No se opina | Julen’s Stories

La importancia de votar | Foto de Arnaud Jaegers

El pasado lunes subí un vídeo a mi canal hablando sobre política. Sorprendentemente la bandeja de comentarios se mantuvo limpia sin ningún insulto ni ataque personal aunque sí hubo gente que no opinaba lo mismo que había dicho yo. “Hay que respetar las opiniones” se escucha en la calle. No puedo estar más de acuerdo con eso. Una comunidad diversa con opiniones y posturas dispares es oro para poder seguir evolucionando… hasta que se ponen encima de la mesa derechos humanos básicos. Y eso es un “NO” rotundo. No se opina sobre feminismo, el futuro será feminista o no será. No se opina sobre cómo regular al colectivo LGTB+, el futuro será diverso e inclusivo o no será. No se opina sobre las clases medias y bajas, el futuro es de todos y para todos o no será. Y es que hay una sola cosa clara: o votas o el futuro lo decidirán otros por ti; y te prometo que no te va a gustar.

No son unas elecciones más, que no te engañen. Todos vamos a votar, pero unos nos jugamos más que otros. Algunos votamos por proteger nuestros derechos básicos, y otros juegan a la política para blindar sus carteras. Unos votan para que no haya ninguna mujer asesinada a manos de sus maridos, y otros votan para pagar menos impuestos. Unos votan para poder casarse con el amor de su vida, y otros votan para que los coches puedan entrar de nuevo en el centro de Madrid. Unos votan para que sus hijos e hijas puedan estudiar todo lo que no pudieron estudiar ellos, y otros votan para legalizar las armas.

Unos votan para que la cura del cáncer sea un hospital y no una buena cuenta corriente, y otros para construir un muro de hormigón en la frontera. Unos votan para proteger a los animales, porque ya lo dijo Ghandi “la grandeza y el progreso moral de una nación se mide por cómo trata esta a los animales”, y otros votan para dar subvenciones para hacer de la tortura del toro un espectáculo. Unos votan para que sus trabajos de más de 40 horas semanales no tengan el sueldo precario que el empresario querría pagar, y otros votan para poder tener una plantilla muerta de hambre y asustada en su empresa.

Unos votan para que los bosques sean verdes y los mares azules, y otros votan para construir sobre esos colores y seguir haciendo caja. Unos votan para que los representantes de la ciudadanía sean la propia ciudadanía, y otros votan para poder trabajar en beneficio propio con sueldo público y usar las puertas giratorias a su antojo. Unos votan para que los impuestos lleguen a donde más se necesitan y otros votan para destruir las investigaciones sobre malversación de caudales públicos. Unos votan para que la televisión pública sea independiente y de calidad al servicio de la ciudadanía diversa, y otros votan para que la televisión pública no destape ninguno de los escándalos en los que están envueltos los de arriba.

Unos votan para que todos tengan las mismas oportunidades independientemente de la familia de la que se venga, la tonalidad de su piel, la cartera que tengas, lo que pienses, lo que sientes, a quién ames y lo que seas, y otros votan para que el sistema de privilegios siga en vigor con los que habitan el palacio de la Zarzuela encabezando la lista. 

Y es que hay una sola cosa clara: o votas o tu futuro lo decidirán otros por ti. Y te prometo que el futuro que tienen preparado para ti no te va a gustar.

Cuando las cosas se hacen bien | Julen’s Stories

¿Y si llamamos a cada cosa por su nombre?

¿Por qué decimos refugiados cuando no se les da refugio? Es una pregunta que ayer no supe responder cuando se lanzó la cuestión al aire. El periodismo se consume a más velocidad que el fast food y son pocos los que advierten de sus riesgos. Ayer tuve el placer de asistir a la presentación de un proyecto con sello de garantía de calidad.

Allá por 2015 nuestra compañera de máster, Marta Arias, nos presentaba el que sería su apuesta profesional: periodismo hecho bien. Lo llamaron Revista 5W y tiene todo lo que te puedes esperar de un medio independiente, honesto y honrado. Publicaciones en web, un podcast mensual y una revista en formato libro anual.

La presentación del número 4 de la Revista 5W tuvo lugar en el Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Llegué media hora antes de que empezase el evento para asegurarme un buen sitio y porque el aforo era libre hasta llenar la sala. Contaron con un maestro de ceremonias de lujo, el gran Roberto Enríquez, también conocido como BobPop por ser una de las pocas personas cuerdas del panorama televisivo actual y por poner los puntos sobre las íes en el programa de Buenafuente.

Se habló sobre las matronas de Colombia, las micro casas de Hong Kong, los yihadistas de las cárceles francesas y sobre temas que no verás en los medios de comunicación más leídos. Se denunció que la falta de cobertura la causaba la falta de interés por parte de los gigantes de la información y no la falta de recursos económicos y se demostró que se pueden trabajar temas internacionales reposados en un medio de subscripción por una cuota fija de 60 euros al año.

En un mundo inquieto y en una época llena de opinión camuflada de noticia se agradece cuando las cosas de hacen bien.

Periodismo en estado de crisis | Julen’s Stories

La información es poder y quien la posee manda.

Fake news, medias verdades, esconder información, mentir…  ¿Quién crea esos bulos? ¿A quién benefician? ¿Qué papel tiene la extrema derecha en todo esto? ¿Cómo se lucha contra esas mentiras? ¿Se puede controlar de alguna manera o eso significaría acercarnos a la censura? ¿Cómo funcionan los gigantes de la comunicación y cómo de gigantes son?

El Julen´s Stories de hoy salta de lo escrito para llegar a lo multimedia. Un reportaje audiovisual de 38 minutos de largo donde sobre la mayor crisis que ha sufrido nunca el periodismo.

He entrevistado a tres grandes periodistas: Clara Jimenez, co-fundadora de Maldita.es, Nerea Reparaz, corresponsal de ETB en París y Laura Rahola, jefa de prensa en la oficina de la Comisión Europea en Barcelona y he transmitido las preguntas que me mandasteis a una cuarta periodista, Marta Arias, periodista especializada en política internacional y una de las creadoras de la Revista 5W.

¿Por qué?

Porque la prensa es poder. Y quien tiene el poder, manda.

Un gran poder supone una gran responsabilidad. Pongamos un ejemplo: ¿Un cuchillo es bueno o malo? Si lo utilizas para cortar un bizcocho es bueno. Si lo usas para hacer daño a alguien, es malo. Lo mismo con el periodismo. Si el periodismo funciona de forma independiente para controlar a los grandes poderes como gobiernos y empresas multinacionales, es un poder que se usa de forma correcta para informar y proteger al pueblo. Y la prensa debería tener ese compromiso con la ciudadanía.

Si, por lo contrario, se utilizan titulares incorrectos, información falsa, manipulada o inventada o si esconden información de vital importancia para la ciudadanía, eso es utilizar la prensa para los intereses propios, y en conclusión: el mayor de los peligros.

Os presento: Periodismo en estado de crisis. El trabajo más ambicioso de toda mi carrera.

Una canción nunca llega tarde | Julen’s Stories

¿Por qué sigo escuchando música de 2010?

Billie Eilish llorando tinta.

Hoy estábamos en la oficina cuando mi amiga Paloma me ha preguntado a ver si ya había visto el nuevo videoclip de Billie Eilish. Le he dicho que no. “Pero sabes quién es Billie Eilish, ¿no?”. Le he dicho qué “por supuesto que sí” aunque nada más decirlo lo he pensado mejor y creo que no sabría decir si he escuchado alguna canción suya alguna vez. Claro que sé quién es, es la chica joven que tiene un videoclip donde llora lágrimas negras. Puede que haya leído lo poco que sé sobre ella en Twitter sin prestar demasiada atención, porque me temo que en realidad no sé quién es realmente. “Mira este videoclip, es nuevo” me ha dicho Paloma abriendo Youtube y he alucinado con Bury A Friend.

Lo más escuchado de mi Spotify.

Según Spotify este pasado 2018 he escuchado 24.982 minutos de música (sale a una hora y pico de música al día). Desconozco si es mucho o poco (aunque yo creía que sería un poco más). Soy usuario de Spotify desde hace 10 años y soy un gran fan del botón de Explorar y de Aleatorio. Trabajo, viajo, hago deporte, cocino… todo con los auriculares puestos aunque muchas veces no preste atención y no sepa qué estoy escuchando. Eso hace que aunque una canción me guste no sepa encontrarla de nuevo y que las estadísticas anuales de mi cuenta me digan que lo más escuchado sean canciones del 2010. Más o menos.

Este pasado año Lady Gaga ha sido la artista que más horas musicales me ha aportado, ninguna sorpresa aquí. Seguida por… y ahora atentas porque viene La Pegatina. Conecto de una manera muy especial con los artistas o grupos que veo en persona y este año tuve la oportunidad de ver (por segunda vez) a La Pegatina en un festival de Cádiz (creo). En las semanas siguientes cada vez que escuchaba al grupo (básicamente todo el rato) me acordaba de lo mucho que salté en primera fila de su concierto. Y minuto a minuto ha terminado convirtiéndose en lo segundo más escuchado del 2018.

Un año más, se cuela en el top tres The Black Eyed Peas, ocupa el cuarto puesto Corinne Bailey Rae y cierra el top cinco la reina del Tra Tra, Rosalía.

Por exigencias del trabajo viajo mucho, paso mucho tiempo fuera de casa (demasiadas horas de autobús), conozco mucha gente nueva todos los meses, voy de reuniones de aquí para allá e infinitas veces me siento pequeño e inseguro. La música es una de las pocas cosas que hacen que sienta que estoy dentro de mi zona de confort, me encuentre en la situación en la que me encuentre. Sé que después de “Whenever you call me” siempre viene “I´m there when you call”. Sé que en Angel Down lo primero que suena es música y que en Angel Down – Work Tape la voz de Gaga es lo primero que escuchamos.

Al igual que sé que en Kukutza III se me va a erizar el pelo en el 4:42, que The Last Dance es perfecta para caminar a buen ritmo y llenarme de energía y que la parte rappeada de Qué Electricidad me va a mejorar el humor antes de que termine la propia canción.

Voy descubriendo música poco a poco, a mi ritmo. Una canción nunca llega tarde, ni pronto, llega exactamente cuando se lo propone, hubiese dicho alguien que yo sé.

Hoy estábamos en la oficina cuando… “mira este videoclip, es nuevo”. Y ahora Billie Eilish será la segunda artista más escuchada de 2019.

¿Cómo de opresor soy? | Julen’s Stories

La semana pasada encontré este retwitt curioso y llegado este punto no entiendo nada.

Ser parte de un colectivo u otro hace que tengas más o menos privilegios. ¿Pero cuántos? | Photo by Rawpixel

La semana pasada encontré un retwitt curioso. Uno más. “La escala de los privilegios. ¿Cómo de opresor eres?” decía un tal @JaimeBN1987 y adjuntaba un cuadro para calcular el nivel de privilegios en una escala que iba desde -100 hasta +100. Si leéis el texto hasta el final podréis ver mi nota. En realidad he de admitir que primero me fijé en el cuadro que decía “How privileged are you?” al que respondí en mi cabeza “bastante privilegiado”. Pero no entendí qué tenía que ver el hecho de que yo me sintiese afortunado y privilegiado de haber nacido donde nací en la época en la que nací y de vivir la vida que vivo con ser opresor. ¿Por qué iba a ser yo opresor? ¡Yo!

Lo de hacer preguntas me viene de sangre periodista y no me pude resistir a hacer esa pregunta en mi grupo de amigas. “¿Os puedo hacer una pregunta?”, me aventuré. “¿Es de política?” me dijo una amiga. Me conocen muy bien al parecer. Me ayudaron a entender que ser privilegiado implica tener privilegios, y que siempre que hay privilegios unos los tienen y otros no, sino no serían privilegios. Así que para que yo me sintiese “bastante privilegiado” tiene que haber alguien que no dispusiese de los privilegios que tengo yo.

En el cuadro del twitt se explicaban varias situaciones en las que te tenías que posicionar en alguna de las respuestas y cada respuesta venía con una puntuación. Sumando todas las puntuaciones salía el resultado final. Ningún rigor científico, ninguna base sociológica, antropológica o psicológica, algo así como un test de Buzzfeed pero aún con menos sentido.

“Raza” decía la primera situación del test; White +25 puntos, Asian +10 puntos, Latino -50, Black -100 y Other -100. Blanco y en botella, +25 puntos para Julen. Sexo masculino, otros 25 puntos. Tener pareja del mismo sexo, -150 puntos. Género CIS, 20 puntos. Y así hasta repasar la tabla entera. El resultado me sorprendió; Julen -10 points que según la tabla sin sentido significa non-privileged.

Si haces tú el test, ¿qué te sale?

¿Dónde estaban los privilegios que creía tener? O, ¿por qué no se muestran mis privilegios en esa tabla? ¿Vivo en una burbuja? ¿Cómo he hecho hasta ahora para no sentirme no-privilegiado según el test? ¿Hay alguna situación (quizá política) que debiese temer que pudiese sacarme de mi burbuja? ¿Partidos políticos de extrema derecha? ¿Cómo de oprimido tienes que estar para que de verdad se muestre tu situación real en el test? ¿Quién decide los números de la lista? ¿Quién ha hecho la lista? ¿Por qué ha creado la lista? ¿Por qué he hecho el test?

La semana pasada encontré este retwitt curioso y llegado este punto no entiendo nada.

Más gracias que perdón | Julen’s Stories

El 18 de diciembre, y abriendo las puertas con 15 minutos de retraso, os presentamos la primerísima edición de la Winter Anthem Gala.

Ruth Lorenzo en la Winter Anthem Gala | Foto de Alejandra Lanoix

Se me ocurren varias situaciones en las que encaja como anillo al dedo un perdón. Una de ellas podría o debería ser el hecho de que no haya actualizado desde el pasado octubre mi estimada columna semanal autodenominada Julen’s Stories. La razón: trabajo. Y ni siquiera el mío. Esto es evidente porque fue el mes de octubre en el que junto a mi última columna publiqué el último vídeo de mi canal (ese en el que me despertaba a las 5 de la mañana durante una semana para comprobar que madrugar es muy duro y que prefiero seguir con mi alarma habitual de las 7), eso sí, con excelente recepción. Y aquí empiezan los agradecimientos.

Gracias a la gente que me ha mantenido ocupado estos últimos dos meses de mi vida porque aunque haya sido sin duda una de las etapas más duras de los 26 años que llevo vivo han sido inmensamente gratificantes y me han hecho aprender más de lo que tenía planeado.

Desde octubre he estado en París, dos veces, he montado por primera vez en helicóptero, he conocido al gato de Gomi y Neva, participé en una mesa redonda sobre el futuro de mi ciudad, estuve en Islandia y me bañe en uno de esos ríos cálidos aún estando a dos bajo cero en el exterior y no sé cómo me engañaron para organizar una gala benéfica.

Una Gala con mayúscula concebida y parida en menos de un mes. Un parto prematuro que en vez de proteger en una incubadora para asegurarnos de que el corazón latía con normalidad lo sacamos a la jungla a la vista de las panteras.

El 18 de diciembre, y abriendo las puertas con 15 minutos de retraso, os presentamos la primerísima edición de la Winter Anthem Gala. Un evento donde a través de la música quisimos celebrar el simple hecho de ser y estar y donde absolutamente todo lo recaudado a través del sistema de donaciones iría destinado a una asociación de mujeres supervivientes. Superamos la grandiosa, pero nunca suficiente, cifra de 5,700€ para colaborar con una causa tan necesaria. Gracias Ana Bella por coger el tren en Sevilla, por plantarte en nuestro escenario de Madrid y por dejarnos con la piel de gallina al hablar sobre tu asociación. Gracias a cada una de las personas del Círculo de Bellas Artes por acceder a cedernos el gigantesco Salón de Baile de la segunda planta del edificio (y a Bernardo por la inmensa paciencia), gracias Paco por saltar a los tiburones sin jaula de protección y querer financiar una parte de nuestro corazón con este proyecto, gracias Rebeca por ayudarnos a hacer historia ofreciendo un catering 100% vegetariano para casi 400 personas, gracias Ale por compartir tu sabiduría (y la cerveza fresquita), gracias Pelayo por soportar con infinita paciencia y saber estar todas mis dudas y casquetas. Paula, Alejandra, Carmen, Sam, Gomi, Neva y la interminable lista de personas que han aportado su generosidad; gracias.

Resulta que llegó un punto en el que la escaleta (un PDF con la información sobre el orden y los tiempos de absolutamente todo lo que sucedería en el escenario de la Gala) se tenía que convertir en guión para que fuese aprendido y recitado por las presentadoras de lujo que de manera desinteresada quisieron sumarse al proyecto. Este es uno de los grandes momentos en los que debería pedir perdón porque fue un servidor el que se ofreció a hacerlo y por causas ajenas a su voluntad lo terminó y entregó a una hora de dar comienzo a la Gala. Parecía que todo estaba concebido para fallar y con todo lo que podía haber salido mal, poco salió mal. Gracias Gabi y Sylvia por vuestra paciencia, profesionalidad, generosidad y grandeza, y por poner siempre vuestra mejor cara aún cuando el castillo de naipes estaba a nada de desplomarse en medio del huracán. El huracán soy yo. Gracias por hacernos el gran regalo de ser las caras visibles de la primera edición de la Gala.

Gabi y Sylvia, presentadoras de la Gala, en el photocall | Foto de Alejandra Lanoix

Un evento musical no se entiende sin música y nunca nos hubiésemos imaginado juntar semejante cartel de grandísimas artistas con un corazón más grande que la Gran Vía de Madrid que apoyase la causa con semejante involucración. No conozco manera alguna de reflejar mi agradecimiento por escrito a esas artistas que nos han hecho inmensos. Gracias Bely, Melo, Ruth, Carlos, Marina, Lucía, Gerard, Anni, Varry Brava, Ender y Gabi.

Carlos Sadness cerró la Gala para todos los asistentes | Foto de Alejandra Lanoix

Desde que el proyecto de la Gala fue aprobado tuvimos tres semanas (y ni un día más) para organizar la mayor locura en la que nunca nos hemos visto inmersos (con un viaje a Islandia de por medio y con los puentes de diciembre molestando). Han sido 21 días de trabajar desde las 7 de la mañana hasta las 12 de la noche y de despertar con pesadillas día sí y día también. Una experiencia con contenido suficiente como para hacer un reality show de lo más inhumano. Algo así como el viaje de la Compañía del Anillo al Monte del Destino en las lejanas tierras de Moria. Solo que en vez de contar con Aragorn, teníamos a Omai, en vez de a Gimli teníamos a Marifer, Paloma hacía de Legolas, Victor sería Boromir y me tomo la libertad de adjudicarme el papel de Gandalf el gris. Y siendo consciente de todo lo que hice mal, de lo que no hice bien, de lo que debí haber hecho mejor y de lo poco que me salió bien quiero dar las gracias a mi particular Compañía del Anillo por haber involucrado nuestras vidas en lo profesional y en lo personal por que esta Gala pudiese tener vida propia y llegar a emocionar como lo hizo al final. Casi 400 personas fueron testigos de lo que sucedió en directo sobre el escenario, más de 50.000 personas han visto en Youtube las dos horas de duración de Gala (entre ellos mis padres que no fueron a una cena de amigos para ir corriendo a casa y seguir en directo la emisión de Youtube), casi 8.000 personas aportaron su entusiasmo a través de Twitter convirtiéndonos en primer Trending Topic durante más de una hora con el hashtag del evento llegando a más de 13 millones de usuarios.

La Gala acabó siendo una operación a corazón abierto que terminó saliendo bien y este texto es la sutura que necesitaba y con la que me doy el alta. Y mira que se me ocurren muchas situaciones en las que encaja como anillo al dedo un “perdón” pero de un “gracias” siempre se aprende más. Así que disculpad pero gracias.

He discutido con mis amigas | Julen’s Stories

He pasado el fin de semana con mis amigas en París y hemos discutido. Y admito que me siento encantado de haber conocido a mis compañeras de discusión.

Con Izas en Le Sacre Coeur

Con poca gente discuto tanto como con ellas. Lo hacemos ininterrumpidamente todas las horas que nos permite el día. Es lo primero que hacemos nada más levantarnos y lo último que hacemos antes de dormir. Véase como excepción las horas nocturnas que pasamos durmiendo (que fueron pocas). El silencio de aquellas horas muertas lo ocupa algún ronquido incivilizado que pone las bases de lo que será la primera conversación matutina como “madre mía cómo roncáis los de allí” o “yo creo que ha sido ella porque el ronquido venía del sofá” o “ha sido Julen seguro” o “que no, creedme que ha sido ella”, y un eterno etcétera.

Hace un par de semanas llamé a mi madre para contarle que me iba de viaje a París junto a mis amigas Myri e Izas a visitar a Nerea, que desde hace un tiempo reside allí. Cuatro comunicadores que empezaron compartiendo aula en la universidad del País Vasco, para luego compartir una relación de simpatía y que terminó afianzándose a la vez que se creo de la nada e inesperadamente un grupo de WhatsApp que más tarde terminó teniendo más emojis que letras en el título y mucho futuro.

En aquella llamada mi madre me dijo: “¡Qué bien! ¡Seguro que os da tiempo hasta de discutir!” Y avanzándome a los hechos respondí: “Créeme que será lo primero que hagamos en cuanto nos veamos en el aeropuerto”. Y el aeropuerto Charles de Gaulle fue testigo de que así sucedió.

Cuando vivía con mi padre y mi madre siempre se cenaba con el telediario puesto. Bajito para que no molestase, pero puesto. Si resultaba que se presentaba alguna noticia interesante se subía el volumen del televisor para prestar la atención que se merecía. Luego se bajaba y se examinaba la noticia proponiendo argumentos a favor o en contra. Y no pocas veces nos hemos visto en la tesitura de que era la misma persona la que presentaba el argumento de favor y el de contra llevándose la contraria a si misma.

Esas situaciones me han enseñado a entender que cada uno tiene su propia opinión, su propio punto de vista, sus razones para pensar X o Y incluso en el mismo círculo social. O que muchas veces aún pensando lo mismo se puede llegar a expresarlo de manera distinta. Por eso digo que Discutir es deporte nacional en mi casa.

El río Sena atravesando París.

París fue testigo de varios temas que ocuparon nuestra estancia: la situación de la política vasca, la inmovilidad de la juventud, el periodismo en formato selfie, el trabajo precario, la distinción (o no distinción) del artista y su obra,… en algunos temas coincidíamos en opinión, en otros, como es normal, no, y en los que no tenía demasiada idea me quedaba en silencio hasta identificar qué opinión me podría representar más.

Lo que ha sido deporte nacional en el viaje a París no es apto para todos y como en todo deporte, practicarlo hace que seas mejor y más empático. ¡Y mis amigas son unas pros!

Hemos convivido 5 personas en un estudio de 40 metros, hemos probado soupe à l’oignon, hemos comido fondue hasta reventar, hemos paseado nuestros 15-20km diarios, hemos pagado 8,5€ por una Fanta de naranja, hemos sacado mil fotos diarias, hemos acompañado a que Myri comprase sus caprichos en las tiendas caras de París y nos hemos emborrachado en una fiesta privada en la que no estábamos invitados. Y todo eso acompañado de una copa de vino blanco y una buena discusión.

Sin ningún ánimo de que esto suene divertido ni gracioso a veces pienso que debería existir una asignatura en la escuela donde poner en práctica la ciencia del debate. Imagina durante un segundo cuántos problemas y cuántas peleas podríamos evitar si dos (o más) individuos fuesen capaces de proponer sus argumentos como la sociedad civilizada que decimos ser.

Podríamos decir, casi sin exagerar, que hemos pasado el fin de semana en París arreglando el mundo con nuestras discusiones. Admito que me siento encantado de haber conocido a mis compañeras de discusión.

Los amigos gays de Ana Torroja | Julen’s Stories

Torroja se ha desenmascarado a sí misma y no se me haría nada extraño si durante las siguientes semanas nos deleitase con un “¿cómo voy a ser yo homófoba si tengo amigos gays?”

Así me imagino a Ana Torroja escuchando sus canciones para ahogar el ruido de las críticas.

Cierto es que la mayoría de los que nos pronunciamos al respecto del tema de Mecano no somos nadie para meternos en semejante berenjenal, sobre todo cuando la única relación que tenemos con la música es que hace años hicimos solfeo y que, de vez en cuando, cantamos bajito en la ducha para no molestar a nuestra vecina Marta. Pero cuando lo que escuece no es la música sino el ácido corrosivo que sale de sus bocas para quemar todo lo que el ojo alcanza es de buen millenial conectarse al WiFi más cercano para afirmar y confirmar que en 2018 Mecano es irrelevante y además homófobo. 

Por si alguien ha vivido debajo de las piedras, Operación Triunfo ha prohibido que dos de sus concursantes cambiasen la palabra “mariconez” por “estupidez” en una canción original de Mecano. En realidad la primera persona en levantar el hacha de guerra fue Ana Torroja, ex-componente de este grupo y jurado del propio concurso, que más tarde se situó en segundo plano cuando el propio José María Cano, también ex-Mecano y autor de la canción, prohibió al programa hacer ningún cambio en la letra.

Tras un par de consultas con la almohada he llegado a la conclusión de que soy tradicionalista-revolucionista-antipurista-progresista. Tengo gran apego por las tradiciones y culturas (más si son las mías), creo que es nuestra obligación ir en contra del que nos pisa con sus privilegios, al igual que deberíamos ir en contra de ciertas tradiciones (por muy puras y antiguas que sean) que han terminado volviéndose en nuestra contra y por eso mi voto es progresista. 

Me temo que nunca he sido seguidor de Mecano, ni siquiera de rebote. Siempre me han dado bastante igual, aunque mi cabeza reservaba una memoria especial por haber sido referente en la música española desde bastante antes de nacer yo. Han roto tópicos, vestían curioso y han tocado con el gran Hans Zimmer. Todo correcto. Y ahora han perdido la gran oportunidad de seguir tan callados como estos últimos años… pero, ¿es el silencio intencionado? ¿Necesitaban tiempo para recuperarse de la resaca del éxito absoluto? ¿O no han tenido más opción que no hacer ruido?

Me refiero a que el ADN de Mecano está impreso con varios fraudes a la Hacienda española de la que se han hecho eco docenas de medios de comunicación todos estos años. Nacho Cano, con residencia en Miami, aparece en los Paradise Papers; José María Cano, con residencia en Inglaterra, saltó a la actualidad por la sociedad de Malta; y Ana Torroja, con residencia en México, estalló por defraudar a Hacienda siendo acusada de 5 delitos fiscales dentro de la Operación Relámpago evadiendo cerca de dos millones de euros y teniendo que pagar más adelante una multa de millón y medio de euros y una pena de cárcel de un año y nueve meses que cambió por una segunda multa económica más pequeña.

Ana Torroja en el juzgado por su fraude fiscal

Tengo una pequeña manía. Una de entre muchas docenas. Busco en Google los nombres de los artistas que no me caen en gracia junto a la palabra “Hacienda” (porque Hacienda somos todos) y siempre hay algún resultado que verifica mi acierto de no coger cariño a esos artistas. Esos mismos artistas que más adelante pedirán respeto por su obra que dice “siempre los cariñitos me han parecido una mariconez”. Razón por la que los dos concursantes pidieron a la Academia de Operación Triunfo poder cambiar esa palabra por cualquier otra que no faltase el respeto al colectivo LGTBI+. 

El mismo colectivo que en 2017 en Madrid denunció 287 agresiones, un 19,5% más que respecto al año anterior según dice el Observatorio contra la LGTBIfobia. “El porcentaje de gente que denuncia es muy pequeño, ya que seguimos creyendo que no es grave que nos insulten o que nos amenacen o incluso golpeen. Seguimos teniéndolo aceptado como lo normal. Además, tenemos muy poca confianza como colectivo LGTB en el sistema judicial, creemos que no nos van a hacer caso y lo vemos como una pérdida de tiempo en la mayoría de los casos, sin saber que así podemos conseguir perpetuarlo” dice Rubén López, miembro de la ejecutiva de Arcópoli, a El Mundo en un artículo del 5 de febrero del 2018.

Ha llegado el momento en el que o haces activismo en favor de los derechos del colectivo (véase Dani Tigrillo o Devermut en Youtube) o cierras la boca y te apartas para no entorpecer el cambio. Podemos hablar de lo avanzadas que eran (quizá) sus letras allá cuando nadie que vaya a leer este artículo había nacido pero Mecano ha envejecido regular. Son historia de España, al igual que sus canciones reflejaban la realidad que sus componentes vivían allá por la década de los 80. La vida ha cambiado, Lady Gaga sacó del armario a medio planeta con Born This Way y a algunos incluso les ha dado tiempo de abrir cuentas en paraísos fiscales. La ex-Mecano Ana Torroja creyendo que arreglaría la metida de pata con un par de twits mal escritos comparó “mariconez” con “tontería, bobada, estupidez y hasta cursilería”. En 2018. Ella realmente hizo eso. 

Torroja se ha desenmascarado a sí misma y no se me haría nada extraño si durante las siguientes semanas nos deleitase con un “¿cómo voy a ser yo homófoba si tengo amigos gays?”. Porque no es lenguaje coloquial, es homofobia. Y la homofobia no es libertad de expresión, es discriminación. Menos mal que los que opinan una cosa son el futuro y los que opinan otra son el pasado. 

Señora de Mecano y resto de personalidades que huelen a naftalina, nosotros no somos ni tontos, ni bobos y aún menos estúpidos. Somos libres, orgullosos y valientes por ir de la mano de nuestra pareja sabiendo que ese mismo gesto puede hacer que terminemos con una paliza de más en el hospital y con un policía que duda de si admitir nuestra denuncia. Hablen de lo que quieran en sus canciones pero déjennos en paz.

Así que no queda más que volver a confirmar que en 2018 Mecano es irrelevante y además homófobo.

No hay País para tanto influencer | Julen’s Stories

“Sin política ni deportes los redactores nos vamos a quedar pobres”.

Las noticias, en agosto, a veces son por rellenar

Y mira que venía con ganas de hablar de asuntos más variados pero cuando a uno le hierve la sangre significa que toca nuevo Julen´s Stories; el primero de esta segunda temporada tras unas vacaciones entre sublimes y exquisitas. Prometo que el siguiente artículo será sobre alguno de los temas que me propongáis en los comentarios de este mismo artículo o en Twitter. 

He invertido mi agosto en disfrutar de los veintipocos grados de temperatura de Donosti junto a mi familia y amigos. He ido a la playa poco pero he ido. Y más de noche que de día pero lo que cuenta es la intención. Y aunque haya intentado hacer la vista gorda varias veces ha habido un tema recurrente en medios digitales que tuve que apuntar en mi agenda para que fuese mi primer post de esta segunda temporada que empieza en septiembre.

Que “los influencers” (yo prefiero que se les llame creadores de contenido online) no son del agrado de todos es algo ya sabido. Old news, move on. Pero mientras que los chiringuitos hacen su agosto en agosto (de ahí viene la expresión), los redactores de los medios de comunicación se quedan de brazos cruzados con el Word (o Pages) abierto sin saber sobre qué escribir. “Sin tele y sin cerveza Homer pierde la cabeza” en versión periodística en agosto y con menos gracia sería algo así como “Sin política ni deportes los redactores nos vamos a quedar pobres”. Supongo que esa es la razón de que este haya visto más influencers en prensa que en la playa. 

Todo empezó con lo de “Los influencers llegan a la universidad” (visto en El País), el polémico curso que terminó siendo Trending Topic en todos los rincones de Twitter. “En breve habrá un curso de gilipoller” respondían varios miles de usuarios sin haberse leído ni el artículo ni haberse molestado en buscar el propio curso en Google para después darse cuenta de que era un curso (ni grado, ni master, simplemente un curso) adaptado a gente que trabaja en agencias de comunicación para ampliar conocimientos de moda, optimización de rrss, gestión de analytics y organización de eventos, que se imparte en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid. A esos miles de usuarios también se sumaron otros influencers como La Vecina Rubia, archiconocida por robar chistes: “ser influencer no es una profesión” decía la influencer. Será que ella también prefiere el término de “creador de contenido digital” – bien que hace – y por eso no se identifica con una de esas influencers que escribe twits y hace campañas con fabricantes de móviles. Será eso. Pero, sí, ser creador de contenido sí es un oficio.

A finales de agosto llegaba otro catastrófico titular aunque sin ningún Trending Topic que lo acompañase. “Peligros de fichar a un Influencer” decía el artículo de El País. Como ya conté en mi anterior Julen´s Stories intento no leer artículos sobre influencers pero en agosto se me ha dado regular, tirando a mal. “Las trampas en la red y la escasa regulación hacen arriesgada esta herramienta de marketing” dice el artículo. Y la verdad es que escuece cuando intentando hacer el mejor trabajo posible viene un artículo de El País a echarte esta jarra de agua fría. Dice el artículo que el 95% de empresas del estado seguirán apostando por esta forma de marketing y mientras tanto, a la par, el grupo Prisa (propietarios de El País) lanza Influtop, una plataforma para poner en contacto a Influencers con clientes. Será que quizá tan peligroso no es trabajar con creadores de contenido online y que ellos también quieren su trozo de la tarta. O quizá sea simplemente desconocimiento sobre el tema; y, en ese caso, aprovecho para extender mi mano (siempre en son de paz) a El País y ofrecer la poca sabiduría que poseo al respecto y el teclado de mi portátil para cocinar futuros artículos y, quién sabe, proyectos.

Y mira que venía con ganas de hablar de asuntos más variados pero cuando a uno le hierve la sangre significa que toca ponerse a escribir.

“El tonto del pueblo de antes no es el influencer de ahora.” Carta a Javier Molina | Julen’s Stories

Estimado señor Molina, qué cosas estarían pasando por su cabeza en aquel momento para escribir semejante texto.

 

🙂 | Foto de Adam Jang

Normalmente suelo pasar de los artículos sobre influencers. No me gusta leerlos porque siempre hablan de nosotros como si fuésemos entre el demonio y el más tonto del pueblo (y porque siempre los hacen extremadamente aburridos). Y hablando de tontos… ayer apareció en mi feed de Twitter un artículo de opinión de Javier Molina en El Confidencial. Y lo de tonto no es porque considere que él lo sea sino por el titular que utilizó para coronar su opinión: Cómo el tonto del pueblo de antes es el influencer de ahora.

Estimado señor Molina, qué cosas estarían pasando por su cabeza en aquel momento para escribir semejante texto. No es que no tenga ni pies ni cabeza (mis textos tampoco los tienen y aquí seguimos), sino que hablar de esa manera sobre un colectivo es un sinsentido. La única evidencia en la que se basa usted para llegar a esta conclusión tan poco acertada es que la pareja de las hipotecas fijas ha acumulado más de 4 millones de visitas en su polémico vídeo.

Si me guío por lo que dice su página de LinkedIn usted y yo tenemos el mismo nivel de formación. Solo que cuando usted empezó en la universidad yo aún no había nacido. Yo me gano la vida creando contenido digital en mis propios medios (uno de esos influencers autónomos) y usted se la gana, según LinkedIn, dedicándose en su propia empresa a la consulta y asesoramiento empresarial.

Señor Molina, usted y yo no somos tan distintos. Tenemos el privilegio de poder haber emprendido en ámbitos que nos apasionan y nos ganamos la vida con ello. Y eso es lo contrario a ser el más tonto del pueblo. Y si algo me han enseñado en la carrera de periodismo es que hay que demostrar lo que se dice con pruebas válidas y que no hay que generalizar en ningún caso.

El tonto del pueblo de antes no es el influencer de ahora. Habrá algún creador de contenido digital que no nos caiga en gracia y hay los que tienen menos discurso que un Vine, pero no lo son todos. Deje usted de manchar la imagen de los que nos dedicamos a internet. La gran mayoría de nosotros intentamos evitar esa palabra por la connotación negativa que le ha dado algún sector retrógrado de la prensa que aún en 2018 no entiende a qué nos dedicamos o que se niega a aceptar que sus cifras son inferiores de las de algún creador digital. Y dejen ustedes de ser clasistas y de pensar que un mensaje transmitido en texto es más valioso que uno que se transmite en formato audiovisual alojado en una plataforma de vídeos online. Porque eso es ser clasista y rancio. Que consumamos Youtube no significa que seamos analfabetos de las letras. Si piensa que en Youtube solo hay vídeos de gatos y como los de la hipoteca fija es que quizá sea usted el que use la plataforma para eso.

Si acepta recomendaciones visite el canal de VisualPolitik para aprender, por ejemplo, que aunque hace 35 años España y Singapur tuviesen la misma renta per cápita, a día de hoy la ciudad-estado duplica a la de la española y que en estos momentos tienen el mejor sistema sanitario del mundo costando prácticamente la mitad del español. ¿Cómo es posible? Tiene usted la respuesta a un click en Youtube.

O dele usted una oportunidad a Jaime Altozano para aprender, por ejemplo, que en El Señor de los Anillos la escala de la banda sonora que acompaña a la historia de los Hobbits es una escala mayor y que es una armonía funcional muy común en occidente desde la época de Mozart o Beethoven. Es la armonía que nos acompaña con casi todas las canciones que suenan en la radio porque es con la que más cómodos nos sentimos los occidentales y por esa misma razón La Comarca nos suena a casa y a zona de confort. Este vídeo en concreto del canal de Jaime Altozano acumula más de un millón de reproducciones y en dos años su canal ha obtenido 22 millones de visitas. O visite el canal de Ter para aprender sobre la innovadora estructura del Wanda Metropolitano o sobre la iconografía religiosa de la MET gala inspiradas desde Bizancio hasta las procesiones del siglo XX.

Estimado Señor Molina, deles usted una oportunidad porque seguro que disfrutará. Y si lo hace, mándenos usted una señal por alguna vía que no sea un nuevo artículo porque normalmente suelo pasar de los artículos sobre influencers.