del todo, Noemí Galera escuchaba atentamente a los participantes y, a su lado, tres hombres se encargaban de lo mismo. Sinceramente, desconozco los nombres de cada uno de ellos y el aumento de mis nervios conforme me acercaba a la caseta hacía que me importasen más bien poco. Cada vez que uno de ellos se levantaba para poner una pegatina al concursante, que le garantizaba un puesto en la segunda fase del casting, toda la cola (y los acompañantes que esperaban en un lateral) rompía en aplausos que llenaban la plaza de euforia. El problema es que esto ocurría una vez por cada 100 personas.

Delante de mí había varias personas que demostraban un nivel vocal de escándalo y, sin embargo, eran despedidas con un simple “gracias” por parte del jurado. Que el nivel era alto era evidente, pero que la exigencia de los jueces estaba a la altura se hacía cada vez más claro. Madrid era la última ciudad de los castings, con lo que el jurado tenía completamente claro lo que buscaba y lo que no, limitando las posibilidades de otros perfiles.

La recta final de la cola, justo antes de cantar

A pesar de ello, hay que hacer notar la paciencia que también tuvo todo el equipo que estuvo aguantando las mismas horas y más que los aspirantes; y, en general, escuchando al menos durante 20 segundos a todos ellos, a pesar de poder tener claro desde el principio que no eran el perfil que buscaban. Y así fue como llegó mi turno. Eran exactamente las 18:30h cuando por fin tocó mi momento, y con el número 07739 avancé hacia uno de los hombres del jurado. En el suelo había una marca donde poner cada pie, para que la cámara que se encontraba tras el juez te tuviese perfectamente enfocado. En ese momento se te olvida que hay toda una cola a tus espaldas mirándote y varios miembros del equipo delante tuyo cansados pero expectantes de cómo cantarás a continuación. En un taburete a tu izquierda hay colocado un micrófono de los que utilizan en entrevistas televisivas; lo coges, te colocas en tu marca y empiezas a cantar. Así sin más. En mi caso, escogí la canción The A Team, de Ed Sheeran, por ser una con la que me siento especialmente cómodo. Y pasados 20 segundos… “gracias”. No hace falta más que esa palabra para que yo y mi garganta seca agradezcamos el que nos hayan escuchado y salgamos por patas del lugar. Después de ocho horas y media bajo el sol de julio por no querer madrugar, puedo decir que me he sacado una espinita que llevaba conmigo desde que era un crío, que he conocido a gente maravillosa en la cola y que he hecho algo que sé que, de no haber hecho, me habría estado arrepintiendo toda la vida.

Así que si alguno de vosotros tiene también esa espinita con OT o simplemente quiere probar suerte, el año que viene tendréis, casi con seguridad, una oportunidad también.

¿Cuánto dinero tengo en el banco? | Julen’s Stories

¿Cuánto dinero tengo?

Me siento cómodo con lo que tengo en el banco. No es ni mucho ni poco. Es justo lo que me merezco a cambio del trabajo de dos años y medio. Pero no tengo pensado revelarlo.

Eso sí, buscando información para escribir este artículo me he encontrado con que son muchas las webs que han hablado del programa de El Hormiguero donde David Broncano (La Resistencia, Movistar+) confesaba a Pablo Motos tener más de 500.000€ en el banco. Momento histórico.

Hace unas semanas leía en Twitter un hilo que decía que en los países latinos el dinero es un tema tabú y que muy rara vez se habla de sueldos. Y va a ser que es verdad. Nos da cierto pánico hablar de lo que tenemos en el banco.

La primera vez que vi a Broncano preguntar por dinero a un entrevistado me llevé las manos a la cabeza. Es una pregunta que se ha hecho mucho a youtubers y siempre se ha demonizado al periodista en cuestión por atreverse con semejante estupidez porque hasta ahora lo único que se buscaba con eso era echar leña a eso de “los youtubers viven del cuento”. A la pregunta de Broncano, por ejemplo, Javier Coronas respondía con una retahíla de “a ti qué cojones te importa” o “la estás cagando, tío”. Así que veo que no soy el único que se incomoda (o incomodaba) con cierto tema tabú.

David Broncano en El Hormiguero

Si tienes poco “eres un pringado porque no te haces valer en el trabajo” y si tienes mucho te conviertes en “odiado” por pura envidia. Así que sea como sea, si desvelas tu cuenta corriente, vas a quedar mal.

Para mi sorpresa, mucha de la gente que ha pasado por La Resistencia ha respondido: Berto Romero tiene más de 50.000€ en el banco. C. Tangana 40.000€. Una de mis grandes favoritas, Ingrid García Jonsson 10.000€. Amarna Miller 15.000€. Angy Fernandez un poco más de 12.000€. Y la persona que se corona como Sugardaddy oficial es Antonio Resines con más de 10 millones de euros. Y para mi sorpresa la pregunta iba con respeto y cierta admiración por los propios entrevistados.

Desde 2016 (que es cuando me hice autónomo y empecé a mover facturas) me han hecho la pregunta 3 veces contadas. Pero es que tampoco es que me hayan entrevistado muchas más veces así que el porcentaje termina saliendo bastante alto. Y estoy seguro de que de haber respondido a la gran incógnita se hubiese usado el dato en mi contra por puro morbo.

Si aún no ha quedado claro, trabajo subiendo contenido audiovisual a mis cuentas y cediendo mi imagen en determinados sitios, sí, eso es trabajo y sí, cobro por mi trabajo. Iba a continuar con un par de frases donde compartía parte de mi curriculum para justificar los cobros y me he dado cuenta de que era mi manera de excusarme por ganar mi sueldo, aunque me temo que por lo menos hoy no seré yo quien responda a la gran pregunta. Si me lo preguntara Broncano ya sería otra cosa.

A la que sí se lo contaba todo era a mi abuela. Que tampoco es que entendiese del todo a lo que me dedico pero se alegraba con cada nuevo trabajo que me entraba. Eso sí, a espaldas de mi madre de vez en cuando me daba una “pequeña ayuda para ir a tomar un bocadillo” con mis amigos. Que de “pequeña ayuda” tenía bastante poco porque eso daba para invitar a cenar a dos o tres. Y al que mantengo informado, sin especificar cifras porque no me las pregunta, es a mi abuelo que de vez en cuando colabora con un paquete de magdalenas para que comparta con mis compañeros de piso. No nos merecemos a nuestras abuelas y abuelos.

Diferencio mucho la vida online y offline, y tengo muchísimo más cuidado con lo que digo cuando estoy conectado que cuando estoy entre amigos o familia. Quizá por el miedo a que lo que diga se quede grabado para la eternidad. O quizá es porque nunca me lo han preguntado con respeto ni admiración. Pero me siento cómodo con lo que tengo en el banco. Porque es justo lo que me merezco.

Qué hacer si encuentras una lagartija en apuros

Las lagartijas son bastante cutes, si lo miras bien

¿Qué hacer si te encuentras un lagarto pequeñito y cute en pleno verano? Esto es lo que le ocurrió a Noelia (@noelito_azulito) y a su madre, que finalmente adoptaron a la pequeña lagartija.

La pobre lagartija se había caído en el fregadero, donde había lejía, y sus patas estaban un poco dañadas. Pero su nueva mamá supo actuar rápido y la lavó con agua tibia.

Tenemos que cuidar a los animales que nos rodean, respetarlos y ayudar a que estén bien. Si encontramos lagartos u otros bichitos desorientados, lo correcto sería ayudarlos a volver a su casa o a la naturaleza.

Como bien dice en el hilo de Twitter, tenemos que recordar que los reptiles tienen la sangre fría, así que hay que usar agua tibia para que no les entre un fresquito que pueda acabar en hipotermia. Ahora ya está bien y recuperada, vive en una preciosa hoja de ficus, pero si queréis saber la historia al completo tenéis que leer el hilo.

El Orgullo LGTBIQ+ a día de hoy

Imagen de @PayPalSpain vía Twitter

Como cada año, la semana del Orgullo cubre Madrid (y gran parte del mundo) de color y la llena de gente diversa de todas partes que aunque buscan disfrutar y festejar, también luchan por sus derechos como miembros del colectivo LGTBIQ+.

La mañana del 28 de junio de 1969 tenían lugar los conocidos disturbios de Stonewall y se convertían en la chispa que iniciaría la revolución por los derechos del colectivo, catalizada por cuatro mujeres: Marsha P. Johnson, Sylvia Rivera, Miss Major Griffin-Gracy y Stormé DeLarverie. Marsha fue una mujer trans afroamericana, reconocida artista y musa habitual de Andy Warhol; junto a Sylvia fundó la Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR), una organización que ayudaba a personas del colectivo necesitadas y rechazadas por la sociedad. Sylvia, por su parte, también era una mujer trans y pasó muchos años de su vida vivendo en la calle y sufriendo agresiones, con lo que fundó también el Gay Liberation Front y la Gay Activists Alliance. Miss Major es, a día de hoy, la única revolucionaria con vida de las aquí mencionadas. Es también una mujer trans afroamericana, y además de directora del Transgender GenderVariant Intersex Justice Project ha luchado toda su vida por el colectivo de mujeres trans negras. Por último, Stormé es considerada la líder de la revolución de Stonewall y como mujer lesbiana se dejó la piel en proteger a sus hermanas del colectivo, patrullando calles y reivindicando el movimiento con su arte y con su manera de vestir, rompiendo los estereotipos de lo que, en su momento, se asociaban al género femenino.

Los manifestantes bajando por la Sexta Avenida | Foto de Gerald Herbert

Casi cincuenta años más tarde, el movimiento por los derechos del colectivo LGTBIQ+ sigue más fuerte que nunca, y sin duda consiguiendo avanzar día a día. El Orgullo en sí mismo se ha convertido también en una fiesta, con lo bueno y lo malo que ello conlleva. El lado negativo es que el Orgullo se ha capitalizado completamente; las marcas se suman al carro del movimiento por motivos de marketing y, sumado a la macro-fiesta, conlleva que el mensaje verdadero del Orgullo quede difuso e incluso inexistente en algunos círculos sociales, como partidos políticos que, a pesar de poner barreras durante todo el año a la lucha del colectivo, se aseguran de tener una carroza bien grande en el desfile. O como el hecho de que las mujeres trans y/o lesbianas no han tenido prácticamente representación en el Orgullo; viendo incluso como revistas supuestamente LGTBIQ+ han lanzado una portada “Especial Orgullo ’18” protagonizada, literalmente, por cinco mujeres blancas y heterosexuales.

Y es precisamente el día del desfile cuando la fiesta se vuelve más grande. Decenas de carrozas en Madrid recorren el Paseo del Prado desde Atocha y llegando hasta la Plaza de Colón, ante un público masivo que canta, baila y disfruta del espectáculo que cada carroza lleva consigo. Todas las grandes marcas organizan su carroza e invitan a un selecto grupo de gente a montar en ella, y nosotros hemos podido formar parte de la PayPal. Dos compañeras nuestras fueron de parte de Omglobal a vivir la experiencia y cubrir el evento. La fiesta en la carroza de PayPal se hizo notar, gracias a una DJ que movía tanto a los de dentro como a los de fuera de la carroza. Comida, bebida, camisetas, mochilas y banderas LGTBIQ+ gigantes fueron algunos de los elementos de los que podían disfrutar los invitados y, sin duda, consiguieron hacer de la experiencia una auténtica fiesta. Entre el público, todo tipo de personas y familias vivían con euforia el momento y demostraban que el odio y la violencia pueden ser cosa del pasado.

Vistas desde la carroza de PayPal | Foto por Zuria Fenton

 

5 series que tienes que ver en Netflix este verano

Ahora que ha empezado oficialmente la etapa de vacaciones de muchos de vosotros, comienzan esos interminables días frente al ventilador. Va siendo hora de sacar el mayor partido posible a esa suscripción de Netflix, así que estas son cinco series que puedes ver para refrescar tu verano.

Las protagonistas de Good Girls.

1. Good Girls

Tres amas de casa atracan un supermercado para conseguir dinero y sacar adelante a sus familias. Esta comedia protagonizada por Christina Hendricks me trae recuerdos de esa sensación de Breaking Bad: cuando quieres que el criminal se salga con la suya. Las tres mujeres tienes sus propios problemas y situaciones, y una gran habilidad para aprovechar su tapadera como madres estadounidenses corrientes: nadie sospecharía nunca de ellas.

La serie tan solo tiene una temporada, por el momento, y se ve muy rápido porque los episodios acaban la mayoría en cliffhanger, ese recurso narrativo que te hace gritarle a la pantalla un “¡Cómo te atreves a dejar así el episodio, que tengo que irme a dormir ya!”. Pero es verano, puedes ver un episodio más, no te preocupes.

 

El eterno debate

2. Merlí

Esta serie catalana para TV3 sigue a Merlí, un profesor de Filosofía de 2º de Bachillerato. Merlí se ve obligado a vivir con su madre, y tendrá que aprender a convivir con su hijo Bruno (que, por cierto, se parece mucho a Dylan O’Brien), con el que nunca ha tenido gran relación. Las casualidades de la ficción hacen que Merlí sea contratado para dar clases en el instituto de Bruno, y aquí es donde comienza lo interesante: dramas de instituto.

Esta serie tiene un problema: Merlí. El protagonista es un genio incomprendido que va por la vida haciendo lo que le viene en gana, y al principio no te va a caer bien. Ni al final. El tío es un idiota desde que empieza la serie hasta que termina. Pero si pasamos por alto esto, se nos queda una serie muy curiosa.

El elenco principal de Merlí.

3. Brooklyn 99

Puede que esta serie te suene porque hace unos meses estuvo a punto de cancelarse. Pero el fandom se puso las pilas e hizo un llamamiento en redes sociales: Salvad Brooklyn 99. Y lo consiguieron.

Brooklyn 99 es una comedia que sigue a un grupo de detectives del Departamento de Policía de Nueva York. Es imposible no cogerle cariño a todos estos personajes, cada uno con sus problemillas y sus complejos. Además, hacen referencias todo el rato a temas de cultura popular como Harry Potter o La Jungla de Cristal.

4. Paquita Salas

Con Javier Calvo y Javier Ambrossi como guionistas y directores, Paquita Salas se ha ganado un hueco en el corazón de los españoles.

Paquita fue la mejor representante de actores en los años noventa, y trata de reinventarse cuando su actriz más famosa cambia de manager. Paquita no se dará por vencida hasta encontrar talentos 360º. Esta serie mezcla humor con referencias de la cultura novelera española y, especialmente si conoces el mundo de los representantes, un montón de pullitas internas que hacen de ella una auténtica delicia. La segunda temporada acaba de estrenarse y es realmente fácil de vérsela en una sola tarde, ya que cada capítulo solo dura 20 minutos y cada temporada tiene solo 5.

Brays Efe en el papel de Paquita es ya un icono de este país.

5. Orphan Black

Esta serie debería verla todo el mundo solo por el papel que hace Tatiana Maslani. Bueno, papeles. Porque esta serie va de clones, y todos están interpretados por la misma actriz. Es genial cuando hay unos diez personajes principales y solo hay tres nombres en los créditos iniciales.

Todo comienza cuando una chica se suicida frente a Sarah Manning. Y qué casualidad que es igualita a Sarah. Ella aprovecha para tomar su identidad e intentar sacar algo de dinero para poder empezar una nueva vida, aunque todo se complica cuando descubre los líos en los que la chica anónima estaba metida.

Tatiana Maslani como Sarah, Alison, Cosima, Rachel y Helena.

Estas son solo cinco series que me han venido a la cabeza, pero si he pensado en ellas es porque todas tienen algo positivo en ellas. ¿Cuál vas a ver?

Estamos hartas del acoso callejero

Photo by Kevin Laminto on Unsplash

No es para tanto, es solo un piropo, ya quisiera yo que me dijeran que soy guapo cada día, menuda exagerada, es que ya todo es machismo… De verdad que a veces parece que algunos no queréis entender lo que es el machismo y el acoso callejero. Vamos a ver si conseguimos explicarlo para aquellos que pensáis que ahora hay que firmar un contrato para decir cosas bonitas a la gente.

Hace unos días salió otra polémica con el caso de la periodista deportiva María Gómez (@maria__gomez), quien subió un vídeo donde un ChicoRandom™ le daba un beso no deseado en la mejilla durante una retransmisión en directo del Mundial.

Parece difícil pensar que alguien vea bien hacer esto, pero no hay más que mirar las respuestas al tweet para ver que no. Unos piensan que es un “acto espontáneo”, al que no hay que darle más importancia. Muchas comedias románticas habéis visto. Estoy segura de que muchos os sentís incómodos cuando alguien se acerca mucho a vosotros u os toca el brazo al hablar, pero sin embargo no podéis empatizar con esta periodista.

No es lo único que María Gómez ha tenido que soportar, y este vídeo ha resultado mucho más polémico aún. En él, la periodista hace una pregunta y recibe como respuesta un “¿Cómo te llamas, guapa?”, a lo que ella replica que “lo de guapa, sobra”.

¡Madre mía! ¡Chica, no te ofendas, que encima que te llama guapa! ¡Si va con buena intención! A ver cuándo os enteráis que lo que nos molesta no es la palabra, sino el contexto. Si no conoces a la persona, no tienes confianza con ella, está trabajando, simplemente guárdate esos comentarios.

“¿Cómo te llamas, guapa?”

Cuando las mujeres salimos a la calle, cada día, los hombres nos miran, nos babosean, nos tocan, nos silban como si fuéramos su perro y nos dicen cosas que parecen haber sido sacadas de una canción de Bad Bunny. Y lo hacen cuando las chicas van solas, o muy bajito, para que nadie más te oiga. Lo suficientemente alto como para que nos demos cuenta de que nos han dicho algo cuando ya es tarde y el chico está a unos metros.

¡Denuncia si te acosan!”. Como si no fueran a reírse en nuestra cara en comisaría al llegar y decir “Vengo a poner una denuncia a un hombre, cuyo nombre desconozco, que me ha dicho ‘oh mamasita’ al pasar frente al McDonalds de Gran Vía”. Llevamos mucho tiempo diciendo que no nos gusta que nos silbéis, miréis o digáis cosas por la calle, y la respuesta es que “es algo bonito, que no es para tanto, que todo es machismo”. Si no queréis escucharnos cuando os estamos gritando que paréis, igual es que no lo hacéis para hacernos sentir mejor sino para sentiros más Hombres™, con poder, porque la calle es vuestra y os da igual cómo se sienta la mujer.

Ocean’s 8 – No echarás de menos a George Clooney

Las Ocean’s 8 en la primera imagen que se vio de la película

Ocean’s 8, dirigida por Gary Ross, es la nueva secuela de la conocida Ocean’s Eleven. Con un reparto bien cargado, nueva trama y giros no tan innovadores, la película tiene sus más y sus menos. Esta es mi opinión de Ocean’s 8.

Para empezar, me encantaría aclarar que de secuela tiene poco. Sí, es cierto que de vez en cuando hacen alguna referencia al personaje de George Clooney o a las películas anteriores, y es cierto que hay un robo con un gran equipo de gente talentosa; pero más allá de eso la película puede verse sin ninguna necesidad de ver las tres primeras.

Lo primero que nos llama la atención es el reparto: Sandra Bullock y Cate Blanchett hacen un dúo que nada tiene que envidiar al de Clooney y Pitt, no vais a echarlos de menos. Helena Boham Carter y Sarah Paulson bordan los papeles y sorprenden Anne Hathaway y Rihanna: la primera por interpretar el papel de actriz superficial y hacer que, siendo Anne, odiemos al personaje; la segunda porque había mucho hype desde Battleship y, la verdad, le ha salido bien la jugada. Aparte del reparto principal, hay muchas, muchísimas sorpresas a lo largo de la película que no revelaré para no arruinarlo.

El equipo en pleno análisis del plan

En cuanto a la trama, he oído por ahí que “el robo es menos espectacular que en Ocean’s Eleven y que eso es decepcionante”. A mí me parece que todo lo que ocurre tiene sentido, no está exagerado, tiene cohesión. No ocurre en Las Vegas, no es robar tres casinos: el objetivo de este robo es un collar de diamantes valorado en 150 millones de dólares, durante la MET Gala en Nueva York. Tanto el escenario y el objeto de robo son más pequeños en cuanto a tamaño, así que me parece razonable pensar que las maniobras serán más comedidas, pero no por ello menos calculadas.

También he leído algunas críticas que hablan de que “las estafadoras salen muy guapas y a la moda“, y me encantaría señalar que:

1. Van a robar en la MET Gala, normal que salgan “a la moda”. Para quien no sepa qué es la MET Gala, os dejo la cita de Wikipedia aunque podríais ir a buscarlo vosotros mismos:

La Gala del Met o la Costume Institute Gala es un evento benéfico que da inicio a la exposición de moda anual del Instituto del Vestido del Museo Metropolitano de Arte de la ciudad de Nueva York (…). La fiesta es co-dirigida por Anna Wintour, editora de la revista Vogue, y unas personalidades honorarias que varían cada año. (Wikipedia)

2. También George Clooney y Brad Pitt salían estupendísimos y no creo haber leído eso en una crítica, así que estaría bien dejar de utilizar ese argumento para determinar si la película es buena o mala.

El tono de comedia, las transiciones gráficas y la edición con la música fueron elementos que me gustaron mucho. Salí de la sala encantada, con ganas de más. Llegará a las salas de cine españolas el 6 de julio, ¡ya me contaréis qué os ha parecido!

El show de Katy Perry ha sido el más cringe de mi vida

Los colores chillones fueron parte central del show

Katy Perry ha estado en Barcelona una vez más, esta vez con el concierto final de la gira europea Witness Tour; y, en todo el sentido de la palabra, ha sido un espectáculo.

Lo cierto es que yo no soy especialmente afín a la música de Katy Perry. Quizá los primeros discos me gustaron algo más por el momento de mi vida en el que los descubrí, pero sus últimos trabajos se alejan bastante de mi gusto musical. A esto se suma que lo poco que había visto de sus conciertos a través de vídeos de YouTube me llevaban a pensar que su capacidad vocal en directo no era lo mejor de su espectáculo. Es decir, que fui al concierto sin demasiadas expectativas. Y probablemente por eso, me sorprendió.

A ver, es todo un espectáculo. La puesta en escena es increíble, con muchísimo color, bailarines, bailarinas, luces, fuegos artificiales, confeti y elementos gigantes que aparecen colgando para cada canción. Bien de presupuesto. Y la parte musical no estuvo nada mal. Es cierto que en algunos momentos Katy empezaba las canciones con el tono equivocado, y tenía que detenerse a escuchar a las coristas para ponerse en la línea adecuada. Si tuviese que definir el show con dos palabras serían “espectacular” y “cringe”. Muy cringe.

Mi cara era la misma que la de la bailarina.

Hubo varios momentos a lo largo del concierto donde literalmente se notaba un ambiente de vergüenza ajena muy poderoso. Cuando se puso a perrear con el Left Shark (un tiburón que se convirtió en meme tras la Superbowl); cada vez que había largos momentos de silencio porque esperaba reacciones del público que no había; cuando sacó a una niña al escenario para cumplir su sueño y todo el mundo esperaba que cantase con la cría pero solo le pregunto por su futuro profesional como profesora de inglés, o cuando cada vez que se acercaba al final del brazo del escenario y terminaba la canción tenía que volver corriendo porque no tenía plataforma elevadora. El momento cumbre de la noche fue cuando, con motivo de celebrar el último concierto de la gira europea, decidió cantar One of Us de Joan Osborne que literalmente es una canción religiosa.

Aún así, el Palau Sant Jordi estaba casi a rebosar y todo el mundo bailó, cantó y gritó disfrutando del show. Katy tiene ya una larga carrera musical y sabe perfectamente cómo entretener a la gente, y lo que demuestra siempre es que ella está ahí para disfrutarlo también; y que la fiesta principal la vive ella en el escenario haciendo todo lo que le apetece. Y bravo por eso.

La puesta en escena llegó a ser verdaderamente preciosa.

Hemos estado en el mayor torneo de Fortnite de España

Cada partida comienza saltando desde un autobús volador

Cada cierto tiempo ocurre un fenómeno en internet que revoluciona las redes sociales; y, sin duda, el fenómeno de hoy en día es el Fortnite.

El Fortnite es un videojuego online donde 100 personas (en solitario o por equipos) luchan entre sí con las armas que van encontrando por el mapa hasta que solo queda un único vencedor. Este modo de juego no es algo nuevo, se llama Battle Royale y muchos otros juegos tienen su propia versión, pero el Fortnite se ha alzado como el líder indiscutible por su estética que recuerda a Pixar, su facilidad de juego y su opción para construir estructuras en la propia partida que permiten mejorar tu posición frente a la de tu enemigo.

Tanto es el éxito del Fortnite, que se hacen torneos y competiciones a lo largo del mundo, con premios económicos muy considerables para aquellos que ganen cada ronda. Ninja, en Estados Unidos, o Lolito aquí en España, son considerados dos de los mejores jugadores que hay; y verles en plena acción es todo un espectáculo.

La magia del Fortnite reside en su humor.

Y bajo este contexto, el Rubius decidió hace unas semanas organizar un torneo “privado” en el que los 100 participantes fuesen youtubers de habla hispana. El evento fue un éxito y se convirtió en el streaming de gaming con más espectadores de la historia; así que, por supuesto, no podía quedarse ahí. El pasado viernes 22 de junio tuvo lugar la Gamergy, una feria anual del videojuego que este año ha recibido la versión 2.0 del torneo de Rubius. De nuevo, 100 youtubers de habla hispana se han reunido (esta vez presencialmente) para competir unos con otros, y yo he sido uno de ellos de la mano de Orange.

El ambiente del #YTBattleRoyale (así se llama) fue increíble. Fue una competición sana donde 80 youtubers estábamos en “la arena” y los 20 restantes sobre un escenario. La competición consistía en 5 partidas: 4 en solitario y 1 en escuadrón; más una sexta extra que propuso Rubius en último momento bajo la premisa de que todos los participantes saltásemos en el mismo punto del mapa (lo cuál convirtió la partida en una auténtica locura).

En definitiva, ver a tantos compañeros de diferentes ramas de YouTube congregarse para disfrutar juntos un mismo día fue algo emocionante y divertido; y a pesar de que el nivel fue tan alto que no tuve muchas oportunidades de quedar en buena posición, lo repetiría una y mil veces.

El fútbol me duele | Julen’s Stories

Estos días se disputa el Mundial de fútbol.

El fútbol no me disgusta. Lo de 22 personas corriendo detrás de una cosa redonda me parece correcto. Yo lo practiqué hasta los 17 y tuve 3 entrenadores con los que aprendí y disfruté mucho (y eso en mi tiene mucho mérito). Gracias Álvaro, Mikel y Tito, y gracias a mis padres (mis entrenadores de vida) por enseñarme que el resultado es lo último. Pero con los años he ido aprendiendo que muchísimas cosas que he visto (y desgraciadamente hecho) están mal. Tan mal que si dependiese de mi hubiese suspendido partidos, multado aficiones, expulsado seguidores y prohibido emitir esos partidos en televisión. Eso para empezar. 

Acabo de preguntar a mi padre la edad en la que empezamos a ir al campo de fútbol de Anoeta, en Donostia, a ver a la Real Sociedad de fútbol. Dice que cuando yo tenía entre 6 y 8 años. Todos mis amigos coleccionaban cromos de la liga y se sabían absolutamente todos los nombres y puestos de memoria porque los niños son esponjas que se dedican a absorber información a jornada completa. 

Esos mismos niños éramos los que cuando venía el Real Madrid a Anoeta veíamos y escuchábamos a más de 15.000 personas corear “Guti, Guti, Guti maricón” o en ocasiones más especiales “Guti, cabrón, hijo de puta, maricón”. No tengo ni idea de quién es Guti, el número de su camiseta, el puesto en el que jugaba o ni siquiera si sigue en activo y aún menos su vida sexual. Pero 15.000 personas me enseñaron cada fin de semana que insultar al contrincante está bien y que al parecer no hay nada peor que ser maricón. Imagínate si apetece salir del armario en ese ambiente. Y si resultaba que el tono de piel del futbolista en cuestión era más oscura que la de Guti el cántico cambiaba a “puto mono vuelve a tu país” y un largo etcétera.

Cuando vives esas situaciones en primera persona aprendes que los valores que te han enseñado hasta el momento hay que desecharlos porque claramente eres minoría. Eso de ser buena persona, respetar a los demás, a que lo importante es pasárselo bien… es todo mentira. Y que el lunes a la hora del recreo toca imitar todo lo que has aprendido en el estadio: las chicas no tienen voz ni voto, solo mereces respeto si tu piel es tan clara como la mía, no sabemos qué significa maricón pero claramente es algo horrible así que no lo seas, solo juegan los buenos porque a toda costa solo importan las victorias… Y por esa regla de tres unos pocos años más tarde yo estaba desconvocado en dos de cada tres partidos y en el afortunado caso de estar convocado terminaba jugando los últimos 15 minutos en un puesto que no molestase demasiado. Así hasta los 17 cuando te hartas de tanta tontería y terminas cambiándolo por partidos de tenis los lunes y miércoles con tu padre porque en el instituto no existían más extraescolares que el deporte rey. Otro rey (en miniatura) que tampoco me representa. 

A mi personalmente me molesta y me cabrea ver año tras año en la prensa al Ministro de Economía amenazar a los pequeños autónomos que trabajamos creando contenido en internet como si de sanguijuelas se tratase mientras que por detrás de las cortinas sonríen a quienes roban millones y más millones. ¿Te imaginas que solo sancionan a futbolistas ladrones cuando la prensa filtra esa noticia y se ven acorralados? ¿Te imaginas que es el propio Gobierno el primero en beneficiarse de la gran cortina de humo que supone el fútbol? ¿Y que es el propio gobierno el que perdona a esos ídolos de masas para que sigan jugando y haciendo más y más teatro en los estadios? ¿Sabes quién dijo Pan y Circo? 

Dirán lo que quieran porque ellos son el poder y aquí se viene a hacer caja pero ningún otro evento suscita más la violencia que los propios partidos de fútbol. Contenedores quemados, sillas de las terrazas volando, cristales rotos, coches destrozados, alguna nariz rota y sobre todo miedo en el barrio. Y eso cada semana. Y sin urnas ni lazos amarillos. Pero abanderados con camisetas de fútbol. 

Y duele porque lo de 22 personas corriendo detrás de una cosa redonda me parece correcto. Y en su día, de alguna manera, yo lo llegué a disfrutar.