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Tengo la cabeza en otro sitio | Julen’s Stories

Vuelven las columnas semanales de Julen Hernandez.

Foto hecha en Hondarribia por Joaquín Reixa.

Reinauguro la vuelta al cole de mi columna en Omglobalnews admitiendo que tengo la cabeza en otro sitio. El pasado fin de semana viajamos hasta Hondarribia en Guipúzcoa para producir y grabar el vídeo más complejo que ha visto (o verá) mi canal de Youtube en estos siete años y medio de vida. Es un proyecto que lleva en mi mente varios años y que, por circunstancias ajenas y personales, no he podido hacer antes. Y ahora que lo pienso menos mal porque la madurez y la valentía han jugado a favor este 2019.

Hemos bebido de toda aquella fuente de información que nos ayudase a tener la imagen general y beneficiase este reportaje: hemos leído docenas de artículos, hemos visto vídeos de sucesos antiguos y no tan antiguos, ha pasado por nuestras pantallas un documental excepcional de Jone Karres y Eneko Olasagasti, y por nuestras manos el libro de Maite Asensio y Arantxa Iraola, hemos hablado con luchadoras y, lamentablemente, nos han negado la palabra los representantes políticos del Ayuntamiento de la localidad y de la Diputación de Guipúzcoa.

Ha quedado todo grabado, empezando desde el sexismo institucionalizado y siguiendo con el silencio cómplice de los que saben que ninguna palabra puede justificar una postura en la que no se tiene en cuenta a la mitad de la población. Pero, sobre todo, hemos querido ceder mi plataforma a las que un día levantaron la voz en busca de sus derechos aún sabiendo que eso implicaría poner en riesgo absolutamente todo lo que tenían.

Publicamos el primer (y provisional) tráiler el domingo 8 de septiembre nada más terminar el rodaje y la respuesta ha sido masiva. Más de 19.000 visitas en Twitter, más de 6.000 en Instagram y la bandeja de mensajes privados a rebosar.

Llevo tres jornadas completas, con sus horas extras, invertidas en la edición del vídeo y aún queda muchísimo trabajo por hacer, y por eso despido esta breve reinauguración de la columna porque tengo la cabeza en otro sitio. Ojalá os guste.

Cinco veces en las mil Italias | Julen’s Stories

Donde el caos está tan bien ordenado que todo se acerca al colapso aunque sin llegar a colapsar del todo.

Julen en moto en Italia.

Escribo esto desde la cafetería del aeropuerto donde me han mirado mal por pedir un café con soja y hielo. Más que una mirada ha sido— Pero, ¿el café con leche de soja y con cubos de hielo? —Le he dicho que sí, que así es como quería el café—. Pero, ¿con el hielo dentro? ¿Dentro del café? ¿Y con la soja? ¿Todo junto? —y así todo. 

Italia es un país maravilloso, un país compuesto por muchos mundos distintos. Hace millón y medio de años estuve en la mágica Florencia visitando a mi hermano en su Erasmus. Me temo que no me acuerdo demasiado de ese viaje. Sí que me acuerdo del vuelo, sería de las primeras veces que volaba en toda mi vida, nos sirvieron algo de picar y al rato la azafata se me acercó y me dijo— Finito? —. Durante segundo y medio me pensé que debía ser algo así como un complemento, aunque era raro decirle a un niño (delante de sus padres) que estaba flaco. Mi madre más tarde me explicó que “finito” significaba “¿has terminado?”.

Años después, en julio del 2013, viajé a Palermo, en Sicilia, para visitar a mi amiga Lili que también estaba de Erasmus. Sicilia es esa enorme isla que está al final de “la bota”. La gigantesca diferencia cultural con el resto de países europeos que había visitado me asustó al principio y terminó enamorándome en cuanto Lili me sacó de paseo por las coloridas y aromáticas calles de Palermo. Parecía uno de esos bares de Star Wars donde se mezclan criaturas de mil universos distintos mientras beben en armonía y suena música de saxofón de fondo.

Nunca había saboreado tanto la comida como allí, ni había sudado tanto, ni había visto tantas cucarachas juntas, ni todo me importaba tan poco como ahí. Ahí nació mi canal secundario de YouTube ExtraJulen, y cada día me agradezco a mi mismo el esfuerzo de haber subido un vídeo diario desde esas tierras para poder recordar la aventura para siempre. Dejaba a Lili haciendo algún recado y me solía ir a algún locutorio para intentar subir el vídeo del día.

Más tarde, en mayo del 2016, visité Roma con algunas amigas de mi propio Erasmus. Si no me equivoco diría que hay un vídeo de ese viaje en mi canal de Youtube. Me sorprendió encontrarme con una ciudad tan energética y donde el caos estaba tan bien ordenado que todo se acercaba al colapso aunque sin llegar a colapsar del todo. De ahí cogí un tren hasta Turín para visitar a mi amiga Kattalin en su Erasmus y conocer la Italia del norte. Una Italia más Suiza que Italia.

Casi un año más tarde se me fue la olla y decidí que quería hacer un Interrail de 10 días en solitario por Italia. En realidad el Plan A era Suecia, pero el presupuesto no acompañaba e Italia sale más económico. Llegué por primera vez a Milán con una norme mochila en la espalda y una más pequeña con los objetos que no quería que me robasen en mi pecho. No me robaron pero sí que me timaron 30€ por una tarjeta SIM para el móvil.

Por aquella época, hasta junio del 2017, el uso de datos móviles en el resto de países europeos se pagaba a precio de los diamantes de Tiffany’s. Gracias Parlamento Europeo por romper fronteras, pensar en los que no podemos vivir sin internet y ahorrarnos una millonada.

Y no, Milán no es tan feo como te hacen creer. De ahí quise ir a Génova (Italia) aunque me confundí de tren y me fui en dirección contraria a Ginebra (Suiza). Lloré un poco, valoré volver a casa pero seguí mi aventura italiana. Pasé por Génova, Cinque Terre, Pisa, un pueblo costero realmente feo del no recuerdo ni el nombre (lo acabo de mirar y se llama Livorno), la Toscana (alquilé una Vespa y fue el mejor plan que pude haber hecho) y puse fin al viaje visitando Florencia. Sin duda fue un viaje lleno de retos, de muchísimo silencio, de aprendizaje y de satisfacción personal. Nunca pensé que me atrevería a viajar solo de esa manera y lo conseguí (lo podéis ver en mi canal de Youtube).

Exactamente dos años después he vuelto a Italia, concretamente a Nápoles, que lleva un porcentaje del ADN energético y caótico de Palermo. Hemos visitado Sorrento, Pompeya, Positano, Atrani y Ravello en un pequeño Fiat de alquiler. Me toca decir que menos mal que conducía mi amigo Yoeri (lo conocí en mi Erasmus de Dinamarca) porque yo hubiese puesto el freno de mano nada más salir del parking del aeropuerto y hubiese cogido el primer bus.

Nos han timado en varios sitios por el simple hecho de ser turistas y no hablar italiano, pero era algo con lo que ya contábamos (y que todos los males sean eso). Es curioso ver cómo cuanto más al sur de Roma vas más explosiva es la cultura y la sociedad: nadie hace caso a semáforos ni a las señales de ceda el paso, los peatones cruzan por donde quieren, piden que dejes las llaves dentro del coche en los parkings por si necesitan moverlo para que entren más coches, el precio de casi todo varía en función de lo bien o mal que les caigas, y mil detalles más a los que claramente no estamos acostumbrados pero que hacen que el viaje se convierta en una experiencia espectacular llena de emociones y, sobre todo, de comida exquisita (lo podéis ver en mi Instagram).

Y escribo esto desde la cafetería del aeropuerto donde me siguen mirando curioso porque mi iced latte de soja me está durando dos horas y casi se me ha derretido el hielo por completo, mientras pienso cuándo podré volver de nuevo a Italia.

No se opina | Julen’s Stories

La importancia de votar | Foto de Arnaud Jaegers

El pasado lunes subí un vídeo a mi canal hablando sobre política. Sorprendentemente la bandeja de comentarios se mantuvo limpia sin ningún insulto ni ataque personal aunque sí hubo gente que no opinaba lo mismo que había dicho yo. “Hay que respetar las opiniones” se escucha en la calle. No puedo estar más de acuerdo con eso. Una comunidad diversa con opiniones y posturas dispares es oro para poder seguir evolucionando… hasta que se ponen encima de la mesa derechos humanos básicos. Y eso es un “NO” rotundo. No se opina sobre feminismo, el futuro será feminista o no será. No se opina sobre cómo regular al colectivo LGTB+, el futuro será diverso e inclusivo o no será. No se opina sobre las clases medias y bajas, el futuro es de todos y para todos o no será. Y es que hay una sola cosa clara: o votas o el futuro lo decidirán otros por ti; y te prometo que no te va a gustar.

No son unas elecciones más, que no te engañen. Todos vamos a votar, pero unos nos jugamos más que otros. Algunos votamos por proteger nuestros derechos básicos, y otros juegan a la política para blindar sus carteras. Unos votan para que no haya ninguna mujer asesinada a manos de sus maridos, y otros votan para pagar menos impuestos. Unos votan para poder casarse con el amor de su vida, y otros votan para que los coches puedan entrar de nuevo en el centro de Madrid. Unos votan para que sus hijos e hijas puedan estudiar todo lo que no pudieron estudiar ellos, y otros votan para legalizar las armas.

Unos votan para que la cura del cáncer sea un hospital y no una buena cuenta corriente, y otros para construir un muro de hormigón en la frontera. Unos votan para proteger a los animales, porque ya lo dijo Ghandi “la grandeza y el progreso moral de una nación se mide por cómo trata esta a los animales”, y otros votan para dar subvenciones para hacer de la tortura del toro un espectáculo. Unos votan para que sus trabajos de más de 40 horas semanales no tengan el sueldo precario que el empresario querría pagar, y otros votan para poder tener una plantilla muerta de hambre y asustada en su empresa.

Unos votan para que los bosques sean verdes y los mares azules, y otros votan para construir sobre esos colores y seguir haciendo caja. Unos votan para que los representantes de la ciudadanía sean la propia ciudadanía, y otros votan para poder trabajar en beneficio propio con sueldo público y usar las puertas giratorias a su antojo. Unos votan para que los impuestos lleguen a donde más se necesitan y otros votan para destruir las investigaciones sobre malversación de caudales públicos. Unos votan para que la televisión pública sea independiente y de calidad al servicio de la ciudadanía diversa, y otros votan para que la televisión pública no destape ninguno de los escándalos en los que están envueltos los de arriba.

Unos votan para que todos tengan las mismas oportunidades independientemente de la familia de la que se venga, la tonalidad de su piel, la cartera que tengas, lo que pienses, lo que sientes, a quién ames y lo que seas, y otros votan para que el sistema de privilegios siga en vigor con los que habitan el palacio de la Zarzuela encabezando la lista. 

Y es que hay una sola cosa clara: o votas o tu futuro lo decidirán otros por ti. Y te prometo que el futuro que tienen preparado para ti no te va a gustar.

¿Cómo de opresor soy? | Julen’s Stories

La semana pasada encontré este retwitt curioso y llegado este punto no entiendo nada.

Ser parte de un colectivo u otro hace que tengas más o menos privilegios. ¿Pero cuántos? | Photo by Rawpixel

La semana pasada encontré un retwitt curioso. Uno más. “La escala de los privilegios. ¿Cómo de opresor eres?” decía un tal @JaimeBN1987 y adjuntaba un cuadro para calcular el nivel de privilegios en una escala que iba desde -100 hasta +100. Si leéis el texto hasta el final podréis ver mi nota. En realidad he de admitir que primero me fijé en el cuadro que decía “How privileged are you?” al que respondí en mi cabeza “bastante privilegiado”. Pero no entendí qué tenía que ver el hecho de que yo me sintiese afortunado y privilegiado de haber nacido donde nací en la época en la que nací y de vivir la vida que vivo con ser opresor. ¿Por qué iba a ser yo opresor? ¡Yo!

Lo de hacer preguntas me viene de sangre periodista y no me pude resistir a hacer esa pregunta en mi grupo de amigas. “¿Os puedo hacer una pregunta?”, me aventuré. “¿Es de política?” me dijo una amiga. Me conocen muy bien al parecer. Me ayudaron a entender que ser privilegiado implica tener privilegios, y que siempre que hay privilegios unos los tienen y otros no, sino no serían privilegios. Así que para que yo me sintiese “bastante privilegiado” tiene que haber alguien que no dispusiese de los privilegios que tengo yo.

En el cuadro del twitt se explicaban varias situaciones en las que te tenías que posicionar en alguna de las respuestas y cada respuesta venía con una puntuación. Sumando todas las puntuaciones salía el resultado final. Ningún rigor científico, ninguna base sociológica, antropológica o psicológica, algo así como un test de Buzzfeed pero aún con menos sentido.

“Raza” decía la primera situación del test; White +25 puntos, Asian +10 puntos, Latino -50, Black -100 y Other -100. Blanco y en botella, +25 puntos para Julen. Sexo masculino, otros 25 puntos. Tener pareja del mismo sexo, -150 puntos. Género CIS, 20 puntos. Y así hasta repasar la tabla entera. El resultado me sorprendió; Julen -10 points que según la tabla sin sentido significa non-privileged.

Si haces tú el test, ¿qué te sale?

¿Dónde estaban los privilegios que creía tener? O, ¿por qué no se muestran mis privilegios en esa tabla? ¿Vivo en una burbuja? ¿Cómo he hecho hasta ahora para no sentirme no-privilegiado según el test? ¿Hay alguna situación (quizá política) que debiese temer que pudiese sacarme de mi burbuja? ¿Partidos políticos de extrema derecha? ¿Cómo de oprimido tienes que estar para que de verdad se muestre tu situación real en el test? ¿Quién decide los números de la lista? ¿Quién ha hecho la lista? ¿Por qué ha creado la lista? ¿Por qué he hecho el test?

La semana pasada encontré este retwitt curioso y llegado este punto no entiendo nada.

Más gracias que perdón | Julen’s Stories

El 18 de diciembre, y abriendo las puertas con 15 minutos de retraso, os presentamos la primerísima edición de la Winter Anthem Gala.

Ruth Lorenzo en la Winter Anthem Gala | Foto de Alejandra Lanoix

Se me ocurren varias situaciones en las que encaja como anillo al dedo un perdón. Una de ellas podría o debería ser el hecho de que no haya actualizado desde el pasado octubre mi estimada columna semanal autodenominada Julen’s Stories. La razón: trabajo. Y ni siquiera el mío. Esto es evidente porque fue el mes de octubre en el que junto a mi última columna publiqué el último vídeo de mi canal (ese en el que me despertaba a las 5 de la mañana durante una semana para comprobar que madrugar es muy duro y que prefiero seguir con mi alarma habitual de las 7), eso sí, con excelente recepción. Y aquí empiezan los agradecimientos.

Gracias a la gente que me ha mantenido ocupado estos últimos dos meses de mi vida porque aunque haya sido sin duda una de las etapas más duras de los 26 años que llevo vivo han sido inmensamente gratificantes y me han hecho aprender más de lo que tenía planeado.

Desde octubre he estado en París, dos veces, he montado por primera vez en helicóptero, he conocido al gato de Gomi y Neva, participé en una mesa redonda sobre el futuro de mi ciudad, estuve en Islandia y me bañe en uno de esos ríos cálidos aún estando a dos bajo cero en el exterior y no sé cómo me engañaron para organizar una gala benéfica.

Una Gala con mayúscula concebida y parida en menos de un mes. Un parto prematuro que en vez de proteger en una incubadora para asegurarnos de que el corazón latía con normalidad lo sacamos a la jungla a la vista de las panteras.

El 18 de diciembre, y abriendo las puertas con 15 minutos de retraso, os presentamos la primerísima edición de la Winter Anthem Gala. Un evento donde a través de la música quisimos celebrar el simple hecho de ser y estar y donde absolutamente todo lo recaudado a través del sistema de donaciones iría destinado a una asociación de mujeres supervivientes. Superamos la grandiosa, pero nunca suficiente, cifra de 5,700€ para colaborar con una causa tan necesaria. Gracias Ana Bella por coger el tren en Sevilla, por plantarte en nuestro escenario de Madrid y por dejarnos con la piel de gallina al hablar sobre tu asociación. Gracias a cada una de las personas del Círculo de Bellas Artes por acceder a cedernos el gigantesco Salón de Baile de la segunda planta del edificio (y a Bernardo por la inmensa paciencia), gracias Paco por saltar a los tiburones sin jaula de protección y querer financiar una parte de nuestro corazón con este proyecto, gracias Rebeca por ayudarnos a hacer historia ofreciendo un catering 100% vegetariano para casi 400 personas, gracias Ale por compartir tu sabiduría (y la cerveza fresquita), gracias Pelayo por soportar con infinita paciencia y saber estar todas mis dudas y casquetas. Paula, Alejandra, Carmen, Sam, Gomi, Neva y la interminable lista de personas que han aportado su generosidad; gracias.

Resulta que llegó un punto en el que la escaleta (un PDF con la información sobre el orden y los tiempos de absolutamente todo lo que sucedería en el escenario de la Gala) se tenía que convertir en guión para que fuese aprendido y recitado por las presentadoras de lujo que de manera desinteresada quisieron sumarse al proyecto. Este es uno de los grandes momentos en los que debería pedir perdón porque fue un servidor el que se ofreció a hacerlo y por causas ajenas a su voluntad lo terminó y entregó a una hora de dar comienzo a la Gala. Parecía que todo estaba concebido para fallar y con todo lo que podía haber salido mal, poco salió mal. Gracias Gabi y Sylvia por vuestra paciencia, profesionalidad, generosidad y grandeza, y por poner siempre vuestra mejor cara aún cuando el castillo de naipes estaba a nada de desplomarse en medio del huracán. El huracán soy yo. Gracias por hacernos el gran regalo de ser las caras visibles de la primera edición de la Gala.

Gabi y Sylvia, presentadoras de la Gala, en el photocall | Foto de Alejandra Lanoix

Un evento musical no se entiende sin música y nunca nos hubiésemos imaginado juntar semejante cartel de grandísimas artistas con un corazón más grande que la Gran Vía de Madrid que apoyase la causa con semejante involucración. No conozco manera alguna de reflejar mi agradecimiento por escrito a esas artistas que nos han hecho inmensos. Gracias Bely, Melo, Ruth, Carlos, Marina, Lucía, Gerard, Anni, Varry Brava, Ender y Gabi.

Carlos Sadness cerró la Gala para todos los asistentes | Foto de Alejandra Lanoix

Desde que el proyecto de la Gala fue aprobado tuvimos tres semanas (y ni un día más) para organizar la mayor locura en la que nunca nos hemos visto inmersos (con un viaje a Islandia de por medio y con los puentes de diciembre molestando). Han sido 21 días de trabajar desde las 7 de la mañana hasta las 12 de la noche y de despertar con pesadillas día sí y día también. Una experiencia con contenido suficiente como para hacer un reality show de lo más inhumano. Algo así como el viaje de la Compañía del Anillo al Monte del Destino en las lejanas tierras de Moria. Solo que en vez de contar con Aragorn, teníamos a Omai, en vez de a Gimli teníamos a Marifer, Paloma hacía de Legolas, Victor sería Boromir y me tomo la libertad de adjudicarme el papel de Gandalf el gris. Y siendo consciente de todo lo que hice mal, de lo que no hice bien, de lo que debí haber hecho mejor y de lo poco que me salió bien quiero dar las gracias a mi particular Compañía del Anillo por haber involucrado nuestras vidas en lo profesional y en lo personal por que esta Gala pudiese tener vida propia y llegar a emocionar como lo hizo al final. Casi 400 personas fueron testigos de lo que sucedió en directo sobre el escenario, más de 50.000 personas han visto en Youtube las dos horas de duración de Gala (entre ellos mis padres que no fueron a una cena de amigos para ir corriendo a casa y seguir en directo la emisión de Youtube), casi 8.000 personas aportaron su entusiasmo a través de Twitter convirtiéndonos en primer Trending Topic durante más de una hora con el hashtag del evento llegando a más de 13 millones de usuarios.

La Gala acabó siendo una operación a corazón abierto que terminó saliendo bien y este texto es la sutura que necesitaba y con la que me doy el alta. Y mira que se me ocurren muchas situaciones en las que encaja como anillo al dedo un “perdón” pero de un “gracias” siempre se aprende más. Así que disculpad pero gracias.

He discutido con mis amigas | Julen’s Stories

He pasado el fin de semana con mis amigas en París y hemos discutido. Y admito que me siento encantado de haber conocido a mis compañeras de discusión.

Con Izas en Le Sacre Coeur

Con poca gente discuto tanto como con ellas. Lo hacemos ininterrumpidamente todas las horas que nos permite el día. Es lo primero que hacemos nada más levantarnos y lo último que hacemos antes de dormir. Véase como excepción las horas nocturnas que pasamos durmiendo (que fueron pocas). El silencio de aquellas horas muertas lo ocupa algún ronquido incivilizado que pone las bases de lo que será la primera conversación matutina como “madre mía cómo roncáis los de allí” o “yo creo que ha sido ella porque el ronquido venía del sofá” o “ha sido Julen seguro” o “que no, creedme que ha sido ella”, y un eterno etcétera.

Hace un par de semanas llamé a mi madre para contarle que me iba de viaje a París junto a mis amigas Myri e Izas a visitar a Nerea, que desde hace un tiempo reside allí. Cuatro comunicadores que empezaron compartiendo aula en la universidad del País Vasco, para luego compartir una relación de simpatía y que terminó afianzándose a la vez que se creo de la nada e inesperadamente un grupo de WhatsApp que más tarde terminó teniendo más emojis que letras en el título y mucho futuro.

En aquella llamada mi madre me dijo: “¡Qué bien! ¡Seguro que os da tiempo hasta de discutir!” Y avanzándome a los hechos respondí: “Créeme que será lo primero que hagamos en cuanto nos veamos en el aeropuerto”. Y el aeropuerto Charles de Gaulle fue testigo de que así sucedió.

Cuando vivía con mi padre y mi madre siempre se cenaba con el telediario puesto. Bajito para que no molestase, pero puesto. Si resultaba que se presentaba alguna noticia interesante se subía el volumen del televisor para prestar la atención que se merecía. Luego se bajaba y se examinaba la noticia proponiendo argumentos a favor o en contra. Y no pocas veces nos hemos visto en la tesitura de que era la misma persona la que presentaba el argumento de favor y el de contra llevándose la contraria a si misma.

Esas situaciones me han enseñado a entender que cada uno tiene su propia opinión, su propio punto de vista, sus razones para pensar X o Y incluso en el mismo círculo social. O que muchas veces aún pensando lo mismo se puede llegar a expresarlo de manera distinta. Por eso digo que Discutir es deporte nacional en mi casa.

El río Sena atravesando París.

París fue testigo de varios temas que ocuparon nuestra estancia: la situación de la política vasca, la inmovilidad de la juventud, el periodismo en formato selfie, el trabajo precario, la distinción (o no distinción) del artista y su obra,… en algunos temas coincidíamos en opinión, en otros, como es normal, no, y en los que no tenía demasiada idea me quedaba en silencio hasta identificar qué opinión me podría representar más.

Lo que ha sido deporte nacional en el viaje a París no es apto para todos y como en todo deporte, practicarlo hace que seas mejor y más empático. ¡Y mis amigas son unas pros!

Hemos convivido 5 personas en un estudio de 40 metros, hemos probado soupe à l’oignon, hemos comido fondue hasta reventar, hemos paseado nuestros 15-20km diarios, hemos pagado 8,5€ por una Fanta de naranja, hemos sacado mil fotos diarias, hemos acompañado a que Myri comprase sus caprichos en las tiendas caras de París y nos hemos emborrachado en una fiesta privada en la que no estábamos invitados. Y todo eso acompañado de una copa de vino blanco y una buena discusión.

Sin ningún ánimo de que esto suene divertido ni gracioso a veces pienso que debería existir una asignatura en la escuela donde poner en práctica la ciencia del debate. Imagina durante un segundo cuántos problemas y cuántas peleas podríamos evitar si dos (o más) individuos fuesen capaces de proponer sus argumentos como la sociedad civilizada que decimos ser.

Podríamos decir, casi sin exagerar, que hemos pasado el fin de semana en París arreglando el mundo con nuestras discusiones. Admito que me siento encantado de haber conocido a mis compañeras de discusión.

Entrevista a Ruth Lorenzo: “¿Si no censuran a un hombre por qué censuran a una mujer?”

Hablamos con la cantante de su opinión sobre el panorama musical actual y su lado más personal.

La artista Ruth Lorenzo

La conocemos como la chica que defendió a España en Eurovision 2014 con Dancing In The Rain, como la chica de la que Judi Dench se declaró públicamente fan tras participar en la edición británica de Factor X y quedar entre los 5 finalistas con unas audiencias de 11 millones de personas y como la aventurera que mandó su currículum a la NASA para ofrecer ser la primera persona en viajar a Marte.

PREGUNTA: Pero, ¿quién es Ruth Lorenzo?

RUTH: Si yo lo supiera… Ruth Lorenzo era una chavala de quince años con ganas de cantarle al mundo pero cuanto más mayor me hago más me doy cuenta de que no sé quién soy ahora. Sigo descubriéndome a mi misma cada día.

P: En ese descubrimiento diario si algo tienes claro es que ¿eres más artista o cantante?

R: ¡Artista! Porque la artista no deja de ser una artesana y yo soy artesana de lo que hago. Me gusta elaborar la minucia, ver todo al detalle y adentrarme en ello hasta sacarle todo el jugo que pueda tener. Crear un principio y conseguir un final.

P: Y como cantante, ¿te sientes más de Good Girls Don´t Lie o de Cucurrucucú?

R: Todos llevamos muchos colores dentro de nosotros y cada canción muestra uno de esos colores. Cucurrucucú soy yo en mi casa caminando por el pasillo y cantando sola.

P: ¿Y no es ese el momento más verdadero?

R: ¡Sí! Pero luego me meto a la ducha y lo doy todo con Good Girls Don´t Lie. Pero es verdad que muchas veces me encuentro cantando canciones que me producen nostalgia.

P: ¿Nostalgia sobre qué?

R: No te lo sé decir. Creo que es simplemente un sentimiento que siempre he tenido dentro y con el que me identifico. Yo me acuerdo que cuando me iba a ir a vivir a Estados Unidos e hicimos el viaje en coche desde Murcia al aeropuerto de Madrid escuchábamos a José Luis Perales, uno de mis artistas preferidos. Me acuerdo estar mirando por la ventana de atrás llorando como una descosida viendo las montañas de Murcia disiparse en el horizonte hasta que se convierten en parte del cielo y dejas de verlas. Ese tipo de nostalgia.

P: ¿Y ese momento qué canción tiene?

R: El Amor y Cuando Vuelvas de José Luis Perales. En Estados Unidos viví muchas cosas pero una de las que más me punzaron el corazón fue la nostalgia del pasado y la de los sueños del futuro. Cuando soñaba en llenar un estadio mientras reponía latas de ketchup en un almacén. Esa imagen tan dura es mi nostalgia.

P: ¿Entonces por qué cantaste Cucurrucucú en la última gira?

R: Es una canción que me llega al alma y con la que me identifico muchísimo porque la letra tiene nostalgia. “Dicen que por las noches, no más se le iba en puro llorar, dicen que no comía, no mas se le iba en puro tomar…”. Es una maravilla.

P: Convencido por dos amigos, una tarde de primavera terminé en la pista de uno de tus conciertos de la gira, y cuando cantaste Cucurrucucú no había pañuelos suficientes para socorrerme.

R: ¿Ves?, eso es nostalgia. No estamos locos cuando hablamos de sentimientos y conexiones. Lo que más me mueve es ese tipo de conexión y emoción. Por eso digo que a mi se me entiende cuando se me ve en directo. Soy el tipo de artista que por la tele puede parecer estúpida pero cuando vienes a verme cantar en directo soy cercana a mi arte. Me he manchado las manos creando mi música y solo sé exponerla de la misma manera.

Ruth para El Periódico

P: ¿Es posible sentir nostalgia por algo que no hemos vivido?

R: Totalmente.

P: ¿De qué época sientes nostalgia?

R: Yo me quedé en la época de 1950 a 1970. Me siento muy identificada con su música y con su grito a la libertad que no se tenía en esos momentos.

P: ¿Libertad personal o la de la mujer?

R: Libertad en cuanto a forma de expresión. Las canciones de Bob Dylan hablan de esa libertad que no se puede conseguir, de las guerras absurdas como fue la de Vietnam… Janis Joplin, Eric Clapton… Son letras muy reivindicativas y a mi me gustan esos movimientos que te llevan a una acción.

P: ¿Y qué reivindicas tú?

R: El amor al arte porque lo vivo en mis carnes. Un artista solo necesita hacer arte. Reivindico la pasión hacia la música y hacia lo que persevere en el tiempo. Somos tan volátiles y fugaces que no podemos permitirnos el lujo de hacer cosas que no perduren y por eso creo que la gran mayoría de la gente quiere tener hijos; para perdurar y dejar su huella. Para mí Loveaholic (mi álbum) es mi hijo.

P: Como artista que eres, ¿en la industria musical se te ha penalizado por ser mujer?

R: Pienso que sí. Lo digo y a lo mejor no me vuelven a coger el teléfono, pero ser mujer es una putada. Si eres mujer y tienes las cosas claras te tachan de engreída y prepotente, si explotas tu físico entonces eres una puta y si decides no pintarte ni subirte a unos tacones ya eres una marimacho…

P: ¿Las mujeres empoderadas molestan?

R: Sí. Algunos habrán tenido madres empoderadas y les habrán cogido manía. Hemos vivido una sociedad muy machista durante muchos años aún así agradezco haber nacido en un país como España y no en Arabia Saudí, pero aún nos queda mucho recorrido.

P: ¿Crees que se debe separar al artista de su creación?

R: ¿Por ejemplo?

P: ¿Me puede gustar una canción de Maluma sabiendo que él es machista?

R: Eso ya está en la cabeza de cada uno. Es difícil porque la moralidad es una linea muy fina. ¿Maluma ha salido a la calle y ha dicho “¡soy machista!” o simplemente sus canciones se interpretan como tal?

P: No creo que sea cosa de interpretar.

R: Si te tengo que ser 100% sincera no me sé ninguna canción de Maluma. A lo mejor eso es lo malo que tengo, que solo me centro en lo que me gusta. Pero si la letra habla de obscenidades y deja a la mujer en una situación degradante no me gustaría que mi sobrina de seis años escuchase esa música.

P: ¿Por qué Maluma puede cantar lo que quiera y a Becky G. se le censura una frase en una actuación de la televisión pública?

R: Es una gran putada.

P: ¿Que te censuren o tener la letra que tiene Becky G?

R: ¿Si no censuran a un hombre por qué censuran a una mujer?

P: Porque la mujer empoderada molesta.

R: Eso es. De todos modos tampoco quiero que mi sobrina de seis años escuche la letra de Becky G. Y no se trata de censura, se trata de que debería llevar un “+18”.

P: ¿Qué cantantes no van a estar nunca en tus listas de Spotify?

R: Nunca digas nunca, porque ya me ha pasado en varias ocasiones…

P: ¿Por ejemplo?

R: Yo dije que nunca iría a Eurovision y también dije que no me volvería a presentar a un programa musical después de hacer el casting para OT y de que me hubiesen dicho que no.

P: Hemos visto que no te gusta perder el tiempo… Acabas de componer una canción junto a otra artista.

R: He tenido la oportunidad de trabajar con Marina Jade. Fíjate que cuando yo vi OT creí que ella iba a ser una de las que más lejos llegaría en el programa pero se quedó por el camino como muchos compañeros. Tiene un talento enorme y me ha encantado componer con ella. Yo he aportado mis ingredientes y lo hemos cocinado juntas.

P: Y si tuvieses que definir la canción en una sola palabra, ¿cuál sería?

R: Joy.

Tras intercambiar media hora de conversación con ella podemos decir que ahora la conocemos más y que tenemos muchísimas ganas de escuchar la canción que ha compuesto junto a Marina Jade y de ver todo lo que tiene preparado para su futuro profesional.

No hay País para tanto influencer | Julen’s Stories

“Sin política ni deportes los redactores nos vamos a quedar pobres”.

Las noticias, en agosto, a veces son por rellenar

Y mira que venía con ganas de hablar de asuntos más variados pero cuando a uno le hierve la sangre significa que toca nuevo Julen´s Stories; el primero de esta segunda temporada tras unas vacaciones entre sublimes y exquisitas. Prometo que el siguiente artículo será sobre alguno de los temas que me propongáis en los comentarios de este mismo artículo o en Twitter. 

He invertido mi agosto en disfrutar de los veintipocos grados de temperatura de Donosti junto a mi familia y amigos. He ido a la playa poco pero he ido. Y más de noche que de día pero lo que cuenta es la intención. Y aunque haya intentado hacer la vista gorda varias veces ha habido un tema recurrente en medios digitales que tuve que apuntar en mi agenda para que fuese mi primer post de esta segunda temporada que empieza en septiembre.

Que “los influencers” (yo prefiero que se les llame creadores de contenido online) no son del agrado de todos es algo ya sabido. Old news, move on. Pero mientras que los chiringuitos hacen su agosto en agosto (de ahí viene la expresión), los redactores de los medios de comunicación se quedan de brazos cruzados con el Word (o Pages) abierto sin saber sobre qué escribir. “Sin tele y sin cerveza Homer pierde la cabeza” en versión periodística en agosto y con menos gracia sería algo así como “Sin política ni deportes los redactores nos vamos a quedar pobres”. Supongo que esa es la razón de que este haya visto más influencers en prensa que en la playa. 

Todo empezó con lo de “Los influencers llegan a la universidad” (visto en El País), el polémico curso que terminó siendo Trending Topic en todos los rincones de Twitter. “En breve habrá un curso de gilipoller” respondían varios miles de usuarios sin haberse leído ni el artículo ni haberse molestado en buscar el propio curso en Google para después darse cuenta de que era un curso (ni grado, ni master, simplemente un curso) adaptado a gente que trabaja en agencias de comunicación para ampliar conocimientos de moda, optimización de rrss, gestión de analytics y organización de eventos, que se imparte en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid. A esos miles de usuarios también se sumaron otros influencers como La Vecina Rubia, archiconocida por robar chistes: “ser influencer no es una profesión” decía la influencer. Será que ella también prefiere el término de “creador de contenido digital” – bien que hace – y por eso no se identifica con una de esas influencers que escribe twits y hace campañas con fabricantes de móviles. Será eso. Pero, sí, ser creador de contenido sí es un oficio.

A finales de agosto llegaba otro catastrófico titular aunque sin ningún Trending Topic que lo acompañase. “Peligros de fichar a un Influencer” decía el artículo de El País. Como ya conté en mi anterior Julen´s Stories intento no leer artículos sobre influencers pero en agosto se me ha dado regular, tirando a mal. “Las trampas en la red y la escasa regulación hacen arriesgada esta herramienta de marketing” dice el artículo. Y la verdad es que escuece cuando intentando hacer el mejor trabajo posible viene un artículo de El País a echarte esta jarra de agua fría. Dice el artículo que el 95% de empresas del estado seguirán apostando por esta forma de marketing y mientras tanto, a la par, el grupo Prisa (propietarios de El País) lanza Influtop, una plataforma para poner en contacto a Influencers con clientes. Será que quizá tan peligroso no es trabajar con creadores de contenido online y que ellos también quieren su trozo de la tarta. O quizá sea simplemente desconocimiento sobre el tema; y, en ese caso, aprovecho para extender mi mano (siempre en son de paz) a El País y ofrecer la poca sabiduría que poseo al respecto y el teclado de mi portátil para cocinar futuros artículos y, quién sabe, proyectos.

Y mira que venía con ganas de hablar de asuntos más variados pero cuando a uno le hierve la sangre significa que toca ponerse a escribir.

“El tonto del pueblo de antes no es el influencer de ahora.” Carta a Javier Molina | Julen’s Stories

Estimado señor Molina, qué cosas estarían pasando por su cabeza en aquel momento para escribir semejante texto.

 

🙂 | Foto de Adam Jang

Normalmente suelo pasar de los artículos sobre influencers. No me gusta leerlos porque siempre hablan de nosotros como si fuésemos entre el demonio y el más tonto del pueblo (y porque siempre los hacen extremadamente aburridos). Y hablando de tontos… ayer apareció en mi feed de Twitter un artículo de opinión de Javier Molina en El Confidencial. Y lo de tonto no es porque considere que él lo sea sino por el titular que utilizó para coronar su opinión: Cómo el tonto del pueblo de antes es el influencer de ahora.

Estimado señor Molina, qué cosas estarían pasando por su cabeza en aquel momento para escribir semejante texto. No es que no tenga ni pies ni cabeza (mis textos tampoco los tienen y aquí seguimos), sino que hablar de esa manera sobre un colectivo es un sinsentido. La única evidencia en la que se basa usted para llegar a esta conclusión tan poco acertada es que la pareja de las hipotecas fijas ha acumulado más de 4 millones de visitas en su polémico vídeo.

Si me guío por lo que dice su página de LinkedIn usted y yo tenemos el mismo nivel de formación. Solo que cuando usted empezó en la universidad yo aún no había nacido. Yo me gano la vida creando contenido digital en mis propios medios (uno de esos influencers autónomos) y usted se la gana, según LinkedIn, dedicándose en su propia empresa a la consulta y asesoramiento empresarial.

Señor Molina, usted y yo no somos tan distintos. Tenemos el privilegio de poder haber emprendido en ámbitos que nos apasionan y nos ganamos la vida con ello. Y eso es lo contrario a ser el más tonto del pueblo. Y si algo me han enseñado en la carrera de periodismo es que hay que demostrar lo que se dice con pruebas válidas y que no hay que generalizar en ningún caso.

El tonto del pueblo de antes no es el influencer de ahora. Habrá algún creador de contenido digital que no nos caiga en gracia y hay los que tienen menos discurso que un Vine, pero no lo son todos. Deje usted de manchar la imagen de los que nos dedicamos a internet. La gran mayoría de nosotros intentamos evitar esa palabra por la connotación negativa que le ha dado algún sector retrógrado de la prensa que aún en 2018 no entiende a qué nos dedicamos o que se niega a aceptar que sus cifras son inferiores de las de algún creador digital. Y dejen ustedes de ser clasistas y de pensar que un mensaje transmitido en texto es más valioso que uno que se transmite en formato audiovisual alojado en una plataforma de vídeos online. Porque eso es ser clasista y rancio. Que consumamos Youtube no significa que seamos analfabetos de las letras. Si piensa que en Youtube solo hay vídeos de gatos y como los de la hipoteca fija es que quizá sea usted el que use la plataforma para eso.

Si acepta recomendaciones visite el canal de VisualPolitik para aprender, por ejemplo, que aunque hace 35 años España y Singapur tuviesen la misma renta per cápita, a día de hoy la ciudad-estado duplica a la de la española y que en estos momentos tienen el mejor sistema sanitario del mundo costando prácticamente la mitad del español. ¿Cómo es posible? Tiene usted la respuesta a un click en Youtube.

O dele usted una oportunidad a Jaime Altozano para aprender, por ejemplo, que en El Señor de los Anillos la escala de la banda sonora que acompaña a la historia de los Hobbits es una escala mayor y que es una armonía funcional muy común en occidente desde la época de Mozart o Beethoven. Es la armonía que nos acompaña con casi todas las canciones que suenan en la radio porque es con la que más cómodos nos sentimos los occidentales y por esa misma razón La Comarca nos suena a casa y a zona de confort. Este vídeo en concreto del canal de Jaime Altozano acumula más de un millón de reproducciones y en dos años su canal ha obtenido 22 millones de visitas. O visite el canal de Ter para aprender sobre la innovadora estructura del Wanda Metropolitano o sobre la iconografía religiosa de la MET gala inspiradas desde Bizancio hasta las procesiones del siglo XX.

Estimado Señor Molina, deles usted una oportunidad porque seguro que disfrutará. Y si lo hace, mándenos usted una señal por alguna vía que no sea un nuevo artículo porque normalmente suelo pasar de los artículos sobre influencers.

¿Cuánto dinero tengo en el banco? | Julen’s Stories

La pregunta del millón, literalmente.

 

¿Cuánto dinero tengo?

Me siento cómodo con lo que tengo en el banco. No es ni mucho ni poco. Es justo lo que me merezco a cambio del trabajo de dos años y medio. Pero no tengo pensado revelarlo.

Eso sí, buscando información para escribir este artículo me he encontrado con que son muchas las webs que han hablado del programa de El Hormiguero donde David Broncano (La Resistencia, Movistar+) confesaba a Pablo Motos tener más de 500.000€ en el banco. Momento histórico.

Hace unas semanas leía en Twitter un hilo que decía que en los países latinos el dinero es un tema tabú y que muy rara vez se habla de sueldos. Y va a ser que es verdad. Nos da cierto pánico hablar de lo que tenemos en el banco.

La primera vez que vi a Broncano preguntar por dinero a un entrevistado me llevé las manos a la cabeza. Es una pregunta que se ha hecho mucho a youtubers y siempre se ha demonizado al periodista en cuestión por atreverse con semejante estupidez porque hasta ahora lo único que se buscaba con eso era echar leña a eso de “los youtubers viven del cuento”. A la pregunta de Broncano, por ejemplo, Javier Coronas respondía con una retahíla de “a ti qué cojones te importa” o “la estás cagando, tío”. Así que veo que no soy el único que se incomoda (o incomodaba) con cierto tema tabú.

David Broncano en El Hormiguero

Si tienes poco “eres un pringado porque no te haces valer en el trabajo” y si tienes mucho te conviertes en “odiado” por pura envidia. Así que sea como sea, si desvelas tu cuenta corriente, vas a quedar mal.

Para mi sorpresa, mucha de la gente que ha pasado por La Resistencia ha respondido: Berto Romero tiene más de 50.000€ en el banco. C. Tangana 40.000€. Una de mis grandes favoritas, Ingrid García Jonsson 10.000€. Amarna Miller 15.000€. Angy Fernandez un poco más de 12.000€. Y la persona que se corona como Sugardaddy oficial es Antonio Resines con más de 10 millones de euros. Y para mi sorpresa la pregunta iba con respeto y cierta admiración por los propios entrevistados.

Desde 2016 (que es cuando me hice autónomo y empecé a mover facturas) me han hecho la pregunta 3 veces contadas. Pero es que tampoco es que me hayan entrevistado muchas más veces así que el porcentaje termina saliendo bastante alto. Y estoy seguro de que de haber respondido a la gran incógnita se hubiese usado el dato en mi contra por puro morbo.

Si aún no ha quedado claro, trabajo subiendo contenido audiovisual a mis cuentas y cediendo mi imagen en determinados sitios, sí, eso es trabajo y sí, cobro por mi trabajo. Iba a continuar con un par de frases donde compartía parte de mi curriculum para justificar los cobros y me he dado cuenta de que era mi manera de excusarme por ganar mi sueldo, aunque me temo que por lo menos hoy no seré yo quien responda a la gran pregunta. Si me lo preguntara Broncano ya sería otra cosa.

A la que sí se lo contaba todo era a mi abuela. Que tampoco es que entendiese del todo a lo que me dedico pero se alegraba con cada nuevo trabajo que me entraba. Eso sí, a espaldas de mi madre de vez en cuando me daba una “pequeña ayuda para ir a tomar un bocadillo” con mis amigos. Que de “pequeña ayuda” tenía bastante poco porque eso daba para invitar a cenar a dos o tres. Y al que mantengo informado, sin especificar cifras porque no me las pregunta, es a mi abuelo que de vez en cuando colabora con un paquete de magdalenas para que comparta con mis compañeros de piso. No nos merecemos a nuestras abuelas y abuelos.

Diferencio mucho la vida online y offline, y tengo muchísimo más cuidado con lo que digo cuando estoy conectado que cuando estoy entre amigos o familia. Quizá por el miedo a que lo que diga se quede grabado para la eternidad. O quizá es porque nunca me lo han preguntado con respeto ni admiración. Pero me siento cómodo con lo que tengo en el banco. Porque es justo lo que me merezco.