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Esta es la terapia que va a revolucionar el tratamiento de la leucemia

El tratamiento más innovador contra la leucemia ya está en España.

Ilustración de linfocitos-T atacando células cancerígenas.

“España es líder europeo en la incorporación de las terapias celulares CAR-T en el Sistema Nacional de Salud gracias a que hemos partido de la investigación pública y esto nos da capacidad de negociación” ha sentenciado la ministra de sanidad María Luisa Carcedo en el foro de la OCDE en París esta semana.

Para muchos de los que leáis estas líneas, las terapias CAR-T no os sonarán de nada dado que son pocos los portales de noticias que se han hecho eco de ellas, pero son el futuro para el tratamiento de muchos tumores hemotológicos y esconden una historia detrás de persistencia, de poner en valor la investigación básica y de la necesidad de apostar por una inversión mayor en ciencia.

Los linfocitos T son un subtipo de células del sistema inmune que se enfrentan a las amenazas para las que no teníamos registro previo (la llamada inmunidad adquirida). Estas células se ha visto que tienen un gran potencial matando células tumorales, por lo que resultan de gran interés desde el punto de vista terapéutico. Sin embargo, los tumores tienen mecanismos para agotar e inactivar nuestros linfocitos T cuando comienzan a crecer.

La idea que plantea la terapia CAR-T es modificar fuera del cuerpo nuestros linfocitos T para que puedan reconocer los tumores y los ataquen eliminándolos de nuestro organismo. La modificación que se realiza es sobre los receptores que tienen para reconocer las sustancias que tienen en la superficie las células tumorales, llamados antígenos de superficie. Los receptores modificados para reconocer los antígenos de superficie se conocen como receptores antigénicos quiméricos o CAR, y las células que los llevan CAR-T.

Para obtener nuestras CAR-T debemos extraer sangre al paciente y aislar de esa sangre la fracción de linfocitos T. Estos linfocitos luego serán modificados genéticamente para que integren en su ADN el gen que codifica para el CAR. Después, se hacen crecer las CAR-T y se inyectan de nuevo al paciente para acabar con las células tumorales. Sin embargo, un proceso que parece tan sencillo tardó mucho en desarrollarse al completo y en tener el foco de interés necesario como para empezar a curar a los pacientes.

La primera vez que se generaró CAR-T fue en 1993 por el doctor Zelig Eishhar, inmunólogo del Instituto Weizmann, pero no fue hasta el año 2012 cuando la terapia con CAR-T adquirió la relevancia y la atención que hoy en día ha derivado en la comercialización del primer medicamento basado en este tipo de células recombinantes.

El caso de Emily Whitehead supuso un antes y un después en la investigación con CAR-T. En 2010 se le diagnosticó una leucemia linfoblástica aguda (LLA) que no cursó como se esperaba. Su caso, particularmente grave por el fracaso de la quimioterapia convencional, hizo que sus padres contactaran con el grupo de Hospital Infantil de Pennsylvania que investigaba con un tipo de CAR-T cuya finalidad era acabar con los tumores. 

El doctor Carl June era el responsable de este equipo cuya misión inicial era generar linfocitos T para acabar con el VIH. Una misión que se redirigió hacia el cáncer tras la muerte de su esposa en 1996 por cáncer de ovarios. La tecnología que desarrollaron a posteriori fue empleada unas pocas veces y dio resultados prometedores en adultos, pero nunca había sido usada en niños. Además, la falta de financiación hacía muy difícil desarrollar un ensayo clínico. June afirmó que el camino había sido tan duro que pensó en dejarlo más de una vez. No obstante, Novartis acabó ayudando a realizar un ensayo clínico en adultos.

Emily fue tratada con las CAR-T a pesar de los riesgos que podía entrañar aplicar esa terapia a un niño y con todos los efectos tóxicos sin conocerse. Cuando recibió la tercera dosis, Emily cursó fiebre y dificultad respiratoria, un efecto ya visto en el ensayo que Novartis estaba desarrollando y que se debía a la liberación masiva de citoquinas (un tipo de sustancias proinflamatorias). El efecto era autolimitado en pacientes sanos, pero Emily estaba muy débil. El equipo médico decidió intervenir aplicando un medicamento contra la citoquina que estaba elevada con el fin de no afectar a los linfocitos T y no atacar a las CAR-T. La estrategia hizo efecto en unas horas y Emily se recuperó. 

En 2012, cuando Emily cumplió 7 años, se vio que la LLA había remitido y los resultados fueron el impulso que necesitaba la investigación en este tipo de terapia y que ha desembocado en la aprobación por parte de la FDA del Tisagenlecleucel de Novartis. 

En nuestro país, son 24 los hospitales candidatos a acoger y desarrollar esta terapia y Andalucía, Cataluña y Madrid las comunidades autónomas donde más centros propuestos hay. La idea es que poco a poco exista en toda la geografía nacional y se puedan beneficiar de ella pacientes infantiles y adultos con leucemia linfoblástica aguda o linfoma de tipo B, que deberán cumplir una serie de criterios para que la terapia tenga el menor riesgo y la mayor efectividad posibles.

Te están mintiendo sobre el nuevo descubrimiento de Jack el Destripador

Un nuevo estudio asegura haber revelado por fin por fin la auténtica identidad de Jack el Destripador, pero ¿hasta qué punto es real?

Descubrimiento de una víctima de Jack el Destripador en Whitechapel, London, ilustración de “Le Journal Illustre” (13 Febrero 1891)

Jack el Destripador es ya casi un ser de la mitología inglesa. El asesino del siglo XIX acabó con la vida de al menos cinco mujeres en el barrio de Whitechapel de Londres.

No es la primera vez que se “descubre” la identidad de Jack el Destripador. En 2014 Russel Edwards publicaba en el Daily Mail que había averiguado la identidad del asesino gracias a una técnica de ADN muy avanzada. Según Edwards, el asesino sería uno de los sospechosos de la época: el barbero polaco Aaron Kominski, de 23 años, que vivía cerca de donde se cometieron los asesinatos. La policía no encontró pruebas concluyentes que lo relacionaran con las víctimas.

Russel Edwards no era ningún investigador, sino un hombre de negocios y escritor que habría contratado al biólogo forense Jari Louhelainen para investigar un chal que había pertenecido a Catherine Eddowes, una de las víctimas. El chal lo habría adquirido Edwards en 2007, en una subasta.

Todo olía un poco a chamusquina porque Edwards iba a publicar justamente un libro llamado “Naming The Ripper“, un libro que aseguraba que Edwards era “el único en posesión de una prueba física y real relacionada con los crímenes de 1888 de Jack el Destripador”. Este artículo del Daily Mail, que es un periódico conocido por ser sensacionalista no transmitía mucha confianza. La investigación no fue contrastada por alguien ajeno a la misma, ni había sido previamente publicada en ninguna revista científica. Todo indicaba que era una estrategia de marketing para vender el libro.

Ahora, en marzo de 2019 otro estudio ha intentado confirmar la identidad de Aaron Kominski como el asesino conocido como Jack el Destripador. Esta vez el estudio ha sido publicado en Journal of Forensic Sciences. Sin embargo, el objeto investigado es el mismo (el chal que supuestamente perteneció a Catherine Eddowes) y el investigador es también el mismo: Louhelainen, esta vez acompañado por el biólogo David Miller. Este artículo no ha sido bien recibido en la comunidad científica.

Nadie se explica cómo este artículo ha pasado los filtros para ser publicado: la procedencia del chal es muy cuestionable y no ha sido tratado de la manera adecuada para conservar posible ADN. Adam Rutherford, genetista, asegura que no se han tomado precauciones a la hora de manipular el chal.

La famosa arqueóloga Turi King tuiteaba lo siguiente: “No se listan las imprimaciones, no presenta datos, no se realizó en un laboratorio forense de ADN como es debido...”.

No sabemos si es una obsesión u otra estrategia de marketing, pero la comunidad científica parece coincidir en que esta investigación no lleva a ninguna parte y que no ha de ser tomada en serio.

Mujeres en la ciencia: María Blasco

Gracias al trabajo de la Dra. Blasco, estamos más cerca de parar al cáncer.

La doctora María Blasco.

Cuando la Dra. Blasco se acerca al micrófono, toda el aula magna enmudece y espera con ansia lo que ha venido a contar. Imagino que, allá donde vaya, la reacción se repite una y otra vez.

Este artículo va a ser un poco diferente del anterior porque hablamos de una personalidad excepcional en el campo de las ciencias biomédicas españolas e internacionales, y que he tenido el placer de ver hablando de su investigación en dos ocasiones. María Blasco, originaria de Alicante, es licenciada en Biología por la Universidad Autónoma de Madrid y Doctora en Bioquímica por la misma casa.

Realizó su tesis bajo la dirección de la Dra. Margarita Salas (que próximamente tendrá un artículo dedicado a su figura) y su investigación postdoctoral en el laboratorio de la Dra. Carol Greider (Premio Nobel de Medicina y Fisiología 2009) en Nueva York. Ha ganado numerosos premios entre los que destacan el Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal o el Premio Jaime I de Investigación Básica.

Su currículum, extenso y lleno de publicaciones de gran nivel, se ve coronado por el puesto que ocupa en la actualidad, el de directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). En el año 2011 sucedió al Dr. Mariano Barbacid en el puesto y tuvo que hacer frente a los peores años de la crisis económica.

El cáncer es una de las grandes causas de mortalidad en la actualidad. | Foto de MedicalNewsToday

La ciencia, especialmente en España, no se ve dotada de grandes recursos económicos y, aunque el CNIO es de los centros que más financiación pública y privada recibe, sigue siendo inferior al de otros centros europeos comparables. Durante los primeros años de su dirección, el CNIO tenía que hacer frente a la deuda acumulada en la etapa previa y se encontró con más de una encrucijada. Las duras decisiones tomadas durante este periodo evitaron la hecatombe en el centro y permitieron que continuase con su investigación de gran nivel.

María Blasco se puede atribuir el mérito de abrir el CNIO al resto de la sociedad por medio de programas de divulgación y de promoción de la investigación como CNIO & The City, Amigos del CNIO o CNIO Arte. También puso en marcha la Oficina de la Mujer en la Ciencia del CNIO en el año 2012, desde la cual se organizan actos y conferencias para poner en relieve el papel de las investigadoras del centro y promoviendo la toma de conciencia de aspectos fundamentales como la igualdad de oportunidades en la ciencia.

Aunque en centros como el CNIO las mujeres son mayoría, la presencia de ellas en puestos de responsabilidad como la dirección de grupos o de centros es mucho menor, por lo que la labor de grupos de trabajo como la Oficina de la Mujer es clave. Su último logro en la dirección del centro ha sido colocarlo en el primer puesto, según la revista Nature, de centros de investigación de cáncer en Europa.

Centrándonos ahora en su labor científica, podemos decir que su investigación se resume con la siguiente palabra: telómeros. La Dra. Blasco es conocida por el estudio de los telómeros en los procesos oncológicos y en el envejecimiento, liderando el grupo de Telómeros y Telomerasa del CNIO.

¿Qué son los telómeros?

Los telómeros son las zonas terminales de nuestros cromosomas. Están constituidas por ADN y proteínas y su función es proteger el resto del genoma de la posible inestabilidad que pueda sufrir. A medida que envejecemos, nuestros telómeros van perdiendo materia y se acortan. Si lo comparamos con un árbol, del mismo modo que con los años aumentan los anillos de su tronco, los telómeros se reducen. Solo aquellas células que se dividen indefinidamente (células madre) evitan este acortamiento mediante otra proteína que se llama telomerasa. La telomerasa alarga los telómeros evitando ese acortamiento asociado al envejecimiento. En una célula normal, la telomerasa está inactiva y los telómeros se acortan hasta que desaparecen, comenzando el proceso de muerte celular.

¿Cómo se relacionan con el cáncer?

Aunque esta pregunta es mucho más compleja de lo que a continuación voy a decir, podríamos resumir todo el proceso de la siguiente forma. Una célula tumoral es una célula que pierde el norte. Si el ciclo vital de la célula es crecer, reproducirse y morir, las células tumorales “deciden” que, en vez de morir, siguen reproduciéndose alegremente. El resultado es que estas células dejan de ser normales y pasan a ser tumorales, creciendo sin límite y “convenciendo” al resto de células que hay alrededor de apoyar este cambio de vida. Obviamente todos sabemos que esto no es muy bueno para el organismo.

En el caso de estas células que pasan a ser tumorales, los telómeros, que deberían acortarse cada vez más, rejuvenecen. La telomerasa, que está inactiva (al no ser una célula madre), se reactiva y permite que la célula cancerosa no envejezca y pueda seguir dividiéndose a su libre antojo.

El grupo de María Blasco estudia este proceso en cáncer para ver cómo atacando a la telomerasa, se puede evitar que regenere los telómeros y siga la progresión tumoral. Además, existen una serie de enfermedades donde los telómeros vienen acortados “de serie”. Se llaman síndromes teloméricos y el más conocido es la fibrosis pulmonar. A día de hoy son enfermedades que no tienen cura y que, al final, acaban con un trasplante del órgano dañado como única solución.

Aquí es donde el grupo de la Dra. Blasco trabaja con la estrategia contraria: reactivar la telomerasa temporalmente para regenerar los telómeros de esas células defectuosas y devolverlas a un estado normal que no produzca enfermedad.

Muchas de estas tácticas se van a llevar dentro de poco a ensayos clínicos y es donde todo el esfuerzo de los investigadores básicos se ve recompensado. En el CNIO se trabaja día a día para acabar con el cáncer. María Blasco dice que “hemos avanzado mucho, pero tenemos que seguir investigando. La única manera de acabar con la mayor parte de los tumores adultos es evitar que se formen, y eso implica entender bien el proceso”.

Gracias a líderes como ella, la investigación se abre a la sociedad e inspira a miles de personas a seguir ese camino que desembocará en nuevos tratamientos que faciliten la vida a los pacientes y a una mejor comprensión de algo tan complejo como es el cáncer.

La Dra. María Blasco al inicio de una conferencia sobre el papel de los telómeros en cáncer y envejecimiento en la Universidad Francisco de Vitoria.

Oil Pulling: La moda que no debe llegar

Las pseudoterapias emergen hasta de debajo de las piedras o, en este caso, del armario de los condimentos.

Hace no mucho, mientras me quedaba hipnotizado en ese rito casi ameboide que es deslizarse por la sección de búsqueda de Instagram, descubrí un vídeo que me dio entre risa y pavor. La miniatura era un dibujo del cuerpo humano y a los lados había escritas cosas. Como me saltan bastantes sugerencias de publicaciones relacionadas con temas de salud y ciencia, decidí ampliar dicha miniatura con toda la inocencia y la curiosidad posible. Sin embargo, me encontré con un influencer descamisado haciendo enjuagues.

Lo primero que me saltó a la mente fue qué necesidad hay de quitarse la parte de arriba para lavarte los dientes, pero dado que entre enjuague y enjuague hablaba, decidí escuchar lo que me tenía que decir el vídeo, dado que en algún momento aparecería la referencia a la miniatura que había visto. Según seguía su interrumpido discurso, mis emociones sufrieron cambios bastante drásticos. Pasé del asombro, a la extrañeza, después a la risa y acabé en un medio cabreo mezclado con indignación… ¡y todo ello en poco más de un minuto!

En ese momento me dije que tenía que escribir sobre ello en Omglobalnews.

Así que aquí estoy, presentándoos, para aquellos que no lo conozcáis, el ‘oil pulling’ o traducido al castellano, ‘enjuagues con aceite’. Sé que os preguntaréis qué tiene esto de científico y por qué le voy a dedicar un artículo (y varias horas de investigación) a algo que, a simple vista, solo parece asqueroso.

Resulta que el ‘oil pulling’ forma parte de la medicina tradicional hindú. Básicamente consiste en meter aceite en la boca y enjuagarte cón él. Según los expertos en la materia, debes tener el aceite en la boca durante 10-20 minutos para notar sus “efectos”. La tradición reza que esta práctica te ayuda a expulsar tus toxinas. Esto ha pasado desapercibido del amplio público hasta que alguien decidió otorgarle ciertas propiedades beneficiosas y convertir una práctica de medicina tradicional (con su mayor o menor consistencia científica que desgranaré más adelante) en una pseudoterapia.

¿Qué beneficios demostrados tiene el ‘oil pulling’?

La creencia más extendida es que el ‘oil pulling’ sirve para blanquear los dientes y eliminar bacterias bucales. De hecho, cierta marca de cosmética accesible aquí en España (y cuyo nombre no voy a dar) se dedica a vender sobres con grasa de coco y saborizantes utilizando como reclamo el blanqueamiento dental. Si uno entra en PubMed (base de datos de artículos sobre medicina) y hace una búsqueda sobre el ‘oil pulling’, verá que la mayoría de los artículos provienen de la India.

Analizando unos cuantos, me he dado cuenta de que la mayoría compara el uso de clorhexidina (el antiséptico más usado en productos dentales) con el del ‘oil pulling’ de diversos aceites (coco, sésamo o girasol). Los resultados son que la clorhexidina inhibe el crecimiento bacteriano desde el primer momento, mientras que al aceite le cuesta unas dos semanas hacerlo. Entrando más en detalle, vemos que en los estudios no se retira el cepillado diario de dientes, que elimina gran parte de la placa bacteriana.

Además, no nos dicen cuántas veces se cepillaban los dientes los sujetos de estudio. Una revisión hecha hace poco por científicos de la Universidad de Oxford, decía claramente que la información existente sobre los beneficios y riesgos de esta práctica no son suficientes para asegurar nada respecto a la formación de placa (ya no digamos otras cosas) y que, en caso de que se quiera hacer, nunca debe sustituir a la higiene rutinaria de la boca. Otra revisión diferente definía que de los 21 estudios publicados, solo 6 cumplían un diseño experimental válido, pero tenían poca muestra poblacional.

Por tanto, podemos decir que beneficios demostrados, lo que viene a ser demostrados, no hay.

¿Y qué hay de los riesgos?

Hay pocos casos de efectos adversos graves, al fin y al cabo, es enjuagarse con aceite. Lo que sí se han reportado han sido casos en que la gente acababa aspirando alguna gota de aceite y esta se quedaba alojada en los pulmones causando infecciones. Además, algunas personas (como el influencer que me dio la idea de escribir sobre esto) mezclan el aceite con otras cosas que también pueden atravesar la cavidad oral en dirección a las vías aéreas y dañarlas.

¿Por qué lo clasificamos como pseudoterapia?

Si la cosa se quedase en que ayuda a blanquear los dientes, pues mira, ni tan mal. No me habría molestado en escribir este artículo, sinceramente. La gente tiene por costumbre meterse muchas cosas en la boca para “ayudar” a la salud dental y el aceite no es una de las peores. El problema ha radicado en que la famosa miniatura encerraba algo más allá que el dibujo de un cuerpo humano.

Hay mucha gente que atribuye a esta práctica “medicinal” propiedades increíbles. Estas pasan por efectos a nivel de la boca como fortalecer encías o dientes y curar la gingivitis, a cosas como mejorar el acné, ayudar con alergias, asma, fatiga crónica, diabetes, migrañas, “detoxificar” el cuerpo (cosa que hacen nuestros riñones e hígado gratis) o incluso, curar el cáncer. Este tipo de patrañas y reclamos son las más usadas por estafadores para vender productos aprovechándose de las enfermedades o de la baja formación científica de mucha gente.

Además, no solo te venden el aceite, sino cosas como fragmentos de coral o arenas para potenciar su efecto. Es ridículo pensar que “trozos de piedras” puedan ayudarte a mantener la salud dental, dado que lo más probable es que destruyan tu esmalte y acaben por provocarte desde sensibilidad a caries o infecciones más graves.

La higiene bucal es algo muy serio que, si no se hace de la manera adecuada, puede acarrear graves problemas. Acudid siempre a un especialista que use la medicina basada en la evidencia para obtener los resultados que esperáis, en cualquier ámbito de la salud, y no os dejéis llevar por los consejos de gente que no ha tenido las herramientas de juicio suficientes como para ser críticos.

Mujeres en la ciencia: Hedy Lamarr

Hoy empiezo una serie de artículos sobre el papel de diferentes mujeres en la ciencia que no han recibido el reconocimiento que merecen.

Cada día más, se está intentando poner en relieve el papel que las mujeres han tenido a lo largo de la historia de la ciencia. Un papel que ha sido ninguneado sistemáticamente por la sociedad y por los propios científicos. Por suerte y por justicia, ahora se está intentando rescatar a aquellas figuras que hicieron grandes aportaciones al conocimiento y a la técnica. 

Hedy Lamarr ha sido una de las grandes ignoradas a lo largo de los años, aunque últimamente se está volviendo a destacar su papel durante la primera mitad del siglo XX como inventora y como actriz. Por un lado, se la incluyó en el National Hall of Inventors en 2014 y, por el otro, se han hecho documentales (Bombshell: The Hedy Lamarr Story) para traer, a un presente más que necesitado de figuras femeninas en la ciencia y en las artes, su vida y sus aportaciones.

Cuando lees sobre Hedy Lamarr en internet, lo más probable es que aparezca como la inventora del WiFi. Esto no es del todo correcto, pero sí es cierto que gracias al sistema de conmutación de frecuencias que ideó, se han podido originar gran parte de las tecnologías de telecomunicación actuales: WiFi, Bluetooth, GPS… Este sistema fue muy adelantado para su tiempo, dado que no existió la tecnología para llevarlo a cabo hasta la Crisis de los Misiles de Cuba veinte años después. Su propósito inicial no fue su aplicación durante la Guerra Fría, sino contra el régimen Nazi.

Hedy Lamarr nació en el seno de una familia judía en la Austria imperial. En el ambiente previo a la Segunda Guerra Mundial y de la ocupación Nazi de Austria, un fabricante de armas alemán concertó un matrimonio de conveniencia con su familia para así mantenerla a salvo. Sin embargo, las intenciones de Friedrich Mandl eran diferentes. Este hombre, muy relacionado con la cúspide del partido Nazi, se había encaprichado de Hedy tras ver la película Éxtasis. Dicha película fue la que la catapultó a la fama en Europa, dado que fue el primer desnudo completo en un film comercial.

Tal fue la obsesión de Mandl con Hedy, que no la permitía salir de casa sin su consentimiento y compañía. En sus memorias, Lamarr lo definió como una esclavitud. Fue durante esta época cuando se dedicó a retomar su carrera de ingeniera, que había abandonado por la actuación, y a hacer anotaciones de todo lo que su marido desarrollaba.

Harta de cómo vivía, Hedy urdió un plan para escapar de su marido y huir a EE.UU. Para ello, inició una relación con su asistenta y cuando vio la oportunidad, la durmió, se vistió con su ropa y tomó un tren con destino a París. Su vida cambió en ese viaje, dado que conoció a uno de los directores de la MGM y su futuro marido.

Con esta historia parece que Hedy tuvo su final feliz después de todo, pero una vez llegó a EE.UU. comenzó su plan de venganza. Hedy, que había vivido bajo la opresión nazi, decidió poner a disposición del gobierno estadounidense toda la información que poseía sobre las armas alemanas. En aquel momento de la guerra, los aliados tenían un problema con los submarinos alemanes. Estos dirigían sus torpedos de una forma muy certera e imposible de intervenir. Por ello, Hedy ideó el sistema mencionado anteriormente que permitiría interrumpir la señal alemana y teledirigir de manera más precisa los torpedos estadounidenses contra las flotas enemigas.

La historia de Hedy Lamarr es un ejemplo de genialidad y de valentía. Una mujer que se dedicó a las artes cinematográficas rodando unas treinta películas en poco más de veinte años y que redirigió su creatividad e inteligencia hacia el objetivo primordial que demandaba la sociedad en aquella época: acabar con la expansión nazi y ganar la guerra. Sin embargo, cuando se hubo de reconocer su valía, no se hizo.

Ayer, 11 de febrero, fue el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Es un día perfecto para poder recordar a todas las científicas que, como Hedy Lamarr, dedicaron parte o la totalidad de su vida al avance de la humanidad y poner el foco en el gran trabajo que han hecho, y que hacen día a día, todas las investigadoras a lo largo del mundo. 

¿Por qué prohibir el aceite de palma no es la mejor solución?

¿Realmente el aceite de palma es tan malo como lo pintan?

Por suerte para nosotros, el mantra de que el aceite de palma es malo lo tenemos bastante asimilado. Ya sea por el revuelo mediático causado o bien por el conocimiento nutricional que hemos adquirido, tenemos claro que no es la grasa más saludable del mercado. A nivel de la industria alimentaria, el aceite de palma resulta muy útil por sus propiedades organolépticas (el aspecto que da al producto) y por su precio, más barato que las grasas más saludables. Sin embargo, tanto en su proceso de obtención como en su efecto en nuestro organismo, no es un elemento idóneo. 

El cultivo de la palma aceitera es muy rentable porque con poca superficie de cultivo se obtiene mucho producto. Sin embargo, las condiciones climáticas necesarias para el cultivo de esta especie hacen que se estén destruyendo bosques de zonas tropicales donde residen gran cantidad de especies en peligro de extinción. Además, su industria genera bastantes contaminantes algunos de los cuales no son eliminados adecuadamente. Por tanto, podemos sacar como primera conclusión que esta explotación no es beneficiosa para el medio ambiente.

Si tratamos el valor nutricional del aceite de palma, vemos que está compuesto en más del 50% por ácidos grasos saturados. Estos son especialmente perjudiciales a nivel de la salud cardiovascular, favoreciendo el crecimiento de placas de ateroma y propiciando la aparición de problemas vasculares. Pero claro, esto ocurre si estás comiendo todos los días una alta cantidad de grasas saturadas. La alarma generada por el aceite de palma se debe a su presencia en casi todos los productos procesados y a que, en su proceso de refinamiento (protocolo para obtener el aceite de la materia prima de la planta) se pueden generar sustancias que aumentan el riesgo a padecer cáncer.

La segunda conclusión está clara, el aceite de palma es perjudicial si lo consumimos de manera habitual. La solución en muchos productos, y ante la amenaza de boicot, ha sido retirarlo, aunque ello conlleve la pérdida de esas propiedades agradables que aporta el aceite de palma. No obstante, algunas empresas lo que han hecho ha sido sustituirlo por otro tipo de aceites como el de girasol o el de colza, que no son tan perjudiciales, o por el de coco, que es igual de peligroso por su alta cantidad de ácidos grasos saturados.

Por tanto, la no presencia de aceite de palma no es ninguna garantía de que ese producto sea más sano. Lo más importante será siempre mirar la etiqueta y comprobar los aceites vegetales empleados en la elaboración de ese producto.

En Europa se consume una media de 60kg de este aceite por persona y año | Foto de Valentin Salja

Ante este problema se nos puede ocurrir que lo más fácil sería prohibir el aceite de palma y el cultivo de la planta y así nos ahorraríamos estos dos problemas: el medio ambiental y el sanitario. Sin embargo, un informe de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) indica que eliminar el aceite de palma, y por ende sus cultivos, no sería una solución muy inteligente. Si se piensa, en el momento en que se elimine el aceite de palma, la demanda de una grasa que lo sustituya aumentará, dado que no solo se usa en la industria alimentaria, sino también en otras como la cosmética.

Ante esto se necesitará cultivar otro tipo de especies, pero la extensión de cultivo necesaria para cubrir dicha demanda será todavía mayor, dado que el aceite de palma se produce en menos de un 10% de la superficie total dedicada a cultivo de plantas aceiteras. 

Por ello, la solución no es prohibir, sino mitigar el impacto causado actualmente. Pasa por mejorar el proceso de refinamiento del aceite, hacer más sostenible el cultivo de la palma y no sustituirlo por otros que puedan generar un mayor impacto. 

El cultivo de otras especies aceiteras se haría, según la UICN, en zonas tropicales de África donde se podría desplazar el daño medioambiental que ya se ha generado en Malasia, por ejemplo. Del mismo modo, se debe evitar aumentar la superficie de cultivo del aceite de palma, dado que se concentra en regiones donde habitan numerosas especies en peligro de extinción que pueden ver su ecosistema diezmado. 

Por otro lado, algunos expertos afirman que, en suelos arrasados y agotados de la selva amazónica, el cultivo de la palma puede ser útil para recuperar el suelo, evitar el aumento de la deforestación y generar riqueza en algunas zonas deprimidas. Esto genera cierta controversia dado que muchas especies no pueden usar las palmas en sustitución de los árboles originales como hábitat. Podría ser un paso previo a la reforestación del terreno con las especies autóctonas, pero no es una solución definitiva.

En conclusión, el aceite de palma es perjudicial para la salud y su cultivo resulta dañino para el ecosistema tropical dado que es el que se ve afectado directamente, pero una solución de eliminación radical de este cultivo puede acarrear el impulso de otras plantaciones igual de dañinas y que pueden desplazar el problema a zonas donde ahora mismo no existe. Debemos buscar la reducción del daño y no sustituirlo.

La biología se enfrenta a la ética con los nuevos bebés CRISPR

¿Hasta qué punto es ético modificar genéticamente a los bebés que van a nacer?

Entramos en la era de la modificación genética.

La Bioética surge en los años sesenta en Estados Unidos como una disciplina transversal que busca examinar el comportamiento humano bajo una serie de principios y valores. Como muchos otros campos, la solución a los problemas bioéticos se postula después de que el problema haya causado daños a la sociedad, y ahora mismo nos encontramos en una encrucijada. 

La investigación en humanos es algo altamente reglado, controlado y reducido. Se trata, en su mayoría, de ensayos clínicos donde al paciente se le informa de todos los riesgos, se le hace firmar un consentimiento informado y donde siempre se supone que puede haber un beneficio para el paciente. El Informe Belmont, de 1978, estipulaba tres principios que se debían de cumplir siempre en el trato con el paciente:

1. Beneficencia.

2. No maleficencia.

3. Justicia.

Este informe, respaldado por toda la comunidad científica y médica, fue el primero de muchos tratados que velaban por el bien de la persona. Este interés comenzó después de la Segunda Guerra Mundial y continuó creciendo al ver ciertas políticas eugenésicas en el Estados Unidos de la Guerra Fría. Otro de los textos referentes en este campo fue la Declaración de Helsinki, de la que hablaré más adelante, y que se ha ido ratificando y cambiando hasta el 2015. 

Durante estas semanas ha saltado hasta las conversaciones de la calle que un cierto científico chino había conseguido que nacieran los primeros bebés modificados genéticamente. Según las noticias que se han ido filtrando y la poca información que ha dicho He Jiankui, parece ser que han nacido dos niñas a las cuales se las ha modificado con la tecnología Crispr/Cas9 (la que surgió de las investigaciones del español Francisco Mojica) para editar en su genoma un receptor de los linfocitos T que influye en la infección por VIH. Una de ellas tiene el gen anulado en todas las células T de su cuerpo, mientras que la otra solo en algunas. En conclusión, ha generado humanos resistentes al VIH.

Después de soltar este bombazo, la comunidad científica no tardó en lanzarse al cuello de este hombre, a pesar de que muchos creen que es un fraude y que no va a publicar ningún resultado. Recientemente, además, un artículo escrito por una excompañera suya de facultad rezaba que todo puede deberse a intereses económicos del científico, dado que sus orígenes humildes podían tener algo que ver en su ansia por lograr el éxito.

Pero, más allá de que sea verdad o mentira, parémonos a analizar este hecho y cómo se trata de una atrocidad, aunque solo voy a atender al Informe Belmont y a la Declaración de Helsinki que son dos marcos bioéticos ampliamente aceptados.

Respecto al primero, y desde el punto de vista de la madre, no podemos decir que el proceso haya sido beneficioso para ella. El procedimiento de fecundación in vitro no es un camino de rosas para ninguna mujer. En el caso de que no necesitase ningún tipo de estimulación a base de hormonas, siempre va a tener que someterse a una punción para poder extraer esos óvulos. Pero vamos a suponer que esta mujer fue voluntaria, firmó el consentimiento informado y que fue un proceso de fecundación in vitro normal; vamos a suponer que el principio de No Maleficencia para la madre se cumplió.

Sigue quedando el dato de que no sabemos a cuántas personas, ni en qué condiciones, se les extrajo óvulos y se les implantaron embriones para poder llegar a ese resultado. Andamos en un terreno tan poco conocido y tan peligroso que el principio de Beneficencia es muy importante y no sabemos hasta qué punto se ha cumplido. Además, dado que se habla de siete ciclos de fecundación artificial, podemos decir que fue un procedimiento poco justo (entendiendo en este caso el principio de justicia como usar procedimientos razonables, no explotadores y bien considerados para asegurarse que se administran correctamente las terapias o procesos) dado que la media de ciclos que se suelen necesitar para que una mujer se quede embarazada mediante fecundación in vitro es de 2 ó 3. Hablamos por tanto de más del doble de intentos para conseguir el resultado esperado. Por tanto, y a la espera de que salgan todos los datos, podemos afirmar que no ha sido un proceso ético.

La técnica CRISPR permite cortar, añadir y modificar la secuencia de ADN.

Pero ahora, atendiendo a las niñas que han nacido con esa modificación, tampoco podemos decir que haya sido un proceso ético según los tres principios. El primero no se cumple porque, a día de hoy, la infección por VIH es algo que se puede evitar y que, en caso de contraerla se puede tratar de una manera muy correcta hasta la carga viral indetectable. Si se intenta justificar como una modificación necesaria para aquellos niños que nacen de madres seropositivas, sabemos que siguiendo los protocolos actuales de profilaxis preparto dan lugar a tasas muy bajas de contraer de la enfermedad. Con respecto al principio de no maleficencia, tampoco se cumple porque se trata de una herramienta génica que a día de hoy tampoco conocemos mucho

Crispr es una técnica bastante más fiable que las que teníamos anteriormente, pero eso no quiere decir que sea precisa y exacta a los niveles requeridos para modificar sin ningún tipo de riesgo a un ser humano. Cada día se publican artículos con mejoras para Crispr porque se ha visto que da lugar a errores, de ahí que sea una temeridad modificar seres humanos con esta técnica. También el proceso de seguimiento médico y genético que van a sufrir estas niñas, que probablemente hubieran nacido sanas en condiciones normales, incumple el principio de justicia. 

Yendo ahora a la declaración de Helsinki, en su artículo 37 sobre intervenciones no probadas en la práctica clínica, deja claro que todo procedimiento no probado debe ser antes discutido con expertos, debe de hacerse cuando no exista ningún otro procedimiento efectivo (cosa que si que hay) y que ” ello de alguna esperanza de salvar la vida, restituir la salud o aliviar el sufrimiento”. Como las niñas no iban a nacer enfermas, y en caso de que enfermaran a los años, hay terapias probadas; vemos que este procedimiento es del todo innecesario y peligroso. Ahora ellas van a tener que soportar años de seguimiento y pruebas (en caso de que sea cierto) para comprobar que Crispr no ha tocado nada de manera inespecífica que pueda suponer un problema de salud a largo plazo.

Más allá de esto, actual y más o menos palpable, se nos plantea un problema aún mayor en un futuro. Esto no es terapia génica, es mejora. Entramos en un terreno donde aparece el transhumanismo y la posibilidad de distinguir entre humanos mejorados y “naturales”… Y no sé si es un terreno donde la ciencia quiera entrar.

“Hay esperanza para el futuro” La visita de Jane Goodall a Madrid

La increíble historia de la doctora Jane Goodall, más cercana que nunca.

La doctora Jane Goodall jugando con el chimpancé Uruhara.

El 2018 ha sido un año muy simbólico en muchos sentidos, pero uno de ellos ha sido por marcar el 130 aniversario de la creación de la organización National Geographic. En 1888, 33 personas formaron la que hoy es una de las organizaciones más importantes en materia de ciencia y educación y, para celebrarlo, el Espacio Fundación Telefónica de Madrid acoge en sus salas una increíble exposición sobre la historia de National Geographic: Una ventana al mundo.

Con motivo de esta exposición y para contar una de las historias más increíbles de unión entre humanos y otros animales, la doctora Jane Goodall estuvo el pasado viernes 24 en el Espacio Fundación Telefónica contando ante una audiencia embelesada (entre la que me incluyo) su historia. Jane Goodall es una de las científicas más destacadas del siglo XX y una activista ambiental incansable, comenta Federico Bogdanowicz, director de The Jane Goodall Institute en España. Cuando Jane salió al atril a hablar, un público de más de 300 asistentes rompió en un largo aplauso de bienvenida.

Jane Goodall el pasado viernes 14. Fotografía de Espacio Fundación Telefónica.

Jane tiene claro que está donde está hoy gracias al apoyo contínuo que recibió de su madre cuando desde pequeña mostró una pasión innata por los animales. Recordaba la anécdota de cuando, con solo 4 años, desapareció unas cuantas horas y su madre llegó a llamar a la policía. Todo ese tiempo estuvo metida en un gallinero observando en silencio el momento en el que una gallina ponía un huevo, convirtiéndose ese en su primera observación de campo del comportamiento animal. Su madre, en lugar de regañarla, le preguntó qué había descubierto.

Así comenzaba una larga carrera llena de obstáculos, siendo el primero la manera de viajar a África para estudiar chimpancés. Un amigo suyo le ofreció ir a visitarle a Kenya y Jane estuvo 6 meses trabajando para poder pagar el vuelo ida y vuelta. “Algunos chimpancés son agresivos, y su manera de pensar me recuerda a la de algunos políticos de hoy en día” bromeaba Jane.

Sin embargo, hizo mucho hincapié en que los chimpancés son seres pensantes, y aquellos que hacen más uso de su cerebro viven más y “gobiernan” durante más tiempo en su tribu”. Tal es este comportamiento inteligente que ciertos hábitos y comportamientos van pasando de generación en generación como si de una cultura primitiva se tratase.

Cuando Jane estudiaba para sacarse su doctorado, la ciencia defendía que lo que separaba a animales de humanos era que estos últimos eran los únicos capaces de pensar o tener sentimientos. A día de hoy, eso es algo que ha quedado muy atrás y, tal y como Jane dice, cualquiera que haya tenido una mascota sabe que esta es capaz de sentir emociones.

Jane aprovechó su discurso para remarcar que el cambio climático es algo muy real, y animó a los espectadores a cambiar sus hábitos alimenticios. La dieta omnívora o carnívora implica tener una industria ganadera masiva que consume cantidades enormes de agua potable, tierras de cultivo para su alimento y, sobre todo, es una de las mayores productoras del metano que ataca a diario la capa de ozono provocando el efecto invernadero. “Todos tomamos decisiones éticas cada día con lo que compramos”.

La ponencia de la doctora Goodall terminó con un emotivo vídeo donde la chimpancé Wounda, tras ser liberada, salía de su jaula, observaba el entorno, y se fundía en un caluroso abrazo con Jane antes de adentrarse en la selva. “Hay esperanza para el futuro”. Y con esto, terminaba.

¿Cuánto pesa ahora un kilogramo?

La definición de kilogramo ha cambiado, pero ¿por qué?

El kilogramo ya no es lo que era

Cada vez que te subes a una báscula para ver si has bajado de peso, que haces la compra y pesas la fruta, cuando haces la maleta asegurándote de no exceder el peso permitido en el vuelo, en cierto modo estás comparando ese peso con un cilindro de platino e iridio de 39 milímetros de diámetro, guardado a una temperatura de 4º en el subsuelo del Pabellón de Breteuil en París. 

Lógicamente, tiene una explicación. Le Grand K o Prototipo de Kilogramo Internacional (IPK) es el nombre de este cilindro, que se utiliza desde 1879 para definir lo que es un kilogramo. Sin embargo, existe un problema. El hecho de que la definición de kilogramo dependa de un objeto físico hace que no sea cien por cien acertada, ya que los objetos físicos no son siempre estables. De hecho, en los últimos años, Le Grand K ha sufrido minúsculas variaciones de unos 50 microgramos debidas a la acumulación de partículas sobre él o a la pequeña pérdida de masa cada vez que se limpia.

Pero hay solución. El pasado viernes tuvo lugar la vigésimosexta Conferencia General de Pesos y Medidas en Versalles, donde 60 Estados miembros se reunieron y decidieron por votación cambiar la definición de kilogramo. Tras muchas propuestas en los últimos años, como al de Australia de utilizar una esfera de silicio, la decisión ha inclinado la balanza (nunca mejor dicho) hacia una constante de la naturaleza.

Las constantes, como su nombre indica, no cambian con el tiempo por lo que son perfectas para definir algo tan importante como una unidad de medida. A partir del 20 de mayo de 2019, aniversario del Tratado del Metro de 1875, la constante que definirá el kilogramo será la constante de Planck (el valor que ayuda a describir los paquetes de energía emitidos en la radiación).

Ahora solo queda ver si, en un futuro, las maneras de definir las demás unidades de medida cambiarán y se adaptarán a otras constante de la naturaleza.

¿Qué es Nutriscore y cómo va a cambiar la alimentación?

¿Realmente va a cambiar la forma en que comemos?

Este es el semáforo de valor de Nutriscore

Últimamente tenemos al Ministerio de Sanidad muy proactivo con medidas que generan, más o menos controversia, pero que de base son necesarias para el interés general de la población española. Por un lado, está la creciente lucha contra las pseudoterapias en la sanidad pública, de vital importancia, y por otro lado, la decisión de incluir el sistema de marcaje Nutriscore en las etiquetas de nuestros alimentos antes de fin de año. Dicha medida ha sido muy aplaudida en general, pero no ha estado exenta de críticas. Pero para entrar al trapo en ellas, lo mejor es empezar diciendo qué es Nutriscore.

NutriScore es un sistema que se emplea en Francia desde hace un año y que actúa como “semáforo” nutricional. Consiste en un gradiente de cinco colores asociados a letras que nos indican un baremo obtenido para ver la cantidad de calorías, azúcares, grasas saturadas y sal (elementos que pueden ser dañinos) frente a la cantidad de frita y verdura, la fibra alimentaria o la proteína (elementos que pueden ser más saludables).

El resultado es que los alimentos que tienen más de lo primero que de lo segundo, van hacia el color rojo y la letra E, mientras que, si el balance es hacia los segundos, se inclina por el verde y la letra A. Existen otros sistemas parecidos que, de hecho, ya se emplean en algunos productos en nuestro país, pero obedecen a las normas de la industria y sus requisitos son un poco más laxos.

Este sistema, en un principio, está muy bien. Nos ofrece una información complementaria, más allá de la que debe llevar la etiqueta por ley, y lo hace de una forma intuitiva. Además, tiene una base científica avalada por la Organización Mundial de la Salud y que está generando efectos muy positivos en la población. Pero ¿cuál es el problema?

No significa que la Cocacola Zero sea más sana que el aceite de oliva, hay que entender cada alimento en su categoría.

Muchos usuarios han visto cierta controversia en el hecho de que algunos alimentos sanos, como el aceite de oliva, tengan peor calificación que unas patatas fritas ultraprocesadas. Este, de hecho, es el ejemplo más sonado. Esto se debe a que, según el sistema de contaje que tiene Nutriscore y a que el aceite es 100% grasa, se le otorga la peor puntuación. ¿Quiere decir que sea malo? En absoluto, el aceite de oliva debe ser un must en nuestra dieta por sus efectos beneficiosos a nivel cardiovascular y a que es la grasa más sana para cocinar.

Pero es que esa no es la finalidad de Nutriscore. Está hecho para que se comparen productos de la misma clase, no para que compares peras en almíbar con sardinas en escabeche. Así pues, es una herramienta útil para poder seleccionar un producto dentro de la gama amplia de marcas o variedades que hay en un supermercado.

Es obvio que Nutriscore no es perfecto y que no ofrece toda la información que deberíamos tener para poder hacer un juicio completo de lo sano que es un alimento, pero sí es un avance. Recordemos que hasta hace poco no se distinguían entre los diferentes tipos de grasas, no se indicaba si tenían grasas trans, las grasas vegetales incluían una amalgama de aceites que ahora podemos ver desgranados, no se indicaban muchos ingredientes…

Poco a poco, y gracias a que cada día se pone más empeño en educar a la gente en temas de nutrición saludable, es la propia presión social la que mueve los cambios de etiquetado que cada vez son más completos. No obstante, seguimos teniendo margen de mejora suficiente para seguir trabajando los próximos años. La nutrición debe trabajar por la transparencia en los productos que consumimos, en ofrecernos una educación de calidad y libre de mitos desde que somos pequeños, ayudando así a crear una sociedad más sana.