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El futuro con células madre ya está aquí

Te explicamos qué son y qué usos tienen a día de hoy y en el futuro inmediato.

Las células madre son la puerta a la cura de enfermedades | University of Rochester Medical Center

Seguro que más de una vez has visto en algún medio de comunicación, serie de televisión o novela, algo sobre las células madre. Incluso hubo unos años donde la polémica estaba servida con respecto a la investigación centrada en este campo y en su uso como probable terapia contra muchas enfermedades para las que no hay cura. Pero toda esta polémica no se vería generada si desde un principio se hubiera dicho lo que es una célula madre de manera clara.

Cada uno de nosotros tiene en el cuerpo varios miles de células madre que trabajan sin descanso para seguir generando el resto de las células que nos componen. Y es que una célula madre o troncal (en inglés stem cell) no deja de ser una célula indiferenciada que se encarga de producir otros tipos de células, diferenciadas o no, para su renovación en un tejido del organismo. Estas células no se mantienen por sí solas, sino que en su mayoría necesitan de un ambiente rico en nutrientes y señales extracelulares que les permita mantenerse con vida y funcionando.

Esto que acabo de decir no cuadra mucho con la polémica que hubo hace unos años, pero la respuesta está en que hay más de un tipo de célula madre. Las que suscitan un problema bioético por su procedencia son las células madre totipotentes y las células madre pluripotentes. Las primeras son los cigotos, capaces de generar un organismo entero. Las segundas son las células madre embrionarias, que solo están presentes en los primeros estadios de la formación de un nuevo individuo, y por tanto requieren la destrucción del embrión para poder ser obtenidas. Las células madre pluripotentes son capaces de generar cualquier célula del embrión, pero no un organismo completo. Podéis imaginaros el choque de ideas que se produjo en el mundo de la bioética cuando se proponía destruir embriones humanos con fines experimentales… 

Luego tenemos las células madre multipotentes. Son células que existen en el organismo adulto y que tienen la capacidad de diferenciarse en los tipos de linajes celulares que pertenezcan a la misma capa embrionaria. Un linaje es un grupo de células que comparten una serie de características comunes y que proceden de una célula madre común. Un ejemplo de estas células madre serían las células madre hematopoyéticas, que dan lugar a las de la sangre y a las del sistema inmune.

En último lugar, por nivel de diferenciación, están las células madre unipotentes. Estas células también existen en el organismo adulto y su principal diferencia con las anteriores es que solo pueden diferenciarse en un tipo de células.

Hoy en día, la experimentación con células madre está muy controlada y aquella realizada con células madre toti y pluripotentes está muy restringida, siendo pocos los laboratorios que pueden llevarla a cabo. Por tanto, no es de extrañar que todos los resultados en materia de terapias con células madre se concentren en el resto de los tipos celulares. Por ejemplo, y volviendo a las células madre hematopoyéticas, hay numerosos tipos de cánceres sanguíneos que se tratan haciendo un trasplante de médula. El trasplante de médula consiste en inyectar un cóctel de estas células para que regeneren a una médula dañada y empiecen a producir células no tumorales. También se estudia el uso de células madre mesenquimales, que son capaces de producir tejido óseo, adiposo o conectivo, para generar implantes en huesos y articulaciones. Además, hace poco la revista Nature Medicine publicó un estudio donde se usaban células madre de médula espinal para reparar daños permanentes en este órgano. Se demostró que este procedimiento era seguro en humanos y que, además, en algunos se obtenía una respuesta positiva reparándose este daño.

Pero lo que de verdad ha supuesto una revolución a nivel de las terapias con células madre son las células madre pluripotentes inducidas o iPS.  El científico japonés Shinya Yamanaka, buscaba la forma de obtener células pluripotentes sin tener que destruir embriones para ello y así sortear las trabas bioéticas que se le ponen a estas investigaciones. Su razonamiento fue el siguiente: si las células indiferenciadas sufren un proceso para dar lugar a una célula como las de la piel, tiene que haber alguna forma de desdiferenciar esa célula de la piel para que retorne a su estado de célula madre. Y lo consiguió. La obtención de iPS se traduce como un método de gran utilidad para la comunidad científica, con una buena relación benficio-coste y con grandes perspectivas de futuro. Su descubrimiento fue tan importante que le valió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 2012.

A pesar de que, de momento, las iPS han mostrado tener inconvenientes a nivel terapéutico (generan tumores), su tecnología ha permitido obtener productos como Alofisel, desarrollado por la empresa hispanobelga TiGenix. Se trata de células madres obtenidas de tejido graso que, debido a su baja inmunogenicidad, pueden ejercer un efecto modulador de la inflamación en zonas dañadas debido a patologías como la enfermedad de Crohn. Su principal ventaja estriba en que no tienen los efectos secundarios tumorales de las iPS clásicas, y eso ha hecho que en marzo de este año se haya permitido su comercialización en Europa.

En resumen, las células madre son un grupo bastante extenso y complejo de células que no deben ser metidas todas en el mismo saco. Debido a su importancia en nuestro organismo, la investigación en este campo resulta fundamental. Además, dada su función de regeneración, su uso resultaría muy útil para tratar ciertas enfermedades, lo que ya empieza a ser una realidad.

Ciencia

La verdad tras la leche cruda

Ser retro no es beber leche como en el siglo XVIII

 

La polémica sobre la leche cruda ha vuelto a boca de todos | Foto de Noemí Jiménez

Lo natural está de moda. Es un hecho. Y está genial que cada vez tendamos a consumir productos menos procesados y más frescos, pero ¿hasta qué punto esto se convierte en una ventaja? Resulta, que lo natural también es marca. Lo natural vende. Y a veces, lo natural también es una estafa y puede matar.

Tiremos de hemeroteca… 6 de febrero de 2018: “Un afectado por meningitis en Madrid tras consumir queso crudo de oveja infectado por una bacteria”. Primer toque de atención.
19 de julio de 2018: “El Gobierno regulará la venta directa de leche cruda”. ¿En serio? Antes de comenzar esta reflexión, en el que es mi primer post en este medio, me gustaría hablar de Louis Pasteur, uno de los padres de la microbiología.

Este químico y bacteriólogo francés fue el encargado de demostrar que las enfermedades de aquella época (bacterianas en su mayoría) no surgían de la nada. Desmontó la generación espontánea y entre otras muchas de sus aportaciones, nos dejó el proceso de pasteurización. En aquella época existía el problema de que alimentos como la leche o el vino se estropeaban en poco tiempo y Pasteur, investigando sobre la vid, descubrió que había dos microorganismos implicados en los fenómenos de fermentación del mosto de uva. Hallados los culpables solo quedaba crear un método para acabar con ellos y así obtener un vino que durase más tiempo. Y lo hizo. Descubrió que hirviendo el vino podíamatar casi en su totalidad a estos microorganismos y así aumentar la “fecha de caducidad”.Esto fue replicado más adelante en otros alimentos como la leche y tuvo un impacto muy positivo en la sociedad. Básicamente la gente ya no moría de enfermedades derivadas del consumo de estos productos contaminados. El siguiente paso era aumentar la efectividad del proceso y hacerlo a escala industrial. Para los inicios de los años 20, eso ya estaba conseguido, y para los años 40, el método UHT estaba a punto.

La ultrapasteurización, uperización o método UHT consiste en someter a la leche u otros productos a una serie de ciclos de altas temperaturas con el fin de eliminar todos aquellos organismos patógenos que puedan alterar la calidad del producto o sean perjudiciales para la salud. Con este proceso se consigue eliminar a la mayor parte de microorganismos, incluidas las formas resistentes de los mismos. Así conseguimos mantener todos los nutrientes, el sabor no se ve casi afectado y siempre podremos consumirla con seguridad. Ante esto yo me pregunto: ¿Qué necesidad tenemos de consumir leche cruda?

La respuesta es fácil. NINGUNA. La leche cruda no está pasteurizada. Ni siquiera hervida del modo que proponía Pasteur al inicio del siglo XX. La leche cruda presenta microorganismos patógenos que nos pueden producir desde una sencilla diarrea hasta la muerte. No es segura.

La leche cruda de vaca está diseñada para consumo de los terneros | Foto de Adam Morse

Ahora bien, te puedes preguntar por qué el Gobierno quiere regular su venta. Esto viene a la cola de la normativa que ha aprobado la Generalitat y que se nutre del reglamento europeo 853/2004, de normas de higiene de los alimentos de origen animal. Se trataría de poder regular la venta de un producto peligroso. No obstante, si esta regulación no viene acompañada de una campaña de información al consumidor, puede resultar muy problemático. En primer lugar, porque hay que informar de los riesgos del consumo de esta leche y de qué grupos de población (niños, ancianos, personas inmunodeprimidas y embarazadas) no deben consumirla bajo ningún concepto. En segundo lugar, hay que decir que hay alternativas mucho más seguras. En tercer lugar, que no aporta ningún beneficio extra, y en cuarto lugar, que hay que seguir una serie de conductas higiénicas para tratar la leche de una forma que minimicen esos riesgos.

Entre los argumentos que exponen los defensores de este tipo de leche están:

· Los controles veterinarios y los análisis son suficientes: MENTIRA. Un control veterinario te asegura que la vaca está sana, no te asegura la ausencia de patógenos en la leche. Además, las instalaciones donde se produce dicha leche siguen un control microbiológico de mínimos porque el coste que supondría un examen exhaustivo sería inviable para las ganaderías.

· Si las instalaciones no tienen focos donde se pueda infectar la leche, se disminuye el riesgo: MENTIRA. Ningún ganadero trabaja en un ambiente de esterilidad, por lo que la leche, rica en azúcares y nutrientes, es un caldo de cultivo perfecto para los microorganismos. La esterilidad cero no existe, pero si le pones un cebo a E.coli, esta bacteria va a picar.

· Si hierves la leche en casa es suficiente: MENTIRA. Una cocción casera no es suficiente ni iguala a la efectividad de los procesos industriales ya estandarizados. Si añadimos que no sabemos hasta qué punto la gente es conocedora del proceso exacto de cocción necesario para reducir mínimamente la carga patógena, hacemos de esta desinformación un factor de riesgo añadido.

· La leche pierde sus nutrientes: MENTIRA. Las pérdidas detectadas son menores del 10% y solo presentes en algunas vitaminas como la C, siendo completamente despreciables.

Como vemos, ventajas CERO. Todo obedece a un interés puramente de mercado. Se trata de vender y venderlo como sea. Aunque suponga un problema de salud pública como en el caso de la persona que murió de meningitis. Aunque se engañe al consumidor con su sabor y sus nutrientes. Aunque aseguren que pasan suficientes controles cuando en realidad pasan los mínimos requeridos. Aunque te vendan seguridad. ¿Qué hay de cómodo en comprar leche para hervirla en tu casa cuando puedes comprarla ya hervida y con todas las garantías de que esa leche no tiene ningún organismo patógeno?

Si hemos avanzado en materia de seguridad alimentaria no es para que ahora nos volvamos a morir a los 30 años como a principios del siglo pasado. Y que no nos vengan con el rollo natural. Queridos lectores, natural también es el arsénico y no nos da por beberlo en infusión.

 

Para más información sobre los riesgos que conlleva la leche cruda, puedes consultar este especial del CDC (Centro de Enfermedades Infecciosas de EE.UU.).