Todo lo que conlleva ser vegetariano

Llevo 3 años siéndolo. ¿Cómo estará mi salud? ¿Por qué lo hice? Esta es mi experiencia.

Llevo 3 años siendo vegetariano. Y no soy el único. Más de 3,6 millones de personas en España llevan una dieta vegetariana, vegana o, en algunos casos, flexitariana. Casi toda mi vida, hasta los 21 años, he comido carne. Y la verdad es que me gustaba. La carne está rica y es muy accesible, y como está tan implantada en la dieta de la sociedad no llegas a plantearte el por qué la comemos. Simplemente, lo haces.

Según la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación, una dieta (en general) correcta tiene que estar formada aproximadamente por un 25% de hortalizas, un 25% de frutas, un 25% de cereales, carbohidratos y grasas y proteínas. 

En este último grupo es donde se encontrarían la carne y el pescado, y si lo suprimes te das cuenta de que te sigue quedando el 90% de la tabla.

La tabla de dieta recomendada por la SEDCA.

De hecho, al eliminar de las opciones las carnes y el pescado, en cierto modo te obligas a ampliar el abanico de verduras y legumbres que consumes y, por tanto, de sus diferentes polifenoles junto a sus beneficios para la salud. Y ese es el primero de los motivos por el que decidí hacerme vegetariano, la salud.

Suprimir la carne no significa eliminar las proteínas. Mucha gente se pregunta cómo se pueden sustituir las proteínas de la carne y la respuesta es bien sencilla. Las legumbres, semillas, frutos secos e incluso algunas verduras están cargadas de proteína. No hace falta tomar suplementos de proteínas por ser vegetariano o vegano.

De hecho, no hace falta suplementar nada por ser vegetariano excepto la vitamina B12. Una buena dieta tiene que garantizar que se consumen los elementos necesarios para el organismo. Es decir, proteínas, hierro, calcio, vitamina D, zinc y Omega 3 entre otros, y todo lo puedes encontrar en diferentes hortalizas, verduras, legumbres, cereales, semillas o frutos secos. Todo.

El segundo motivo por el que tomé la decisión de hacerme vegetariano es por el medio ambiente. La industria ganadera es una de las más contaminantes y derrochadoras del planeta. Por ejemplo, para producir 1KG de carne de ternera hace falta alimentar a la vaca previamente con una media de 20KG de cereales, maíz o soja. Y para producir ese mismo kilogramo de carne se necesitan 15.450 litros de agua.

En Europa se consume de media 85kg de carne por persona al año. Si todos los cereales y legumbres utilizados para alimentar al ganado que después alimenta a las personas se saltase ese paso y fuesen directamente de consumo humano, tendríamos alimento para 4 planetas Tierra. Y aún así a día de hoy hay 840 millones de personas malnutridas en el mundo.

Y por último, los gases invernadero. El 51% de los gases de efecto invernadero provienen de la industria ganadera.

Y el tercer motivo que me llevó a volverme vegetariano es por respeto a los animales. 66 mil millones de animales mueren cada año en mataderos para la producción de carne en condiciones inhumanas.

Y aunque el que yo haya tomado esta decisión no influye como tal al sector, cada vez más gente decide dar el cambio y entre todos dejar una huella en el planeta. Y hay muchas personas que, por el motivo que sea, no pueden dejar de lado la carne; pero con pequeños cambios como reducir su consumo o comprar únicamente productos de animales que han sido tratados de forma más ética, están contribuyendo a mejorar el mundo.

Mujeres en la ciencia: Hedy Lamarr

Hoy empiezo una serie de artículos sobre el papel de diferentes mujeres en la ciencia que no han recibido el reconocimiento que merecen.

Cada día más, se está intentando poner en relieve el papel que las mujeres han tenido a lo largo de la historia de la ciencia. Un papel que ha sido ninguneado sistemáticamente por la sociedad y por los propios científicos. Por suerte y por justicia, ahora se está intentando rescatar a aquellas figuras que hicieron grandes aportaciones al conocimiento y a la técnica. 

Hedy Lamarr ha sido una de las grandes ignoradas a lo largo de los años, aunque últimamente se está volviendo a destacar su papel durante la primera mitad del siglo XX como inventora y como actriz. Por un lado, se la incluyó en el National Hall of Inventors en 2014 y, por el otro, se han hecho documentales (Bombshell: The Hedy Lamarr Story) para traer, a un presente más que necesitado de figuras femeninas en la ciencia y en las artes, su vida y sus aportaciones.

Cuando lees sobre Hedy Lamarr en internet, lo más probable es que aparezca como la inventora del WiFi. Esto no es del todo correcto, pero sí es cierto que gracias al sistema de conmutación de frecuencias que ideó, se han podido originar gran parte de las tecnologías de telecomunicación actuales: WiFi, Bluetooth, GPS… Este sistema fue muy adelantado para su tiempo, dado que no existió la tecnología para llevarlo a cabo hasta la Crisis de los Misiles de Cuba veinte años después. Su propósito inicial no fue su aplicación durante la Guerra Fría, sino contra el régimen Nazi.

Hedy Lamarr nació en el seno de una familia judía en la Austria imperial. En el ambiente previo a la Segunda Guerra Mundial y de la ocupación Nazi de Austria, un fabricante de armas alemán concertó un matrimonio de conveniencia con su familia para así mantenerla a salvo. Sin embargo, las intenciones de Friedrich Mandl eran diferentes. Este hombre, muy relacionado con la cúspide del partido Nazi, se había encaprichado de Hedy tras ver la película Éxtasis. Dicha película fue la que la catapultó a la fama en Europa, dado que fue el primer desnudo completo en un film comercial.

Tal fue la obsesión de Mandl con Hedy, que no la permitía salir de casa sin su consentimiento y compañía. En sus memorias, Lamarr lo definió como una esclavitud. Fue durante esta época cuando se dedicó a retomar su carrera de ingeniera, que había abandonado por la actuación, y a hacer anotaciones de todo lo que su marido desarrollaba.

Harta de cómo vivía, Hedy urdió un plan para escapar de su marido y huir a EE.UU. Para ello, inició una relación con su asistenta y cuando vio la oportunidad, la durmió, se vistió con su ropa y tomó un tren con destino a París. Su vida cambió en ese viaje, dado que conoció a uno de los directores de la MGM y su futuro marido.

Con esta historia parece que Hedy tuvo su final feliz después de todo, pero una vez llegó a EE.UU. comenzó su plan de venganza. Hedy, que había vivido bajo la opresión nazi, decidió poner a disposición del gobierno estadounidense toda la información que poseía sobre las armas alemanas. En aquel momento de la guerra, los aliados tenían un problema con los submarinos alemanes. Estos dirigían sus torpedos de una forma muy certera e imposible de intervenir. Por ello, Hedy ideó el sistema mencionado anteriormente que permitiría interrumpir la señal alemana y teledirigir de manera más precisa los torpedos estadounidenses contra las flotas enemigas.

La historia de Hedy Lamarr es un ejemplo de genialidad y de valentía. Una mujer que se dedicó a las artes cinematográficas rodando unas treinta películas en poco más de veinte años y que redirigió su creatividad e inteligencia hacia el objetivo primordial que demandaba la sociedad en aquella época: acabar con la expansión nazi y ganar la guerra. Sin embargo, cuando se hubo de reconocer su valía, no se hizo.

Ayer, 11 de febrero, fue el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Es un día perfecto para poder recordar a todas las científicas que, como Hedy Lamarr, dedicaron parte o la totalidad de su vida al avance de la humanidad y poner el foco en el gran trabajo que han hecho, y que hacen día a día, todas las investigadoras a lo largo del mundo. 

El “hygge” danés: 5 claves para vivir feliz

Netflix and chill pero con el nombre apropiado.

Fuera está lloviendo. Hace frío. Hoy no te apetece salir. Enciendes unas velas. Preparas una taza de café. Te tumbas en el sofá y enciendes Netflix.

La sensación que acabas de experimentar al pensarlo es el “Hygge”.

Y es lo que ha ayudado a Dinamarca a ser uno de los países más felices del mundo.

Hygge (pronunciado “huu-gue”) es una palabra danesa para referirse a la creación de un ambiente de comodidad, bienestar y satisfacción. Proviene de otra palabra danesa que significa “dar valor, consuelo, alegría” y se construye a partir de la antigua palabra nórdicaHugr, que más tarde se convirtió en el abrazo “con alma, mente y conciencia”.

Pero, ¿cómo se construye un ambiente “hyggelig”? Muy fácil.

1. Ponte cómodo: Ese jersey ancho que tanto te gusta para estar cómodo. Calcetines calentitos y una buena manta si hace frío. Cuanto más cómodo estés, mejor.

2. Prepara el ambiente: Apaga las luces más fuertes y frías y quédate con las cálidas, que te relajen la vista. Si te gusta el incienso, ponlo. Música relajante, lo que sea. Esos pequeños detalles que tanto te gustan van a crear un ambiente Hygge perfecto.

3. Evita los focos de estrés: Todo aquello que vaya a romper la armonía, fuera. Nada de discusiones, distracciones o trabajo. Es tu momento, ¡no lo estropees!

4. Haz lo que más te apetezca: Ya sea jugar a juegos de mesa, invitar a tus amigos a casa, ver tu serie favorita o comer palomitas. Haz lo que te apetezca sin remordimientos.

5. Sé consciente de que estás disfrutando: Este es, sin duda, el paso más importante. Porque puedes estar pasando un rato perfecto con amigos, pero no pararte a valorarlo, expresarlo y disfrutarlo aún más. Haz saber a los demás que lo estás pasando bien, ¡quizás también les apetezca repetir dentro de poco! Además, si eres capaz de identificar los pequeños detalles que te hacen estar cómodo, será más fácil aplicarlo en el futuro.

En una sociedad cada vez más conectada, a veces “desconectar” puede suponer un auténtico reto para algunos. Por eso, muchos convierten esta práctica en un estilo de vida, abriendo la puerta al bienestar y sabiendo dejar de lado el estrés, aunque sea una hora.

En definitiva, el Hygge es un término que ha venido para quedarse.

Solucionamos el problema con los tickets de compra

¿Realmente es necesario que los tickets sean tan largos?

A finales de 2017 estaba yo en una conocida cafetería donde me pedí, como ya es habitual, un té matcha caliente. Un único pedido de un único producto. Cuál fue mi sorpresa al darme cuenta de que para algo tan insignificante me habían dado un recibo de compra de, aproximadamente, medio metro. ¿Realmente era necesario tanto papel para un único té?

Desde entonces la duda ha ido comiéndome la cabeza. Me he ido fijando qué establecimientos tienen tickets innecesariamente largos, cuáles tienen unos más moderados o cuáles te preguntan si quieres ticket antes de imprimirlo o lo prefieres en formato digital. Obviamente esta última opción debería ser la estándar, y muchos países están trabajando ya para tener más y más opciones de recibos y billetes en formato electrónico.

Dejando de lado que una cafetería comercial tiene muchos más problemas medioambientales (como los vasos de plástico/cartón que se entregan con cada pedido), era evidente que un ticket de esas proporciones era un desperdicio de papel. Resulta que no solo es un desperdicio de papel, si no que este tipo de recibos son altamente contaminantes al tener más de 30 productos como el bisfenol A que lo convierten en papel térmico. Es decir, no hace falta tinta para imprimir en él sino calor.

Muchos podrán argumentar que la longitud de estos tickets es la que es porque hay mucha normativa legal que incluir en ellos y de la que no se puede prescindir. Pero no; no es así. Tal y como indica Thaïs Sans Ortega, graduada en derecho y ADE y experta en derecho tributario, hay muchos elementos de un ticket estándar que son innecesarios o, incluso, redundantes.

Así que nos propusimos dar con una solución. ¿Cómo sería el ticket perfecto? Hemos contado con un diseñador especializado en interfaz de usuario para poder llegar a una conclusión; y mi compañero Víctor Figueroa os lo cuenta en el nuevo vídeo de Omglobalnews.

¿Por qué prohibir el aceite de palma no es la mejor solución?

¿Realmente el aceite de palma es tan malo como lo pintan?

Por suerte para nosotros, el mantra de que el aceite de palma es malo lo tenemos bastante asimilado. Ya sea por el revuelo mediático causado o bien por el conocimiento nutricional que hemos adquirido, tenemos claro que no es la grasa más saludable del mercado. A nivel de la industria alimentaria, el aceite de palma resulta muy útil por sus propiedades organolépticas (el aspecto que da al producto) y por su precio, más barato que las grasas más saludables. Sin embargo, tanto en su proceso de obtención como en su efecto en nuestro organismo, no es un elemento idóneo. 

El cultivo de la palma aceitera es muy rentable porque con poca superficie de cultivo se obtiene mucho producto. Sin embargo, las condiciones climáticas necesarias para el cultivo de esta especie hacen que se estén destruyendo bosques de zonas tropicales donde residen gran cantidad de especies en peligro de extinción. Además, su industria genera bastantes contaminantes algunos de los cuales no son eliminados adecuadamente. Por tanto, podemos sacar como primera conclusión que esta explotación no es beneficiosa para el medio ambiente.

Si tratamos el valor nutricional del aceite de palma, vemos que está compuesto en más del 50% por ácidos grasos saturados. Estos son especialmente perjudiciales a nivel de la salud cardiovascular, favoreciendo el crecimiento de placas de ateroma y propiciando la aparición de problemas vasculares. Pero claro, esto ocurre si estás comiendo todos los días una alta cantidad de grasas saturadas. La alarma generada por el aceite de palma se debe a su presencia en casi todos los productos procesados y a que, en su proceso de refinamiento (protocolo para obtener el aceite de la materia prima de la planta) se pueden generar sustancias que aumentan el riesgo a padecer cáncer.

La segunda conclusión está clara, el aceite de palma es perjudicial si lo consumimos de manera habitual. La solución en muchos productos, y ante la amenaza de boicot, ha sido retirarlo, aunque ello conlleve la pérdida de esas propiedades agradables que aporta el aceite de palma. No obstante, algunas empresas lo que han hecho ha sido sustituirlo por otro tipo de aceites como el de girasol o el de colza, que no son tan perjudiciales, o por el de coco, que es igual de peligroso por su alta cantidad de ácidos grasos saturados.

Por tanto, la no presencia de aceite de palma no es ninguna garantía de que ese producto sea más sano. Lo más importante será siempre mirar la etiqueta y comprobar los aceites vegetales empleados en la elaboración de ese producto.

En Europa se consume una media de 60kg de este aceite por persona y año | Foto de Valentin Salja

Ante este problema se nos puede ocurrir que lo más fácil sería prohibir el aceite de palma y el cultivo de la planta y así nos ahorraríamos estos dos problemas: el medio ambiental y el sanitario. Sin embargo, un informe de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) indica que eliminar el aceite de palma, y por ende sus cultivos, no sería una solución muy inteligente. Si se piensa, en el momento en que se elimine el aceite de palma, la demanda de una grasa que lo sustituya aumentará, dado que no solo se usa en la industria alimentaria, sino también en otras como la cosmética.

Ante esto se necesitará cultivar otro tipo de especies, pero la extensión de cultivo necesaria para cubrir dicha demanda será todavía mayor, dado que el aceite de palma se produce en menos de un 10% de la superficie total dedicada a cultivo de plantas aceiteras. 

Por ello, la solución no es prohibir, sino mitigar el impacto causado actualmente. Pasa por mejorar el proceso de refinamiento del aceite, hacer más sostenible el cultivo de la palma y no sustituirlo por otros que puedan generar un mayor impacto. 

El cultivo de otras especies aceiteras se haría, según la UICN, en zonas tropicales de África donde se podría desplazar el daño medioambiental que ya se ha generado en Malasia, por ejemplo. Del mismo modo, se debe evitar aumentar la superficie de cultivo del aceite de palma, dado que se concentra en regiones donde habitan numerosas especies en peligro de extinción que pueden ver su ecosistema diezmado. 

Por otro lado, algunos expertos afirman que, en suelos arrasados y agotados de la selva amazónica, el cultivo de la palma puede ser útil para recuperar el suelo, evitar el aumento de la deforestación y generar riqueza en algunas zonas deprimidas. Esto genera cierta controversia dado que muchas especies no pueden usar las palmas en sustitución de los árboles originales como hábitat. Podría ser un paso previo a la reforestación del terreno con las especies autóctonas, pero no es una solución definitiva.

En conclusión, el aceite de palma es perjudicial para la salud y su cultivo resulta dañino para el ecosistema tropical dado que es el que se ve afectado directamente, pero una solución de eliminación radical de este cultivo puede acarrear el impulso de otras plantaciones igual de dañinas y que pueden desplazar el problema a zonas donde ahora mismo no existe. Debemos buscar la reducción del daño y no sustituirlo.

La biología se enfrenta a la ética con los nuevos bebés CRISPR

¿Hasta qué punto es ético modificar genéticamente a los bebés que van a nacer?

Entramos en la era de la modificación genética.

La Bioética surge en los años sesenta en Estados Unidos como una disciplina transversal que busca examinar el comportamiento humano bajo una serie de principios y valores. Como muchos otros campos, la solución a los problemas bioéticos se postula después de que el problema haya causado daños a la sociedad, y ahora mismo nos encontramos en una encrucijada. 

La investigación en humanos es algo altamente reglado, controlado y reducido. Se trata, en su mayoría, de ensayos clínicos donde al paciente se le informa de todos los riesgos, se le hace firmar un consentimiento informado y donde siempre se supone que puede haber un beneficio para el paciente. El Informe Belmont, de 1978, estipulaba tres principios que se debían de cumplir siempre en el trato con el paciente:

1. Beneficencia.

2. No maleficencia.

3. Justicia.

Este informe, respaldado por toda la comunidad científica y médica, fue el primero de muchos tratados que velaban por el bien de la persona. Este interés comenzó después de la Segunda Guerra Mundial y continuó creciendo al ver ciertas políticas eugenésicas en el Estados Unidos de la Guerra Fría. Otro de los textos referentes en este campo fue la Declaración de Helsinki, de la que hablaré más adelante, y que se ha ido ratificando y cambiando hasta el 2015. 

Durante estas semanas ha saltado hasta las conversaciones de la calle que un cierto científico chino había conseguido que nacieran los primeros bebés modificados genéticamente. Según las noticias que se han ido filtrando y la poca información que ha dicho He Jiankui, parece ser que han nacido dos niñas a las cuales se las ha modificado con la tecnología Crispr/Cas9 (la que surgió de las investigaciones del español Francisco Mojica) para editar en su genoma un receptor de los linfocitos T que influye en la infección por VIH. Una de ellas tiene el gen anulado en todas las células T de su cuerpo, mientras que la otra solo en algunas. En conclusión, ha generado humanos resistentes al VIH.

Después de soltar este bombazo, la comunidad científica no tardó en lanzarse al cuello de este hombre, a pesar de que muchos creen que es un fraude y que no va a publicar ningún resultado. Recientemente, además, un artículo escrito por una excompañera suya de facultad rezaba que todo puede deberse a intereses económicos del científico, dado que sus orígenes humildes podían tener algo que ver en su ansia por lograr el éxito.

Pero, más allá de que sea verdad o mentira, parémonos a analizar este hecho y cómo se trata de una atrocidad, aunque solo voy a atender al Informe Belmont y a la Declaración de Helsinki que son dos marcos bioéticos ampliamente aceptados.

Respecto al primero, y desde el punto de vista de la madre, no podemos decir que el proceso haya sido beneficioso para ella. El procedimiento de fecundación in vitro no es un camino de rosas para ninguna mujer. En el caso de que no necesitase ningún tipo de estimulación a base de hormonas, siempre va a tener que someterse a una punción para poder extraer esos óvulos. Pero vamos a suponer que esta mujer fue voluntaria, firmó el consentimiento informado y que fue un proceso de fecundación in vitro normal; vamos a suponer que el principio de No Maleficencia para la madre se cumplió.

Sigue quedando el dato de que no sabemos a cuántas personas, ni en qué condiciones, se les extrajo óvulos y se les implantaron embriones para poder llegar a ese resultado. Andamos en un terreno tan poco conocido y tan peligroso que el principio de Beneficencia es muy importante y no sabemos hasta qué punto se ha cumplido. Además, dado que se habla de siete ciclos de fecundación artificial, podemos decir que fue un procedimiento poco justo (entendiendo en este caso el principio de justicia como usar procedimientos razonables, no explotadores y bien considerados para asegurarse que se administran correctamente las terapias o procesos) dado que la media de ciclos que se suelen necesitar para que una mujer se quede embarazada mediante fecundación in vitro es de 2 ó 3. Hablamos por tanto de más del doble de intentos para conseguir el resultado esperado. Por tanto, y a la espera de que salgan todos los datos, podemos afirmar que no ha sido un proceso ético.

La técnica CRISPR permite cortar, añadir y modificar la secuencia de ADN.

Pero ahora, atendiendo a las niñas que han nacido con esa modificación, tampoco podemos decir que haya sido un proceso ético según los tres principios. El primero no se cumple porque, a día de hoy, la infección por VIH es algo que se puede evitar y que, en caso de contraerla se puede tratar de una manera muy correcta hasta la carga viral indetectable. Si se intenta justificar como una modificación necesaria para aquellos niños que nacen de madres seropositivas, sabemos que siguiendo los protocolos actuales de profilaxis preparto dan lugar a tasas muy bajas de contraer de la enfermedad. Con respecto al principio de no maleficencia, tampoco se cumple porque se trata de una herramienta génica que a día de hoy tampoco conocemos mucho

Crispr es una técnica bastante más fiable que las que teníamos anteriormente, pero eso no quiere decir que sea precisa y exacta a los niveles requeridos para modificar sin ningún tipo de riesgo a un ser humano. Cada día se publican artículos con mejoras para Crispr porque se ha visto que da lugar a errores, de ahí que sea una temeridad modificar seres humanos con esta técnica. También el proceso de seguimiento médico y genético que van a sufrir estas niñas, que probablemente hubieran nacido sanas en condiciones normales, incumple el principio de justicia. 

Yendo ahora a la declaración de Helsinki, en su artículo 37 sobre intervenciones no probadas en la práctica clínica, deja claro que todo procedimiento no probado debe ser antes discutido con expertos, debe de hacerse cuando no exista ningún otro procedimiento efectivo (cosa que si que hay) y que ” ello de alguna esperanza de salvar la vida, restituir la salud o aliviar el sufrimiento”. Como las niñas no iban a nacer enfermas, y en caso de que enfermaran a los años, hay terapias probadas; vemos que este procedimiento es del todo innecesario y peligroso. Ahora ellas van a tener que soportar años de seguimiento y pruebas (en caso de que sea cierto) para comprobar que Crispr no ha tocado nada de manera inespecífica que pueda suponer un problema de salud a largo plazo.

Más allá de esto, actual y más o menos palpable, se nos plantea un problema aún mayor en un futuro. Esto no es terapia génica, es mejora. Entramos en un terreno donde aparece el transhumanismo y la posibilidad de distinguir entre humanos mejorados y “naturales”… Y no sé si es un terreno donde la ciencia quiera entrar.

“Hay esperanza para el futuro” La visita de Jane Goodall a Madrid

La increíble historia de la doctora Jane Goodall, más cercana que nunca.

La doctora Jane Goodall jugando con el chimpancé Uruhara.

El 2018 ha sido un año muy simbólico en muchos sentidos, pero uno de ellos ha sido por marcar el 130 aniversario de la creación de la organización National Geographic. En 1888, 33 personas formaron la que hoy es una de las organizaciones más importantes en materia de ciencia y educación y, para celebrarlo, el Espacio Fundación Telefónica de Madrid acoge en sus salas una increíble exposición sobre la historia de National Geographic: Una ventana al mundo.

Con motivo de esta exposición y para contar una de las historias más increíbles de unión entre humanos y otros animales, la doctora Jane Goodall estuvo el pasado viernes 24 en el Espacio Fundación Telefónica contando ante una audiencia embelesada (entre la que me incluyo) su historia. Jane Goodall es una de las científicas más destacadas del siglo XX y una activista ambiental incansable, comenta Federico Bogdanowicz, director de The Jane Goodall Institute en España. Cuando Jane salió al atril a hablar, un público de más de 300 asistentes rompió en un largo aplauso de bienvenida.

Jane Goodall el pasado viernes 14. Fotografía de Espacio Fundación Telefónica.

Jane tiene claro que está donde está hoy gracias al apoyo contínuo que recibió de su madre cuando desde pequeña mostró una pasión innata por los animales. Recordaba la anécdota de cuando, con solo 4 años, desapareció unas cuantas horas y su madre llegó a llamar a la policía. Todo ese tiempo estuvo metida en un gallinero observando en silencio el momento en el que una gallina ponía un huevo, convirtiéndose ese en su primera observación de campo del comportamiento animal. Su madre, en lugar de regañarla, le preguntó qué había descubierto.

Así comenzaba una larga carrera llena de obstáculos, siendo el primero la manera de viajar a África para estudiar chimpancés. Un amigo suyo le ofreció ir a visitarle a Kenya y Jane estuvo 6 meses trabajando para poder pagar el vuelo ida y vuelta. “Algunos chimpancés son agresivos, y su manera de pensar me recuerda a la de algunos políticos de hoy en día” bromeaba Jane.

Sin embargo, hizo mucho hincapié en que los chimpancés son seres pensantes, y aquellos que hacen más uso de su cerebro viven más y “gobiernan” durante más tiempo en su tribu”. Tal es este comportamiento inteligente que ciertos hábitos y comportamientos van pasando de generación en generación como si de una cultura primitiva se tratase.

Cuando Jane estudiaba para sacarse su doctorado, la ciencia defendía que lo que separaba a animales de humanos era que estos últimos eran los únicos capaces de pensar o tener sentimientos. A día de hoy, eso es algo que ha quedado muy atrás y, tal y como Jane dice, cualquiera que haya tenido una mascota sabe que esta es capaz de sentir emociones.

Jane aprovechó su discurso para remarcar que el cambio climático es algo muy real, y animó a los espectadores a cambiar sus hábitos alimenticios. La dieta omnívora o carnívora implica tener una industria ganadera masiva que consume cantidades enormes de agua potable, tierras de cultivo para su alimento y, sobre todo, es una de las mayores productoras del metano que ataca a diario la capa de ozono provocando el efecto invernadero. “Todos tomamos decisiones éticas cada día con lo que compramos”.

La ponencia de la doctora Goodall terminó con un emotivo vídeo donde la chimpancé Wounda, tras ser liberada, salía de su jaula, observaba el entorno, y se fundía en un caluroso abrazo con Jane antes de adentrarse en la selva. “Hay esperanza para el futuro”. Y con esto, terminaba.

¿Cuánto pesa ahora un kilogramo?

La definición de kilogramo ha cambiado, pero ¿por qué?

El kilogramo ya no es lo que era

Cada vez que te subes a una báscula para ver si has bajado de peso, que haces la compra y pesas la fruta, cuando haces la maleta asegurándote de no exceder el peso permitido en el vuelo, en cierto modo estás comparando ese peso con un cilindro de platino e iridio de 39 milímetros de diámetro, guardado a una temperatura de 4º en el subsuelo del Pabellón de Breteuil en París. 

Lógicamente, tiene una explicación. Le Grand K o Prototipo de Kilogramo Internacional (IPK) es el nombre de este cilindro, que se utiliza desde 1879 para definir lo que es un kilogramo. Sin embargo, existe un problema. El hecho de que la definición de kilogramo dependa de un objeto físico hace que no sea cien por cien acertada, ya que los objetos físicos no son siempre estables. De hecho, en los últimos años, Le Grand K ha sufrido minúsculas variaciones de unos 50 microgramos debidas a la acumulación de partículas sobre él o a la pequeña pérdida de masa cada vez que se limpia.

Pero hay solución. El pasado viernes tuvo lugar la vigésimosexta Conferencia General de Pesos y Medidas en Versalles, donde 60 Estados miembros se reunieron y decidieron por votación cambiar la definición de kilogramo. Tras muchas propuestas en los últimos años, como al de Australia de utilizar una esfera de silicio, la decisión ha inclinado la balanza (nunca mejor dicho) hacia una constante de la naturaleza.

Las constantes, como su nombre indica, no cambian con el tiempo por lo que son perfectas para definir algo tan importante como una unidad de medida. A partir del 20 de mayo de 2019, aniversario del Tratado del Metro de 1875, la constante que definirá el kilogramo será la constante de Planck (el valor que ayuda a describir los paquetes de energía emitidos en la radiación).

Ahora solo queda ver si, en un futuro, las maneras de definir las demás unidades de medida cambiarán y se adaptarán a otras constante de la naturaleza.

¿Qué es Nutriscore y cómo va a cambiar la alimentación?

¿Realmente va a cambiar la forma en que comemos?

Este es el semáforo de valor de Nutriscore

Últimamente tenemos al Ministerio de Sanidad muy proactivo con medidas que generan, más o menos controversia, pero que de base son necesarias para el interés general de la población española. Por un lado, está la creciente lucha contra las pseudoterapias en la sanidad pública, de vital importancia, y por otro lado, la decisión de incluir el sistema de marcaje Nutriscore en las etiquetas de nuestros alimentos antes de fin de año. Dicha medida ha sido muy aplaudida en general, pero no ha estado exenta de críticas. Pero para entrar al trapo en ellas, lo mejor es empezar diciendo qué es Nutriscore.

NutriScore es un sistema que se emplea en Francia desde hace un año y que actúa como “semáforo” nutricional. Consiste en un gradiente de cinco colores asociados a letras que nos indican un baremo obtenido para ver la cantidad de calorías, azúcares, grasas saturadas y sal (elementos que pueden ser dañinos) frente a la cantidad de frita y verdura, la fibra alimentaria o la proteína (elementos que pueden ser más saludables).

El resultado es que los alimentos que tienen más de lo primero que de lo segundo, van hacia el color rojo y la letra E, mientras que, si el balance es hacia los segundos, se inclina por el verde y la letra A. Existen otros sistemas parecidos que, de hecho, ya se emplean en algunos productos en nuestro país, pero obedecen a las normas de la industria y sus requisitos son un poco más laxos.

Este sistema, en un principio, está muy bien. Nos ofrece una información complementaria, más allá de la que debe llevar la etiqueta por ley, y lo hace de una forma intuitiva. Además, tiene una base científica avalada por la Organización Mundial de la Salud y que está generando efectos muy positivos en la población. Pero ¿cuál es el problema?

No significa que la Cocacola Zero sea más sana que el aceite de oliva, hay que entender cada alimento en su categoría.

Muchos usuarios han visto cierta controversia en el hecho de que algunos alimentos sanos, como el aceite de oliva, tengan peor calificación que unas patatas fritas ultraprocesadas. Este, de hecho, es el ejemplo más sonado. Esto se debe a que, según el sistema de contaje que tiene Nutriscore y a que el aceite es 100% grasa, se le otorga la peor puntuación. ¿Quiere decir que sea malo? En absoluto, el aceite de oliva debe ser un must en nuestra dieta por sus efectos beneficiosos a nivel cardiovascular y a que es la grasa más sana para cocinar.

Pero es que esa no es la finalidad de Nutriscore. Está hecho para que se comparen productos de la misma clase, no para que compares peras en almíbar con sardinas en escabeche. Así pues, es una herramienta útil para poder seleccionar un producto dentro de la gama amplia de marcas o variedades que hay en un supermercado.

Es obvio que Nutriscore no es perfecto y que no ofrece toda la información que deberíamos tener para poder hacer un juicio completo de lo sano que es un alimento, pero sí es un avance. Recordemos que hasta hace poco no se distinguían entre los diferentes tipos de grasas, no se indicaba si tenían grasas trans, las grasas vegetales incluían una amalgama de aceites que ahora podemos ver desgranados, no se indicaban muchos ingredientes…

Poco a poco, y gracias a que cada día se pone más empeño en educar a la gente en temas de nutrición saludable, es la propia presión social la que mueve los cambios de etiquetado que cada vez son más completos. No obstante, seguimos teniendo margen de mejora suficiente para seguir trabajando los próximos años. La nutrición debe trabajar por la transparencia en los productos que consumimos, en ofrecernos una educación de calidad y libre de mitos desde que somos pequeños, ayudando así a crear una sociedad más sana.

He probado el Amazon Echo durante una semana

El Amazon Echo ha llegado junto al asistente virtual Alexa y esto es lo que he aprendido después de una semana utilizándolo.

Elegante y discreto. Podría ser mi biografía de Tinder pero es el nuevo Amazon Echo.

Hace apenas una semana, Amazon lanzaba (por fin) en España su línea de productos Echo. Para que nos hagamos a la idea, los Echo son el equivalente al Google Home o al Homepod de Apple: asistentes virtuales inteligentes en forma de altavoz. Google se tiene a sí mismo, Apple tiene a Siri y Amazon tiene a Alexa. Y hemos estado probando el Amazon Echo durante una semana.

Amazon ha lanzado cinco dispositivos diferentes de Echo; el Echo (a secas), el Dot, el Plus, el Spot y el Sub; y como añadido, un enchufe inteligente llamado Amazon Smart Plug. Cada Echo tiene su propia característica estrella. El Dot ocupa menos espacio a costa de perder calidad de los altavoces, el Plus tiene un hub integrado para los accesorios de domótica, el Spot integra cámara y pantalla y el Sub es un subwoofer complementario de 6 pulgadas y 100W de potencia que añaden la calidad de sonido que a los otros Echo les falta. En nuestro caso, hemos tenido el Dot y el Echo normal durante unos días y lo hemos intentado exprimir al máximo.

De izquierda a derecha: el Amazon Echo Plus, el Echo Sub y el Echo Dot.

¿Qué diferencias hay entre Alexa, Siri y el asistente de Google?

Al poco de utilizar un Echo, te das cuenta de un detalle que, precisamente de manera positiva, puede pasar desapercibido. Y es que la voz del Alexa suena sorprendentemente natural. El equipo de Amazon España hizo un extensivo casting y trabajó para conseguir una voz lo más humana posible. Y aunque lo han conseguido, aún queda mucho terreno para mejorar y un pequeño camino hasta alcanzar a Google o a Siri.

Quizá lo que menos ayuda a la voz de Alexa son los altavoces de Echo, especialmente el del Dot, que aunque cumplen su función para un uso de asistente, dejan bastante que desear a la hora de escuchar música. Aún así tiene solución ya que Amazon permite conectar altavoces externos a través de cable o Bluetooth.

Al igual que los Google Home, los Amazon Echo cuentan con un botón específico para anular físicamente el micrófono (y la cámara, en el caso del Spot), y también permite intercambiar las cubiertas de tela por otros diseños para adaptarse lo mejor posible al estilo de tu hogar.

El Spot es el único Echo que cuenta con cámara y pantalla, para hacer videollamadas o incluso ver las noticias. En pequeñito.

Lo que para mí ha sido el punto más interesante es el hecho de que, al ser de Amazon, está completamente vinculado al servicio de compra de Amazon. Es decir, puedes pedirle que añada a tu lista de la compra cualquier producto o, lo que es mejor, pedirle que lo compre. Si te has quedado sin pan, Alexa te lo pide. Si has visto en internet un libro que te gusta, Alexa te lo compra. Y te llega a casa con la velocidad habitual de Amazon Prime. Por supuesto, para evitar que terceras personas se pongan como locas a comprar cosas sin tu consentimiento, puedes activar un pin por voz o en el teléfono que limita la capacidad adquisitiva a las personas que lo conozcan.

El segundo punto más interesante son las Skills, una especie de apps para el asistente que amplifican sus habilidades. Por ejemplo, instalando la Skill de El País puedes pedirle a Alexa que te lea las últimas noticias del periódico; o con la Skill de Philips Hue puedes controlar las luces inteligentes de la casa.

Coincide, además, con que hoy se lanzan en México cuatro de los modelos de Amazon Echo a partir de 699 pesos. En España están disponibles todos los modelos Echo desde el 30 de octubre, a excepción del Spot que tardará un poco más en llegar.