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Julen's Stories

Más gracias que perdón | Julen’s Stories

El 18 de diciembre, y abriendo las puertas con 15 minutos de retraso, os presentamos la primerísima edición de la Winter Anthem Gala.

Ruth Lorenzo en la Winter Anthem Gala | Foto de Alejandra Lanoix

Se me ocurren varias situaciones en las que encaja como anillo al dedo un perdón. Una de ellas podría o debería ser el hecho de que no haya actualizado desde el pasado octubre mi estimada columna semanal autodenominada Julen’s Stories. La razón: trabajo. Y ni siquiera el mío. Esto es evidente porque fue el mes de octubre en el que junto a mi última columna publiqué el último vídeo de mi canal (ese en el que me despertaba a las 5 de la mañana durante una semana para comprobar que madrugar es muy duro y que prefiero seguir con mi alarma habitual de las 7), eso sí, con excelente recepción. Y aquí empiezan los agradecimientos.

Gracias a la gente que me ha mantenido ocupado estos últimos dos meses de mi vida porque aunque haya sido sin duda una de las etapas más duras de los 26 años que llevo vivo han sido inmensamente gratificantes y me han hecho aprender más de lo que tenía planeado.

Desde octubre he estado en París, dos veces, he montado por primera vez en helicóptero, he conocido al gato de Gomi y Neva, participé en una mesa redonda sobre el futuro de mi ciudad, estuve en Islandia y me bañe en uno de esos ríos cálidos aún estando a dos bajo cero en el exterior y no sé cómo me engañaron para organizar una gala benéfica.

Una Gala con mayúscula concebida y parida en menos de un mes. Un parto prematuro que en vez de proteger en una incubadora para asegurarnos de que el corazón latía con normalidad lo sacamos a la jungla a la vista de las panteras.

El 18 de diciembre, y abriendo las puertas con 15 minutos de retraso, os presentamos la primerísima edición de la Winter Anthem Gala. Un evento donde a través de la música quisimos celebrar el simple hecho de ser y estar y donde absolutamente todo lo recaudado a través del sistema de donaciones iría destinado a una asociación de mujeres supervivientes. Superamos la grandiosa, pero nunca suficiente, cifra de 5,700€ para colaborar con una causa tan necesaria. Gracias Ana Bella por coger el tren en Sevilla, por plantarte en nuestro escenario de Madrid y por dejarnos con la piel de gallina al hablar sobre tu asociación. Gracias a cada una de las personas del Círculo de Bellas Artes por acceder a cedernos el gigantesco Salón de Baile de la segunda planta del edificio (y a Bernardo por la inmensa paciencia), gracias Paco por saltar a los tiburones sin jaula de protección y querer financiar una parte de nuestro corazón con este proyecto, gracias Rebeca por ayudarnos a hacer historia ofreciendo un catering 100% vegetariano para casi 400 personas, gracias Ale por compartir tu sabiduría (y la cerveza fresquita), gracias Pelayo por soportar con infinita paciencia y saber estar todas mis dudas y casquetas. Paula, Alejandra, Carmen, Sam, Gomi, Neva y la interminable lista de personas que han aportado su generosidad; gracias.

Resulta que llegó un punto en el que la escaleta (un PDF con la información sobre el orden y los tiempos de absolutamente todo lo que sucedería en el escenario de la Gala) se tenía que convertir en guión para que fuese aprendido y recitado por las presentadoras de lujo que de manera desinteresada quisieron sumarse al proyecto. Este es uno de los grandes momentos en los que debería pedir perdón porque fue un servidor el que se ofreció a hacerlo y por causas ajenas a su voluntad lo terminó y entregó a una hora de dar comienzo a la Gala. Parecía que todo estaba concebido para fallar y con todo lo que podía haber salido mal, poco salió mal. Gracias Gabi y Sylvia por vuestra paciencia, profesionalidad, generosidad y grandeza, y por poner siempre vuestra mejor cara aún cuando el castillo de naipes estaba a nada de desplomarse en medio del huracán. El huracán soy yo. Gracias por hacernos el gran regalo de ser las caras visibles de la primera edición de la Gala.

Gabi y Sylvia, presentadoras de la Gala, en el photocall | Foto de Alejandra Lanoix

Un evento musical no se entiende sin música y nunca nos hubiésemos imaginado juntar semejante cartel de grandísimas artistas con un corazón más grande que la Gran Vía de Madrid que apoyase la causa con semejante involucración. No conozco manera alguna de reflejar mi agradecimiento por escrito a esas artistas que nos han hecho inmensos. Gracias Bely, Melo, Ruth, Carlos, Marina, Lucía, Gerard, Anni, Varry Brava, Ender y Gabi.

Carlos Sadness cerró la Gala para todos los asistentes | Foto de Alejandra Lanoix

Desde que el proyecto de la Gala fue aprobado tuvimos tres semanas (y ni un día más) para organizar la mayor locura en la que nunca nos hemos visto inmersos (con un viaje a Islandia de por medio y con los puentes de diciembre molestando). Han sido 21 días de trabajar desde las 7 de la mañana hasta las 12 de la noche y de despertar con pesadillas día sí y día también. Una experiencia con contenido suficiente como para hacer un reality show de lo más inhumano. Algo así como el viaje de la Compañía del Anillo al Monte del Destino en las lejanas tierras de Moria. Solo que en vez de contar con Aragorn, teníamos a Omai, en vez de a Gimli teníamos a Marifer, Paloma hacía de Legolas, Victor sería Boromir y me tomo la libertad de adjudicarme el papel de Gandalf el gris. Y siendo consciente de todo lo que hice mal, de lo que no hice bien, de lo que debí haber hecho mejor y de lo poco que me salió bien quiero dar las gracias a mi particular Compañía del Anillo por haber involucrado nuestras vidas en lo profesional y en lo personal por que esta Gala pudiese tener vida propia y llegar a emocionar como lo hizo al final. Casi 400 personas fueron testigos de lo que sucedió en directo sobre el escenario, más de 50.000 personas han visto en Youtube las dos horas de duración de Gala (entre ellos mis padres que no fueron a una cena de amigos para ir corriendo a casa y seguir en directo la emisión de Youtube), casi 8.000 personas aportaron su entusiasmo a través de Twitter convirtiéndonos en primer Trending Topic durante más de una hora con el hashtag del evento llegando a más de 13 millones de usuarios.

La Gala acabó siendo una operación a corazón abierto que terminó saliendo bien y este texto es la sutura que necesitaba y con la que me doy el alta. Y mira que se me ocurren muchas situaciones en las que encaja como anillo al dedo un “perdón” pero de un “gracias” siempre se aprende más. Así que disculpad pero gracias.

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He discutido con mis amigas | Julen’s Stories

He pasado el fin de semana con mis amigas en París y hemos discutido. Y admito que me siento encantado de haber conocido a mis compañeras de discusión.

Con Izas en Le Sacre Coeur

Con poca gente discuto tanto como con ellas. Lo hacemos ininterrumpidamente todas las horas que nos permite el día. Es lo primero que hacemos nada más levantarnos y lo último que hacemos antes de dormir. Véase como excepción las horas nocturnas que pasamos durmiendo (que fueron pocas). El silencio de aquellas horas muertas lo ocupa algún ronquido incivilizado que pone las bases de lo que será la primera conversación matutina como “madre mía cómo roncáis los de allí” o “yo creo que ha sido ella porque el ronquido venía del sofá” o “ha sido Julen seguro” o “que no, creedme que ha sido ella”, y un eterno etcétera.

Hace un par de semanas llamé a mi madre para contarle que me iba de viaje a París junto a mis amigas Myri e Izas a visitar a Nerea, que desde hace un tiempo reside allí. Cuatro comunicadores que empezaron compartiendo aula en la universidad del País Vasco, para luego compartir una relación de simpatía y que terminó afianzándose a la vez que se creo de la nada e inesperadamente un grupo de WhatsApp que más tarde terminó teniendo más emojis que letras en el título y mucho futuro.

En aquella llamada mi madre me dijo: “¡Qué bien! ¡Seguro que os da tiempo hasta de discutir!” Y avanzándome a los hechos respondí: “Créeme que será lo primero que hagamos en cuanto nos veamos en el aeropuerto”. Y el aeropuerto Charles de Gaulle fue testigo de que así sucedió.

Cuando vivía con mi padre y mi madre siempre se cenaba con el telediario puesto. Bajito para que no molestase, pero puesto. Si resultaba que se presentaba alguna noticia interesante se subía el volumen del televisor para prestar la atención que se merecía. Luego se bajaba y se examinaba la noticia proponiendo argumentos a favor o en contra. Y no pocas veces nos hemos visto en la tesitura de que era la misma persona la que presentaba el argumento de favor y el de contra llevándose la contraria a si misma.

Esas situaciones me han enseñado a entender que cada uno tiene su propia opinión, su propio punto de vista, sus razones para pensar X o Y incluso en el mismo círculo social. O que muchas veces aún pensando lo mismo se puede llegar a expresarlo de manera distinta. Por eso digo que Discutir es deporte nacional en mi casa.

El río Sena atravesando París.

París fue testigo de varios temas que ocuparon nuestra estancia: la situación de la política vasca, la inmovilidad de la juventud, el periodismo en formato selfie, el trabajo precario, la distinción (o no distinción) del artista y su obra,… en algunos temas coincidíamos en opinión, en otros, como es normal, no, y en los que no tenía demasiada idea me quedaba en silencio hasta identificar qué opinión me podría representar más.

Lo que ha sido deporte nacional en el viaje a París no es apto para todos y como en todo deporte, practicarlo hace que seas mejor y más empático. ¡Y mis amigas son unas pros!

Hemos convivido 5 personas en un estudio de 40 metros, hemos probado soupe à l’oignon, hemos comido fondue hasta reventar, hemos paseado nuestros 15-20km diarios, hemos pagado 8,5€ por una Fanta de naranja, hemos sacado mil fotos diarias, hemos acompañado a que Myri comprase sus caprichos en las tiendas caras de París y nos hemos emborrachado en una fiesta privada en la que no estábamos invitados. Y todo eso acompañado de una copa de vino blanco y una buena discusión.

Sin ningún ánimo de que esto suene divertido ni gracioso a veces pienso que debería existir una asignatura en la escuela donde poner en práctica la ciencia del debate. Imagina durante un segundo cuántos problemas y cuántas peleas podríamos evitar si dos (o más) individuos fuesen capaces de proponer sus argumentos como la sociedad civilizada que decimos ser.

Podríamos decir, casi sin exagerar, que hemos pasado el fin de semana en París arreglando el mundo con nuestras discusiones. Admito que me siento encantado de haber conocido a mis compañeras de discusión.

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“El tonto del pueblo de antes no es el influencer de ahora.” Carta a Javier Molina | Julen’s Stories

Estimado señor Molina, qué cosas estarían pasando por su cabeza en aquel momento para escribir semejante texto.

 

🙂 | Foto de Adam Jang

Normalmente suelo pasar de los artículos sobre influencers. No me gusta leerlos porque siempre hablan de nosotros como si fuésemos entre el demonio y el más tonto del pueblo (y porque siempre los hacen extremadamente aburridos). Y hablando de tontos… ayer apareció en mi feed de Twitter un artículo de opinión de Javier Molina en El Confidencial. Y lo de tonto no es porque considere que él lo sea sino por el titular que utilizó para coronar su opinión: Cómo el tonto del pueblo de antes es el influencer de ahora.

Estimado señor Molina, qué cosas estarían pasando por su cabeza en aquel momento para escribir semejante texto. No es que no tenga ni pies ni cabeza (mis textos tampoco los tienen y aquí seguimos), sino que hablar de esa manera sobre un colectivo es un sinsentido. La única evidencia en la que se basa usted para llegar a esta conclusión tan poco acertada es que la pareja de las hipotecas fijas ha acumulado más de 4 millones de visitas en su polémico vídeo.

Si me guío por lo que dice su página de LinkedIn usted y yo tenemos el mismo nivel de formación. Solo que cuando usted empezó en la universidad yo aún no había nacido. Yo me gano la vida creando contenido digital en mis propios medios (uno de esos influencers autónomos) y usted se la gana, según LinkedIn, dedicándose en su propia empresa a la consulta y asesoramiento empresarial.

Señor Molina, usted y yo no somos tan distintos. Tenemos el privilegio de poder haber emprendido en ámbitos que nos apasionan y nos ganamos la vida con ello. Y eso es lo contrario a ser el más tonto del pueblo. Y si algo me han enseñado en la carrera de periodismo es que hay que demostrar lo que se dice con pruebas válidas y que no hay que generalizar en ningún caso.

El tonto del pueblo de antes no es el influencer de ahora. Habrá algún creador de contenido digital que no nos caiga en gracia y hay los que tienen menos discurso que un Vine, pero no lo son todos. Deje usted de manchar la imagen de los que nos dedicamos a internet. La gran mayoría de nosotros intentamos evitar esa palabra por la connotación negativa que le ha dado algún sector retrógrado de la prensa que aún en 2018 no entiende a qué nos dedicamos o que se niega a aceptar que sus cifras son inferiores de las de algún creador digital. Y dejen ustedes de ser clasistas y de pensar que un mensaje transmitido en texto es más valioso que uno que se transmite en formato audiovisual alojado en una plataforma de vídeos online. Porque eso es ser clasista y rancio. Que consumamos Youtube no significa que seamos analfabetos de las letras. Si piensa que en Youtube solo hay vídeos de gatos y como los de la hipoteca fija es que quizá sea usted el que use la plataforma para eso.

Si acepta recomendaciones visite el canal de VisualPolitik para aprender, por ejemplo, que aunque hace 35 años España y Singapur tuviesen la misma renta per cápita, a día de hoy la ciudad-estado duplica a la de la española y que en estos momentos tienen el mejor sistema sanitario del mundo costando prácticamente la mitad del español. ¿Cómo es posible? Tiene usted la respuesta a un click en Youtube.

O dele usted una oportunidad a Jaime Altozano para aprender, por ejemplo, que en El Señor de los Anillos la escala de la banda sonora que acompaña a la historia de los Hobbits es una escala mayor y que es una armonía funcional muy común en occidente desde la época de Mozart o Beethoven. Es la armonía que nos acompaña con casi todas las canciones que suenan en la radio porque es con la que más cómodos nos sentimos los occidentales y por esa misma razón La Comarca nos suena a casa y a zona de confort. Este vídeo en concreto del canal de Jaime Altozano acumula más de un millón de reproducciones y en dos años su canal ha obtenido 22 millones de visitas. O visite el canal de Ter para aprender sobre la innovadora estructura del Wanda Metropolitano o sobre la iconografía religiosa de la MET gala inspiradas desde Bizancio hasta las procesiones del siglo XX.

Estimado Señor Molina, deles usted una oportunidad porque seguro que disfrutará. Y si lo hace, mándenos usted una señal por alguna vía que no sea un nuevo artículo porque normalmente suelo pasar de los artículos sobre influencers.

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Influencers y la II Guerra Mundial | Julen’s Stories

Os dije que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo con esta columna y parece que me he propuesto demostrarlo con los siguientes párrafos.

Nunca he sido popular y, por tanto, la influencia que haya podido ejercer hacia los demás ha sido bastante limitada. Digamos que nula. Aunque he de decir que he tenido la suerte de haber nacido con “cara de bueno” como dice mi madre y eso sí que ha ido acompañado de alguna ventaja. Vamos, que me sé vender bien. Pero eso es otro tema. 

Sin embargo ahora me encuentro con que en la prensa, y por lo tanto en la calle, recurrentemente a la gente que producimos contenido digital se nos llama influencers. 

Os dije que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo con esta columna y parece que me he propuesto demostrarlo con los siguientes párrafos.

Matt Damon y Tom Hanks en “Saving Private Ryan”, 1998

El seis de junio se cumplieron 74 años de aquel Día D de 1944. Francia estaba invadida por los alemanes con Adolf Hitler al mando del Eje, “la victoria más famosa de la historia” dijo él al llegar a la capital francesa. Los Aliados, en su afán de recuperar el terreno que ahora pertenecía a Hitler, dar un paso adelante y caminar hacia la victoria de la Segunda Guerra Mundial, planearon el Desembarco de Normandía para aquel Día D. Consistía en una movilización masiva donde más de 160.000 soldados repartidos en 5.000 barcos y 1.200 aeronaves se trasladarían del Reino Unido hasta la costa francesa de Normandía para liberar a la Europa occidental del enemigo.

Fue el principio del fin de la Segunda Guerra Mundial. El 25 de abril del año 1945 las tropas soviéticas y estadounidenses se encontraron en Alemania por primera vez tras meses de avance por extremos opuestos. Cinco días más tarde Adolf Hitler se suicidó en su búnker para evitar ser capturado por las tropas soviéticas. La Alemania Nazi firmó la rendición a las 22:43 del 8 de mayo, 00:43 del 9 de mayo hora de Moscú. 

He intentado resumir (con dudoso éxito) miles y miles de páginas de historia en 2 párrafos para poder hacer una pregunta. ¿Quién ganó la Segunda Guerra Mundial? Los aliados. Sí. ¿Pero quién?

Se formuló esa misma pregunta en Francia en 2015 y más de la mitad de los encuestados aseguró que Estados Unidos fue la ganadora. Sin embargo cuando se hizo la pregunta nada más terminar la guerra en 1945 el 57% dijo que fue la Unión Soviética la ganadora. 

En un interesantísimo artículo en la web de El Orden Mundial (esa página a la que hubiese echado mi curriculum si no fuese Youtuber) Fernando Arancón explica cómo Estados Unidos puso en marcha la maquinaria del cine para producir historias en las que el peso de la victoria recayese en la Great America. Y les fue tan bien que a día de hoy casi toda la población (incluidos tú y yo) piensa que así fue. Arancón dice que la percepción que se vive a través de las pantallas aún dista mucho de la realidad histórica vivida. Advertencia que sirve tanto para las masas que iban de camino al cine en los locos años 60 como para las masas que esperan con ansia un like en los (también locos) años 2018. La historia la escribe el vencedor, o en su defecto el que tenga más followers, hubiese dicho Churchill si aún viviese. 

Si me permitís un par de consejos (que me sirven también a mi porque de vez en cuando lo olvido); la información es poder y se comercializa con ella. Siempre habrá interesados en que nos llegue una información y habrá interesados en esconder otra información. Aprendamos a dudar, comparar y valorar. Ya lo dijo Crystal Fighters en una de sus canciones: I try not to believe everything I hear, everything I see.

Nunca he sido popular y digamos que mi influencia es bastante limitada (casi nula) y sin embargo aquí estoy yo intentando dar consejos. Sigo sin tener ni idea de lo que estoy haciendo con esta columna y se me ha dado bien demostrarlo.