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La delegación alternativa a la COP26: el tren de la esperanza

Cientos de personas con más esperanza que años de vida marcharán dirección Glasgow. Van a hacer historia. Y lo saben.

Manifestación por el clima de Fridays for Future (Polonia); Dominika Lasota la cuarta por la izquierda, sujetando la pancarta roja.

Este próximo sábado 30 de octubre la estación de King Cross de Londres se llenará de docenas y docenas de veinteañeros inquietos. Seguramente superarán el centenar. Se felicitarán por lo del día anterior y se abrazarán mientras miran sus móviles. Empezarán con Twitter e Instagram. Seguro que alguien habrá subido algo a TikTok. Y ya después saltarán a las webs de noticias. Efectivamente los medios se habrán hecho eco de lo sucedido y hablarán de lo que sucederá. Se montarán en su tren y el tema será monotema. Tiene que serlo. Cientos de personas con más esperanza que años de vida marcharán dirección Glasgow. Van a hacer historia. Y lo saben.

Una de esas personas nació en Polonia hace 19 años, tiene su propia página en la Wikipedia y conoce personalmente a Greta Thunberg. Dominika Lasota es inquieta, inconformista, luchadora, inteligente, habla inglés a la perfección, habla algo de castellano y es una de esas pocas personas por las que un periodista se salta la objetividad periodística para decir que es increíble. Llega un año tarde a la universidad porque el curso anterior decidió entregarlo al Movimiento, con mayúscula, que gestiona en Polonia junto a otros chicos y chicas con perfil parecido. No hace falta decir más, en esos círculos todos saben que el Movimiento significa la lucha contra el Cambio Climático. Son activistas por la justicia climática, están en todo el mundo, se autogestionan, se coordinan gracias a las redes sociales, han conseguido transformar cierta rabia en un movimiento muy productivo y ocupan merecidísimas portadas. “El gobierno polaco no representa a la sociedad polaca así que nos toca trabajar a las activistas”, dice. 

Conocí a Dominika Lasota en mayo de este mismo año. Ambos fuimos seleccionados como voluntarios para participar en la octava edición del proyecto Europe On Track para impartir formaciones sobre activismo e instituciones europeas en varias ciudades de Europa. Junto a una tercera compañera recorrimos Italia, Croacia y Alemania en tren mientras hacíamos lo que habíamos ido a hacer. Aprovechábamos los trayectos en tren para adelantar trabajo y descansar. O eso hacía yo. Cada vez que abría los ojos veía a Dominika enganchada a su portatil manteniendo reuniones por Zoom con activistas de todo el mundo para gestionar de manera conjunta el Movimiento o preparando kits de prensa para los medios polacos. “El gobierno está atado de pies y manos a combustibles fósiles que contaminan mucho sin prestar atención a la salud de la gente” me ha admitido en inglés hace unas cuantas horas por teléfono desde Londres.

Dominika Lasota, por Karolina Jackowska.

Este mismo viernes 29 de octubre Fridays For Future organizará en Londres una enorme protesta que además de exigir un futuro más verde pondrá el foco sobre el banco Standard Chartered. “Es el mismo patrón de siempre: bancos del hemisferio norte invirtiendo miles de millones en combustibles fósiles del hemisfério sur creando porbeza, desigualdad y colaborando en la destrucción del planeta”. Tiene clara cada palabra que dice. Ha estudiado el tema y se nota que habla con seguridad pero con emoción. “Destruyen comunidades locales, destruyen el clima y el CEO sale ileso de todo eso”. Bill Winters, CEO de Standard Chartered, admitió en Bloomerg TV hace dos semana que no era razonable exigir a los bancos que dejasen de financiar esos combustibles porque “no es práctico”. 

“Protestaremos contra ellos y contra el sector financiero que trabaja de la misma manera. Tienen muchísimo que decir y si quisiesen podrían hacer cambios enormes” se queja. “Después de Londrés, el sábado, iremos a Glasgow. Muchas delegaciones de activistas de todo el mundo viajaremos juntas en tren. Hay gente que viene desde Alemania, Uganda, Filipinas, Suecia… estaremos todas juntas. Hablaremos y trabajaremos. Hay muchísimo que preparar y que organizar”. 

Cuando el tren se ponga en marcha en Kings Cross, Londres, empezará la cuenta atrás. Las casi cinco horas y media que dura el viaje hacia el norte hasta llegar a Glasgow serán recordadas durante muchos años por la gente que viajará en sus vagones. Les toca planear su particular contraprogramación a la COP26. Hace casi dos años que el planeta no vive una cumbre de semejante dimensión. Desde el 1 y hasta el 12 del próximo mes de noviembre se celebra, y se sufre, en Glasgow la edición número 26 de la Cumbre del Clima organizada por la Organización de las Naciones Unidas. Unas treinta mil personas, entre líderes mundiales, políticos, expertos, observadores, miembros de ONGs y activistas convivirán esas casi dos semanas en la ciudad escocesa.

Dominika Lasota admite que aún a día de hoy no tienen cerrado y organizado todo lo que quieren que suceda en Glasgow aunque tienen una idea clara de lo que tiene que ser. “Queremos impactar al mundo, queremos que nos escuchen”, cuenta. “El contacto directo con la gente es muy importante pero hay sitios a los que solo llegamos con redes sociales. La tecnología es vital en nuestro trabajo y lo trabajamos a diario. A veces nos toca investigar y aprender nuevas formas de comunicar”. 

Pero baches hay en todos los sitios. También en el Movimiento. “Hay un salto generacional entre los activistas que nos sacan unos cuantos años y mi generación. Invertimos horas y horas en redes sociales y en Zoom porque tenemos la responsabilidad de contar lo que vemos al mundo y porque es nuestro deber explicárselo a los y las periodistas que no tienen la suerte de estar aquí”. Pero hay mayores que no lo entienden y se piensan que están “perdiendo el tiempo”, se queja Lasota. “Estamos poniendo el mundo patas arriba, y sí, ayudándonos de las nuevas tecnologías que tenemos entre nosotros. Si no fuese por las redes sociales Greta Thunberg no sería Greta Thunberg”. Y no solo ella, hace unas semanas una activista como Dominika o como cualquiera que viajará en los asientos de ese histórico tren destino Glasgow se enfrento al mismísimo CEO de Shell, Ben van Beurden, en una charla TED convirtiéndose instantáneamente en viral en las redes sociales

“Este es un poderosísimo ejemplo de activismo. Es accesible a todo el mundo porque está en internet. Hacemos acciones online y vemos a políticos ponerse nerviosos al instante. Es algo muy simbólico del tiempo que estamos viviendo”.

Los y las activistas que la tarde del sábado pisarán suelo escocés son la delagación alternativa. Nadie les ha invitado pero allí estarán a veces sonrientes y a veces enfadados. Cuando se pueda tuitearán y cuando se deba gritarán. Sacarán fotos, producirán vídeos, mandarán notas de prensa a periodistas de sus respectivos países, se ofrecerán para entrar en directo en programas que quieran escuchar la última hora desde las propias calles, estudiarán cada palabra que se diga dentro de las reuniones oficiales, argumentarán con datos científicos y se quejarán de que las medidas que tomen los líderes mundiales son insuficientes o llegan tarde. “Es como los 17 objetivos de Desarrollo Sostenible. Aún a día de hoy hay gente diciendo que es un plan muy ambicioso. Es ridículo”.

En la COP26 “hay una agenda oficial y después está nuestra agenda. Tenemos que hacer que los medios de comunicación se interesen. Tenemos que contar nuestra propia parte de la historia. Pero nuestro trabajo también consiste en aprender de activistas de otros lugares del planeta para que el Movimiento siga vivo de la mejor manera posible”.

La llamada con Dominika se acercaba al final. Tenía otra entrevista con otro periodista cuyo nombre no he sido capaz de escribir en mis notas. Le he preguntado sobre si hay esperanza esperando un sí o un no como respuesta. Pero Dominika es Dominika. “La esperanza no es algo que alguien nos puede dar en un momento en concreto. En Polonía se nos están acumulando todas las crisis posibles. Tenemos una enorme crisis de refugiados, la crisis climática, crisis de biodiversidad, crisis de derechos humanos y una pandemia. Todo ello nos ha situado en una situación terrorífica. No deberíamos esperar a que alguien venga a darnos esperanza. Tenemos que construirlo por nosotras mismas. Y eso es lo que estamos haciendo ahora mismo. Construir esperanza”.

Manifestación de Fridays for Future (Polonia), con Dominika Lasota a la derecha, con el megáfono.

El desastre de residuos radioactivos de España

Huelva es una de las ciudades con más índice de cáncer.

Las balsas de fosfoyesos vistas desde el aire.

El desastre ecológico de Huelva es uno de los más grandes de Europa, y nadie está hablando de ello. Huelva tiene, a apenas unos metros de la ciudad, un vertedero gigantesco de residuos tóxicos y radioactivos: los fosfoyesos. Hace más de 40 años, la empresa Fertiberia empezó a verter estos residuos al lado de la marisma del río Tinto, y ahora la marisma está muerta. Justo al lado contrario de Huelva se encuentra la marisma de Odiel y la diferencia es abismal.

Queríamos comprender qué había pasado y cómo hemos podido llegar a tener uno de los puntos más radioactivos de España en la ciudad así que hemos viajado hasta allí con Greenpeace para documentar cuál es la historia de estos residuos radioactivos y qué va a ocurrir con ellos en el futuro. Ahora mismo, las balsas cargadas de aguas ácidas están filtrando material a una ría donde pescadores pescan a diario y cuyas aguas terminan en el mar. El nivel de peligrosidad de la situación es insostenible hasta el punto de que la tubería principal de agua potable de la ciudad pasa por encima de las balsas radioactivas, antes de llegar a los grifos de los habitantes de Huelva. Como prueba de esto, Huelva es una de las ciudades españolas con un mayor índice de cáncer de mama y de pulmón; y los problemas no dejan de aparecer.

El resultado de nuestra investigación es un documental ya disponible en el que hablamos con las personas responsables de denunciar la situación y luchar a diario por recuperar lo que es de todos.

Victoria presenta unas zapatillas hechas con neumáticos reciclados

Victoria lanza su primer modelo 100% ecológico y vegano a partir de neumáticos reciclados, con algodón orgánico y sin pegamento

Las marcas cada vez son más conscientes de que el consumidor ya no se conforma con ropa bonita. Además, buscan contribuir al entorno y ser medioambientamente responsables con su compra. La marca de calzados Victoria siempre ha sido ecológicamente responsable, pero esta vez han dado un paso más: lanzan el modelo No Trace, elaborado con material reciclado.

Para este proyecto, Victoria cuenta con la ayuda de la empresa donostiarra Gomavial, que se encarga de dar una nueva vida a neumáticos que, por defecto de fabricación, no pueden ser usados para vehículos. Anteriormente, estos neumáticos se desechaban y su descomposición no hacía otra cosa que dañar el medio ambiente. Con esta solución no solo se evita echar cantidades ingentes de CO2 a la atmósfera, sino que de cada neumático da para hacer 3,5 suelas de zapato. Gomavial utiliza una técnica patentada que permite sacar las bandas de rodadura del neumático totalmente limpia, y después variar su grosor y así, crear las suelas.

Gracias al proceso de vulcanizado que utiliza Victoria, no es necesario el uso de pegamentos. Esto consigue que la zapatilla, una vez desechada, sea mucho más respetuosa con el medio ambiente. La técnica consiste en calentar el caucho de modo que se adhiera al algodón del zapato sin necesidad de otro material adhesivo.

Son elaboradas de manera artesanal, tienen un precio de 39,90€ y pretenden, además de ser medioambientalmente respetuosas, hacer un guiño al origen de las zapatillas Victoria, en 1915. En sus orígenes, la escasez de caucho natural para elaborar zapatillas, obligó a la marca a utilizar caucho de neumáticos. Para esconder su olor, crearon su fórmula secreta que hace las zapatillas tengan ese característico olor a fresa, tradición que ha continuado hasta ahora.