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Esta es la historia detrás del posible siguiente Premio Nobel

Nuestro candidato al premio Nobel ha revolucionado la medicina.

Francis Mojica | Foto de Pepe Olivares

Hay descubrimientos que suponen un antes y un después en las fronteras del conocimiento y en la vanguardia de la técnica. Nos dan un nuevo empuje sobre el que avanzar y una perspectiva que renueva la investigación y el desarrollo. Normalmente, estos descubrimientos son reconocidos con un Premio Nobel.

Han sido dos los nombres españoles que han alcanzado la máxima distinción en el mundo de las ciencias biomédicas, el de Santiago Ramón y Cajal y el de Severo Ochoa. No obstante, podemos estar a punto de vivir el nombramiento del tercero.

Cuando uno piensa en un candidato al Nobel, puede pensar en un científico de gran renombre que, incluso, puede tener el ego muy subido. No conozco en persona al doctor Francisco Martínez Mojica (más conocido como Francis Mojica), pero todos aquellos que hablan con él dicen que es una persona humilde, divertida y cercana. Este científico alicantino es uno de los padres de la tecnología de CRISPR/Cas9, que ha sido una auténtica revolución para el mundo de la biotecnología.

La historia de cómo este científico, que estudia la población bacteriana de las salinas de su tierra, se ha convertido en uno de los mejores representantes de la ciencia española a nivel internacional es digna de escuchar. En varias ocasiones ha contado cómo el descubrimiento de las secuencias CRISPR (en español Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Interespaciadas) tuvo dos momentos cumbre. El primero fue tras analizar el ADN de las bacterias que él estudia, encontrándose con estas repeticiones en el año 92. Después, tras diez años de investigación, averiguó que esas secuencias repetidas eran una base de datos de material genético de virus que la bacteria guardaba como defensa. Algo parecido a nuestro sistema inmune adaptativo, listo para reconocer amenazas y eliminarlas.

De forma paralela, un grupo japonés que no tenía nada que ver con él, publicó el mismo hallazgo. Se trataba de la base para una de las herramientas de edición génica que más ha cambiado la investigación biomédica en las últimas décadas. Francisco Mojica ya vió el potencial de esto y lo quiso plasmar en sus artículos, pero al no basarse en sus experimentos, esa parte tuvo que ser eliminada.

El convertir a CRISPR/Cas9 en una herramienta técnica vino de la mano de Jennifer Doudna y de Emmanuelle Charpentier. Ellas vieron el papel que tenía la enzima Cas9 a la hora de editar el ADN y lo pusieron en práctica. Las “tijeras genéticas” que crearon han resultado en una técnica que, en potencia, puede tratar y curar enfermedades muy complejas como inmunodeficiencias o cánceres. En 2012 se aplicó por primera vez el sistema a un cultivo de células humanas como una nueva forma de edición genética.

Dada la revolución causada por la técnica, no sería de extrañar que recibieran un Nobel compartido, como ya ha pasado anteriormente.

En esta idea del Premio Nobel compartido también entran en la competición dos científicos del MIT, Feng Zhang y George Church, que también describieron la técnica casi a la par de Doudna y Charpentier.

El lado tenebroso de un descubrimiento que puede traer mucha luz al mundo es la guerra abierta que hay de demandas por la patente de CRISPR/Cas9 y las posibles consecuencias eugenésicas que puede tener el usar la técnica en humanos. De momento, la legislación europea ha decidido que todo organismo modificado con CRISPR/Cas9 sea considerado transgénico (cosa que no es cierta dado que hay variantes que no dejan restos de genes externos y por tanto no son transgénicos). Desde el punto de vista bioético también se está trabajando para regular y poner límites a lo que se puede o no hacer. Como todo en esta vida, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. 

Francis Mojica puso el primer ladrillo, y por ello ha recibido numerosos reconocimientos (entre ellos el Premio Albany, máxima distinción estadounidense en el campo de la medicina), pero sería algo muy grande para la ciencia española que el próximo 1 de octubre recibiera el Nobel de Medicina y Fisiología o el de Química el día 3. Solo nos queda esperar a ver si este año por fin toca.