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Hablamos con un gitano sobre el polémico monólogo de Rober Bodegas

Juan Antonio (OT 2017): El humor debería hacernos bien a todos, no solo a unos pocos.

Rober Bodegas en el infame monólogo

Twitter está que arde estos días, y no precisamente en sentido positivo. Un antiguo monólogo del humorista Rober Bodegas ha resurgido e incendiado las redes sociales por su contenido: un cúmulo de chistes fáciles sobre los peores estereotipos gitanos que incluyen la violencia, la analfabetización, el mercado de la droga y algún que otro comentario de abuso sexual. Lo que para muchos de nosotros es evidentemente un discurso racista para otros tantos no, incluido el propio humorista que en su disculpa pública decía que “A mi personalmente no me ofende ningún chiste […] más allá de encontrarlo más o menos gracioso y/o certero, pero comprendo que no todo el mundo afronta el humor de la misma manera.”

Es muy interesante ver cómo las personas que hacen este tipo de “humor” donde el foco de las risas estereotipa a distintas minorías (ya sea por motivos de raza, sexualidad o incluso género) acostumbran a ser hombres blancos cishetero de clase media-alta y que, como en este caso, gozan de cierta popularidad en su país. Se entiende que, al no pertenecer a ninguna minoría, no se puedan hacer chistes dirigidos a ofenderte, pero no se entiende tanto la falta de empatía que no te hace ver que los tuyos sí que ofenden a otros colectivos.

Juan Antonio (OT 2017) ha visto el monólogo | Foto RTVE

Creemos que hablar de este tema no nos corresponde principalmente a nosotros, si no a la propia etnia gitana; así que hemos podido hablar con Juan Antonio, exconcursante de Operación Triunfo 2017 y gitano, para que nos de su opinión al respecto.

PREGUNTA: ¿Por qué se ha generado esta polémica?

JUAN ANTONIO: Yo creo que esto se ha generado porque nos hemos sentido insultados. No veo que sea un chiste: está comparando el día a día de un gitano con el de un payo, como si el primero lo hiciese todo mal y el otro lo hiciese todo bien.

P: El monólogo comienza con la frase “Ya no se pueden hacer chistes de gitanos”. ¿Ya no se pueden hacer chistes de gitanos?

JA: Yo no creo eso. Con humor y con buen rollo puedes decir cualquier cosa; puedes decir las cosas sin ofender y contar la historia de un gitano sin decir cosas que, realmente, hacen daño.

P: ¿Qué piensas y sientes como gitano al escuchar chistes donde se perpetúen y generalicen estereotipos como el robo, la compraventa de drogas, el analfabetismo o el abuso sexual a través de la prueba del pañuelo?

JA: Me hierve todo por dentro. Yo me he criado en un mercadillo porque mi madre siempre fue mercader ambulante y he visto muchísimas veces a gitanas tener que recuperar prendas que otra gente venía a robar. No siempre es todo como se cuenta. Cada vez que generalizan con estereotipos de gitanos hablan también de mi porque es lo que yo soy. Y yo no soy como ellos dicen. Cada vez que dicen “gitanos” están diciendo también “Juan Antonio”. Me molesta que se me clasifique de una manera que no soy. En mi casa nunca he visto nada de lo que esta gente está hablando; ni drogas, ni alcohol… Yo me he criado en una casa sana, mis padres son pastores y siempre me ha ido muy bien. También me parece un poco hipócrita el estereotipo que dice que “los gitanos no trabajan” cuando hoy en día una buena parte de la sociedad no trabaja y nada tiene que ver con que sean o no gitanos. Creo que no es justo.

P: ¿Cómo le explicarías a un humorista así que su monólogo ha sido racista?

JA: Más que un monólogo ha sido una comparación entre gitanos y payos, y las comparaciones son odiosas. Yo comparto que el humor pueda hacer gracia a unas personas y a otras no tanto, pero cuando pasa a ser un insulto ya no es humor. Cuando una cosa hace daño ya no es humor. Y el humor debería hacernos bien a todo el mundo y no solo a unos pocos.

P: Entonces ¿dónde dirías que está el límite entre el humor y, en este caso, el racismo?

JA: En este caso no hay nada que lo separe. Su humor es racismo. No veo diferencia. Lo que no se puede es utilizar su posición para menospreciar a otras personas. Nosotros estamos luchando y esforzándonos para huir del estereotipo y ya se puede ver una evolución inmensa dentro de la comunidad. Queremos vivir como nosotros vivimos sin que se metan con nosotros. Y argumentos como que “los gitanos no pueden llegar a determinadas posiciones” no tienen ningún sentido. Yo he podido entrar a un programa de televisión y he terminado cantando en el Santiago Bernabéu o en el Palau Sant Jordi siendo gitano. Al final esto ha sido un abuso. Como no hay gitanos en su misma posición que se puedan defender ha pensado que no iba a pasar nada. Y se ha equivocado. No solo ha tenido una repercusión gigante entre gitanos si no que también entre no gitanos que se han ofendido igualmente.

Y no es que parezca que “ya no se puedan hacer chistes de gitanos” como dice Rober o “ya no se pueden hacer chistes sobre mariquitas” como decía Bertín Osborne, porque sí que se puede. Al igual que se puede hacer humor sobre el machismo sin que este sea machista, hay que plantearse en qué momento tus chistes forman parte del repertorio que tenía tu cuñado hace veinte años y pasar página; creando un humor cuyo centro de interés no gire entorno a meter en el mismo saco de mierda a un colectivo minoritario que está luchando por eliminar esos estereotipos.

A día de hoy (casi) no se hacen chistes sobre esterotipos negativos de gente homosexual porque todos somos más conscientes de que son homofobia y otorgan herramientas a otras personas para que la condición sexual de alguien sea motivo de burla. Ayer mismo salía la noticia de que Jamel Myles, de 9 años, se quitaba la vida tan solo cuatro días después de decir en su colegio que era gay y pasar a sufrir un bullying que le superó. Ese bullying es pura homofobia, y ver en la tele un chiste sobre “mariquitas” desde luego no ayuda a concienciar. Entonces, si no se hace humor dañino sobre un colectivo minoritario como el lgtb, ¿por qué si hacerlo con una etnia minoritaria?

Es el momento de dejar de pensar que “ya no se puede hacer humor” sobre estereotipos y empezar a crear nuevos chistes que dejen atrás aquello por lo que las minorías llevan tanto tiempo luchando y, sobre todo, de escuchar y esforzarse en entender a aquellas personas que te expliquen que un comportamiento que has tenido es ofensivo para su minoría.