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Te están mintiendo sobre el nuevo descubrimiento de Jack el Destripador

Un nuevo estudio asegura haber revelado por fin por fin la auténtica identidad de Jack el Destripador, pero ¿hasta qué punto es real?

Descubrimiento de una víctima de Jack el Destripador en Whitechapel, London, ilustración de “Le Journal Illustre” (13 Febrero 1891)

Jack el Destripador es ya casi un ser de la mitología inglesa. El asesino del siglo XIX acabó con la vida de al menos cinco mujeres en el barrio de Whitechapel de Londres.

No es la primera vez que se “descubre” la identidad de Jack el Destripador. En 2014 Russel Edwards publicaba en el Daily Mail que había averiguado la identidad del asesino gracias a una técnica de ADN muy avanzada. Según Edwards, el asesino sería uno de los sospechosos de la época: el barbero polaco Aaron Kominski, de 23 años, que vivía cerca de donde se cometieron los asesinatos. La policía no encontró pruebas concluyentes que lo relacionaran con las víctimas.

Russel Edwards no era ningún investigador, sino un hombre de negocios y escritor que habría contratado al biólogo forense Jari Louhelainen para investigar un chal que había pertenecido a Catherine Eddowes, una de las víctimas. El chal lo habría adquirido Edwards en 2007, en una subasta.

Todo olía un poco a chamusquina porque Edwards iba a publicar justamente un libro llamado “Naming The Ripper“, un libro que aseguraba que Edwards era “el único en posesión de una prueba física y real relacionada con los crímenes de 1888 de Jack el Destripador”. Este artículo del Daily Mail, que es un periódico conocido por ser sensacionalista no transmitía mucha confianza. La investigación no fue contrastada por alguien ajeno a la misma, ni había sido previamente publicada en ninguna revista científica. Todo indicaba que era una estrategia de marketing para vender el libro.

Ahora, en marzo de 2019 otro estudio ha intentado confirmar la identidad de Aaron Kominski como el asesino conocido como Jack el Destripador. Esta vez el estudio ha sido publicado en Journal of Forensic Sciences. Sin embargo, el objeto investigado es el mismo (el chal que supuestamente perteneció a Catherine Eddowes) y el investigador es también el mismo: Louhelainen, esta vez acompañado por el biólogo David Miller. Este artículo no ha sido bien recibido en la comunidad científica.

Nadie se explica cómo este artículo ha pasado los filtros para ser publicado: la procedencia del chal es muy cuestionable y no ha sido tratado de la manera adecuada para conservar posible ADN. Adam Rutherford, genetista, asegura que no se han tomado precauciones a la hora de manipular el chal.

La famosa arqueóloga Turi King tuiteaba lo siguiente: “No se listan las imprimaciones, no presenta datos, no se realizó en un laboratorio forense de ADN como es debido...”.

No sabemos si es una obsesión u otra estrategia de marketing, pero la comunidad científica parece coincidir en que esta investigación no lleva a ninguna parte y que no ha de ser tomada en serio.

El 8M en imágenes: una jornada histórica

El 8M ha demostrado una vez más que el feminismo ya es imparable.

Las pancartas invaden la calle. | Foto: Joaquín Reixa

Ayer millones de personas en todo el mundo salieron a las calles a luchar y reivindicar los derechos de las mujeres. Desde que el año pasado, el 8 de marzo de 2018, tuvo lugar el primer paro internacional de mujeres, el movimiento feminista ha tomado las calles de las principales ciudades de España. Este año, ha ocurrido lo mismo.

Millones de mujeres salieron a las calles y en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia las imágenes que han dejado son espectaculares. En Madrid, donde nosotros asistimos, la manifestación salió desde la estación de Atocha subiendo por el Paseo del Prado y Gran Vía para terminar en Plaza de España.

Foto: Joaquín Reixa

En cifras oficiales de la Policía Nacional, 350.000 personas se manifestaron ayer frente a las 170.000 del año pasado que ya dejó unas imágenes de por sí espectaculares. Otras ciudades como Barcelona convocaron a 200.000 personas, 120.000 en Valencia y 50.000 en Sevilla según las mismas fuentes oficiales. En total, más de 6 millones de personas salieron a las calles ayer.

Lo vivido ayer fue algo histórico y es la prueba de que esto ya es imparable.

350.000 personas invadieron las calles de Madrid. | Foto: Joaquín Reixa

Foto: Joaquín Reixa

God is a woman | Foto: Joaquín Reixa

Foto: Joaquín Reixa

Foto: Joaquín Reixa

Foto: Joaquín Reixa

Intenté vender unos zapatos y me contactaron fetichistas

Ser mujer es difícil también en Wallapop

Hace un par de años me vi en un apuro corriente: tenía que mudarme. Además, tenía muchos zapatos que no iban a caber en la nueva casa y, dado mi status de estudiante que no tiene ni un duro, decidí vender unos cuantos pares en Wallapop.

Wallapop es una aplicación móvil donde se compra y vende objectos de segunda mano: desde libros y juguetes usados hasta coches y pisos. Yo en este caso decidí poner a la venta unos pares de zapatos que no usaba mucho y que se encontraban en perfecto estado, muy inocentemente. ¿Qué cabe esperar?

No pasó mucho tiempo hasta que un señor con un avatar donde no mostraba la cara me preguntó por los tacones rojos que vendía (aquellos que solo me había puesto una vez para una fiesta). Me gustaría tener capturas pero hace tiempo que borré las conversaciones. Iban más o menos así:

Señor: Hola, ¿están usados?
Yo: Apenas, están como nuevos.
Señor: Una lástima, las quiero usadas.

Yo no tenía muchas ganas de darle bola, pero el señor siguió contando sin que nadie le preguntara. Me dijo que los zapatos eran para su propio uso, y que si por favor me importaba usarlos un par de días y luego vendérselos. Además, que prefería las sandalias rojas y que, si tenía, le haría un favor al ponerlas a la venta. Yo no estaba para nada de eso, así que me negué.

No contento con la respuesta, me ofreció dinero por mandarle fotos de mis pies. También me ofreció pagarme por calcetines usados. Pero no os vayáis a pensar que me ofrecía mucho: 1 euro por foto, y 1 euro por calcetín. Encima de pesado, tacaño. Siguió hablándome de su afición, de que estaba muy incomprendido. No importaba las veces que le dijera que no estaba interesada, que él salía con nuevas ideas y conversaciones.

Este señor hizo algo a lo que las mujeres estamos muy acostumbradas: le dio igual que yo le dijera que no estaba interesada en su oferta. Siguió insistiendo con nuevas ofertas una y otra vez. Además, hacía preguntas personales cuando claramente no quería responder y hacía ver que estaba incómoda con el tono de la conversación.

“¿Por qué no le bloqueaste al momento? Estamos tan acostumbradas al acoso que lo normalizamos, y no ha sido hasta ahora que estamos empezando a tener tolerancia cero con este tipo de comportamientos. A veces, simplemente “por no molestar” no nos enfrentamos a la persona que nos acosa. Incluso puede que no veamos que está haciendo algo mal, nos decimos a nosotras mismas que somos unas exageradas.

Finalmente denuncié el perfil a Wallapop, pero es tan fácil como que se abra otro en el caso de que se lo cerraran. Quité todos mis zapatos de la aplicación móvil y ahora están cogiendo polvo en un trastero. Ni siquiera en Wallapop podemos estar tranquilas. Otro día os cuento la vez en que casi me secuestran al intentar vender un móvil.

“Hay esperanza para el futuro” La visita de Jane Goodall a Madrid

La increíble historia de la doctora Jane Goodall, más cercana que nunca.

La doctora Jane Goodall jugando con el chimpancé Uruhara.

El 2018 ha sido un año muy simbólico en muchos sentidos, pero uno de ellos ha sido por marcar el 130 aniversario de la creación de la organización National Geographic. En 1888, 33 personas formaron la que hoy es una de las organizaciones más importantes en materia de ciencia y educación y, para celebrarlo, el Espacio Fundación Telefónica de Madrid acoge en sus salas una increíble exposición sobre la historia de National Geographic: Una ventana al mundo.

Con motivo de esta exposición y para contar una de las historias más increíbles de unión entre humanos y otros animales, la doctora Jane Goodall estuvo el pasado viernes 24 en el Espacio Fundación Telefónica contando ante una audiencia embelesada (entre la que me incluyo) su historia. Jane Goodall es una de las científicas más destacadas del siglo XX y una activista ambiental incansable, comenta Federico Bogdanowicz, director de The Jane Goodall Institute en España. Cuando Jane salió al atril a hablar, un público de más de 300 asistentes rompió en un largo aplauso de bienvenida.

Jane Goodall el pasado viernes 14. Fotografía de Espacio Fundación Telefónica.

Jane tiene claro que está donde está hoy gracias al apoyo contínuo que recibió de su madre cuando desde pequeña mostró una pasión innata por los animales. Recordaba la anécdota de cuando, con solo 4 años, desapareció unas cuantas horas y su madre llegó a llamar a la policía. Todo ese tiempo estuvo metida en un gallinero observando en silencio el momento en el que una gallina ponía un huevo, convirtiéndose ese en su primera observación de campo del comportamiento animal. Su madre, en lugar de regañarla, le preguntó qué había descubierto.

Así comenzaba una larga carrera llena de obstáculos, siendo el primero la manera de viajar a África para estudiar chimpancés. Un amigo suyo le ofreció ir a visitarle a Kenya y Jane estuvo 6 meses trabajando para poder pagar el vuelo ida y vuelta. “Algunos chimpancés son agresivos, y su manera de pensar me recuerda a la de algunos políticos de hoy en día” bromeaba Jane.

Sin embargo, hizo mucho hincapié en que los chimpancés son seres pensantes, y aquellos que hacen más uso de su cerebro viven más y “gobiernan” durante más tiempo en su tribu”. Tal es este comportamiento inteligente que ciertos hábitos y comportamientos van pasando de generación en generación como si de una cultura primitiva se tratase.

Cuando Jane estudiaba para sacarse su doctorado, la ciencia defendía que lo que separaba a animales de humanos era que estos últimos eran los únicos capaces de pensar o tener sentimientos. A día de hoy, eso es algo que ha quedado muy atrás y, tal y como Jane dice, cualquiera que haya tenido una mascota sabe que esta es capaz de sentir emociones.

Jane aprovechó su discurso para remarcar que el cambio climático es algo muy real, y animó a los espectadores a cambiar sus hábitos alimenticios. La dieta omnívora o carnívora implica tener una industria ganadera masiva que consume cantidades enormes de agua potable, tierras de cultivo para su alimento y, sobre todo, es una de las mayores productoras del metano que ataca a diario la capa de ozono provocando el efecto invernadero. “Todos tomamos decisiones éticas cada día con lo que compramos”.

La ponencia de la doctora Goodall terminó con un emotivo vídeo donde la chimpancé Wounda, tras ser liberada, salía de su jaula, observaba el entorno, y se fundía en un caluroso abrazo con Jane antes de adentrarse en la selva. “Hay esperanza para el futuro”. Y con esto, terminaba.

El Orgullo LGTBIQ+ a día de hoy

Como cada año, la semana del Orgullo cubre Madrid (y gran parte del mundo) de color y la llena de gente diversa de todas partes que aunque buscan disfrutar y festejar, también luchan por sus derechos como miembros del colectivo LGTBIQ+.

 

Imagen de @PayPalSpain vía Twitter

La mañana del 28 de junio de 1969 tenían lugar los conocidos disturbios de Stonewall y se convertían en la chispa que iniciaría la revolución por los derechos del colectivo, catalizada por cuatro mujeres: Marsha P. Johnson, Sylvia Rivera, Miss Major Griffin-Gracy y Stormé DeLarverie. Marsha fue una mujer trans afroamericana, reconocida artista y musa habitual de Andy Warhol; junto a Sylvia fundó la Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR), una organización que ayudaba a personas del colectivo necesitadas y rechazadas por la sociedad. Sylvia, por su parte, también era una mujer trans y pasó muchos años de su vida vivendo en la calle y sufriendo agresiones, con lo que fundó también el Gay Liberation Front y la Gay Activists Alliance. Miss Major es, a día de hoy, la única revolucionaria con vida de las aquí mencionadas. Es también una mujer trans afroamericana, y además de directora del Transgender GenderVariant Intersex Justice Project ha luchado toda su vida por el colectivo de mujeres trans negras. Por último, Stormé es considerada la líder de la revolución de Stonewall y como mujer lesbiana se dejó la piel en proteger a sus hermanas del colectivo, patrullando calles y reivindicando el movimiento con su arte y con su manera de vestir, rompiendo los estereotipos de lo que, en su momento, se asociaban al género femenino.

Los manifestantes bajando por la Sexta Avenida | Foto de Gerald Herbert

Casi cincuenta años más tarde, el movimiento por los derechos del colectivo LGTBIQ+ sigue más fuerte que nunca, y sin duda consiguiendo avanzar día a día. El Orgullo en sí mismo se ha convertido también en una fiesta, con lo bueno y lo malo que ello conlleva. El lado negativo es que el Orgullo se ha capitalizado completamente; las marcas se suman al carro del movimiento por motivos de marketing y, sumado a la macro-fiesta, conlleva que el mensaje verdadero del Orgullo quede difuso e incluso inexistente en algunos círculos sociales, como partidos políticos que, a pesar de poner barreras durante todo el año a la lucha del colectivo, se aseguran de tener una carroza bien grande en el desfile. O como el hecho de que las mujeres trans y/o lesbianas no han tenido prácticamente representación en el Orgullo; viendo incluso como revistas supuestamente LGTBIQ+ han lanzado una portada “Especial Orgullo ’18” protagonizada, literalmente, por cinco mujeres blancas y heterosexuales.

Y es precisamente el día del desfile cuando la fiesta se vuelve más grande. Decenas de carrozas en Madrid recorren el Paseo del Prado desde Atocha y llegando hasta la Plaza de Colón, ante un público masivo que canta, baila y disfruta del espectáculo que cada carroza lleva consigo. Todas las grandes marcas organizan su carroza e invitan a un selecto grupo de gente a montar en ella, y nosotros hemos podido formar parte de la PayPal. Dos compañeras nuestras fueron de parte de Omglobal a vivir la experiencia y cubrir el evento. La fiesta en la carroza de PayPal se hizo notar, gracias a una DJ que movía tanto a los de dentro como a los de fuera de la carroza. Comida, bebida, camisetas, mochilas y banderas LGTBIQ+ gigantes fueron algunos de los elementos de los que podían disfrutar los invitados y, sin duda, consiguieron hacer de la experiencia una auténtica fiesta. Entre el público, todo tipo de personas y familias vivían con euforia el momento y demostraban que el odio y la violencia pueden ser cosa del pasado.

Vistas desde la carroza de PayPal | Foto por Zuria Fenton