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Los Destacados: Repartimos shade a todo el mundo

The tea is exceptionally good today

En Los Destacados de esta semana nos hemos puesto muy salseantes. Hay shade y hay que repartirlo.

Para aquellos que no lo sepáis, el shade es una manera popular de referirse a participar en polémicas de manera poco correcta. Es algo más complejo y específico que esto, pero al igual que otras muchas expresiones que han nacido en internet, hay que verlas en contexto varias veces antes de entender exactamente lo que significan.

Varias polémicas han destacado esta semana en el mundo, así que hoy hemos decidido ponernos shady y meternos en todas ellas; opinando y aportando datos. La tecnología, la música y el patrimonio cultural, todos se llevan su buena dosis de shade.

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La verdad sobre el mundo drag queen

Hablamos con una drag y una mujer homosexual sobre la reciente polémica del mundo drag.

Ariel es el personaje drag creado por Rubén Errebeene.

Las redes sociales, como la vida real, son un lugar donde expresarte y crecer, pero bajo la atenta mirada de miles de ojos. Esto puede jugar a tu favor o a tu contra; y según qué ideas se compartas, puedes levantar ampollas.

Justamente esto es lo que ha sucedido estos días, cuando unas influencers comentaron cosas como que “a las mujeres feministas no le gustan las drags porque perpetúan esterotipos de género” o que “el movimiento drag es misógino porque parodia a las mujeres desde los privilegios del hombre”.

Así que hemos decidido hablar con una drag queen para conocer su opinión. Rubén Errebeene es un conocido influencer y drag que comparte su arte en redes sociales a través de su personaje, Ariel.

¿Qué es y qué simboliza el movimiento drag?

El movimiento drag es una forma de expresión y de arte. De poder expresarte, liberarte y hacer lo que te apetezca. Es una liberación y una fantasía. Poder crear personajes independiente del género (porque el drag no tiene género). Es una fantasía artística relacionada con la interpretación.

¿Por qué empezaste en el mundo drag y qué te aporta personalmente?

Desde pequeño estudié interpretación, pero se quedó ahí; así que para mi el drag es una manera de quitarme esa espinita. Poder hacer algo que me gusta y que siempre he admirado. Cuando conocí este mundo por dentro, me di cuenta de que podía formar parte de él y que encajaba perfectamente con mi manera de ver la vida.

Tu versión drag se llama Ariel, ¿verdad? Háblanos de ella.

Ariel rompe los estereotipos de género de la mujer. Lleva camisas de cuadros, va en vaqueros, no lleva tacones ni grandes peinados. Ariel es una manera de romper los cánones que la sociedad ha creado entorno a la mujer e incluso entorno a las drag queens. Las drag suelen estar asociadas a los tacones, los brillos, las pelucas gigantes, pero Ariel no quiere ponerse estas cosas, le parecen incómodas. Me gusta especialmente la idea de que Ariel, como el nombre de la princesa, acabó rompiendo los estereotipos de las princesas.

¿Qué sientes al ir “montada” (vestido de drag) en un escenario?

No siento diferencia entre Ariel y Rubén, pero encima de un escenario sí que sientes la adrenalina de la actuación. Es un subidón de energía y autoestima brutal. De hecho, desde que Ariel apareció en mi vida, tengo la autoestima mucho más alta. En un escenario puedo crear una fantasía que en mi vida normal no, y eso te da una libertad increíble.

Sussi es el ejemplo perfecto de que el drag es mucho más de lo que puede parecer.

¿El drag consiste en parecerte lo máximo a los estereotipos de la mujer?

Nada que ver. No tienes que parecerte a una mujer. De hecho dentro del mundo drag existen los drag king, las hyper queens o las faux queens, entre otras. Es un mundo enorme y no tiene nada que ver con los estereotipos de las mujeres. El drag puede considerarse como mucho una admiración a ellas, pero juega con la confusión de no saber el género de la persona. Es crear una fantasía que cada uno interpreta de una manera diferente. Algunos nos verán como hombres, otros como mujeres y otros como seres de fantasía. No nos apropiamos de la lucha de las mujeres ni asociamos nuestro colectivo a valores machistas.

¿Cómo encaja la cultura drag en el colectivo LGTB+?

A día de hoy somos una minoría. Programas como Rupaul están haciendo que el drag gane popularidad y se convierta en una moda, pero no queremos caer en eso. Esto es una profesión más, como ser actor de teatro, por ejemplo. No hay que olvidarse de que en las manifestaciones de Stonewall fueron las trans y las drag queens las que empezaron el movimiento y la revolución.

¿Está el drag solo enfocado a un público de hombres gays?

El mundo drag tiene un público de mujeres cis que fliparías. Hay un montón. Es un espectáculo más como otro cualquiera al que todo el mundo puede asistir y disfrutar.

Sasha Velour: Wear a crown, fuck with gender!

De hecho, no queríamos quedarnos aquí. Una de las cosas que nos chocaron de los polémicos comentarios que se hicieron en redes sociales es que se habló en nombre de todas las mujeres lesbianas. Así que hemos hablado con Georgia Elliott, una chica lesbiana, para que nos cuente su opinión del mundo drag.

Georgia Elliott, más conocida como Gominuke, es muy fan del mundo drag.

¿Qué significa el drag para ti?

El drag para mi ha sido un descubrimiento de lo que es jugar con la identidad de género y la expresión de género, sobre todo. Yo siempre pensé que el mundo drag era una cosa muy hortera, muy estereotipada (como seguramente piense mucha gente que es ignorante respecto a este tema), hasta que descubrí que para nada era el caso, sino que explora la identidad y expresión de género desde un punto de entretenimiento, de expresión artística, de moda, de maquillaje, de comedia, de danza, de música…

El drag realmente toca muchos palos, y todos ellos son justamente para romper estereotipos de género. Curiosamente, descubrir el drag ha hecho que me sienta más cómoda en mi propia feminidad, ha hecho que vea la fuerza que hay dentro de la feminidad y no rechazarla.

Antes del drag yo siempre pensaba que no era como el resto de las chicas; siempre he tenido el pensamiento (muy machista, por cierto) de que vistiendo más como los hombres o comportándome más como ellos iba a ser una persona más fuerte; cuando en realidad simplemente estaba perpetuando lo que dice la sociedad y rechazando cosas como las uñas de gel, el pelo largo, el maquillaje o los vestidos.

Desde que descubrí a las drags, ahora lo aprecio muchísimo más y, de hecho, hace que yo misma me atreva a jugar con mi propia identidad de género. Y esto lo digo como mujer lesbiana. Así que quien diga que las mujeres lesbianas no somos público del movimiento drag, está mintiendo.

Hablamos con un gitano sobre el polémico monólogo de Rober Bodegas

Juan Antonio (OT 2017): El humor debería hacernos bien a todos, no solo a unos pocos.

Rober Bodegas en el infame monólogo

Twitter está que arde estos días, y no precisamente en sentido positivo. Un antiguo monólogo del humorista Rober Bodegas ha resurgido e incendiado las redes sociales por su contenido: un cúmulo de chistes fáciles sobre los peores estereotipos gitanos que incluyen la violencia, la analfabetización, el mercado de la droga y algún que otro comentario de abuso sexual. Lo que para muchos de nosotros es evidentemente un discurso racista para otros tantos no, incluido el propio humorista que en su disculpa pública decía que “A mi personalmente no me ofende ningún chiste […] más allá de encontrarlo más o menos gracioso y/o certero, pero comprendo que no todo el mundo afronta el humor de la misma manera.”

Es muy interesante ver cómo las personas que hacen este tipo de “humor” donde el foco de las risas estereotipa a distintas minorías (ya sea por motivos de raza, sexualidad o incluso género) acostumbran a ser hombres blancos cishetero de clase media-alta y que, como en este caso, gozan de cierta popularidad en su país. Se entiende que, al no pertenecer a ninguna minoría, no se puedan hacer chistes dirigidos a ofenderte, pero no se entiende tanto la falta de empatía que no te hace ver que los tuyos sí que ofenden a otros colectivos.

Juan Antonio (OT 2017) ha visto el monólogo | Foto RTVE

Creemos que hablar de este tema no nos corresponde principalmente a nosotros, si no a la propia etnia gitana; así que hemos podido hablar con Juan Antonio, exconcursante de Operación Triunfo 2017 y gitano, para que nos de su opinión al respecto.

PREGUNTA: ¿Por qué se ha generado esta polémica?

JUAN ANTONIO: Yo creo que esto se ha generado porque nos hemos sentido insultados. No veo que sea un chiste: está comparando el día a día de un gitano con el de un payo, como si el primero lo hiciese todo mal y el otro lo hiciese todo bien.

P: El monólogo comienza con la frase “Ya no se pueden hacer chistes de gitanos”. ¿Ya no se pueden hacer chistes de gitanos?

JA: Yo no creo eso. Con humor y con buen rollo puedes decir cualquier cosa; puedes decir las cosas sin ofender y contar la historia de un gitano sin decir cosas que, realmente, hacen daño.

P: ¿Qué piensas y sientes como gitano al escuchar chistes donde se perpetúen y generalicen estereotipos como el robo, la compraventa de drogas, el analfabetismo o el abuso sexual a través de la prueba del pañuelo?

JA: Me hierve todo por dentro. Yo me he criado en un mercadillo porque mi madre siempre fue mercader ambulante y he visto muchísimas veces a gitanas tener que recuperar prendas que otra gente venía a robar. No siempre es todo como se cuenta. Cada vez que generalizan con estereotipos de gitanos hablan también de mi porque es lo que yo soy. Y yo no soy como ellos dicen. Cada vez que dicen “gitanos” están diciendo también “Juan Antonio”. Me molesta que se me clasifique de una manera que no soy. En mi casa nunca he visto nada de lo que esta gente está hablando; ni drogas, ni alcohol… Yo me he criado en una casa sana, mis padres son pastores y siempre me ha ido muy bien. También me parece un poco hipócrita el estereotipo que dice que “los gitanos no trabajan” cuando hoy en día una buena parte de la sociedad no trabaja y nada tiene que ver con que sean o no gitanos. Creo que no es justo.

P: ¿Cómo le explicarías a un humorista así que su monólogo ha sido racista?

JA: Más que un monólogo ha sido una comparación entre gitanos y payos, y las comparaciones son odiosas. Yo comparto que el humor pueda hacer gracia a unas personas y a otras no tanto, pero cuando pasa a ser un insulto ya no es humor. Cuando una cosa hace daño ya no es humor. Y el humor debería hacernos bien a todo el mundo y no solo a unos pocos.

P: Entonces ¿dónde dirías que está el límite entre el humor y, en este caso, el racismo?

JA: En este caso no hay nada que lo separe. Su humor es racismo. No veo diferencia. Lo que no se puede es utilizar su posición para menospreciar a otras personas. Nosotros estamos luchando y esforzándonos para huir del estereotipo y ya se puede ver una evolución inmensa dentro de la comunidad. Queremos vivir como nosotros vivimos sin que se metan con nosotros. Y argumentos como que “los gitanos no pueden llegar a determinadas posiciones” no tienen ningún sentido. Yo he podido entrar a un programa de televisión y he terminado cantando en el Santiago Bernabéu o en el Palau Sant Jordi siendo gitano. Al final esto ha sido un abuso. Como no hay gitanos en su misma posición que se puedan defender ha pensado que no iba a pasar nada. Y se ha equivocado. No solo ha tenido una repercusión gigante entre gitanos si no que también entre no gitanos que se han ofendido igualmente.

Y no es que parezca que “ya no se puedan hacer chistes de gitanos” como dice Rober o “ya no se pueden hacer chistes sobre mariquitas” como decía Bertín Osborne, porque sí que se puede. Al igual que se puede hacer humor sobre el machismo sin que este sea machista, hay que plantearse en qué momento tus chistes forman parte del repertorio que tenía tu cuñado hace veinte años y pasar página; creando un humor cuyo centro de interés no gire entorno a meter en el mismo saco de mierda a un colectivo minoritario que está luchando por eliminar esos estereotipos.

A día de hoy (casi) no se hacen chistes sobre esterotipos negativos de gente homosexual porque todos somos más conscientes de que son homofobia y otorgan herramientas a otras personas para que la condición sexual de alguien sea motivo de burla. Ayer mismo salía la noticia de que Jamel Myles, de 9 años, se quitaba la vida tan solo cuatro días después de decir en su colegio que era gay y pasar a sufrir un bullying que le superó. Ese bullying es pura homofobia, y ver en la tele un chiste sobre “mariquitas” desde luego no ayuda a concienciar. Entonces, si no se hace humor dañino sobre un colectivo minoritario como el lgtb, ¿por qué si hacerlo con una etnia minoritaria?

Es el momento de dejar de pensar que “ya no se puede hacer humor” sobre estereotipos y empezar a crear nuevos chistes que dejen atrás aquello por lo que las minorías llevan tanto tiempo luchando y, sobre todo, de escuchar y esforzarse en entender a aquellas personas que te expliquen que un comportamiento que has tenido es ofensivo para su minoría.