¿Cómo de opresor soy? | Julen’s Stories

La semana pasada encontré este retwitt curioso y llegado este punto no entiendo nada.

Ser parte de un colectivo u otro hace que tengas más o menos privilegios. ¿Pero cuántos? | Photo by Rawpixel

La semana pasada encontré un retwitt curioso. Uno más. “La escala de los privilegios. ¿Cómo de opresor eres?” decía un tal @JaimeBN1987 y adjuntaba un cuadro para calcular el nivel de privilegios en una escala que iba desde -100 hasta +100. Si leéis el texto hasta el final podréis ver mi nota. En realidad he de admitir que primero me fijé en el cuadro que decía “How privileged are you?” al que respondí en mi cabeza “bastante privilegiado”. Pero no entendí qué tenía que ver el hecho de que yo me sintiese afortunado y privilegiado de haber nacido donde nací en la época en la que nací y de vivir la vida que vivo con ser opresor. ¿Por qué iba a ser yo opresor? ¡Yo!

Lo de hacer preguntas me viene de sangre periodista y no me pude resistir a hacer esa pregunta en mi grupo de amigas. “¿Os puedo hacer una pregunta?”, me aventuré. “¿Es de política?” me dijo una amiga. Me conocen muy bien al parecer. Me ayudaron a entender que ser privilegiado implica tener privilegios, y que siempre que hay privilegios unos los tienen y otros no, sino no serían privilegios. Así que para que yo me sintiese “bastante privilegiado” tiene que haber alguien que no dispusiese de los privilegios que tengo yo.

En el cuadro del twitt se explicaban varias situaciones en las que te tenías que posicionar en alguna de las respuestas y cada respuesta venía con una puntuación. Sumando todas las puntuaciones salía el resultado final. Ningún rigor científico, ninguna base sociológica, antropológica o psicológica, algo así como un test de Buzzfeed pero aún con menos sentido.

“Raza” decía la primera situación del test; White +25 puntos, Asian +10 puntos, Latino -50, Black -100 y Other -100. Blanco y en botella, +25 puntos para Julen. Sexo masculino, otros 25 puntos. Tener pareja del mismo sexo, -150 puntos. Género CIS, 20 puntos. Y así hasta repasar la tabla entera. El resultado me sorprendió; Julen -10 points que según la tabla sin sentido significa non-privileged.

Si haces tú el test, ¿qué te sale?

¿Dónde estaban los privilegios que creía tener? O, ¿por qué no se muestran mis privilegios en esa tabla? ¿Vivo en una burbuja? ¿Cómo he hecho hasta ahora para no sentirme no-privilegiado según el test? ¿Hay alguna situación (quizá política) que debiese temer que pudiese sacarme de mi burbuja? ¿Partidos políticos de extrema derecha? ¿Cómo de oprimido tienes que estar para que de verdad se muestre tu situación real en el test? ¿Quién decide los números de la lista? ¿Quién ha hecho la lista? ¿Por qué ha creado la lista? ¿Por qué he hecho el test?

La semana pasada encontré este retwitt curioso y llegado este punto no entiendo nada.

Más gracias que perdón | Julen’s Stories

El 18 de diciembre, y abriendo las puertas con 15 minutos de retraso, os presentamos la primerísima edición de la Winter Anthem Gala.

Ruth Lorenzo en la Winter Anthem Gala | Foto de Alejandra Lanoix

Se me ocurren varias situaciones en las que encaja como anillo al dedo un perdón. Una de ellas podría o debería ser el hecho de que no haya actualizado desde el pasado octubre mi estimada columna semanal autodenominada Julen’s Stories. La razón: trabajo. Y ni siquiera el mío. Esto es evidente porque fue el mes de octubre en el que junto a mi última columna publiqué el último vídeo de mi canal (ese en el que me despertaba a las 5 de la mañana durante una semana para comprobar que madrugar es muy duro y que prefiero seguir con mi alarma habitual de las 7), eso sí, con excelente recepción. Y aquí empiezan los agradecimientos.

Gracias a la gente que me ha mantenido ocupado estos últimos dos meses de mi vida porque aunque haya sido sin duda una de las etapas más duras de los 26 años que llevo vivo han sido inmensamente gratificantes y me han hecho aprender más de lo que tenía planeado.

Desde octubre he estado en París, dos veces, he montado por primera vez en helicóptero, he conocido al gato de Gomi y Neva, participé en una mesa redonda sobre el futuro de mi ciudad, estuve en Islandia y me bañe en uno de esos ríos cálidos aún estando a dos bajo cero en el exterior y no sé cómo me engañaron para organizar una gala benéfica.

Una Gala con mayúscula concebida y parida en menos de un mes. Un parto prematuro que en vez de proteger en una incubadora para asegurarnos de que el corazón latía con normalidad lo sacamos a la jungla a la vista de las panteras.

El 18 de diciembre, y abriendo las puertas con 15 minutos de retraso, os presentamos la primerísima edición de la Winter Anthem Gala. Un evento donde a través de la música quisimos celebrar el simple hecho de ser y estar y donde absolutamente todo lo recaudado a través del sistema de donaciones iría destinado a una asociación de mujeres supervivientes. Superamos la grandiosa, pero nunca suficiente, cifra de 5,700€ para colaborar con una causa tan necesaria. Gracias Ana Bella por coger el tren en Sevilla, por plantarte en nuestro escenario de Madrid y por dejarnos con la piel de gallina al hablar sobre tu asociación. Gracias a cada una de las personas del Círculo de Bellas Artes por acceder a cedernos el gigantesco Salón de Baile de la segunda planta del edificio (y a Bernardo por la inmensa paciencia), gracias Paco por saltar a los tiburones sin jaula de protección y querer financiar una parte de nuestro corazón con este proyecto, gracias Rebeca por ayudarnos a hacer historia ofreciendo un catering 100% vegetariano para casi 400 personas, gracias Ale por compartir tu sabiduría (y la cerveza fresquita), gracias Pelayo por soportar con infinita paciencia y saber estar todas mis dudas y casquetas. Paula, Alejandra, Carmen, Sam, Gomi, Neva y la interminable lista de personas que han aportado su generosidad; gracias.

Resulta que llegó un punto en el que la escaleta (un PDF con la información sobre el orden y los tiempos de absolutamente todo lo que sucedería en el escenario de la Gala) se tenía que convertir en guión para que fuese aprendido y recitado por las presentadoras de lujo que de manera desinteresada quisieron sumarse al proyecto. Este es uno de los grandes momentos en los que debería pedir perdón porque fue un servidor el que se ofreció a hacerlo y por causas ajenas a su voluntad lo terminó y entregó a una hora de dar comienzo a la Gala. Parecía que todo estaba concebido para fallar y con todo lo que podía haber salido mal, poco salió mal. Gracias Gabi y Sylvia por vuestra paciencia, profesionalidad, generosidad y grandeza, y por poner siempre vuestra mejor cara aún cuando el castillo de naipes estaba a nada de desplomarse en medio del huracán. El huracán soy yo. Gracias por hacernos el gran regalo de ser las caras visibles de la primera edición de la Gala.

Gabi y Sylvia, presentadoras de la Gala, en el photocall | Foto de Alejandra Lanoix

Un evento musical no se entiende sin música y nunca nos hubiésemos imaginado juntar semejante cartel de grandísimas artistas con un corazón más grande que la Gran Vía de Madrid que apoyase la causa con semejante involucración. No conozco manera alguna de reflejar mi agradecimiento por escrito a esas artistas que nos han hecho inmensos. Gracias Bely, Melo, Ruth, Carlos, Marina, Lucía, Gerard, Anni, Varry Brava, Ender y Gabi.

Carlos Sadness cerró la Gala para todos los asistentes | Foto de Alejandra Lanoix

Desde que el proyecto de la Gala fue aprobado tuvimos tres semanas (y ni un día más) para organizar la mayor locura en la que nunca nos hemos visto inmersos (con un viaje a Islandia de por medio y con los puentes de diciembre molestando). Han sido 21 días de trabajar desde las 7 de la mañana hasta las 12 de la noche y de despertar con pesadillas día sí y día también. Una experiencia con contenido suficiente como para hacer un reality show de lo más inhumano. Algo así como el viaje de la Compañía del Anillo al Monte del Destino en las lejanas tierras de Moria. Solo que en vez de contar con Aragorn, teníamos a Omai, en vez de a Gimli teníamos a Marifer, Paloma hacía de Legolas, Victor sería Boromir y me tomo la libertad de adjudicarme el papel de Gandalf el gris. Y siendo consciente de todo lo que hice mal, de lo que no hice bien, de lo que debí haber hecho mejor y de lo poco que me salió bien quiero dar las gracias a mi particular Compañía del Anillo por haber involucrado nuestras vidas en lo profesional y en lo personal por que esta Gala pudiese tener vida propia y llegar a emocionar como lo hizo al final. Casi 400 personas fueron testigos de lo que sucedió en directo sobre el escenario, más de 50.000 personas han visto en Youtube las dos horas de duración de Gala (entre ellos mis padres que no fueron a una cena de amigos para ir corriendo a casa y seguir en directo la emisión de Youtube), casi 8.000 personas aportaron su entusiasmo a través de Twitter convirtiéndonos en primer Trending Topic durante más de una hora con el hashtag del evento llegando a más de 13 millones de usuarios.

La Gala acabó siendo una operación a corazón abierto que terminó saliendo bien y este texto es la sutura que necesitaba y con la que me doy el alta. Y mira que se me ocurren muchas situaciones en las que encaja como anillo al dedo un “perdón” pero de un “gracias” siempre se aprende más. Así que disculpad pero gracias.

He discutido con mis amigas | Julen’s Stories

He pasado el fin de semana con mis amigas en París y hemos discutido. Y admito que me siento encantado de haber conocido a mis compañeras de discusión.

Con Izas en Le Sacre Coeur

Con poca gente discuto tanto como con ellas. Lo hacemos ininterrumpidamente todas las horas que nos permite el día. Es lo primero que hacemos nada más levantarnos y lo último que hacemos antes de dormir. Véase como excepción las horas nocturnas que pasamos durmiendo (que fueron pocas). El silencio de aquellas horas muertas lo ocupa algún ronquido incivilizado que pone las bases de lo que será la primera conversación matutina como “madre mía cómo roncáis los de allí” o “yo creo que ha sido ella porque el ronquido venía del sofá” o “ha sido Julen seguro” o “que no, creedme que ha sido ella”, y un eterno etcétera.

Hace un par de semanas llamé a mi madre para contarle que me iba de viaje a París junto a mis amigas Myri e Izas a visitar a Nerea, que desde hace un tiempo reside allí. Cuatro comunicadores que empezaron compartiendo aula en la universidad del País Vasco, para luego compartir una relación de simpatía y que terminó afianzándose a la vez que se creo de la nada e inesperadamente un grupo de WhatsApp que más tarde terminó teniendo más emojis que letras en el título y mucho futuro.

En aquella llamada mi madre me dijo: “¡Qué bien! ¡Seguro que os da tiempo hasta de discutir!” Y avanzándome a los hechos respondí: “Créeme que será lo primero que hagamos en cuanto nos veamos en el aeropuerto”. Y el aeropuerto Charles de Gaulle fue testigo de que así sucedió.

Cuando vivía con mi padre y mi madre siempre se cenaba con el telediario puesto. Bajito para que no molestase, pero puesto. Si resultaba que se presentaba alguna noticia interesante se subía el volumen del televisor para prestar la atención que se merecía. Luego se bajaba y se examinaba la noticia proponiendo argumentos a favor o en contra. Y no pocas veces nos hemos visto en la tesitura de que era la misma persona la que presentaba el argumento de favor y el de contra llevándose la contraria a si misma.

Esas situaciones me han enseñado a entender que cada uno tiene su propia opinión, su propio punto de vista, sus razones para pensar X o Y incluso en el mismo círculo social. O que muchas veces aún pensando lo mismo se puede llegar a expresarlo de manera distinta. Por eso digo que Discutir es deporte nacional en mi casa.

El río Sena atravesando París.

París fue testigo de varios temas que ocuparon nuestra estancia: la situación de la política vasca, la inmovilidad de la juventud, el periodismo en formato selfie, el trabajo precario, la distinción (o no distinción) del artista y su obra,… en algunos temas coincidíamos en opinión, en otros, como es normal, no, y en los que no tenía demasiada idea me quedaba en silencio hasta identificar qué opinión me podría representar más.

Lo que ha sido deporte nacional en el viaje a París no es apto para todos y como en todo deporte, practicarlo hace que seas mejor y más empático. ¡Y mis amigas son unas pros!

Hemos convivido 5 personas en un estudio de 40 metros, hemos probado soupe à l’oignon, hemos comido fondue hasta reventar, hemos paseado nuestros 15-20km diarios, hemos pagado 8,5€ por una Fanta de naranja, hemos sacado mil fotos diarias, hemos acompañado a que Myri comprase sus caprichos en las tiendas caras de París y nos hemos emborrachado en una fiesta privada en la que no estábamos invitados. Y todo eso acompañado de una copa de vino blanco y una buena discusión.

Sin ningún ánimo de que esto suene divertido ni gracioso a veces pienso que debería existir una asignatura en la escuela donde poner en práctica la ciencia del debate. Imagina durante un segundo cuántos problemas y cuántas peleas podríamos evitar si dos (o más) individuos fuesen capaces de proponer sus argumentos como la sociedad civilizada que decimos ser.

Podríamos decir, casi sin exagerar, que hemos pasado el fin de semana en París arreglando el mundo con nuestras discusiones. Admito que me siento encantado de haber conocido a mis compañeras de discusión.

Los amigos gays de Ana Torroja | Julen’s Stories

Torroja se ha desenmascarado a sí misma y no se me haría nada extraño si durante las siguientes semanas nos deleitase con un “¿cómo voy a ser yo homófoba si tengo amigos gays?”

Así me imagino a Ana Torroja escuchando sus canciones para ahogar el ruido de las críticas.

Cierto es que la mayoría de los que nos pronunciamos al respecto del tema de Mecano no somos nadie para meternos en semejante berenjenal, sobre todo cuando la única relación que tenemos con la música es que hace años hicimos solfeo y que, de vez en cuando, cantamos bajito en la ducha para no molestar a nuestra vecina Marta. Pero cuando lo que escuece no es la música sino el ácido corrosivo que sale de sus bocas para quemar todo lo que el ojo alcanza es de buen millenial conectarse al WiFi más cercano para afirmar y confirmar que en 2018 Mecano es irrelevante y además homófobo. 

Por si alguien ha vivido debajo de las piedras, Operación Triunfo ha prohibido que dos de sus concursantes cambiasen la palabra “mariconez” por “estupidez” en una canción original de Mecano. En realidad la primera persona en levantar el hacha de guerra fue Ana Torroja, ex-componente de este grupo y jurado del propio concurso, que más tarde se situó en segundo plano cuando el propio José María Cano, también ex-Mecano y autor de la canción, prohibió al programa hacer ningún cambio en la letra.

Tras un par de consultas con la almohada he llegado a la conclusión de que soy tradicionalista-revolucionista-antipurista-progresista. Tengo gran apego por las tradiciones y culturas (más si son las mías), creo que es nuestra obligación ir en contra del que nos pisa con sus privilegios, al igual que deberíamos ir en contra de ciertas tradiciones (por muy puras y antiguas que sean) que han terminado volviéndose en nuestra contra y por eso mi voto es progresista. 

Me temo que nunca he sido seguidor de Mecano, ni siquiera de rebote. Siempre me han dado bastante igual, aunque mi cabeza reservaba una memoria especial por haber sido referente en la música española desde bastante antes de nacer yo. Han roto tópicos, vestían curioso y han tocado con el gran Hans Zimmer. Todo correcto. Y ahora han perdido la gran oportunidad de seguir tan callados como estos últimos años… pero, ¿es el silencio intencionado? ¿Necesitaban tiempo para recuperarse de la resaca del éxito absoluto? ¿O no han tenido más opción que no hacer ruido?

Me refiero a que el ADN de Mecano está impreso con varios fraudes a la Hacienda española de la que se han hecho eco docenas de medios de comunicación todos estos años. Nacho Cano, con residencia en Miami, aparece en los Paradise Papers; José María Cano, con residencia en Inglaterra, saltó a la actualidad por la sociedad de Malta; y Ana Torroja, con residencia en México, estalló por defraudar a Hacienda siendo acusada de 5 delitos fiscales dentro de la Operación Relámpago evadiendo cerca de dos millones de euros y teniendo que pagar más adelante una multa de millón y medio de euros y una pena de cárcel de un año y nueve meses que cambió por una segunda multa económica más pequeña.

Ana Torroja en el juzgado por su fraude fiscal

Tengo una pequeña manía. Una de entre muchas docenas. Busco en Google los nombres de los artistas que no me caen en gracia junto a la palabra “Hacienda” (porque Hacienda somos todos) y siempre hay algún resultado que verifica mi acierto de no coger cariño a esos artistas. Esos mismos artistas que más adelante pedirán respeto por su obra que dice “siempre los cariñitos me han parecido una mariconez”. Razón por la que los dos concursantes pidieron a la Academia de Operación Triunfo poder cambiar esa palabra por cualquier otra que no faltase el respeto al colectivo LGTBI+. 

El mismo colectivo que en 2017 en Madrid denunció 287 agresiones, un 19,5% más que respecto al año anterior según dice el Observatorio contra la LGTBIfobia. “El porcentaje de gente que denuncia es muy pequeño, ya que seguimos creyendo que no es grave que nos insulten o que nos amenacen o incluso golpeen. Seguimos teniéndolo aceptado como lo normal. Además, tenemos muy poca confianza como colectivo LGTB en el sistema judicial, creemos que no nos van a hacer caso y lo vemos como una pérdida de tiempo en la mayoría de los casos, sin saber que así podemos conseguir perpetuarlo” dice Rubén López, miembro de la ejecutiva de Arcópoli, a El Mundo en un artículo del 5 de febrero del 2018.

Ha llegado el momento en el que o haces activismo en favor de los derechos del colectivo (véase Dani Tigrillo o Devermut en Youtube) o cierras la boca y te apartas para no entorpecer el cambio. Podemos hablar de lo avanzadas que eran (quizá) sus letras allá cuando nadie que vaya a leer este artículo había nacido pero Mecano ha envejecido regular. Son historia de España, al igual que sus canciones reflejaban la realidad que sus componentes vivían allá por la década de los 80. La vida ha cambiado, Lady Gaga sacó del armario a medio planeta con Born This Way y a algunos incluso les ha dado tiempo de abrir cuentas en paraísos fiscales. La ex-Mecano Ana Torroja creyendo que arreglaría la metida de pata con un par de twits mal escritos comparó “mariconez” con “tontería, bobada, estupidez y hasta cursilería”. En 2018. Ella realmente hizo eso. 

Torroja se ha desenmascarado a sí misma y no se me haría nada extraño si durante las siguientes semanas nos deleitase con un “¿cómo voy a ser yo homófoba si tengo amigos gays?”. Porque no es lenguaje coloquial, es homofobia. Y la homofobia no es libertad de expresión, es discriminación. Menos mal que los que opinan una cosa son el futuro y los que opinan otra son el pasado. 

Señora de Mecano y resto de personalidades que huelen a naftalina, nosotros no somos ni tontos, ni bobos y aún menos estúpidos. Somos libres, orgullosos y valientes por ir de la mano de nuestra pareja sabiendo que ese mismo gesto puede hacer que terminemos con una paliza de más en el hospital y con un policía que duda de si admitir nuestra denuncia. Hablen de lo que quieran en sus canciones pero déjennos en paz.

Así que no queda más que volver a confirmar que en 2018 Mecano es irrelevante y además homófobo.

No hay País para tanto influencer | Julen’s Stories

“Sin política ni deportes los redactores nos vamos a quedar pobres”.

Las noticias, en agosto, a veces son por rellenar

Y mira que venía con ganas de hablar de asuntos más variados pero cuando a uno le hierve la sangre significa que toca nuevo Julen´s Stories; el primero de esta segunda temporada tras unas vacaciones entre sublimes y exquisitas. Prometo que el siguiente artículo será sobre alguno de los temas que me propongáis en los comentarios de este mismo artículo o en Twitter. 

He invertido mi agosto en disfrutar de los veintipocos grados de temperatura de Donosti junto a mi familia y amigos. He ido a la playa poco pero he ido. Y más de noche que de día pero lo que cuenta es la intención. Y aunque haya intentado hacer la vista gorda varias veces ha habido un tema recurrente en medios digitales que tuve que apuntar en mi agenda para que fuese mi primer post de esta segunda temporada que empieza en septiembre.

Que “los influencers” (yo prefiero que se les llame creadores de contenido online) no son del agrado de todos es algo ya sabido. Old news, move on. Pero mientras que los chiringuitos hacen su agosto en agosto (de ahí viene la expresión), los redactores de los medios de comunicación se quedan de brazos cruzados con el Word (o Pages) abierto sin saber sobre qué escribir. “Sin tele y sin cerveza Homer pierde la cabeza” en versión periodística en agosto y con menos gracia sería algo así como “Sin política ni deportes los redactores nos vamos a quedar pobres”. Supongo que esa es la razón de que este haya visto más influencers en prensa que en la playa. 

Todo empezó con lo de “Los influencers llegan a la universidad” (visto en El País), el polémico curso que terminó siendo Trending Topic en todos los rincones de Twitter. “En breve habrá un curso de gilipoller” respondían varios miles de usuarios sin haberse leído ni el artículo ni haberse molestado en buscar el propio curso en Google para después darse cuenta de que era un curso (ni grado, ni master, simplemente un curso) adaptado a gente que trabaja en agencias de comunicación para ampliar conocimientos de moda, optimización de rrss, gestión de analytics y organización de eventos, que se imparte en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid. A esos miles de usuarios también se sumaron otros influencers como La Vecina Rubia, archiconocida por robar chistes: “ser influencer no es una profesión” decía la influencer. Será que ella también prefiere el término de “creador de contenido digital” – bien que hace – y por eso no se identifica con una de esas influencers que escribe twits y hace campañas con fabricantes de móviles. Será eso. Pero, sí, ser creador de contenido sí es un oficio.

A finales de agosto llegaba otro catastrófico titular aunque sin ningún Trending Topic que lo acompañase. “Peligros de fichar a un Influencer” decía el artículo de El País. Como ya conté en mi anterior Julen´s Stories intento no leer artículos sobre influencers pero en agosto se me ha dado regular, tirando a mal. “Las trampas en la red y la escasa regulación hacen arriesgada esta herramienta de marketing” dice el artículo. Y la verdad es que escuece cuando intentando hacer el mejor trabajo posible viene un artículo de El País a echarte esta jarra de agua fría. Dice el artículo que el 95% de empresas del estado seguirán apostando por esta forma de marketing y mientras tanto, a la par, el grupo Prisa (propietarios de El País) lanza Influtop, una plataforma para poner en contacto a Influencers con clientes. Será que quizá tan peligroso no es trabajar con creadores de contenido online y que ellos también quieren su trozo de la tarta. O quizá sea simplemente desconocimiento sobre el tema; y, en ese caso, aprovecho para extender mi mano (siempre en son de paz) a El País y ofrecer la poca sabiduría que poseo al respecto y el teclado de mi portátil para cocinar futuros artículos y, quién sabe, proyectos.

Y mira que venía con ganas de hablar de asuntos más variados pero cuando a uno le hierve la sangre significa que toca ponerse a escribir.

“El tonto del pueblo de antes no es el influencer de ahora.” Carta a Javier Molina | Julen’s Stories

Estimado señor Molina, qué cosas estarían pasando por su cabeza en aquel momento para escribir semejante texto.

 

🙂 | Foto de Adam Jang

Normalmente suelo pasar de los artículos sobre influencers. No me gusta leerlos porque siempre hablan de nosotros como si fuésemos entre el demonio y el más tonto del pueblo (y porque siempre los hacen extremadamente aburridos). Y hablando de tontos… ayer apareció en mi feed de Twitter un artículo de opinión de Javier Molina en El Confidencial. Y lo de tonto no es porque considere que él lo sea sino por el titular que utilizó para coronar su opinión: Cómo el tonto del pueblo de antes es el influencer de ahora.

Estimado señor Molina, qué cosas estarían pasando por su cabeza en aquel momento para escribir semejante texto. No es que no tenga ni pies ni cabeza (mis textos tampoco los tienen y aquí seguimos), sino que hablar de esa manera sobre un colectivo es un sinsentido. La única evidencia en la que se basa usted para llegar a esta conclusión tan poco acertada es que la pareja de las hipotecas fijas ha acumulado más de 4 millones de visitas en su polémico vídeo.

Si me guío por lo que dice su página de LinkedIn usted y yo tenemos el mismo nivel de formación. Solo que cuando usted empezó en la universidad yo aún no había nacido. Yo me gano la vida creando contenido digital en mis propios medios (uno de esos influencers autónomos) y usted se la gana, según LinkedIn, dedicándose en su propia empresa a la consulta y asesoramiento empresarial.

Señor Molina, usted y yo no somos tan distintos. Tenemos el privilegio de poder haber emprendido en ámbitos que nos apasionan y nos ganamos la vida con ello. Y eso es lo contrario a ser el más tonto del pueblo. Y si algo me han enseñado en la carrera de periodismo es que hay que demostrar lo que se dice con pruebas válidas y que no hay que generalizar en ningún caso.

El tonto del pueblo de antes no es el influencer de ahora. Habrá algún creador de contenido digital que no nos caiga en gracia y hay los que tienen menos discurso que un Vine, pero no lo son todos. Deje usted de manchar la imagen de los que nos dedicamos a internet. La gran mayoría de nosotros intentamos evitar esa palabra por la connotación negativa que le ha dado algún sector retrógrado de la prensa que aún en 2018 no entiende a qué nos dedicamos o que se niega a aceptar que sus cifras son inferiores de las de algún creador digital. Y dejen ustedes de ser clasistas y de pensar que un mensaje transmitido en texto es más valioso que uno que se transmite en formato audiovisual alojado en una plataforma de vídeos online. Porque eso es ser clasista y rancio. Que consumamos Youtube no significa que seamos analfabetos de las letras. Si piensa que en Youtube solo hay vídeos de gatos y como los de la hipoteca fija es que quizá sea usted el que use la plataforma para eso.

Si acepta recomendaciones visite el canal de VisualPolitik para aprender, por ejemplo, que aunque hace 35 años España y Singapur tuviesen la misma renta per cápita, a día de hoy la ciudad-estado duplica a la de la española y que en estos momentos tienen el mejor sistema sanitario del mundo costando prácticamente la mitad del español. ¿Cómo es posible? Tiene usted la respuesta a un click en Youtube.

O dele usted una oportunidad a Jaime Altozano para aprender, por ejemplo, que en El Señor de los Anillos la escala de la banda sonora que acompaña a la historia de los Hobbits es una escala mayor y que es una armonía funcional muy común en occidente desde la época de Mozart o Beethoven. Es la armonía que nos acompaña con casi todas las canciones que suenan en la radio porque es con la que más cómodos nos sentimos los occidentales y por esa misma razón La Comarca nos suena a casa y a zona de confort. Este vídeo en concreto del canal de Jaime Altozano acumula más de un millón de reproducciones y en dos años su canal ha obtenido 22 millones de visitas. O visite el canal de Ter para aprender sobre la innovadora estructura del Wanda Metropolitano o sobre la iconografía religiosa de la MET gala inspiradas desde Bizancio hasta las procesiones del siglo XX.

Estimado Señor Molina, deles usted una oportunidad porque seguro que disfrutará. Y si lo hace, mándenos usted una señal por alguna vía que no sea un nuevo artículo porque normalmente suelo pasar de los artículos sobre influencers.

¿Cuánto dinero tengo en el banco? | Julen’s Stories

La pregunta del millón, literalmente.

 

¿Cuánto dinero tengo?

Me siento cómodo con lo que tengo en el banco. No es ni mucho ni poco. Es justo lo que me merezco a cambio del trabajo de dos años y medio. Pero no tengo pensado revelarlo.

Eso sí, buscando información para escribir este artículo me he encontrado con que son muchas las webs que han hablado del programa de El Hormiguero donde David Broncano (La Resistencia, Movistar+) confesaba a Pablo Motos tener más de 500.000€ en el banco. Momento histórico.

Hace unas semanas leía en Twitter un hilo que decía que en los países latinos el dinero es un tema tabú y que muy rara vez se habla de sueldos. Y va a ser que es verdad. Nos da cierto pánico hablar de lo que tenemos en el banco.

La primera vez que vi a Broncano preguntar por dinero a un entrevistado me llevé las manos a la cabeza. Es una pregunta que se ha hecho mucho a youtubers y siempre se ha demonizado al periodista en cuestión por atreverse con semejante estupidez porque hasta ahora lo único que se buscaba con eso era echar leña a eso de “los youtubers viven del cuento”. A la pregunta de Broncano, por ejemplo, Javier Coronas respondía con una retahíla de “a ti qué cojones te importa” o “la estás cagando, tío”. Así que veo que no soy el único que se incomoda (o incomodaba) con cierto tema tabú.

David Broncano en El Hormiguero

Si tienes poco “eres un pringado porque no te haces valer en el trabajo” y si tienes mucho te conviertes en “odiado” por pura envidia. Así que sea como sea, si desvelas tu cuenta corriente, vas a quedar mal.

Para mi sorpresa, mucha de la gente que ha pasado por La Resistencia ha respondido: Berto Romero tiene más de 50.000€ en el banco. C. Tangana 40.000€. Una de mis grandes favoritas, Ingrid García Jonsson 10.000€. Amarna Miller 15.000€. Angy Fernandez un poco más de 12.000€. Y la persona que se corona como Sugardaddy oficial es Antonio Resines con más de 10 millones de euros. Y para mi sorpresa la pregunta iba con respeto y cierta admiración por los propios entrevistados.

Desde 2016 (que es cuando me hice autónomo y empecé a mover facturas) me han hecho la pregunta 3 veces contadas. Pero es que tampoco es que me hayan entrevistado muchas más veces así que el porcentaje termina saliendo bastante alto. Y estoy seguro de que de haber respondido a la gran incógnita se hubiese usado el dato en mi contra por puro morbo.

Si aún no ha quedado claro, trabajo subiendo contenido audiovisual a mis cuentas y cediendo mi imagen en determinados sitios, sí, eso es trabajo y sí, cobro por mi trabajo. Iba a continuar con un par de frases donde compartía parte de mi curriculum para justificar los cobros y me he dado cuenta de que era mi manera de excusarme por ganar mi sueldo, aunque me temo que por lo menos hoy no seré yo quien responda a la gran pregunta. Si me lo preguntara Broncano ya sería otra cosa.

A la que sí se lo contaba todo era a mi abuela. Que tampoco es que entendiese del todo a lo que me dedico pero se alegraba con cada nuevo trabajo que me entraba. Eso sí, a espaldas de mi madre de vez en cuando me daba una “pequeña ayuda para ir a tomar un bocadillo” con mis amigos. Que de “pequeña ayuda” tenía bastante poco porque eso daba para invitar a cenar a dos o tres. Y al que mantengo informado, sin especificar cifras porque no me las pregunta, es a mi abuelo que de vez en cuando colabora con un paquete de magdalenas para que comparta con mis compañeros de piso. No nos merecemos a nuestras abuelas y abuelos.

Diferencio mucho la vida online y offline, y tengo muchísimo más cuidado con lo que digo cuando estoy conectado que cuando estoy entre amigos o familia. Quizá por el miedo a que lo que diga se quede grabado para la eternidad. O quizá es porque nunca me lo han preguntado con respeto ni admiración. Pero me siento cómodo con lo que tengo en el banco. Porque es justo lo que me merezco.

El fútbol me duele | Julen’s Stories

Aunque lo de 22 personas corriendo detrás de una cosa redonda me parece correcto.

 

Estos días se disputa el Mundial de fútbol.

El fútbol no me disgusta. Lo de 22 personas corriendo detrás de una cosa redonda me parece correcto. Yo lo practiqué hasta los 17 y tuve 3 entrenadores con los que aprendí y disfruté mucho (y eso en mi tiene mucho mérito). Gracias Álvaro, Mikel y Tito, y gracias a mis padres (mis entrenadores de vida) por enseñarme que el resultado es lo último. Pero con los años he ido aprendiendo que muchísimas cosas que he visto (y desgraciadamente hecho) están mal. Tan mal que si dependiese de mi hubiese suspendido partidos, multado aficiones, expulsado seguidores y prohibido emitir esos partidos en televisión. Eso para empezar. 

Acabo de preguntar a mi padre la edad en la que empezamos a ir al campo de fútbol de Anoeta, en Donostia, a ver a la Real Sociedad de fútbol. Dice que cuando yo tenía entre 6 y 8 años. Todos mis amigos coleccionaban cromos de la liga y se sabían absolutamente todos los nombres y puestos de memoria porque los niños son esponjas que se dedican a absorber información a jornada completa. 

Esos mismos niños éramos los que cuando venía el Real Madrid a Anoeta veíamos y escuchábamos a más de 15.000 personas corear “Guti, Guti, Guti maricón” o en ocasiones más especiales “Guti, cabrón, hijo de puta, maricón”. No tengo ni idea de quién es Guti, el número de su camiseta, el puesto en el que jugaba o ni siquiera si sigue en activo y aún menos su vida sexual. Pero 15.000 personas me enseñaron cada fin de semana que insultar al contrincante está bien y que al parecer no hay nada peor que ser maricón. Imagínate si apetece salir del armario en ese ambiente. Y si resultaba que el tono de piel del futbolista en cuestión era más oscura que la de Guti el cántico cambiaba a “puto mono vuelve a tu país” y un largo etcétera.

Cuando vives esas situaciones en primera persona aprendes que los valores que te han enseñado hasta el momento hay que desecharlos porque claramente eres minoría. Eso de ser buena persona, respetar a los demás, a que lo importante es pasárselo bien… es todo mentira. Y que el lunes a la hora del recreo toca imitar todo lo que has aprendido en el estadio: las chicas no tienen voz ni voto, solo mereces respeto si tu piel es tan clara como la mía, no sabemos qué significa maricón pero claramente es algo horrible así que no lo seas, solo juegan los buenos porque a toda costa solo importan las victorias… Y por esa regla de tres unos pocos años más tarde yo estaba desconvocado en dos de cada tres partidos y en el afortunado caso de estar convocado terminaba jugando los últimos 15 minutos en un puesto que no molestase demasiado. Así hasta los 17 cuando te hartas de tanta tontería y terminas cambiándolo por partidos de tenis los lunes y miércoles con tu padre porque en el instituto no existían más extraescolares que el deporte rey. Otro rey (en miniatura) que tampoco me representa. 

A mi personalmente me molesta y me cabrea ver año tras año en la prensa al Ministro de Economía amenazar a los pequeños autónomos que trabajamos creando contenido en internet como si de sanguijuelas se tratase mientras que por detrás de las cortinas sonríen a quienes roban millones y más millones. ¿Te imaginas que solo sancionan a futbolistas ladrones cuando la prensa filtra esa noticia y se ven acorralados? ¿Te imaginas que es el propio Gobierno el primero en beneficiarse de la gran cortina de humo que supone el fútbol? ¿Y que es el propio gobierno el que perdona a esos ídolos de masas para que sigan jugando y haciendo más y más teatro en los estadios? ¿Sabes quién dijo Pan y Circo? 

Dirán lo que quieran porque ellos son el poder y aquí se viene a hacer caja pero ningún otro evento suscita más la violencia que los propios partidos de fútbol. Contenedores quemados, sillas de las terrazas volando, cristales rotos, coches destrozados, alguna nariz rota y sobre todo miedo en el barrio. Y eso cada semana. Y sin urnas ni lazos amarillos. Pero abanderados con camisetas de fútbol. 

Y duele porque lo de 22 personas corriendo detrás de una cosa redonda me parece correcto. Y en su día, de alguna manera, yo lo llegué a disfrutar.

La crisis de los 30 (pero teniendo 26) | Julen’s Stories

Un chico por Instagram me propuso ser su Sugar Daddy.

 

Tampoco he cambiado tanto.

En realidad la crisis de los 30 empieza a los 26 y nadie me lo había contado. Desde siempre he sido uno de esos viejóvenes (pero con orgullo). Yo en vez de salir de fiesta veía Doctor Mateo con mi madre, iba al cine con mi padre a ver Avatar y similares, no bebí cerveza hasta los 21 y escuchaba a Enya en vez de reggaeton. (Buscad la playlist Árbol Místico en Spotify y sed yo).

Resulta que mi madre rompió aguas encima del ginecólogo en una revisión. Literalmente. Encima. Desconozco si el estimado doctor ha vuelto a usar de nuevo los zapatos que llevaba aquel día o si terminaron en el contenedor. Me adelanté un mes poniéndome la medalla de ochomesino, cosa que en parte me da rabia pero no tanto. Tiene algo exótico nacer en verano pero, cuando cumples años en esa época, tienes una alta probabilidad de que la mitad de tus amigos no se acuerden de que es tu día y de que la otra mitad estén de vacaciones en Tailandia.

Nacer el 18 de junio significa que para esa época ya has terminado los exámenes, que hace buen tiempo para ser bendecido con unos tintos de verano en alguna terraza con sombra y que la declaración de la renta te sale a devolver porque has ganado menos de lo que te imaginabas. Así que con lo que te devuelven, invitas a la ronda de la terraza “¡A ésta invita Hacienda!”.

A las 23:59 eres joven y a las 00:00 te meten en el mismo saco que los de 35. Lo más duro ha sido ver que te quitan el abono transporte en cuanto cumples 26 y te toca pagar como si tuvieses sueldo de ministro. En realidad nunca llegué a pedir el abono transporte porque me suponía más esfuerzo que beneficio pero por lo menos podía pedirla. Ahora ya ni eso. Y yo porque he envejecido muy pronto y mi banco me dio una Visa de Autónomo hace meses, jubilando mi tarjeta “Joven26”, porque me hubiesen quitado esa también.

Pero lo peor de lo peor no es eso. Yo cuando tenía 19 años me agachaba a recoger una moneda y me salían abdominales nuevos como si de champiñones se tratase, y ahora cada vez que salgo de la ducha me miro en el espejo y pienso “qué lástima”.

Y algo que no superaré nunca es que una octogenaria con su nieto de la mano me llamase señor. No recuero el día ni el lugar, solo recuerdo que era un ascensor y que yo también iba acompañado. Se abrieron las puertas al llegar a nuestro destino y escuché: “Deja primero que salga el señor”. Casi, casi deseé que las puertas del ascensor pillasen a la señora y la cortasen por la mitad, pero en vez de eso le sonreí amablemente, porque uno no tiene maldad y la señora tenía pinta de ser una de esas abuelas divertidas que van a clases de magia los miércoles de 7 a 9 para luego dejar boquiabiertos al nieto.

Y la guinda del pastel se la lleva el mensaje de un chico por Instagram proponiéndome ser su sugar daddy. Llega a ver mi declaración de la renta y en vez decirme eso me hace una donación. Estoy seguro. Al igual que estoy seguro de que los 40 son los nuevos 30 y de que en realidad la crisis de los 30 empieza a los 26.

Influencers y la II Guerra Mundial | Julen’s Stories

Os dije que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo con esta columna y parece que me he propuesto demostrarlo con los siguientes párrafos.

Nunca he sido popular y, por tanto, la influencia que haya podido ejercer hacia los demás ha sido bastante limitada. Digamos que nula. Aunque he de decir que he tenido la suerte de haber nacido con “cara de bueno” como dice mi madre y eso sí que ha ido acompañado de alguna ventaja. Vamos, que me sé vender bien. Pero eso es otro tema. 

Sin embargo ahora me encuentro con que en la prensa, y por lo tanto en la calle, recurrentemente a la gente que producimos contenido digital se nos llama influencers. 

Os dije que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo con esta columna y parece que me he propuesto demostrarlo con los siguientes párrafos.

Matt Damon y Tom Hanks en “Saving Private Ryan”, 1998

El seis de junio se cumplieron 74 años de aquel Día D de 1944. Francia estaba invadida por los alemanes con Adolf Hitler al mando del Eje, “la victoria más famosa de la historia” dijo él al llegar a la capital francesa. Los Aliados, en su afán de recuperar el terreno que ahora pertenecía a Hitler, dar un paso adelante y caminar hacia la victoria de la Segunda Guerra Mundial, planearon el Desembarco de Normandía para aquel Día D. Consistía en una movilización masiva donde más de 160.000 soldados repartidos en 5.000 barcos y 1.200 aeronaves se trasladarían del Reino Unido hasta la costa francesa de Normandía para liberar a la Europa occidental del enemigo.

Fue el principio del fin de la Segunda Guerra Mundial. El 25 de abril del año 1945 las tropas soviéticas y estadounidenses se encontraron en Alemania por primera vez tras meses de avance por extremos opuestos. Cinco días más tarde Adolf Hitler se suicidó en su búnker para evitar ser capturado por las tropas soviéticas. La Alemania Nazi firmó la rendición a las 22:43 del 8 de mayo, 00:43 del 9 de mayo hora de Moscú. 

He intentado resumir (con dudoso éxito) miles y miles de páginas de historia en 2 párrafos para poder hacer una pregunta. ¿Quién ganó la Segunda Guerra Mundial? Los aliados. Sí. ¿Pero quién?

Se formuló esa misma pregunta en Francia en 2015 y más de la mitad de los encuestados aseguró que Estados Unidos fue la ganadora. Sin embargo cuando se hizo la pregunta nada más terminar la guerra en 1945 el 57% dijo que fue la Unión Soviética la ganadora. 

En un interesantísimo artículo en la web de El Orden Mundial (esa página a la que hubiese echado mi curriculum si no fuese Youtuber) Fernando Arancón explica cómo Estados Unidos puso en marcha la maquinaria del cine para producir historias en las que el peso de la victoria recayese en la Great America. Y les fue tan bien que a día de hoy casi toda la población (incluidos tú y yo) piensa que así fue. Arancón dice que la percepción que se vive a través de las pantallas aún dista mucho de la realidad histórica vivida. Advertencia que sirve tanto para las masas que iban de camino al cine en los locos años 60 como para las masas que esperan con ansia un like en los (también locos) años 2018. La historia la escribe el vencedor, o en su defecto el que tenga más followers, hubiese dicho Churchill si aún viviese. 

Si me permitís un par de consejos (que me sirven también a mi porque de vez en cuando lo olvido); la información es poder y se comercializa con ella. Siempre habrá interesados en que nos llegue una información y habrá interesados en esconder otra información. Aprendamos a dudar, comparar y valorar. Ya lo dijo Crystal Fighters en una de sus canciones: I try not to believe everything I hear, everything I see.

Nunca he sido popular y digamos que mi influencia es bastante limitada (casi nula) y sin embargo aquí estoy yo intentando dar consejos. Sigo sin tener ni idea de lo que estoy haciendo con esta columna y se me ha dado bien demostrarlo.