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Recreamos el Sistema Solar en Minecraft

¿Cómo sería el Sistema Solar a tamaño real en el videojuego más popular?

La popularidad de Minecraft vuelve a estar por las nubes, y tras el éxito de nuestro anterior vídeo en el que una arquitecta diseñaba una casa adaptando los conceptos de la arquitectura a las del videojuego, teníamos que volver a hacer algo a la altura. Así que nos preguntamos, ¿cómo sería el Sistema Solar si lo trasladásemos a Minecraft?

Obviamente, para ser realistas, había que trabajar a escala; pero no queríamos perder la noción de las increíbles distancias que existen en el Universo. Gracias a la ayuda de Crespo, del canal QuantumFracture, y sus conocimientos de física y matemática, estuvimos haciendo los cálculos y trabajando en las escalas. Y el resultado es espectacular.

En primer lugar necesitábamos partir de una unidad de medida comparativa, que decidimos que sería la propia Tierra. En nuestra escala, la Tierra sería el equivalente a la punta de una antorcha de Redstone del videojuego. Y a partir de ahí, intentando respetar lo máximo posible los tamaños equivalentes, empezamos a construir nuestro Sistema Solar. Lo primero, el Sol. En estas nuevas proporciones el Sol seguiría teniendo un tamaño descomunal. Nada más y nada menos que 30 x 30 bloques, lo que en Minecraft se traduce en un cubo gigantesco. Y desde ahí, fuimos midiendo distancias.

Mercurio estaría a 93 bloques de distancia, Venus a 103 bloques más y la Tierra a otros 88 bloques. Y así sucesivamente. A la hora de respetar proporciones, los planetas rocosos los representábamos con la misma antorcha de Redstone ya que, aunque es cierto que tienen variaciones de tamaño, son relativamente similares por motivos de gravedad y tensión de la roca. Los que sí se diferencian notablemente son los planetas gaseosos, que al estar tan lejos del Sol reciben muy poca radiación solar y, por tanto, no pierden sus atmósferas con el tiempo.

Así, para representar a Júpiter, Saturno y sucesivos, utilizamos ocho bloques completos de material; una diferencia considerable frente a la pequeña punta de antorcha que representa la Tierra. Y tras muchos minutos andando en Minecraft, nos planteamos qué habría más allá del Sistema Solar. ¿Cuánto se tardaría en llegar a la Voyager I, el objeto más lejano enviado por el ser humano? ¿O a la estrella más cercana, Proxima Centauri? Pero lo realmente impresionante es cuánto se tardaría en llegar hasta el centro de nuestra Galaxia. Si quieres descubrir esto y mucho más, puedes ver ya el nuevo vídeo en Omglobalnews.

Mujeres en la ciencia: Ana Fernández-Sesma

Tras la historia de una científica del pasado y otra del presente, quería continuar esta serie de Mujeres en la Ciencia con una entrevista. Y escogí a Ana Fernández-Sesma.

La Dr. Fernández-Sesma

La Dr. Fernández-Sesma.

La Dra. Fernández-Sesma se licenció en Biología en la Universidad de Salamanca y realizó su tesis en una de las facultades más prestigiosas del mundo, la Icahn School of Medicine del Mount Sinai (ISMMS) en Nueva York. Hoy en día dirige un grupo de investigación en este mismo centro que estudia cómo determinados tipos de virus modulan nuestro sistema inmune. Su trabajo, de gran calado en la actualidad, puede ser la vía a nuevas terapias contra enfermedades que están ampliando sus zonas endémicas debido al cambio climático (como el dengue o el zika), pero también de otras que están ampliamente distribuidas y suponen un problema de salud pública (como el VIH o el virus de la gripe).

La Dra. Fernández-Sesma también destaca por su labor como mentora, siendo premiada como la mejor en 2013 por su labor con los investigadores postdoctorales. Además, lleva cuatro años seguidos estando en el top 5 de investigadoras de microbiología financiadas por el NIH (National Institutes of Health).

PREGUNTA: Lo primero que me gustaría hacer en esta entrevista es darle las gracias, Dra. Fernández-Sesma, por concedérmela, y por dedicar un poco de tiempo de su apretada agenda para contestar a nuestras preguntas. La primera, y quizás la más interesante, que le quiero hacer es si siempre quiso hacer ciencia. Ahora mismo los estudiantes españoles acaban de terminar la Selectividad… Cuando usted la hizo, ¿ya tenía en mente que lo suyo era estar en una poyata desentrañando los misterios de la biología?

ANA: Yo siempre quise hacer algo relacionado con las ciencias y la biología. De hecho hice pre-matricula en Biología y en Medicina en Salamanca y al final me quede en Biología. No estaba segura en que rama de la biología iba a trabajar, pero me interesaban las enfermedades infecciosas y las vacunas.

P: Usted lleva desde los años 90 investigando en Nueva York, un destino muy codiciado y atractivo para todos aquellos que hacemos ciencia. ¿Qué le movió para decidir hacer investigación fuera de España? ¿Era Nueva York su sitio “fetiche” o hubiera ido a otra parte del mundo?

ANA: Mi llegada a Nueva York fue determinada por mi pareja, Adolfo Garcia Sastre, que tenía una oferta de estancia post-doctoral en Nueva York. Yo me vine con el recién terminados mis estudios de Biologia y con la idea de hacer un master o doctorado. Por supuesto que era un destino atractivo, pero me hubiera ido a otras muchas partes del mundo. Siempre me ha encantado viajar. 

P: Imagino que este camino le habrá traído muchos momentos que habrán sido clave en su vida. ¿Nos podría contar uno que recuerde con especial cariño? 

ANA: Cuando llegamos a Nueva York en enero del 1991 no existía internet y teníamos solo una carta de invitación para Adolfo del Dr. Palese, el director del departamento o de Microbiología en Mount Sinaí ofreciéndole una plaza como becario post-doctoral, tuve que hacer de traductora para Adolfo, que en esa época no dominaba bien el inglés. Al final de la conversación, el Dr. Palese me preguntó, y tú que quieres hacer? Yo le dije que era bióloga y que si podía trabajar en su laboratorio y él me dijo que empezase como voluntaria. Al final, gracias a esa oportunidad, pude comenzar mi investigación en un laboratorio puntero. 

P: ¿Y uno en que pensase “me vuelvo a España ya”?

ANA: Cuando tuve mis hijos estuve un poco agobiada por no tener a mi familia cerca, pero realmente no me sentí nunca desesperada como para volverme. Echo de menos muchas cosas, pero puedo venir al menos una vez al año a España para disfrutar de lo que añoro. Mi vida profesional se ha desarrollado en Estados Unidos y no me plantee casi nunca volver. Tampoco tuve nunca una oferta tentadora.

P: Al margen de su investigación, de la que luego hablaremos, a usted se la reconoce una fantástica labor como mentora para los nuevos alumnos que entran a cursar el doctorado en su centro. ¿Cómo ve a las nuevas generaciones de investigadores? También habrá podido observar si se están produciendo cambios en las condiciones en las que las mujeres acceden al mundo de la ciencia, donde tradicionalmente ha habido mucho machismo y los cargos de responsabilidad siempre han sido ocupados por hombres. ¿Ve que eso esté cambiando?

ANA: Las nuevas generaciones están muy comprometidas políticamente, igualdad de oportunidades y con respecto al medio ambiente y eso me anima.  Todavía hay muchísimo trabajo por hacer con respecto a las condiciones en las que las mujeres acceden al mundo de la ciencia, pero se van notando los pequeños cambios. Lo más importante es que ahora hay más transparencia y menos encubrimiento y las mujeres no nos achantamos. Las mujeres seguimos teniendo que luchar por los mismos cargos que ocupan hombres con las mismas o menos credenciales, pero no hay que desanimarse, simplemente hay que estar ahí y no bajar la guardia, sin agresividad ni negativismo. 

P: Siguiendo con el hilo del papel de la mujer en la ciencia, una de las cosas que más les cuesta a todos los científicos es la conciliación familiar, pero a las mujeres se les suma cierta presión social que los hombres no tienen. ¿Cómo ha vivido usted todo eso? 

ANA: Lo más importante es tener las prioridades claras y aceptar que no se puede hacer todo y todo bien. Lo segundo es rodearse de gente que te apoya y te ayuda en todo lo posible, no solo de tu familia, sino amigos y mentores también. Y lo tercero es no compararse con los demás. Yo he hecho las cosas a mi ritmo, y he podido disfrutar también de mis hijos y mi familia, pero siempre he sido consecuente con mis decisiones y no me siento culpable por trabajar y creo que mis hijos me lo agradecen y me toman como ejemplo. He trabajado mucho para llegar a donde estoy, pero con apoyo y ayuda.

P: Usted es una experta en virología, concretamente estudia el virus del Dengue. Este virus, que hasta hace poco se encontraba solo en las zonas tropicales del globo, ha comenzado a aparecer en zonas más familiares para nosotros, concretamente en España. Sabemos que el cambio climático está detrás de todo esto, desplazando las fronteras de las vectores que transmiten el Dengue. ¿Qué podemos esperar en los próximos años? 

ANA: En los próximos años el área de transmisión de enfermedades tropicales y subtropicales va a aumentar, no solo por el calentamiento global, sino que además, el aumento de los viajes a zonas endémicas de esas enfermedades fomentara más transmisión a otras zonas donde la enfermedad no sea tan prevalente pero haya mosquitos capaces de transmitirla, como fue el caso del año pasado en el sur de España, donde hubo 7 casos de transmisión local de dengue.

P: El virus del Dengue, al igual que otras muchas infecciones virales, no tiene un tratamiento específico. Como su laboratorio investiga la modulación del sistema inmune en presencia de estos patógenos, le quiero preguntar si cree que la inmunoterapia (que está siendo una revolución en el tratamiento de otro tipo de enfermedades como distintos tipos de cáncer) llegará al mundo de los virus tarde o temprano.

ANA: Las inmunoterapias llevan mucho tiempo realizándose en virología, principalmente en vacunas virales en las que se usan versiones atenuadas o muertas de virus para “educar” el sistema inmune. Una de las estrategias más nuevas de inmunoterapia en virología es para el virus VIH, ya que hay un gran interés en desarrollar estrategias para “despertar” al virus en células reservorio y eliminar ese reservorio por células del sistema inmune que las reconozcan.  El principio de las vacunas es la inmunoterapia, el campo del cáncer lo ha adaptado como estrategia para eliminar células cancerígenas.

P: Para acabar con esta entrevista, que se podría extender mucho más, le quiero pedir una opinión y un consejo. La opinión es respecto a las resistencias bacterianas, ¿ganarán ellas o ganaremos nosotros? Por último, lance al aire un consejo a las chicas y chicos que están en cualquier etapa de su carrera y que se planteen hacer investigación. Seguro que lo necesitan.

ANA: Ganaremos nosotros. Los patógenos aprenden a evadir todas las barreras impuestas por el huésped, pero los humanos, con nuestra capacidad de estudio e investigación (y con recursos) seremos capaces de diseñar nuevos productos y estrategias para frenar a los patógenos resistentes. Se necesita también buenas campanas de información al público y educación. A todos los chicos y chicas interesados en investigación les diría que no se desanimen, que cultiven mucho su curiosidad científica y que busquen buenos mentores.

P: Muchas gracias de nuevo por su tiempo y su amabilidad. Desde el equipo de Omglobalnews le agradecemos que haya querido colaborar con nuestros artículos sobre “Mujeres en la ciencia” y esperamos que su carrera siga el mismo camino de éxito que ha tenido hasta ahora.

¿Qué está pasando con Madrid Central?

La iniciativa busca reducir el tráfico y la contaminación, ¿pero realmente lo está consiguiendo?

Estos últimos meses, si sueles estar al día de las noticias españolas, habrás visto que uno de los temas más recurrentes es la polémica con Madrid Central. Casi cada día ha ido apareciendo una noticia nueva de un tira y afloja constante de varios grupos políticos.

Y aunque en Omglobalnews tratamos de meternos lo menos posible en asuntos de política, creemos que Madrid Central debería ser una excepción porque, al margen de la izquierda o la derecha, es un asunto de salud y medioambiente; y de cómo una ciudad tan importante como Madrid avanza hacia el futuro del urbanismo sostenible.

En caso de que no lo sepas, Madrid Central es una pequeña área en el centro de la capital a la que se ha limitado el acceso con coche. Hay excepciones, como vehículos híbridos, eléctricos, permisos puntuales o casos específicos; pero en general ha reducido notablemente el tráfico del centro. Esto implica menos humo, menos ruido y más espacio para el peatón; ya que al quitar vehículos se ha aprovechado para ampliar muchas calzadas.

La idea, obviamente, no es redirigir el tráfico por el exterior del perímetro ya que sólo se estaría moviendo el humo de un punto a otro; sino animar a la gente a cambiar el coche por el transporte público.

Madrid Central se propuso y activó con el anterior gobierno del Ayuntamiento, y la oposición trabajó gran parte de su campaña sobre el desmantelamiento de la iniciativa. Tras el cambio de Ayuntamiento y la primera moratoria de multas, llegaron los primeros avisos de Europa de la posible multa si se superaban los niveles de contaminación. Desde ese momento en adelante, pasando por una orden judicial para detener la moratoria y volver a activar Madrid Central, la polémica ha continuado a diario hasta el día de hoy, cuando el discurso del Ayuntamiento ha cambiado y parece apropiarse del funcionamiento de Madrid Central.

En Omglobalnews hemos preparado un reportaje analizando la situación y, sobre todo, tratando de entender si Madrid Central realmente funciona. ¿Reduce las emisiones? ¿Cómo se compara a las zonas restringidas de otras ciudades? Te lo contamos en el nuevo vídeo.

Esto es lo que pasa por estar una semana sin azúcar

¿Somos adictos al azúcar?

Seamos conscientes o no, el azúcar es una parte importante de nuestra dieta. No importante porque sea sana o necesario, ya que no lo es (la glucosa sí), sino porque está presente en gran parte de alimentos que consumimos inconscientemente a diario. El azúcar añadido es un tipo de droga legal que ha vuelto adicta a gran parte de la población sin que esta lo sepa. Todos y todas las nutricionistas recomiendan reducir al máximo el consumo de azúcares refinados y añadidos para llevar un dieta saludable, así que he decidido ponerme el reto junto a mi amiga Georgia de pasar una semana entera sin consumir ningún tipo de azúcar añadido o edulcorante.

El reto ha sido particularmente difícil en mi caso, ya que aunque no suelo tomar muchos alimentos que contengan azúcar sí que tiendo a añadírsela al café y a darme algún capricho de vez en cuando con algún dulce. A esto se suma el hecho de que, con total seguridad, mucha comida que no pensaba que llevaba azúcar termina llevando un poco por un motivo u otro.

El azúcar se suele utilizar como potenciador del sabor, como endulzante o con el fin de generar una pequeña adicción del producto al consumidor. Se asocia y se nos dan dulces desde nuestra infancia, creando esa adicción desde un primer momento que perdura a lo largo del tiempo. ¿Por qué ocurre esto? ¿Tendrá entonces un síntoma de abstinencia el dejar de tomar azúcar? ¿Seré capaz de superar el reto? Descúbrelo en nuestro nuevo vídeo.

Esta es la terapia que va a revolucionar el tratamiento de la leucemia

El tratamiento más innovador contra la leucemia ya está en España.

Ilustración de linfocitos-T atacando células cancerígenas.

“España es líder europeo en la incorporación de las terapias celulares CAR-T en el Sistema Nacional de Salud gracias a que hemos partido de la investigación pública y esto nos da capacidad de negociación” ha sentenciado la ministra de sanidad María Luisa Carcedo en el foro de la OCDE en París esta semana.

Para muchos de los que leáis estas líneas, las terapias CAR-T no os sonarán de nada dado que son pocos los portales de noticias que se han hecho eco de ellas, pero son el futuro para el tratamiento de muchos tumores hemotológicos y esconden una historia detrás de persistencia, de poner en valor la investigación básica y de la necesidad de apostar por una inversión mayor en ciencia.

Los linfocitos T son un subtipo de células del sistema inmune que se enfrentan a las amenazas para las que no teníamos registro previo (la llamada inmunidad adquirida). Estas células se ha visto que tienen un gran potencial matando células tumorales, por lo que resultan de gran interés desde el punto de vista terapéutico. Sin embargo, los tumores tienen mecanismos para agotar e inactivar nuestros linfocitos T cuando comienzan a crecer.

La idea que plantea la terapia CAR-T es modificar fuera del cuerpo nuestros linfocitos T para que puedan reconocer los tumores y los ataquen eliminándolos de nuestro organismo. La modificación que se realiza es sobre los receptores que tienen para reconocer las sustancias que tienen en la superficie las células tumorales, llamados antígenos de superficie. Los receptores modificados para reconocer los antígenos de superficie se conocen como receptores antigénicos quiméricos o CAR, y las células que los llevan CAR-T.

Para obtener nuestras CAR-T debemos extraer sangre al paciente y aislar de esa sangre la fracción de linfocitos T. Estos linfocitos luego serán modificados genéticamente para que integren en su ADN el gen que codifica para el CAR. Después, se hacen crecer las CAR-T y se inyectan de nuevo al paciente para acabar con las células tumorales. Sin embargo, un proceso que parece tan sencillo tardó mucho en desarrollarse al completo y en tener el foco de interés necesario como para empezar a curar a los pacientes.

La primera vez que se generaró CAR-T fue en 1993 por el doctor Zelig Eishhar, inmunólogo del Instituto Weizmann, pero no fue hasta el año 2012 cuando la terapia con CAR-T adquirió la relevancia y la atención que hoy en día ha derivado en la comercialización del primer medicamento basado en este tipo de células recombinantes.

El caso de Emily Whitehead supuso un antes y un después en la investigación con CAR-T. En 2010 se le diagnosticó una leucemia linfoblástica aguda (LLA) que no cursó como se esperaba. Su caso, particularmente grave por el fracaso de la quimioterapia convencional, hizo que sus padres contactaran con el grupo de Hospital Infantil de Pennsylvania que investigaba con un tipo de CAR-T cuya finalidad era acabar con los tumores. 

El doctor Carl June era el responsable de este equipo cuya misión inicial era generar linfocitos T para acabar con el VIH. Una misión que se redirigió hacia el cáncer tras la muerte de su esposa en 1996 por cáncer de ovarios. La tecnología que desarrollaron a posteriori fue empleada unas pocas veces y dio resultados prometedores en adultos, pero nunca había sido usada en niños. Además, la falta de financiación hacía muy difícil desarrollar un ensayo clínico. June afirmó que el camino había sido tan duro que pensó en dejarlo más de una vez. No obstante, Novartis acabó ayudando a realizar un ensayo clínico en adultos.

Emily fue tratada con las CAR-T a pesar de los riesgos que podía entrañar aplicar esa terapia a un niño y con todos los efectos tóxicos sin conocerse. Cuando recibió la tercera dosis, Emily cursó fiebre y dificultad respiratoria, un efecto ya visto en el ensayo que Novartis estaba desarrollando y que se debía a la liberación masiva de citoquinas (un tipo de sustancias proinflamatorias). El efecto era autolimitado en pacientes sanos, pero Emily estaba muy débil. El equipo médico decidió intervenir aplicando un medicamento contra la citoquina que estaba elevada con el fin de no afectar a los linfocitos T y no atacar a las CAR-T. La estrategia hizo efecto en unas horas y Emily se recuperó. 

En 2012, cuando Emily cumplió 7 años, se vio que la LLA había remitido y los resultados fueron el impulso que necesitaba la investigación en este tipo de terapia y que ha desembocado en la aprobación por parte de la FDA del Tisagenlecleucel de Novartis. 

En nuestro país, son 24 los hospitales candidatos a acoger y desarrollar esta terapia y Andalucía, Cataluña y Madrid las comunidades autónomas donde más centros propuestos hay. La idea es que poco a poco exista en toda la geografía nacional y se puedan beneficiar de ella pacientes infantiles y adultos con leucemia linfoblástica aguda o linfoma de tipo B, que deberán cumplir una serie de criterios para que la terapia tenga el menor riesgo y la mayor efectividad posibles.

Te están mintiendo sobre el nuevo descubrimiento de Jack el Destripador

Un nuevo estudio asegura haber revelado por fin por fin la auténtica identidad de Jack el Destripador, pero ¿hasta qué punto es real?

Descubrimiento de una víctima de Jack el Destripador en Whitechapel, London, ilustración de “Le Journal Illustre” (13 Febrero 1891)

Jack el Destripador es ya casi un ser de la mitología inglesa. El asesino del siglo XIX acabó con la vida de al menos cinco mujeres en el barrio de Whitechapel de Londres.

No es la primera vez que se “descubre” la identidad de Jack el Destripador. En 2014 Russel Edwards publicaba en el Daily Mail que había averiguado la identidad del asesino gracias a una técnica de ADN muy avanzada. Según Edwards, el asesino sería uno de los sospechosos de la época: el barbero polaco Aaron Kominski, de 23 años, que vivía cerca de donde se cometieron los asesinatos. La policía no encontró pruebas concluyentes que lo relacionaran con las víctimas.

Russel Edwards no era ningún investigador, sino un hombre de negocios y escritor que habría contratado al biólogo forense Jari Louhelainen para investigar un chal que había pertenecido a Catherine Eddowes, una de las víctimas. El chal lo habría adquirido Edwards en 2007, en una subasta.

Todo olía un poco a chamusquina porque Edwards iba a publicar justamente un libro llamado “Naming The Ripper“, un libro que aseguraba que Edwards era “el único en posesión de una prueba física y real relacionada con los crímenes de 1888 de Jack el Destripador”. Este artículo del Daily Mail, que es un periódico conocido por ser sensacionalista no transmitía mucha confianza. La investigación no fue contrastada por alguien ajeno a la misma, ni había sido previamente publicada en ninguna revista científica. Todo indicaba que era una estrategia de marketing para vender el libro.

Ahora, en marzo de 2019 otro estudio ha intentado confirmar la identidad de Aaron Kominski como el asesino conocido como Jack el Destripador. Esta vez el estudio ha sido publicado en Journal of Forensic Sciences. Sin embargo, el objeto investigado es el mismo (el chal que supuestamente perteneció a Catherine Eddowes) y el investigador es también el mismo: Louhelainen, esta vez acompañado por el biólogo David Miller. Este artículo no ha sido bien recibido en la comunidad científica.

Nadie se explica cómo este artículo ha pasado los filtros para ser publicado: la procedencia del chal es muy cuestionable y no ha sido tratado de la manera adecuada para conservar posible ADN. Adam Rutherford, genetista, asegura que no se han tomado precauciones a la hora de manipular el chal.

La famosa arqueóloga Turi King tuiteaba lo siguiente: “No se listan las imprimaciones, no presenta datos, no se realizó en un laboratorio forense de ADN como es debido...”.

No sabemos si es una obsesión u otra estrategia de marketing, pero la comunidad científica parece coincidir en que esta investigación no lleva a ninguna parte y que no ha de ser tomada en serio.

Mujeres en la ciencia: María Blasco

Gracias al trabajo de la Dra. Blasco, estamos más cerca de parar al cáncer.

La doctora María Blasco.

Cuando la Dra. Blasco se acerca al micrófono, toda el aula magna enmudece y espera con ansia lo que ha venido a contar. Imagino que, allá donde vaya, la reacción se repite una y otra vez.

Este artículo va a ser un poco diferente del anterior porque hablamos de una personalidad excepcional en el campo de las ciencias biomédicas españolas e internacionales, y que he tenido el placer de ver hablando de su investigación en dos ocasiones. María Blasco, originaria de Alicante, es licenciada en Biología por la Universidad Autónoma de Madrid y Doctora en Bioquímica por la misma casa.

Realizó su tesis bajo la dirección de la Dra. Margarita Salas (que próximamente tendrá un artículo dedicado a su figura) y su investigación postdoctoral en el laboratorio de la Dra. Carol Greider (Premio Nobel de Medicina y Fisiología 2009) en Nueva York. Ha ganado numerosos premios entre los que destacan el Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal o el Premio Jaime I de Investigación Básica.

Su currículum, extenso y lleno de publicaciones de gran nivel, se ve coronado por el puesto que ocupa en la actualidad, el de directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). En el año 2011 sucedió al Dr. Mariano Barbacid en el puesto y tuvo que hacer frente a los peores años de la crisis económica.

El cáncer es una de las grandes causas de mortalidad en la actualidad. | Foto de MedicalNewsToday

La ciencia, especialmente en España, no se ve dotada de grandes recursos económicos y, aunque el CNIO es de los centros que más financiación pública y privada recibe, sigue siendo inferior al de otros centros europeos comparables. Durante los primeros años de su dirección, el CNIO tenía que hacer frente a la deuda acumulada en la etapa previa y se encontró con más de una encrucijada. Las duras decisiones tomadas durante este periodo evitaron la hecatombe en el centro y permitieron que continuase con su investigación de gran nivel.

María Blasco se puede atribuir el mérito de abrir el CNIO al resto de la sociedad por medio de programas de divulgación y de promoción de la investigación como CNIO & The City, Amigos del CNIO o CNIO Arte. También puso en marcha la Oficina de la Mujer en la Ciencia del CNIO en el año 2012, desde la cual se organizan actos y conferencias para poner en relieve el papel de las investigadoras del centro y promoviendo la toma de conciencia de aspectos fundamentales como la igualdad de oportunidades en la ciencia.

Aunque en centros como el CNIO las mujeres son mayoría, la presencia de ellas en puestos de responsabilidad como la dirección de grupos o de centros es mucho menor, por lo que la labor de grupos de trabajo como la Oficina de la Mujer es clave. Su último logro en la dirección del centro ha sido colocarlo en el primer puesto, según la revista Nature, de centros de investigación de cáncer en Europa.

Centrándonos ahora en su labor científica, podemos decir que su investigación se resume con la siguiente palabra: telómeros. La Dra. Blasco es conocida por el estudio de los telómeros en los procesos oncológicos y en el envejecimiento, liderando el grupo de Telómeros y Telomerasa del CNIO.

¿Qué son los telómeros?

Los telómeros son las zonas terminales de nuestros cromosomas. Están constituidas por ADN y proteínas y su función es proteger el resto del genoma de la posible inestabilidad que pueda sufrir. A medida que envejecemos, nuestros telómeros van perdiendo materia y se acortan. Si lo comparamos con un árbol, del mismo modo que con los años aumentan los anillos de su tronco, los telómeros se reducen. Solo aquellas células que se dividen indefinidamente (células madre) evitan este acortamiento mediante otra proteína que se llama telomerasa. La telomerasa alarga los telómeros evitando ese acortamiento asociado al envejecimiento. En una célula normal, la telomerasa está inactiva y los telómeros se acortan hasta que desaparecen, comenzando el proceso de muerte celular.

¿Cómo se relacionan con el cáncer?

Aunque esta pregunta es mucho más compleja de lo que a continuación voy a decir, podríamos resumir todo el proceso de la siguiente forma. Una célula tumoral es una célula que pierde el norte. Si el ciclo vital de la célula es crecer, reproducirse y morir, las células tumorales “deciden” que, en vez de morir, siguen reproduciéndose alegremente. El resultado es que estas células dejan de ser normales y pasan a ser tumorales, creciendo sin límite y “convenciendo” al resto de células que hay alrededor de apoyar este cambio de vida. Obviamente todos sabemos que esto no es muy bueno para el organismo.

En el caso de estas células que pasan a ser tumorales, los telómeros, que deberían acortarse cada vez más, rejuvenecen. La telomerasa, que está inactiva (al no ser una célula madre), se reactiva y permite que la célula cancerosa no envejezca y pueda seguir dividiéndose a su libre antojo.

El grupo de María Blasco estudia este proceso en cáncer para ver cómo atacando a la telomerasa, se puede evitar que regenere los telómeros y siga la progresión tumoral. Además, existen una serie de enfermedades donde los telómeros vienen acortados “de serie”. Se llaman síndromes teloméricos y el más conocido es la fibrosis pulmonar. A día de hoy son enfermedades que no tienen cura y que, al final, acaban con un trasplante del órgano dañado como única solución.

Aquí es donde el grupo de la Dra. Blasco trabaja con la estrategia contraria: reactivar la telomerasa temporalmente para regenerar los telómeros de esas células defectuosas y devolverlas a un estado normal que no produzca enfermedad.

Muchas de estas tácticas se van a llevar dentro de poco a ensayos clínicos y es donde todo el esfuerzo de los investigadores básicos se ve recompensado. En el CNIO se trabaja día a día para acabar con el cáncer. María Blasco dice que “hemos avanzado mucho, pero tenemos que seguir investigando. La única manera de acabar con la mayor parte de los tumores adultos es evitar que se formen, y eso implica entender bien el proceso”.

Gracias a líderes como ella, la investigación se abre a la sociedad e inspira a miles de personas a seguir ese camino que desembocará en nuevos tratamientos que faciliten la vida a los pacientes y a una mejor comprensión de algo tan complejo como es el cáncer.

La Dra. María Blasco al inicio de una conferencia sobre el papel de los telómeros en cáncer y envejecimiento en la Universidad Francisco de Vitoria.

Oil Pulling: La moda que no debe llegar

Las pseudoterapias emergen hasta de debajo de las piedras o, en este caso, del armario de los condimentos.

Hace no mucho, mientras me quedaba hipnotizado en ese rito casi ameboide que es deslizarse por la sección de búsqueda de Instagram, descubrí un vídeo que me dio entre risa y pavor. La miniatura era un dibujo del cuerpo humano y a los lados había escritas cosas. Como me saltan bastantes sugerencias de publicaciones relacionadas con temas de salud y ciencia, decidí ampliar dicha miniatura con toda la inocencia y la curiosidad posible. Sin embargo, me encontré con un influencer descamisado haciendo enjuagues.

Lo primero que me saltó a la mente fue qué necesidad hay de quitarse la parte de arriba para lavarte los dientes, pero dado que entre enjuague y enjuague hablaba, decidí escuchar lo que me tenía que decir el vídeo, dado que en algún momento aparecería la referencia a la miniatura que había visto. Según seguía su interrumpido discurso, mis emociones sufrieron cambios bastante drásticos. Pasé del asombro, a la extrañeza, después a la risa y acabé en un medio cabreo mezclado con indignación… ¡y todo ello en poco más de un minuto!

En ese momento me dije que tenía que escribir sobre ello en Omglobalnews.

Así que aquí estoy, presentándoos, para aquellos que no lo conozcáis, el ‘oil pulling’ o traducido al castellano, ‘enjuagues con aceite’. Sé que os preguntaréis qué tiene esto de científico y por qué le voy a dedicar un artículo (y varias horas de investigación) a algo que, a simple vista, solo parece asqueroso.

Resulta que el ‘oil pulling’ forma parte de la medicina tradicional hindú. Básicamente consiste en meter aceite en la boca y enjuagarte cón él. Según los expertos en la materia, debes tener el aceite en la boca durante 10-20 minutos para notar sus “efectos”. La tradición reza que esta práctica te ayuda a expulsar tus toxinas. Esto ha pasado desapercibido del amplio público hasta que alguien decidió otorgarle ciertas propiedades beneficiosas y convertir una práctica de medicina tradicional (con su mayor o menor consistencia científica que desgranaré más adelante) en una pseudoterapia.

¿Qué beneficios demostrados tiene el ‘oil pulling’?

La creencia más extendida es que el ‘oil pulling’ sirve para blanquear los dientes y eliminar bacterias bucales. De hecho, cierta marca de cosmética accesible aquí en España (y cuyo nombre no voy a dar) se dedica a vender sobres con grasa de coco y saborizantes utilizando como reclamo el blanqueamiento dental. Si uno entra en PubMed (base de datos de artículos sobre medicina) y hace una búsqueda sobre el ‘oil pulling’, verá que la mayoría de los artículos provienen de la India.

Analizando unos cuantos, me he dado cuenta de que la mayoría compara el uso de clorhexidina (el antiséptico más usado en productos dentales) con el del ‘oil pulling’ de diversos aceites (coco, sésamo o girasol). Los resultados son que la clorhexidina inhibe el crecimiento bacteriano desde el primer momento, mientras que al aceite le cuesta unas dos semanas hacerlo. Entrando más en detalle, vemos que en los estudios no se retira el cepillado diario de dientes, que elimina gran parte de la placa bacteriana.

Además, no nos dicen cuántas veces se cepillaban los dientes los sujetos de estudio. Una revisión hecha hace poco por científicos de la Universidad de Oxford, decía claramente que la información existente sobre los beneficios y riesgos de esta práctica no son suficientes para asegurar nada respecto a la formación de placa (ya no digamos otras cosas) y que, en caso de que se quiera hacer, nunca debe sustituir a la higiene rutinaria de la boca. Otra revisión diferente definía que de los 21 estudios publicados, solo 6 cumplían un diseño experimental válido, pero tenían poca muestra poblacional.

Por tanto, podemos decir que beneficios demostrados, lo que viene a ser demostrados, no hay.

¿Y qué hay de los riesgos?

Hay pocos casos de efectos adversos graves, al fin y al cabo, es enjuagarse con aceite. Lo que sí se han reportado han sido casos en que la gente acababa aspirando alguna gota de aceite y esta se quedaba alojada en los pulmones causando infecciones. Además, algunas personas (como el influencer que me dio la idea de escribir sobre esto) mezclan el aceite con otras cosas que también pueden atravesar la cavidad oral en dirección a las vías aéreas y dañarlas.

¿Por qué lo clasificamos como pseudoterapia?

Si la cosa se quedase en que ayuda a blanquear los dientes, pues mira, ni tan mal. No me habría molestado en escribir este artículo, sinceramente. La gente tiene por costumbre meterse muchas cosas en la boca para “ayudar” a la salud dental y el aceite no es una de las peores. El problema ha radicado en que la famosa miniatura encerraba algo más allá que el dibujo de un cuerpo humano.

Hay mucha gente que atribuye a esta práctica “medicinal” propiedades increíbles. Estas pasan por efectos a nivel de la boca como fortalecer encías o dientes y curar la gingivitis, a cosas como mejorar el acné, ayudar con alergias, asma, fatiga crónica, diabetes, migrañas, “detoxificar” el cuerpo (cosa que hacen nuestros riñones e hígado gratis) o incluso, curar el cáncer. Este tipo de patrañas y reclamos son las más usadas por estafadores para vender productos aprovechándose de las enfermedades o de la baja formación científica de mucha gente.

Además, no solo te venden el aceite, sino cosas como fragmentos de coral o arenas para potenciar su efecto. Es ridículo pensar que “trozos de piedras” puedan ayudarte a mantener la salud dental, dado que lo más probable es que destruyan tu esmalte y acaben por provocarte desde sensibilidad a caries o infecciones más graves.

La higiene bucal es algo muy serio que, si no se hace de la manera adecuada, puede acarrear graves problemas. Acudid siempre a un especialista que use la medicina basada en la evidencia para obtener los resultados que esperáis, en cualquier ámbito de la salud, y no os dejéis llevar por los consejos de gente que no ha tenido las herramientas de juicio suficientes como para ser críticos.

Mujeres en la ciencia: Hedy Lamarr

Hoy empiezo una serie de artículos sobre el papel de diferentes mujeres en la ciencia que no han recibido el reconocimiento que merecen.

Cada día más, se está intentando poner en relieve el papel que las mujeres han tenido a lo largo de la historia de la ciencia. Un papel que ha sido ninguneado sistemáticamente por la sociedad y por los propios científicos. Por suerte y por justicia, ahora se está intentando rescatar a aquellas figuras que hicieron grandes aportaciones al conocimiento y a la técnica. 

Hedy Lamarr ha sido una de las grandes ignoradas a lo largo de los años, aunque últimamente se está volviendo a destacar su papel durante la primera mitad del siglo XX como inventora y como actriz. Por un lado, se la incluyó en el National Hall of Inventors en 2014 y, por el otro, se han hecho documentales (Bombshell: The Hedy Lamarr Story) para traer, a un presente más que necesitado de figuras femeninas en la ciencia y en las artes, su vida y sus aportaciones.

Cuando lees sobre Hedy Lamarr en internet, lo más probable es que aparezca como la inventora del WiFi. Esto no es del todo correcto, pero sí es cierto que gracias al sistema de conmutación de frecuencias que ideó, se han podido originar gran parte de las tecnologías de telecomunicación actuales: WiFi, Bluetooth, GPS… Este sistema fue muy adelantado para su tiempo, dado que no existió la tecnología para llevarlo a cabo hasta la Crisis de los Misiles de Cuba veinte años después. Su propósito inicial no fue su aplicación durante la Guerra Fría, sino contra el régimen Nazi.

Hedy Lamarr nació en el seno de una familia judía en la Austria imperial. En el ambiente previo a la Segunda Guerra Mundial y de la ocupación Nazi de Austria, un fabricante de armas alemán concertó un matrimonio de conveniencia con su familia para así mantenerla a salvo. Sin embargo, las intenciones de Friedrich Mandl eran diferentes. Este hombre, muy relacionado con la cúspide del partido Nazi, se había encaprichado de Hedy tras ver la película Éxtasis. Dicha película fue la que la catapultó a la fama en Europa, dado que fue el primer desnudo completo en un film comercial.

Tal fue la obsesión de Mandl con Hedy, que no la permitía salir de casa sin su consentimiento y compañía. En sus memorias, Lamarr lo definió como una esclavitud. Fue durante esta época cuando se dedicó a retomar su carrera de ingeniera, que había abandonado por la actuación, y a hacer anotaciones de todo lo que su marido desarrollaba.

Harta de cómo vivía, Hedy urdió un plan para escapar de su marido y huir a EE.UU. Para ello, inició una relación con su asistenta y cuando vio la oportunidad, la durmió, se vistió con su ropa y tomó un tren con destino a París. Su vida cambió en ese viaje, dado que conoció a uno de los directores de la MGM y su futuro marido.

Con esta historia parece que Hedy tuvo su final feliz después de todo, pero una vez llegó a EE.UU. comenzó su plan de venganza. Hedy, que había vivido bajo la opresión nazi, decidió poner a disposición del gobierno estadounidense toda la información que poseía sobre las armas alemanas. En aquel momento de la guerra, los aliados tenían un problema con los submarinos alemanes. Estos dirigían sus torpedos de una forma muy certera e imposible de intervenir. Por ello, Hedy ideó el sistema mencionado anteriormente que permitiría interrumpir la señal alemana y teledirigir de manera más precisa los torpedos estadounidenses contra las flotas enemigas.

La historia de Hedy Lamarr es un ejemplo de genialidad y de valentía. Una mujer que se dedicó a las artes cinematográficas rodando unas treinta películas en poco más de veinte años y que redirigió su creatividad e inteligencia hacia el objetivo primordial que demandaba la sociedad en aquella época: acabar con la expansión nazi y ganar la guerra. Sin embargo, cuando se hubo de reconocer su valía, no se hizo.

Ayer, 11 de febrero, fue el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Es un día perfecto para poder recordar a todas las científicas que, como Hedy Lamarr, dedicaron parte o la totalidad de su vida al avance de la humanidad y poner el foco en el gran trabajo que han hecho, y que hacen día a día, todas las investigadoras a lo largo del mundo. 

¿Por qué prohibir el aceite de palma no es la mejor solución?

¿Realmente el aceite de palma es tan malo como lo pintan?

Por suerte para nosotros, el mantra de que el aceite de palma es malo lo tenemos bastante asimilado. Ya sea por el revuelo mediático causado o bien por el conocimiento nutricional que hemos adquirido, tenemos claro que no es la grasa más saludable del mercado. A nivel de la industria alimentaria, el aceite de palma resulta muy útil por sus propiedades organolépticas (el aspecto que da al producto) y por su precio, más barato que las grasas más saludables. Sin embargo, tanto en su proceso de obtención como en su efecto en nuestro organismo, no es un elemento idóneo. 

El cultivo de la palma aceitera es muy rentable porque con poca superficie de cultivo se obtiene mucho producto. Sin embargo, las condiciones climáticas necesarias para el cultivo de esta especie hacen que se estén destruyendo bosques de zonas tropicales donde residen gran cantidad de especies en peligro de extinción. Además, su industria genera bastantes contaminantes algunos de los cuales no son eliminados adecuadamente. Por tanto, podemos sacar como primera conclusión que esta explotación no es beneficiosa para el medio ambiente.

Si tratamos el valor nutricional del aceite de palma, vemos que está compuesto en más del 50% por ácidos grasos saturados. Estos son especialmente perjudiciales a nivel de la salud cardiovascular, favoreciendo el crecimiento de placas de ateroma y propiciando la aparición de problemas vasculares. Pero claro, esto ocurre si estás comiendo todos los días una alta cantidad de grasas saturadas. La alarma generada por el aceite de palma se debe a su presencia en casi todos los productos procesados y a que, en su proceso de refinamiento (protocolo para obtener el aceite de la materia prima de la planta) se pueden generar sustancias que aumentan el riesgo a padecer cáncer.

La segunda conclusión está clara, el aceite de palma es perjudicial si lo consumimos de manera habitual. La solución en muchos productos, y ante la amenaza de boicot, ha sido retirarlo, aunque ello conlleve la pérdida de esas propiedades agradables que aporta el aceite de palma. No obstante, algunas empresas lo que han hecho ha sido sustituirlo por otro tipo de aceites como el de girasol o el de colza, que no son tan perjudiciales, o por el de coco, que es igual de peligroso por su alta cantidad de ácidos grasos saturados.

Por tanto, la no presencia de aceite de palma no es ninguna garantía de que ese producto sea más sano. Lo más importante será siempre mirar la etiqueta y comprobar los aceites vegetales empleados en la elaboración de ese producto.

En Europa se consume una media de 60kg de este aceite por persona y año | Foto de Valentin Salja

Ante este problema se nos puede ocurrir que lo más fácil sería prohibir el aceite de palma y el cultivo de la planta y así nos ahorraríamos estos dos problemas: el medio ambiental y el sanitario. Sin embargo, un informe de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) indica que eliminar el aceite de palma, y por ende sus cultivos, no sería una solución muy inteligente. Si se piensa, en el momento en que se elimine el aceite de palma, la demanda de una grasa que lo sustituya aumentará, dado que no solo se usa en la industria alimentaria, sino también en otras como la cosmética.

Ante esto se necesitará cultivar otro tipo de especies, pero la extensión de cultivo necesaria para cubrir dicha demanda será todavía mayor, dado que el aceite de palma se produce en menos de un 10% de la superficie total dedicada a cultivo de plantas aceiteras. 

Por ello, la solución no es prohibir, sino mitigar el impacto causado actualmente. Pasa por mejorar el proceso de refinamiento del aceite, hacer más sostenible el cultivo de la palma y no sustituirlo por otros que puedan generar un mayor impacto. 

El cultivo de otras especies aceiteras se haría, según la UICN, en zonas tropicales de África donde se podría desplazar el daño medioambiental que ya se ha generado en Malasia, por ejemplo. Del mismo modo, se debe evitar aumentar la superficie de cultivo del aceite de palma, dado que se concentra en regiones donde habitan numerosas especies en peligro de extinción que pueden ver su ecosistema diezmado. 

Por otro lado, algunos expertos afirman que, en suelos arrasados y agotados de la selva amazónica, el cultivo de la palma puede ser útil para recuperar el suelo, evitar el aumento de la deforestación y generar riqueza en algunas zonas deprimidas. Esto genera cierta controversia dado que muchas especies no pueden usar las palmas en sustitución de los árboles originales como hábitat. Podría ser un paso previo a la reforestación del terreno con las especies autóctonas, pero no es una solución definitiva.

En conclusión, el aceite de palma es perjudicial para la salud y su cultivo resulta dañino para el ecosistema tropical dado que es el que se ve afectado directamente, pero una solución de eliminación radical de este cultivo puede acarrear el impulso de otras plantaciones igual de dañinas y que pueden desplazar el problema a zonas donde ahora mismo no existe. Debemos buscar la reducción del daño y no sustituirlo.