¿Qué tienen en común Juego de Tronos y Anatomía de Grey?

Las muertes de Juego de Tronos no son para tanto si las comparas con las de Anatomía de Grey.

“No te encariñes con ningún personaje” fue lo que me dijeron antes de empezar a ver Juego de Tronos. La verdad, no hice mucho caso. Pensé que podía hacerlo sin problema, que no iba a ser para tanto y que cómo iba yo a sentirme emocionalmente atada a un personaje cualquiera, más aún si me avisaban de que no lo hiciera. Capítulo nueve de la primera temporada: chas.

Después de aquello estaba devastada: la muerte de Ned Stark servía para dejar claro el tono que iba a seguir la serie. Veríamos morir a mucha gente a lo largo de las siguientes temporadas, las más relevantes para la trama vendrían en los episodios finales. Algunas llegaron con alegría, como las de Joffrey Baratheon que, además de ser visualmente potente, fue una de las muertes más esperadas; o la de Walder Frey. Este último había sido el causante de algunas de las muertes más traumáticas, Robb y Catelyn Stark, y verlo morir a manos de la pequeña de los Stark nos trajo mucho placer.

Sin embargo, nadie te avisa de las muertes de Anatomía de Grey. Sí, es una serie muy trillada, lleva tropecientas temporadas y todos estamos un poco cansados de escuchar hablar de ella. Pero nadie te prepara para lo que trama su creadora, Shonda Rhimes. Y es que teniendo la serie ya quince temporadas, hay muchos personajes que tienen que irse.

Es una serie de médicos, y en todos los episodios muere algún paciente. Todos ellos nos dan igual, a excepción de Denny Duquette. Pero, ¿y los principales? La primera muerte de un principal llega bastante tarde, en la quinta temporada con la hospitalización de un paciente que tiene la cara deformada. El shock nos llega cuando nos enteramos que de ese personaje es George O’Malley, uno de los cinco doctores en prácticas que entran como protagonistas en el primer episodio.

A partir de ahí, Shonda le cogió gustillo a eso de matar y deshacerse de personajes principales de manera traumática. En algunos casos era por finalización de contrato o problemas internos. Los finales de temporada de Anatomía de Grey me recuerdan a los de Juego de Tronos porque sabes que, si la temporada ha sido tranquilita, solo ha sido para darte con un bate de béisbol en la cara cuando menos te lo esperes. Y no sabes qué forma tendrá ese bate de béisbol. Porque en el universo de Anatomía de Grey puede ser cualquier cosa: un incendio, un ataque terrorista, una bomba, un accidente de avión, un segundo accidente de avión o un enfermo resentido que se lía a tiros por todo el hospital. Cualquier cosa.

Con esto quiero decir lo siguiente: sé que estáis emocionados por la nueva temporada de Juego de Tronos. Yo también. Pero como os vea quejaros por las muertes atroces que van a ocurrir (sin duda), os recomiendo que veáis Anatomía de Grey. Eso es cogerle cariño a un personaje y quedar destrozado. Eso es incertidumbre. Eso es plot-twist.

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