He tratado a mis gatos como a la realeza durante 24 horas

Me independicé en Madrid hace cosa de tres años en un piso que, aunque estaba en buena zona, era un tanto pequeño y con no mucha luz. Aunque gran parte de mi vida la paso fuera de casa, los momentos en ella se me hacían un poco solitarios; así que decidí vivir con gatos.

 

Yoda en su primer día en casa

Al principio pensé en un perro, pero la realidad es que no dispongo del tiempo suficiente como para sacarle tres veces al día y se me hacía injusto tenerle en un espacio tan pequeño todo el tiempo. Así que opté por un gato. Una amiga mía conocía a una pareja que había tenido una camada de Sphynx (la raza sin pelo) así que no lo dudé dos veces. Así fue como Yoda entró en mi vida y, dos meses más tarde, Finn. Ahora ambos tienen poco más de dos años, han crecido muchísimo (y engordado también) y aunque vivimos en una casa más grande, se han apoderado completamente de ella.

En este contexto y aprovechando que Purina nos mandó a las oficinas una caja enorme con alimento para los gatos, decidimos ponernos un reto. Ya que estos gatos se consideran los reyes de la casa, ¿qué pasaría si les tratásemos realmente como parte de la realeza durante 24 horas? Eso es exactamente lo que hemos hecho y hay que decir que el papel les encaja a la perfección. Tanto es así que ahora me va a costar que vuelvan a su antiguo modo de vida. Os dejamos con el vídeo de la experiencia.

Hemos estado en el mayor torneo de Fortnite de España

Cada cierto tiempo ocurre un fenómeno en internet que revoluciona las redes sociales; y, sin duda, el fenómeno de hoy en día es el Fortnite.

 

Cada partida comienza saltando desde un autobús volador

El Fortnite es un videojuego online donde 100 personas (en solitario o por equipos) luchan entre sí con las armas que van encontrando por el mapa hasta que solo queda un único vencedor. Este modo de juego no es algo nuevo, se llama Battle Royale y muchos otros juegos tienen su propia versión, pero el Fortnite se ha alzado como el líder indiscutible por su estética que recuerda a Pixar, su facilidad de juego y su opción para construir estructuras en la propia partida que permiten mejorar tu posición frente a la de tu enemigo.

Tanto es el éxito del Fortnite, que se hacen torneos y competiciones a lo largo del mundo, con premios económicos muy considerables para aquellos que ganen cada ronda. Ninja, en Estados Unidos, o Lolito aquí en España, son considerados dos de los mejores jugadores que hay; y verles en plena acción es todo un espectáculo.

La magia del Fortnite reside en su humor.

Y bajo este contexto, el Rubius decidió hace unas semanas organizar un torneo “privado” en el que los 100 participantes fuesen youtubers de habla hispana. El evento fue un éxito y se convirtió en el streaming de gaming con más espectadores de la historia; así que, por supuesto, no podía quedarse ahí. El pasado viernes 22 de junio tuvo lugar la Gamergy, una feria anual del videojuego que este año ha recibido la versión 2.0 del torneo de Rubius. De nuevo, 100 youtubers de habla hispana se han reunido (esta vez presencialmente) para competir unos con otros, y yo he sido uno de ellos de la mano de Orange.

El ambiente del #YTBattleRoyale (así se llama) fue increíble. Fue una competición sana donde 80 youtubers estábamos en “la arena” y los 20 restantes sobre un escenario. La competición consistía en 5 partidas: 4 en solitario y 1 en escuadrón; más una sexta extra que propuso Rubius en último momento bajo la premisa de que todos los participantes saltásemos en el mismo punto del mapa (lo cuál convirtió la partida en una auténtica locura).

En definitiva, ver a tantos compañeros de diferentes ramas de YouTube congregarse para disfrutar juntos un mismo día fue algo emocionante y divertido; y a pesar de que el nivel fue tan alto que no tuve muchas oportunidades de quedar en buena posición, lo repetiría una y mil veces.

¿Las pseudo ciencias funcionan? Esta es la explicación

El auge de las pseudo ciencias supone un riesgo para muchas cosas, incluida la salud.

 

Los minerales cristalizados juegan un gran papel en las creencias pseudo científicas.

Hay quien dice que, en ocasiones, simplemente entrando a un lugar es capaz de sentir las energías positivas y negativas que lo imbuyen. O que gracias a las piedras y cristales que tiene en su casa, repele cualquier tipo de conexiones negativas. Pero, ¿qué criterio científico hay detrás de todo esto?

Como estos ejemplos, hay miles; y son la base de las pseudo ciencias que tanta popularidad están cogiendo últimamente. Aún así, esto viene de largo: chamanismo, brujería, alquimia e incluso religión son creencias que han acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos, pero que con la inmensidad de las redes sociales están extendiéndose como la pólvora. El problema con las pseudo ciencias (y con cualquier creencia) es que cuando adoctrinas con ella pasa a ser peligrosa. Y ojo, la libertad religiosa es algo fundamental en una sociedad tolerante y respetuosa pero comunicarla como la única verdad a un grupo influenciable de personas puede limitar su capacidad de crecer en lugar de fomentarla. Por ejemplo, decirle a una persona joven que la alineación de los planetas con las constelaciones influye activamente en los momentos en los que su vida puede experimentar cambios es condicionarles a fenómenos externos (y falsos) en lugar de darle las herramientas y empoderarle para que sea esa persona la que decida cómo y cuándo cambia su vida.

Lo mismo ocurre en la salud. Hay muchísima gente defensora del Reiki (o toque terapéutico), una técnica de sanación espiritual que inventó Mikao Usui en 1922, a pesar de haber sido desmentida en numerosas ocasiones, incluyendo el famoso experimento que Emily Rosa realizó a los 9 años y que demostró la inexistente base científica del Reiki. Es algo comparable a la homeopatía, una pseudo ciencia que basa su funcionamiento en diluir muchas veces un compuesto dañino en agua. Es decir, si una sustancia enferma a las personas la homeopatía toma una parte de esa sustancia y la diluye en 99 partes de agua. Después toma esa mezcla restante y la diluye de nuevo en 99 partes de agua. Y así hasta 10, 20 o 30 veces; hasta el punto de que las últimas mezclas serían el equivalente a tirar una aspirina en el océano Atlántico y decir que, al beber de él, tu dolor de cabeza desaparecerá. Con total seguridad, ni un solo átomo del compuesto original llegue a entrar en tu organismo, pero la homeopatía defiende que el agua “tiene memoria” y se reestructura para provocar los beneficios correspondientes, y que a mayor número de disoluciones, más efecto tendrá. Lo cuál no tiene ni pies ni cabeza.

Lo que sí es cierto es que a todas estas pseudo ciencias les acompaña, generalmente, un intenso efecto placebo que ayuda notablemente a que el individuo que las practica crea aún más en su eficacia. El efecto placebo está bastante estudiado en la ciencia moderna y es capaz de hacer que si yo me tomo un caramelo convencido de que es una pastilla para el dolor de cabeza, mi dolor de cabeza se reduzca. Y os puedo asegurar que el caramelo no está imbuido de energías místicas, con lo que el efecto se tiene que estar produciendo en mi propio metabolismo.

Que existe un problema en el modelo de educación (a nivel mundial) no es ninguna novedad, pero estamos ya viendo las primeras consecuencias de esto con el auge de movimientos como el antivacuna, el terraplanista, el de las pseudociencias o cosas tan interesantes como que 16,4 millones de americanos crean que la leche con chocolate viene de las vacas marrones. En lugar de tener un pensamiento crítico y fundamentado en pruebas empíricas y científicas, las nuevas generaciones están tomando por válidos argumentos que bien podrían ser de hace varios siglos, sin pararse a comprobar si aquello en lo que creen puede o no ser cierto. Y no debemos olvidar que la ciencia también se corrige a sí misma para poder evolucionar, pero eso no quita que antes de aferrarnos a una creencia o pensamiento, debamos comprobar su validez.