Cultura

Mentes Poderosas: la película más incómoda que he visto nunca

Mentes Poderosas es la nueva película adolescente, y nunca antes había sentido tanta vergüenza ajena en el cine.

Ayer fui a ver Mentes Poderosas (The Darkest Minds), la primera parte de lo que parece va a ser una trilogía adolescente distópica basada en la novela de Alexandra Bracken. No he leído la novela, así que voy a juzgar tan solo la película.

En un mundo donde los adolescentes contraen una enfermedad que les da poderes, son llevados a “campamentos” donde les categorizan por colores según sus habilidades. Los verdes, azules y dorados poseen inteligencia superior, sabiduría y control de la electricidad. Los naranjas y rojos tienen poderes más letales y son automáticamente eliminados.

Ruby (Amandla Stenberg), muy triste porque está en un campo de concentración para niños. Esto no se lo podemos reprochar.

Nuestra protagonista, Ruby, es una Naranja que consigue convencer a todos de que es Verde para que no la maten. Y aquí comienza todo. Una vez la trama avanza un poco y se encuentra con el que será su grupo de amigos para el resto del largometraje, al momento sabemos quién es el sujeto de interés amoroso. No porque sea el guapo aspirante a próximo Ryan Gosling con labios de piñón, sino porque Ruby y el chico, Liam (Harris Dickinson), no dejan de flirtear de la manera más incómoda posible.

Había momentos en los que tenía que taparme los ojos de lo incómoda que me sentía: hay una escena incluso en la que se ponen a tope con una sesión en vivo de rol: “Imagina que estamos en la playa… tú tienes unas gafas de sol enormes y estás guapísima. Yo solo puedo fijarme en ti cuando te acercas con el sol en tu piel”. En comparación con esta película, el beso entre Harry Potter y Cho Chang fue una obra maestra del ligoteo adolescente. Incluso las transiciones de Mamma Mia 2 son menos incómodas.

Liam: Gryffindor, guapo, alto y un penas.

Estaría bien si me vendieran la película como un romance, pero se anuncia como Ciencia-Ficción, de los creadores de Stranger Things y Arrival. Pero si toda la película se basa en frases incómodas y momentos forzados entre estos dos chicos, pues oye. Además, en el poco tiempo que Ruby y Liam se conocen ya se crea una relación un poco tóxica por parte de él: se ofende cuando ella se hace amiga de otro chico, le echa en cara que no le bese, se hace el penas… Eso sí, todo acompañado con música muy indie y luces de navidad para darle el toque de Generación Z.

Luego está el malo, que en cuanto aparece ya sabes que va a ser él porque tiene todo el peinado de votar a Ciudadanos. Me encantaría decir unas cuantas cosas sobre este sujeto, pero me temo que el spoiler sería máximo, aunque no sería para tanto teniendo en cuenta que lo ves venir porque el argumento de esta película es de lo más básico.

Clancy Gray (Patrick Gibson), el hijo del presidente. Siempre le dijeron que era muy especial.

En conclusión, es una película bonita a la vista. Tiene canciones chulas, los actores son todos muy guapos y sale una actriz de Juego de Tronos. Pero es predecible, cursi, y no conseguí conectar con los personajes. Lo único que me hizo sentir algo fueron los jalapeños de los nachos que me comí en el cine.

2 comentarios
  1. @mireia.bergol Dice:

    Esta frase: “Luego está el malo, que en cuanto aparece ya sabes que va a ser él porque tiene todo el peinado de votar a Ciudadanos.”

    Me encantó el artículo 😍

    Responder

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