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La verdad sobre el mundo drag queen

Hablamos con una drag y una mujer homosexual sobre la reciente polémica del mundo drag.

Ariel es el personaje drag creado por Rubén Errebeene.

Las redes sociales, como la vida real, son un lugar donde expresarte y crecer, pero bajo la atenta mirada de miles de ojos. Esto puede jugar a tu favor o a tu contra; y según qué ideas se compartas, puedes levantar ampollas.

Justamente esto es lo que ha sucedido estos días, cuando unas influencers comentaron cosas como que “a las mujeres feministas no le gustan las drags porque perpetúan esterotipos de género” o que “el movimiento drag es misógino porque parodia a las mujeres desde los privilegios del hombre”.

Así que hemos decidido hablar con una drag queen para conocer su opinión. Rubén Errebeene es un conocido influencer y drag que comparte su arte en redes sociales a través de su personaje, Ariel.

¿Qué es y qué simboliza el movimiento drag?

El movimiento drag es una forma de expresión y de arte. De poder expresarte, liberarte y hacer lo que te apetezca. Es una liberación y una fantasía. Poder crear personajes independiente del género (porque el drag no tiene género). Es una fantasía artística relacionada con la interpretación.

¿Por qué empezaste en el mundo drag y qué te aporta personalmente?

Desde pequeño estudié interpretación, pero se quedó ahí; así que para mi el drag es una manera de quitarme esa espinita. Poder hacer algo que me gusta y que siempre he admirado. Cuando conocí este mundo por dentro, me di cuenta de que podía formar parte de él y que encajaba perfectamente con mi manera de ver la vida.

Tu versión drag se llama Ariel, ¿verdad? Háblanos de ella.

Ariel rompe los estereotipos de género de la mujer. Lleva camisas de cuadros, va en vaqueros, no lleva tacones ni grandes peinados. Ariel es una manera de romper los cánones que la sociedad ha creado entorno a la mujer e incluso entorno a las drag queens. Las drag suelen estar asociadas a los tacones, los brillos, las pelucas gigantes, pero Ariel no quiere ponerse estas cosas, le parecen incómodas. Me gusta especialmente la idea de que Ariel, como el nombre de la princesa, acabó rompiendo los estereotipos de las princesas.

¿Qué sientes al ir “montada” (vestido de drag) en un escenario?

No siento diferencia entre Ariel y Rubén, pero encima de un escenario sí que sientes la adrenalina de la actuación. Es un subidón de energía y autoestima brutal. De hecho, desde que Ariel apareció en mi vida, tengo la autoestima mucho más alta. En un escenario puedo crear una fantasía que en mi vida normal no, y eso te da una libertad increíble.

Sussi es el ejemplo perfecto de que el drag es mucho más de lo que puede parecer.

¿El drag consiste en parecerte lo máximo a los estereotipos de la mujer?

Nada que ver. No tienes que parecerte a una mujer. De hecho dentro del mundo drag existen los drag king, las hyper queens o las faux queens, entre otras. Es un mundo enorme y no tiene nada que ver con los estereotipos de las mujeres. El drag puede considerarse como mucho una admiración a ellas, pero juega con la confusión de no saber el género de la persona. Es crear una fantasía que cada uno interpreta de una manera diferente. Algunos nos verán como hombres, otros como mujeres y otros como seres de fantasía. No nos apropiamos de la lucha de las mujeres ni asociamos nuestro colectivo a valores machistas.

¿Cómo encaja la cultura drag en el colectivo LGTB+?

A día de hoy somos una minoría. Programas como Rupaul están haciendo que el drag gane popularidad y se convierta en una moda, pero no queremos caer en eso. Esto es una profesión más, como ser actor de teatro, por ejemplo. No hay que olvidarse de que en las manifestaciones de Stonewall fueron las trans y las drag queens las que empezaron el movimiento y la revolución.

¿Está el drag solo enfocado a un público de hombres gays?

El mundo drag tiene un público de mujeres cis que fliparías. Hay un montón. Es un espectáculo más como otro cualquiera al que todo el mundo puede asistir y disfrutar.

Sasha Velour: Wear a crown, fuck with gender!

De hecho, no queríamos quedarnos aquí. Una de las cosas que nos chocaron de los polémicos comentarios que se hicieron en redes sociales es que se habló en nombre de todas las mujeres lesbianas. Así que hemos hablado con Georgia Elliott, una chica lesbiana, para que nos cuente su opinión del mundo drag.

Georgia Elliott, más conocida como Gominuke, es muy fan del mundo drag.

¿Qué significa el drag para ti?

El drag para mi ha sido un descubrimiento de lo que es jugar con la identidad de género y la expresión de género, sobre todo. Yo siempre pensé que el mundo drag era una cosa muy hortera, muy estereotipada (como seguramente piense mucha gente que es ignorante respecto a este tema), hasta que descubrí que para nada era el caso, sino que explora la identidad y expresión de género desde un punto de entretenimiento, de expresión artística, de moda, de maquillaje, de comedia, de danza, de música…

El drag realmente toca muchos palos, y todos ellos son justamente para romper estereotipos de género. Curiosamente, descubrir el drag ha hecho que me sienta más cómoda en mi propia feminidad, ha hecho que vea la fuerza que hay dentro de la feminidad y no rechazarla.

Antes del drag yo siempre pensaba que no era como el resto de las chicas; siempre he tenido el pensamiento (muy machista, por cierto) de que vistiendo más como los hombres o comportándome más como ellos iba a ser una persona más fuerte; cuando en realidad simplemente estaba perpetuando lo que dice la sociedad y rechazando cosas como las uñas de gel, el pelo largo, el maquillaje o los vestidos.

Desde que descubrí a las drags, ahora lo aprecio muchísimo más y, de hecho, hace que yo misma me atreva a jugar con mi propia identidad de género. Y esto lo digo como mujer lesbiana. Así que quien diga que las mujeres lesbianas no somos público del movimiento drag, está mintiendo.

Así es Enigma, el show de Lady Gaga en Las Vegas

El repaso de la carrera de Lady Gaga con algunos momentos cringe incluidos.

He hecho un viaje en avión de 18 horas (con escalas) hasta Las Vegas solo para ver a Lady Gaga. Soy muy fan, sí; y Gaga anunció en diciembre de 2017 que iba a tener un show residencial en Las Vegas, Enigma, así que tenía que ir a verlo.

Técnicamente su primer show residencial fue en marzo de 2014 con el Live at Roseland Ballroom, en Nueva York; pero fue algo puntual y relativamente pequeño. Pero Enigma, como Lady Gaga ha llamado a su residencia, es algo más.

El show tiene lugar en el MGM Theater, en el hotel MGM Park, un espacio sorprendentemente grande para encontrarse en el interior de un hotel; totalmente adaptado para los shows que dará Gaga durante los próximos dos años. Además del show de Enigma, la artista va a ir alternando algunas actuaciones de la versión Jazz & Piano, que será algo más acústico y relajado.

Pero volvamos a Enigma, ¿merece realmente la pena? Lo cierto es que en mi caso cogí las entradas con bastante antelación (el mismo día que se pusieron a la venta), con lo que pude asegurarme un precio relativamente asequible de 200$. Y digo asequible porque, aunque no lo sea, las entradas llegaron a subir a 9.000$ la noche antes del segundo show de Enigma, el que yo asistí. Contando con que vas a tener que invertir un mínimo de 200$, además del vuelo hasta Las Vegas, el alojamiento y la comida, lo cierto es que ver el show de Gaga te va a salir caro. Las Vegas es una ciudad increíblemente cara donde todo tu entorno te invita a consumir y a gastar más dinero, y cada gasto viene acompañado de algún impuesto extra y de las inevitables propinas estadounidenses.

Enigma es un repaso por los diez años de carrera musical de Lady Gaga, camuflados en una narrativa en la que Gaga y sus músicos quedan atrapados en una simulación y deben escapar de ella con la ayuda de Enigma (si seguisteis de cerca el disco y la promo de Artpop, Enigma es el personaje que te guiaba en la app de Artpop).

Todo el show tiene una estética oscura, futurista y con un toque de neones de vez en cuando; acompañado en todo momento por lo numerosos cambios de looks de Gaga y alguna sorpresa (robótica) sobre el escenario. La realidad es que, a pesar de adorar a Gaga y considerar que es una de las grandes artistas y creativas de nuestro siglo, por primera vez en uno de sus shows hubo momentos cringe, es decir, que generaban un poquito de vergüenza ajena. Bien porque son los primeros shows o bien porque Gaga debe estar un poco cansada de ir cada día de un lado a otro a recoger premios o hacer promos de las películas, series, canciones, etc. que esté haciendo en ese momento, hubo momentos donde se le veía un poco agotada en el escenario o donde algunas cosas no cuadraban bien, como la sincronización en la conversación entre Gaga y Enigma.

Si tienes el dinero y eres muy fan de Lady Gaga, ve a ver Enigma. Es un show de dos horas increíble, con uno de los mejores sonidos en directo que he escuchado jamás y que, como todo lo que hace Gaga, es una auténtica obra de arte.

El show de Katy Perry ha sido el más cringe de mi vida

Katy Perry ha estado en Barcelona una vez más, esta vez con el concierto final de la gira europea Witness Tour; y, en todo el sentido de la palabra, ha sido un espectáculo.

 

Los colores chillones fueron parte central del show

Lo cierto es que yo no soy especialmente afín a la música de Katy Perry. Quizá los primeros discos me gustaron algo más por el momento de mi vida en el que los descubrí, pero sus últimos trabajos se alejan bastante de mi gusto musical. A esto se suma que lo poco que había visto de sus conciertos a través de vídeos de YouTube me llevaban a pensar que su capacidad vocal en directo no era lo mejor de su espectáculo. Es decir, que fui al concierto sin demasiadas expectativas. Y probablemente por eso, me sorprendió.

A ver, es todo un espectáculo. La puesta en escena es increíble, con muchísimo color, bailarines, bailarinas, luces, fuegos artificiales, confeti y elementos gigantes que aparecen colgando para cada canción. Bien de presupuesto. Y la parte musical no estuvo nada mal. Es cierto que en algunos momentos Katy empezaba las canciones con el tono equivocado, y tenía que detenerse a escuchar a las coristas para ponerse en la línea adecuada. Si tuviese que definir el show con dos palabras serían “espectacular” y “cringe”. Muy cringe.

Mi cara era la misma que la de la bailarina.

Hubo varios momentos a lo largo del concierto donde literalmente se notaba un ambiente de vergüenza ajena muy poderoso. Cuando se puso a perrear con el Left Shark (un tiburón que se convirtió en meme tras la Superbowl); cada vez que había largos momentos de silencio porque esperaba reacciones del público que no había; cuando sacó a una niña al escenario para cumplir su sueño y todo el mundo esperaba que cantase con la cría pero solo le pregunto por su futuro profesional como profesora de inglés, o cuando cada vez que se acercaba al final del brazo del escenario y terminaba la canción tenía que volver corriendo porque no tenía plataforma elevadora. El momento cumbre de la noche fue cuando, con motivo de celebrar el último concierto de la gira europea, decidió cantar One of Us de Joan Osborne que literalmente es una canción religiosa.

Aún así, el Palau Sant Jordi estaba casi a rebosar y todo el mundo bailó, cantó y gritó disfrutando del show. Katy tiene ya una larga carrera musical y sabe perfectamente cómo entretener a la gente, y lo que demuestra siempre es que ella está ahí para disfrutarlo también; y que la fiesta principal la vive ella en el escenario haciendo todo lo que le apetece. Y bravo por eso.

La puesta en escena llegó a ser verdaderamente preciosa.