Ciencia

¿Por qué prohibir el aceite de palma no es la mejor solución?

¿Realmente el aceite de palma es tan malo como lo pintan?

Por suerte para nosotros, el mantra de que el aceite de palma es malo lo tenemos bastante asimilado. Ya sea por el revuelo mediático causado o bien por el conocimiento nutricional que hemos adquirido, tenemos claro que no es la grasa más saludable del mercado. A nivel de la industria alimentaria, el aceite de palma resulta muy útil por sus propiedades organolépticas (el aspecto que da al producto) y por su precio, más barato que las grasas más saludables. Sin embargo, tanto en su proceso de obtención como en su efecto en nuestro organismo, no es un elemento idóneo. 

El cultivo de la palma aceitera es muy rentable porque con poca superficie de cultivo se obtiene mucho producto. Sin embargo, las condiciones climáticas necesarias para el cultivo de esta especie hacen que se estén destruyendo bosques de zonas tropicales donde residen gran cantidad de especies en peligro de extinción. Además, su industria genera bastantes contaminantes algunos de los cuales no son eliminados adecuadamente. Por tanto, podemos sacar como primera conclusión que esta explotación no es beneficiosa para el medio ambiente.

Si tratamos el valor nutricional del aceite de palma, vemos que está compuesto en más del 50% por ácidos grasos saturados. Estos son especialmente perjudiciales a nivel de la salud cardiovascular, favoreciendo el crecimiento de placas de ateroma y propiciando la aparición de problemas vasculares. Pero claro, esto ocurre si estás comiendo todos los días una alta cantidad de grasas saturadas. La alarma generada por el aceite de palma se debe a su presencia en casi todos los productos procesados y a que, en su proceso de refinamiento (protocolo para obtener el aceite de la materia prima de la planta) se pueden generar sustancias que aumentan el riesgo a padecer cáncer.

La segunda conclusión está clara, el aceite de palma es perjudicial si lo consumimos de manera habitual. La solución en muchos productos, y ante la amenaza de boicot, ha sido retirarlo, aunque ello conlleve la pérdida de esas propiedades agradables que aporta el aceite de palma. No obstante, algunas empresas lo que han hecho ha sido sustituirlo por otro tipo de aceites como el de girasol o el de colza, que no son tan perjudiciales, o por el de coco, que es igual de peligroso por su alta cantidad de ácidos grasos saturados.

Por tanto, la no presencia de aceite de palma no es ninguna garantía de que ese producto sea más sano. Lo más importante será siempre mirar la etiqueta y comprobar los aceites vegetales empleados en la elaboración de ese producto.

En Europa se consume una media de 60kg de este aceite por persona y año | Foto de Valentin Salja

Ante este problema se nos puede ocurrir que lo más fácil sería prohibir el aceite de palma y el cultivo de la planta y así nos ahorraríamos estos dos problemas: el medio ambiental y el sanitario. Sin embargo, un informe de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) indica que eliminar el aceite de palma, y por ende sus cultivos, no sería una solución muy inteligente. Si se piensa, en el momento en que se elimine el aceite de palma, la demanda de una grasa que lo sustituya aumentará, dado que no solo se usa en la industria alimentaria, sino también en otras como la cosmética.

Ante esto se necesitará cultivar otro tipo de especies, pero la extensión de cultivo necesaria para cubrir dicha demanda será todavía mayor, dado que el aceite de palma se produce en menos de un 10% de la superficie total dedicada a cultivo de plantas aceiteras. 

Por ello, la solución no es prohibir, sino mitigar el impacto causado actualmente. Pasa por mejorar el proceso de refinamiento del aceite, hacer más sostenible el cultivo de la palma y no sustituirlo por otros que puedan generar un mayor impacto. 

El cultivo de otras especies aceiteras se haría, según la UICN, en zonas tropicales de África donde se podría desplazar el daño medioambiental que ya se ha generado en Malasia, por ejemplo. Del mismo modo, se debe evitar aumentar la superficie de cultivo del aceite de palma, dado que se concentra en regiones donde habitan numerosas especies en peligro de extinción que pueden ver su ecosistema diezmado. 

Por otro lado, algunos expertos afirman que, en suelos arrasados y agotados de la selva amazónica, el cultivo de la palma puede ser útil para recuperar el suelo, evitar el aumento de la deforestación y generar riqueza en algunas zonas deprimidas. Esto genera cierta controversia dado que muchas especies no pueden usar las palmas en sustitución de los árboles originales como hábitat. Podría ser un paso previo a la reforestación del terreno con las especies autóctonas, pero no es una solución definitiva.

En conclusión, el aceite de palma es perjudicial para la salud y su cultivo resulta dañino para el ecosistema tropical dado que es el que se ve afectado directamente, pero una solución de eliminación radical de este cultivo puede acarrear el impulso de otras plantaciones igual de dañinas y que pueden desplazar el problema a zonas donde ahora mismo no existe. Debemos buscar la reducción del daño y no sustituirlo.

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