Reseña de Frozen 2: ¿Una buena secuela?

¡Sin spoilers! (Solo los justos para poder hablar de la película, lo prometo)

Elsa y Anna vuelven a ser protagonistas indiscutibles de la secuela.

Este día 22 de noviembre de 2019 llega la esperada secuela del gran éxito de Disney, Frozen 2. Con una canción que marcaría toda una generación, “Let It Go” (“Suéltalo” en castellano) sería el nuevo himno de Disney. Frozen 2 tenía el listón muy alto para hacer frente a su anterior éxito. La pregunta es: ¿lo han conseguido?

En Frozen podemos ver el increíble vínculo entre las hermanas Elsa y Anna, y en esta secuela lo reafirman. Las dos hermanas han rehecho su vida, pero Anna sigue muy pendiente de Elsa para asegurarse de que no va a perderla otra vez. Cualquiera diría que debería estar menos paranoica, pero Elsa le da razones para sospechar: en los primeros momentos de la película podemos observar que Elsa oye una voz que la llama, pero decide ocultárselo a Anna “para no estropearlo todo”.

Elsa preocupada por la voz que escucha | Disney

En esta película se trata la gran pregunta: ¿de dónde vienen los poderes de Elsa? La ciudad de Arendelle está en peligro, y las dos hermanas deciden emprender un viaje para salvar su hogar, sin saber que descubrirían mucho más de su pasado. Kristoff, Sven y Olaf se unen a la aventura, por supuesto.

Como siempre, exploremos las cosas que me han gustado y las que no. Empecemos por las buenas:

La banda sonora, otra vez un sobresaliente. Las canciones están bien repartidas y tienen un gran poder y presencia en la película. Son muy potentes, muy pegadizas, y sales con ganas de volver a escucharlas. No sé si llegarán a ser tan populares como “Let It Go”, pero “Show Yourself” e “Into the Unknown” tienen un huequito en mi corazón.

Olaf. Nunca pensé que diría esto, pero Olaf me ha encantado en esta película. Yo era de esas que odiaban el personaje, he de admitir. No me caía bien, y el corto de 20 minutos antes de Coco sobre Olaf me perseguía en mis peores pesadillas. Pero en esta película Disney ha hecho autocrítica y esta vez el personaje hace gracia. Gracia de verdad, no solo para vender un peluche y sacar risas a los niños de dos años. Ojo a Olaf, que está muy bien en Frozen 2.

¡El humor! Otro indicativo de que Disney ha hecho autocrítica es que se ríen de ellos mismos, y toda la sala de cine parecía estar de acuerdo. La película es muy divertida y fue algo que me sorprendió gratamente porque no lo esperaba.

Pasemos a lo que no me ha gustado.

El guion, como Frozen, flojea. Tienen una buena -buenísima- historia para contar y, sin embargo, no lo hacen bien. Todo está muy apresurado, como si tuvieran prisa. Se saltan la primera norma de guion: enseña, ¡no cuentes! Durante toda la película tenemos a Anna o a Olaf comentando lo que está pasando, y llevándonos de la mano para asegurarse de que lo hemos entendido todo. Es como Christopher Nolan pero versión infantil. Y Anna también sabe siempre qué hacer, casi sin pistas y sin contexto. Podemos tener a Ruth Lorenzo encerrada en una escape room durante 24 horas pero Anna de Frozen sabe en 30 segundos cómo resolver todo obstáculo que se le pone por delante.

Toda la película se basa en un concepto que es mentira: que el agua tiene memoria. Además de ser falso, es peligroso soltar este tipo de enunciados como verdaderos en una película para niños porque este es el principio en el que se basa la explicación de las propiedades curativas de la homeopatía.

¡Y hasta aquí puedo contaros! Han pasado seis años desde Frozen, pero sin duda es una película que merece la pena ir a ver. ¿Quién más tiene ganas?

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