Zombieland: Mata y Remata | Review

Llega la secuela diez años más tarde.

He tenido la oportunidad de ver Zombieland: Mata y Remata (Double Tap en su versión original), la secuela de la aclamada comedia de zombies que se estrenó hace ya diez años, y he salido decepcionado.

Sin ninguna duda, la primera película de Zombieland sorprendió; su ruptura constante de la cuarta pared, su edición dinámica y casi caricaturesca, y la buena química entre Columbus (Jesse Eisenberg) y Tallahassee (Woody Harrelson) hicieron que una temática tan sobre explotada como el apocalipsis zombie se sintiese totalmente fresca. Pero han pasado 10 años, y la secuela no ha sabido adaptarse.

Dirigida también por Ruben Fleischer, la película lleva cocinándose desde 2010 tras el éxito de la original. Por diferentes problemas se fue atrasando, y los propios actores llegaron a decir que no le veían mucho sentido a hacer una secuela tras tanta espera. Sin embargo, el 18 de octubre llega a los cines hecha realidad retomando la trama un poco más tarde que los sucesos originales.

El cuarteto vuelve a ser el protagonista de esta segunda parte.

Ahora, con más control sobre la supervivencia en Zombieland y más unidos que nunca, Columbus, Tallahassee, Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin), se instalan en la Casa Blanca como una especie de familia peculiar. Pero todo cambia cuando Wichita y Little Rock deciden marcharse sin avisar, a vivir su vida. A partir de este punto empieza la trama de Zombieland: Mata y Remata, y toda ella transmite la sensación de ser un “quiero y no puedo” de la anterior versión.

Todos los personajes son cien veces más cargantes que antes, todas sus decisiones se basan en intereses del guión pero en ninguna lógica, y hay escenas que literalmente están ahí por rellenar la película. Por ejemplo, y sin entrar demasiado en spoilers, en un momento dado el cuarteto está buscando un vehículo y localizan un autobús/caravana increíblemente atractivo. Allí tiene lugar una batalla sangrienta contra los zombies con intención de conquistar el autobús, solo para pinchar sus ruedas en el instante siguiente a ganarla. El autobús queda “inservible” (aunque estoy seguro de que debería haber una rueda de repuesto en el maletero) y vuelven al punto de origen anterior a la escena. Es decir, puro relleno. Sí que es cierto que aprovechan para recalcar el mensaje de que ha aparecido un nuevo tipo de zombie más resistente e inteligente; un mensaje que nos repiten varias veces en la película y que no requería de la escena del autobús para confirmarlo; pero que, a pesar de ello, pasa sin pena ni gloria en la trama de la película. Sí, los zombies de élite aparecen en algunos momentos, pero literalmente podrían ser zombies normales y no habría afectado a la trama de ninguna manera.

Y luego están los estereotipos. Entiendo que es una película que no busca tener una trama compleja ni un humor profundo, pero recurrir al tópico de “mujer rubia, guapa y tonta” para cubrir el puesto de saco de boxeo del paternalismo de los demás personajes es algo que parece más propio de la década pasada que de esta. Lo mismo ocurre con los hippies, un movimiento social que tiene bastante peso en la trama de la película, pero que se presenta bajo el estereotipo anticuado de consumidores excesivos de marihuana, pacifistas que prefieren cantarle una canción al zombie a defenderse, y que funden todas las armas para hacer collares de la paz.

La película parece una parodia de sí misma, pero es posible que exista un público al que pueda ir dirigida y funcionar. Si lo que buscas es ir al cine y desconectar durante un par de horas sin pretender sacar nada de la película, igual Zombieland: Mata y Remata cumple la función. Pero si disfrutaste con la primera película y esperabas ir al cine para encontrar algo a la altura, es mejor que te quedes en casa.

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