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He estado tres días en París y esto es lo que debes saber antes de ir

Cosas importantes que debes saber antes de ir a la ciudad de la luz

Hace unos meses decidí planificar un viaje a París. Aunque era mi cuarta vez en la cuidad, era la primera vez que iba a planificarlo. Con un itinerario en PDF a repartir entre los asistentes, con los documentos necesarios para el viaje en él. Cuando me pongo a organizar viajes soy peor que Mónica de Friends.

No voy a hacer aquí un repaso de “las 20 cosas turísiticas que hacer en París en menos de 48 horas” porque para eso ya tenéis cientos de blogs online. Pero sí voy a enumerar unos cuantos puntos que me parecen interesantes a tener en cuenta y ojalá os sean útiles para vuestro próximo viaje a París.

1. Ver París desde las alturas

Hay varios puntos de la ciudad desde donde poder ver París desde arriba. Se ven los tejados parisinos, las grandes avenidas, los distintos edificios históricos. El sitio más obvio para subir a disfrutar de esto es, por supuesto, la Torre Eiffel. Sin embargo y para mí, aunque puede ser una interesante experiencia, no son las mejores vistas porque desde la Torre Eiffel no se ve la Torre Eiffel. Además, el precio es bastante elevado y, para mí, es demasiado alto. Se ve mucho la ciudad pero no da para distintguir mucho más allá de la arquitectura.

Por estas mismas, hay gente que dice que las mejores vistas son desde la Torre de Montparnasse porque desde ahí no se ve la Torre de Montparnasse. Tiene sentido si opinas que el edificio es feo y que desentona con el resto de la ciudad. Yo estoy de acuerdo, pero creo que el precio puede ser también bastante elevado. Otra opción guay era ir a Notre-Dame, con geniales vistas por poco dinero. Durante varios años esto no va a poder hacerse, así que ni os molestéis.

Estas son dos otras opciones que me gustan más:

Está la opción de subir al Sacré-Cœur, en Montmartre. Es un barrio precioso y tiene un buen paseo muy bonito si hace buen día. Una vez lo subí con maletas lloviendo a cántaros y, aunque no lo recomiendo porque hay cuestas y el suelo no es el adecuado, también puede hacerse. Subir hasta el exterior de la basífica es gratuito, y las vistas desde el césped que hay ahí son muy bonitas. Remarco que eso es gratuito. También puedes subir a lo alto de la basílica, aunque eso tiene un importe de unos seis euros.

Otra opción guay es subir al Arco de Triunfo. No es tan alto como la Torre Eiffel, pero el precio es bastante razonable y las vistas son increíbles. La cola puede durar tan solo unos 20 minutos (lo cual es guay, es mucho menos que en la Torre) y se ve muy bonita la Torre Eiffel.

Una última opción: la terraza de los grandes almacenes Printemps. Están al lado de Galerías Lafayette y lo único que hay que hacer es subir por las escaleras mecánicas. Son unas vistas muy bonitas y gratuitas.

2. Para visitar el Louvre

Lo primero de todo: si eres menor de 26 años y ciudadano de la Unión Europea el Louvre es totalmente gratis para ti. Solo tienes que presentar el DNI y pasar por la cola de “Con entrada” que hay frente a la pirámide principal del Louvre. Lo dejo aquí en la primera frase porque para mí fue bastante confuso encontrar un modo de entrar mostrando mi DNI. Hay dos colas (una para la gente que ya tiene la entrada comprada y otra para los que no la han comprado aún) y eso solo en la entrada principal.

Si no tienes entrada y no cumples los requisitos para la entrada gratuita, hay otras puertas que te llevarán al interior del museo antes que si usas la entrada principal. Por ejemplo: la del Carrousel del Louvre, que es un centro comercial subterráneo en la entrada del Louvre. Para entrar ahí, lo mejor es ir al mini arco de triunfo que hay entre el museo del Louvre y el Jardín de las Tullerías (el mini arco se ve desde la pirámide principal) y ahí hay una entrada subterránea que te lleva al vestíbulo del museo donde comprar una entrada más rápidamente. También puedes acceder a través del metro, siguiendo los carteles de la parada.

Y te recomiendo ver algún vídeo para planear tu recorrido por el museo. El Louvre es un museo absolutamente gigante y puede ser bastante agobiante. Hay muchos vídeos de “El Louvre en 3 horas” en YouTube, encuentra el que más se adapte a tus necesidades.

3. Para salir a tomar algo

Me flipan las terrazas a pie de calle de París, pero una copa de vino puede costarte 10 euros y eso es un poco robo a mano armada, así que lo digo ya: la zona guay para salir es Châtelet. Alrededor del Centro Pompidou hay muchos bares y sitios donde tomar algo barato. Parece algo obvio, pero no vayas a los Campos Elíseos a por una cerveza o te pedirán tu riñón para pagar los impuestos.

Estos son algunos consejos muy básicos que me hubiera gustado saber y que no salen en todos los blogs de París. Si vas a la ciudad de las luces, no olvides comentarlo con nosotros a través de las redes sociales.

5 claves para descubrir Burgos

No hace falta salir de España para encontrar lugares increíbles.

El turismo rural y las escapadas a pueblos con encanto están a la orden del día. A los más urbanitas nos encanta esa sensación de desconexión y de visitar lugares donde la vida es más sencilla y menos ruidosa. Parajes que dejan sin palabras, contrastes de colores que alegran la vista, platos regionales que se convertiran en algunos de nuestros favoritos para siempre, dulces típicos que salen cada mañana de un obrador… Nos encanta todo esto y en España podemos disfrutarlo en multitud de lugares.

Según el INE, la Comunidad Autónoma que más pernoctaciones de turismo rural recibe es Castilla y Léon. Parte de esa España vacía, de la que tanto hemos oído hablar últimamente, esconde joyas arquitectónicas, cultura en cada esquina e historia viva que nos llama a recorrerla de extremo a extremo viviendo sus contrastes. Esta vez me voy a centrar en la tierra que vió nacer la leyenda del Cid Campeador para contaros 5 lugares fantásticos que visitar si pasáis por Burgos.

La Catedral es una de las mayores joyas del gótico y corona el casco histórico de Burgos.

1. La Catedral de Burgos

Era obvio que esta iba a ser la primera. La Catedral es una de las maravillas del gótico y uno de los edificios más impactantes que se pueden ver en nuestro país. Se trata de una de las grandes referencias, junto con Notre Dame de Paris, Notre Dame de Chartres o la Catedral de León.

En su interior encontraréis impactantes columnas, vidrieras de todos los colores, juegos de luces y sombras que dan diferentes tonos a la piedra, un claustro en madera espectacular y, en pleno centro, la tumba de Rodrigo Díaz de Vivar (El Cid) y su esposa Doña Jimena. Existe la opción de comprar la entrada solo a la Catedral u optar por una pulsera que te da acceso a varias iglesias del casco histórico de Burgos, una opción muy interesante para aquellos que les guste visitar este tipo de edificios. Uno que no está incluído y que resulta especialmente interesante por su historia es el Monasterio de las Huelgas Reales.

2. Orbaneja del Castillo

Imagínate un paisaje verde, húmedo, donde las rocas son devoradas por la vegetación y las cascadas que caen serpenteantes desde las montañas… Ahora pon un pueblo en mitad de una cascada. Ya estás en Orbaneja. La roca caliza, erosionada por la fuerza del agua, ha generado un paisaje kárstico que es de los más pintorescos de la península.

El pueblo, de arquitectura popular, se encuentra en la frontera con Cantabria y destaca por su belleza y por las numerosas cuevas que se pueden encontrar en sus alrededores, como la Cueva del Agua, que solo es visitable cuando el caudal del río Ebro lo permite.

3. El Monasterio de Oña y sus jardines

El Monasterio de San Salvador es uno de los monumentos que más me han impresionado en Burgos. Sus grandes dimensiones y su riqueza artística merecen recorrerlo entero. En este monasterio se creó la primera escuela para sordomudos del mundo.

Cabe destacar el panteón real cuyos sepulcros están hechos de madera de nogal tallada y el impresionante claustro gótico. Tambien se pueden visitar los jardines benedictinos, donde se puede ver el verdadero estado de cierta parte del monasterio (hará las delicias de los aficionados al estilo abandonado) y el sistema de piscinas donde los monjes criaban angulas.

La comarca de Las Merindades recibe la visita de numerosos turistas atraídos por sus paisajes y las posibilidades que presenta.

4. Frías y las Merindades

Frías es uno de los pueblos de Burgos que pertenecen a la asociación de “Pueblos más bonitos de España”. Considerada la ciudad más pequeña de España, su casco histórico merece un paseo hasta su castillo, desde donde tendremos unas vistas espectaculares de todo lo que rodea a la villa, característica por sus casas colgantes, sus entramados medievales y su puente.

Frías está enclavado en la comarca de las Merindades, una tierra de incalculable valor dominada por el paisaje kárstico, las cuevas, los montes y las iglesias y ermitas románicas. Estampas como el monumento natural de Ojo Guareña o el enclave de Santa María de la Hoz se suceden casi de continuo.

Santa María de la Hoz se encuentra en un hueco en la roca excavado por el agua durante millones de años. El río ahora forma una serie de cascadas que se pueden visitar de manera cómoda.

5. Covarrubias y Santo Domingo de Silos

Covarrubias es uno de los lugares que más me gustan. Sus casas medievales con entramados similares a los que hay en otras partes de Europa (como la Alsacia) invitan a llevar a la imaginación a otros tiempos.

Un paseo por su casco históricosentarse en una terraza a degustar uno de los vinos de la D.O. Arlanza suponen planes perfectos para pasar una mañana soleada. Si hiciera frío, uno siempre puede refugiarse en alguno de los mesones que hay en la plaza principal a disfrutar de algún plato caliente con el que reconfortarse.

Cerca de Covarrubias se encuentra otra joya arquitectónica, el Monasterio de Santo Domingo de Silos. El pueblo también merece una visita, pero el claustro gótico del monasterio, de los más importantes del país, es una parada obligada. La antigua botica de los monjes benedictinos, poblada de volúmenes de plantas medicinales y de aparataje de laboratorio, es una curiosidad atractiva para todos aquellos que entran a verla, aunque si eres farmacéutico te gustará todavía más.

Covarrubias conserva su esencia medieval con sus calles empedradas y su centro histórico rodeado por murallas.

¿Dónde comer?

En Burgos hay numerosas opciones gastronómicas para gusto de todos. Por el centro hay una buena zona de tapeo, poblada por numerosos bares que concentran gran parte de la vida social de la ciudad. Las bravas del Mesón Burgos son algo imperdible, así como los desayunos en Viva La Pepa. Si se quiere algo más a mesa puesta, el Hotel Mesón del Cid, frente a la Catedral, es una buena opción (además allí se imprimió por primera vez La Celestina). En Covarrubias es de justicia recomendar Casa Galín, pero con la advertencia de que siempre hay que reservar con antelación.

¿Dónde dormir?

En la misma ciudad de Burgos hay una amplia oferta de alojamientos, pero si se quiere apostar por una experiencia menos urbanita, hay numerosas posadas, casas y hoteles rurales en casi todos los pueblos y comarcas.

Cinco veces en las mil Italias | Julen’s Stories

Donde el caos está tan bien ordenado que todo se acerca al colapso aunque sin llegar a colapsar del todo.

Julen en moto en Italia.

Escribo esto desde la cafetería del aeropuerto donde me han mirado mal por pedir un café con soja y hielo. Más que una mirada ha sido— Pero, ¿el café con leche de soja y con cubos de hielo? —Le he dicho que sí, que así es como quería el café—. Pero, ¿con el hielo dentro? ¿Dentro del café? ¿Y con la soja? ¿Todo junto? —y así todo. 

Italia es un país maravilloso, un país compuesto por muchos mundos distintos. Hace millón y medio de años estuve en la mágica Florencia visitando a mi hermano en su Erasmus. Me temo que no me acuerdo demasiado de ese viaje. Sí que me acuerdo del vuelo, sería de las primeras veces que volaba en toda mi vida, nos sirvieron algo de picar y al rato la azafata se me acercó y me dijo— Finito? —. Durante segundo y medio me pensé que debía ser algo así como un complemento, aunque era raro decirle a un niño (delante de sus padres) que estaba flaco. Mi madre más tarde me explicó que “finito” significaba “¿has terminado?”.

Años después, en julio del 2013, viajé a Palermo, en Sicilia, para visitar a mi amiga Lili que también estaba de Erasmus. Sicilia es esa enorme isla que está al final de “la bota”. La gigantesca diferencia cultural con el resto de países europeos que había visitado me asustó al principio y terminó enamorándome en cuanto Lili me sacó de paseo por las coloridas y aromáticas calles de Palermo. Parecía uno de esos bares de Star Wars donde se mezclan criaturas de mil universos distintos mientras beben en armonía y suena música de saxofón de fondo.

Nunca había saboreado tanto la comida como allí, ni había sudado tanto, ni había visto tantas cucarachas juntas, ni todo me importaba tan poco como ahí. Ahí nació mi canal secundario de YouTube ExtraJulen, y cada día me agradezco a mi mismo el esfuerzo de haber subido un vídeo diario desde esas tierras para poder recordar la aventura para siempre. Dejaba a Lili haciendo algún recado y me solía ir a algún locutorio para intentar subir el vídeo del día.

Más tarde, en mayo del 2016, visité Roma con algunas amigas de mi propio Erasmus. Si no me equivoco diría que hay un vídeo de ese viaje en mi canal de Youtube. Me sorprendió encontrarme con una ciudad tan energética y donde el caos estaba tan bien ordenado que todo se acercaba al colapso aunque sin llegar a colapsar del todo. De ahí cogí un tren hasta Turín para visitar a mi amiga Kattalin en su Erasmus y conocer la Italia del norte. Una Italia más Suiza que Italia.

Casi un año más tarde se me fue la olla y decidí que quería hacer un Interrail de 10 días en solitario por Italia. En realidad el Plan A era Suecia, pero el presupuesto no acompañaba e Italia sale más económico. Llegué por primera vez a Milán con una norme mochila en la espalda y una más pequeña con los objetos que no quería que me robasen en mi pecho. No me robaron pero sí que me timaron 30€ por una tarjeta SIM para el móvil.

Por aquella época, hasta junio del 2017, el uso de datos móviles en el resto de países europeos se pagaba a precio de los diamantes de Tiffany’s. Gracias Parlamento Europeo por romper fronteras, pensar en los que no podemos vivir sin internet y ahorrarnos una millonada.

Y no, Milán no es tan feo como te hacen creer. De ahí quise ir a Génova (Italia) aunque me confundí de tren y me fui en dirección contraria a Ginebra (Suiza). Lloré un poco, valoré volver a casa pero seguí mi aventura italiana. Pasé por Génova, Cinque Terre, Pisa, un pueblo costero realmente feo del no recuerdo ni el nombre (lo acabo de mirar y se llama Livorno), la Toscana (alquilé una Vespa y fue el mejor plan que pude haber hecho) y puse fin al viaje visitando Florencia. Sin duda fue un viaje lleno de retos, de muchísimo silencio, de aprendizaje y de satisfacción personal. Nunca pensé que me atrevería a viajar solo de esa manera y lo conseguí (lo podéis ver en mi canal de Youtube).

Exactamente dos años después he vuelto a Italia, concretamente a Nápoles, que lleva un porcentaje del ADN energético y caótico de Palermo. Hemos visitado Sorrento, Pompeya, Positano, Atrani y Ravello en un pequeño Fiat de alquiler. Me toca decir que menos mal que conducía mi amigo Yoeri (lo conocí en mi Erasmus de Dinamarca) porque yo hubiese puesto el freno de mano nada más salir del parking del aeropuerto y hubiese cogido el primer bus.

Nos han timado en varios sitios por el simple hecho de ser turistas y no hablar italiano, pero era algo con lo que ya contábamos (y que todos los males sean eso). Es curioso ver cómo cuanto más al sur de Roma vas más explosiva es la cultura y la sociedad: nadie hace caso a semáforos ni a las señales de ceda el paso, los peatones cruzan por donde quieren, piden que dejes las llaves dentro del coche en los parkings por si necesitan moverlo para que entren más coches, el precio de casi todo varía en función de lo bien o mal que les caigas, y mil detalles más a los que claramente no estamos acostumbrados pero que hacen que el viaje se convierta en una experiencia espectacular llena de emociones y, sobre todo, de comida exquisita (lo podéis ver en mi Instagram).

Y escribo esto desde la cafetería del aeropuerto donde me siguen mirando curioso porque mi iced latte de soja me está durando dos horas y casi se me ha derretido el hielo por completo, mientras pienso cuándo podré volver de nuevo a Italia.

He discutido con mis amigas | Julen’s Stories

He pasado el fin de semana con mis amigas en París y hemos discutido. Y admito que me siento encantado de haber conocido a mis compañeras de discusión.

Con Izas en Le Sacre Coeur

Con poca gente discuto tanto como con ellas. Lo hacemos ininterrumpidamente todas las horas que nos permite el día. Es lo primero que hacemos nada más levantarnos y lo último que hacemos antes de dormir. Véase como excepción las horas nocturnas que pasamos durmiendo (que fueron pocas). El silencio de aquellas horas muertas lo ocupa algún ronquido incivilizado que pone las bases de lo que será la primera conversación matutina como “madre mía cómo roncáis los de allí” o “yo creo que ha sido ella porque el ronquido venía del sofá” o “ha sido Julen seguro” o “que no, creedme que ha sido ella”, y un eterno etcétera.

Hace un par de semanas llamé a mi madre para contarle que me iba de viaje a París junto a mis amigas Myri e Izas a visitar a Nerea, que desde hace un tiempo reside allí. Cuatro comunicadores que empezaron compartiendo aula en la universidad del País Vasco, para luego compartir una relación de simpatía y que terminó afianzándose a la vez que se creo de la nada e inesperadamente un grupo de WhatsApp que más tarde terminó teniendo más emojis que letras en el título y mucho futuro.

En aquella llamada mi madre me dijo: “¡Qué bien! ¡Seguro que os da tiempo hasta de discutir!” Y avanzándome a los hechos respondí: “Créeme que será lo primero que hagamos en cuanto nos veamos en el aeropuerto”. Y el aeropuerto Charles de Gaulle fue testigo de que así sucedió.

Cuando vivía con mi padre y mi madre siempre se cenaba con el telediario puesto. Bajito para que no molestase, pero puesto. Si resultaba que se presentaba alguna noticia interesante se subía el volumen del televisor para prestar la atención que se merecía. Luego se bajaba y se examinaba la noticia proponiendo argumentos a favor o en contra. Y no pocas veces nos hemos visto en la tesitura de que era la misma persona la que presentaba el argumento de favor y el de contra llevándose la contraria a si misma.

Esas situaciones me han enseñado a entender que cada uno tiene su propia opinión, su propio punto de vista, sus razones para pensar X o Y incluso en el mismo círculo social. O que muchas veces aún pensando lo mismo se puede llegar a expresarlo de manera distinta. Por eso digo que Discutir es deporte nacional en mi casa.

El río Sena atravesando París.

París fue testigo de varios temas que ocuparon nuestra estancia: la situación de la política vasca, la inmovilidad de la juventud, el periodismo en formato selfie, el trabajo precario, la distinción (o no distinción) del artista y su obra,… en algunos temas coincidíamos en opinión, en otros, como es normal, no, y en los que no tenía demasiada idea me quedaba en silencio hasta identificar qué opinión me podría representar más.

Lo que ha sido deporte nacional en el viaje a París no es apto para todos y como en todo deporte, practicarlo hace que seas mejor y más empático. ¡Y mis amigas son unas pros!

Hemos convivido 5 personas en un estudio de 40 metros, hemos probado soupe à l’oignon, hemos comido fondue hasta reventar, hemos paseado nuestros 15-20km diarios, hemos pagado 8,5€ por una Fanta de naranja, hemos sacado mil fotos diarias, hemos acompañado a que Myri comprase sus caprichos en las tiendas caras de París y nos hemos emborrachado en una fiesta privada en la que no estábamos invitados. Y todo eso acompañado de una copa de vino blanco y una buena discusión.

Sin ningún ánimo de que esto suene divertido ni gracioso a veces pienso que debería existir una asignatura en la escuela donde poner en práctica la ciencia del debate. Imagina durante un segundo cuántos problemas y cuántas peleas podríamos evitar si dos (o más) individuos fuesen capaces de proponer sus argumentos como la sociedad civilizada que decimos ser.

Podríamos decir, casi sin exagerar, que hemos pasado el fin de semana en París arreglando el mundo con nuestras discusiones. Admito que me siento encantado de haber conocido a mis compañeras de discusión.

Comer sano y vegetariano en Los Angeles: misión imposible

Acompáñame en esta trágica historia de cómo dos vegetarianos se quedaron sin dinero intentando comer por la ciudad de Los Angeles

Hace una semana, Joaquín y yo viajamos a Los Angeles. Los dos somos vegetarianos, y nos gusta comer sano. No sabíamos que eran dos conceptos tan complicados de entender en una ciudad tan cosmopolita.

Nada más bajarnos del avión, nuestro taxista nos empezó a recomendar sitios a los que ir y lugares que visitar. Hizo especial hincapié en que teníamos que ir a In-n-out, que es una cadena de fast-food exclusiva de California, y probar las patatas “animal style”, que consisten en unas patatas fritas con salsa de queso, una salsa especial y cebolla frita. El taxista no tenía ni idea de que éramos vegetarianos, por supuesto, pero era significativo que muchas de las recomendaciones que recibíamos eran de restaurantes fast-food.

 

Hamburguesas de In-n-out y sus famosas Animal style fries.

El siguiente gran obstáculo fue la comida del hotel en el que nos alojábamos. Era complicado encontrar platos principales que no llevasen algún tipo de carne o pescado (casi todos los principales consistían en un filete de carne), así que optamos por comer a base de sides, platos más pequeños que suelen ser complementos del principal: puré de patatas, brócoli hervido, espárragos a la brasa. Hasta ahí todo bien, aunque era alarmante que todo supiera a mantequilla. Incluso hervían el brócoli con mantequilla.

No queríamos obsesionarnos. ¿Qué más da que hiervan el brócoli con mantequilla? No es como si nos estuviésemos llevando un bloque de ella a la boca. En el siguiente episodio casi ocurre algo parecido.

Uno de los días se nos ocurrió desayunar por el centro de la ciudad, cerca del segundo hotel en el que nos alojábamos. Buscando en Google, a 400 metros se encontraba un local de desayunos llamado iHop. Decía nuestro amigo Internet que era barato, y las fotos tenían muy buena pinta.

Nuestro gozo en un pozo cuando, al llegar, nos dan la carta. Sí, todo tenía muy buena pinta: gofres con azúcar, tortitas de todos los tamaños y sabores posibles, tortillas de huevo con salchichas y puré de patatas… y todo superaba las 1200 kilocalorías, según la propia carta. Imaginad ir a desayunar y meteros entre pecho y espalda más de la mitad de calorías que necesitas en un día, sabiendo que ni de broma vas a quemarlo por mucho que te recorras Los Angeles andando. Aquel día acabamos desayunando nuestra opción más viable: una tortilla de claras de huevos con verduras. Todo por el módico precio de 36 dólares. 

Aquí aprendimos otra lección: que no había desayunos baratos. Si queríamos eso, teníamos que ir a Starbucks a por un croissant y un café con leche.

El desayuno que nunca tuvimos pero que 100% nos merecíamos

Y no es que no se pudiera comer sano, no es eso. Estoy segura de que era posible. Simplemente era inviable para nuestro bolsillo. Si el desayuno del iHop nos costó $36 y eso era algo “barato” creo que os podéis imaginar que íbamos caminando por un campo de minas.

Lo más bonito lo encontramos el último día, en Santa Monica: BIBIBOP. Básicamente un lugar para hacerte un propio poké bowl. Era personalizable, con opciones vegetarianas, y a un precio que fácilmente encuentras en Madrid. Además, la sopa de miso era gratuita y podías rellenarla siempre que quisieras. Qué pena encontrarlo el último día.

Y eso es todo, amigos. Comer en Los Angeles es caro, pero si quieres comer sano, mucho más.

Lo mejor y lo peor de Japón

Hemos visitado Japón y estas son las mejores y las peores cosas del país.

 

Hace poco más de un año que cumplí uno de mis sueños: visitar Japón. Fue una experiencia increíble, y me da pena no haber hablado de ello más que con la gente que conozco y hoy me siento lo suficientemente nostálgica como para contaros qué tal fue la experiencia.

Lo mejor fue, sin duda, ir con amigos. Aunque los que pasamos más tiempo en Japón fuimos solo tres, poder compartir la pasión y los nuevos descubrimientos con ellos fue increíble. Decidimos que pasaríamos los 15 días en tres ciudades: Kyoto, Osaka e Hiroshima. Podríamos haber exprimido muchas más ciudades, eso seguro, pero no nos compensaba ir con prisa. Queríamos ir con mucha calma, disfrutar de la cultura y memorizar las ciudades.

Algo bueno de ir sin prisa es que podíamos improvisar mucho. Uno de los días en Kyoto, cuando fuimos al Fushimi Inari, anduvimos lo nunca escrito. Fuimos en tren muy temprano, para subir hasta arriba sin sufrir el calor de junio en Japón. Después de un par de horas subiendo, decidimos volver a Kyoto andando. No es mucho, acabo de comprobar que es una hora andando. Fuimos parando por los templos del camino, descansando. Con prisa, ni siquiera nos habríamos planteado la opción.

Fushimi Inari-Taisha. Photo de Dil Assi en Unsplash.

Habíamos oído mucho que comer en Japón era carísimo, y que sería lo que más nos dolería. Teníamos muchas ganas de probar la gastronomía japonesa, pero íbamos siempre buscando lugares que se portaran bien con nuestro bolsillo. Además, era complicado encontrar lugares donde comer porque uno de los tres era vegetariano (es curioso, porque ahora los tres lo somos) y en Japón es tan raro serlo que se creen que un vegetariano come pescado.

Nuestra salvación fueron, señoras y señores, los bares cutres de udon. Es muy fácil que pasen desapercibidos, escondidos entre los relucientes neones de los restautantes caros, pero están ahí. Por 300 yenes (alrededor de 2,5o euros) cada día tomábamos un cuenco de udón, que son unos fideos gruesos de harina de trigo, en caldo y con algas y tofu frito. Era suficiente para llenarnos sin gastar dinero. Por supuesto, así podíamos permitirnos caprichos como probar el ramen de Ichiran Ramen en Kyoto, o ir al karaoke.

“Bar cutre” de udón

Kyoto nos sorprendió mucho porque, pese a ser de las ciudades más importantes de Japón, era muy tradicional. Los edificios no superaban los tres pisos y había templos por doquier. Osaka era todo lo contrario: aunque a veces podías encontrar un pequeño templo escondido, todo eran rascacielos y neones.

Y, aunque queráis matarme, fue increíble poder pasar un día en el parque temático de Universal Studios de Osaka. Allí está el mundo de Harry Potter, y casi me da un chungo conforme se acercaba la fecha. Fue el único día que nos llovió en Japón, y madre mía lo que llovió. Íbamos empapados hasta la ropa interior, y eso que llevábamos chubasqueros. Pero eso hizo que la gente se fuera antes y pudiéramos montarnos en la atracción del castillo de Hogwarts hasta tres veces, cuando incluso a veces la gente se tiene que ir sin montarse una sola vez por las colas que se forman.

Es desconcertante que nadie hable inglés. Eso hace que sea muy difícil comunicarse, pedir indicaciones o comer en un bar cutre de udón. Si vas a ir a Japón es recomendable chapurrear cosas básicas, o llevar Internet en el móvil para traducir en todo momento. Ni siquiera la gente que trabaja de cara al público habla inglés, tan solo los recepcionistas en los hostales. Muy curioso.

La verdad es que no me arrepiento de no haber ido a Tokyo porque sé que, cuando vaya, iré sin prisa por ver todo Japón. Es un país demasiado maravilloso (y muy lejano) como para verlo deprisa, con horarios y con el objetivo de hacer la foto en el sitio de turno y rumbo al siguiente monumento.  Espero que, cuando vayas, lo pases tan bien como yo.